Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

jueves, 1 de marzo de 2012

EL MONJE PAISIOS DEL MONTE ATHOS


 El Gherón (anciano) Paísios (Arsenio Eznepídis), nació en Farassa de Capadocia en julio de 1924. Visitó el Monte Athos por primera vez en 1950 y en 1953 fue novicio del Sagrado Monasterio de Esfigmenos (Athos). En 1956 pasó a Monasterio de Filothéou (Athos) y en 1958 al de Stomio de Konitsa. Pasó algunos años en el monasterio de Santa Catalina sobre el Sinaí y desde 1965 hasta la fecha de su muerte (12/VII/1994) permaneció sobre el Monte Athos. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por eventos extraordinarios. Multitud de peregrinos lo buscan por ayuda y consejos. Su muerte ha sido vivida como un luto para toda Grecia.


Dichos del padre Paisios


Dijo el Anciano a un joven: “No hables sobre tu conocimiento. Para poder acoger dentro de ti el conocimiento divino debes dejar el conocimiento según el mundo. Vuélvete simple como un niño. No te jactes de tu conocimiento. El conocimiento infla.”


Dijo el Anciano: “En nuestros tiempos se busca volverse santo con poco trabajo. Estamos lejos de la tradición. No miramos a los primeros de la carrera, sino que miramos a los últimos.”


Dijo el Anciano: “Cuanto más te esfuerces [en la ascesis], tanto más gozas de la gracia y de la alegría”.


Dijo el Anciano: “Dios podría llenar nuestro corazón con tanta felicidad y con tanto amor, que nos haría perder los sentidos. Pero entonces los monasterios quedarían abandonados y nos encerraríamos en cuevas. Y los laicos descuidarían sus compromisos y sus familias. Por esto Dios, que es amor, no nos llena con tanta felicidad.”


Dijo el Anciano: “Cuando hagan un juicio pongan siempre un signo de interrogación, porque en realidad no conocen lo que sucede verdaderamente.”


Dijo el Anciano: “La indignación es conveniente solo cuando tenemos que defender nuestra fe, y no a nosotros mismos. Cuando tenemos que combatir por nuestra fe, entonces debemos indignarnos. Si me acusan, debo aceptarlo, pero si acusan o luchan contra la Ortodoxia, entonces debo indignarme.”


Dijo el Anciano: “La vida espiritual debe comenzar y partir del corazón. Así todo va bien. Es necesario que el hombre entienda que lo que ha vivido hasta ahora era nada.”


Dijo el Anciano: “No lean los diarios y no miren la televisión. A menudo también los diarios religiosos hacen mal a los cristianos provocando rabia contra otras personas y, en general, causan confusión. ¡Estad atentos en todo! ¡Leed solo libros de los Padres!”


Dijo el Anciano: “Algunas veces en la vida espiritual necesitamos esforzarnos. A veces sufrimos de inapetencia espiritual. Entonces necesitamos esforzarnos, comer un bocado y así el apetito vendrá. Lo mismo sucede cuando se nos ha torcido la mano. Si solo la acariciamos no se curará nunca. Se necesita un movimiento repentino a fin de que la mano pueda volver a su justa posición.”


Dijo el Anciano: “Cuando estamos libres de la angustia, entonces toda clases de personas se acercan a nosotros.”


Dijo el Anciano: “Cuando la discusión es espiritual no me cansa. El problema comienza cuando se hacen tantas preguntas sin sentido. Si los hombres que las hacen fuesen iletrados, entonces se justificaría. Se trata sin embargo de científicos que me preguntan, por ejemplo, ¿cuál es la relación entre el espacio ultraterreno y la conciencia del hombre? […] A estos hombres a menudo les digo: “Tengo café preparado y dos cajas de aspirinas. Siéntese a la sombra y poco a poco resolveremos el problema”. En estos casos es necesario tanto el café como las aspirinas… Por el contrario, una vez he permanecido en vela por tres noches seguidas, sin embargo, no me he cansado. Pero cuando tengo alguna discusión con hombres de cultura solo mundana, sin profundidad e intereses espirituales, entonces ellos me provocan dolor de cabeza con sus preguntas. Esto es lo que me cansa.”



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