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viernes, 9 de marzo de 2012

Los orígenes de la oración de Jesús en el monacato egipcio del siglo IV


Samir Kalil Samir


En un estudio reciente sobre los orígenes de la oración de Jesús, K. Ware ha distinguido cuatro elementos principales de esta oración:

1.    Devoción hacia el santo nombre “Jesús”, que se considera que actúa de modo semisacramental como fuente de poder y de gracia.

2.    Invocación de la misericordia divina, unida a un intenso sentimiento de compunción y de dolor interior (pènthos).

3.    La disciplina de una frecuente repetición.

4.    Búsqueda de silencio interior o quietud (hesychia), es decir, de una oración privada de imágenes y no discursiva.


Agrega además que los últimos tres elementos se encuentran en las fuentes monásticas egipcias del siglo IV, y da algunos ejemplos. Por esto, concluye su breve investigación diciendo: “El verdadero y propio inicio de la particular espiritualidad de la oración de Jesús debe ser tomada del siglo V más que del siglo IV”. Con razón afirma que es Diádoco de Fótice, en la segunda mitad del siglo V, quien es considerado el auténtico “catalizador” de esta espiritualidad. Pero Diádoco es a su vez fuertemente deudor de dos monjes que vivieron en el Bajo Egipto en el siglo IV: Evagrio y Macario. Por consecuencia  no nos separamos del flujo del monaquismo egipcio de Escete.

Busquemos ver de dónde ha partido y cómo se ha desarrollado.

 La invocación del Nombre en la fórmula monológica

1. Sabemos que el tema de la oración continua, basada sobre la orden del apóstol: “orad incesantemente” (1 Ts. 5, 17), era una de las preocupaciones más grandes de los padres del desierto. Para alcanzar este fin, desde el siglo IV, los monjes de Egipto advirtieron la necesidad de hacer una oración simple y repetitiva, la oración “monológica”, que consiste en el repetir incesantemente la misma fórmula. Cada anciano tenía su propia fórmula preferida, o incluso varias fórmulas consideradas idóneas.

2. Algunas de estas fórmulas contenían la invocación del Nombre de Jesús. No se trata aún de una fórmula estereotipada, y menos aún de una fórmula única que excluía a todas las otras; es sólo una fórmula entre tantas. Parece que este uso hizo su aparición entre los monjes egipcios hacia la mitad del siglo V. Esto se encuentra ampliamente atestiguado entre los padres del desierto, en el Bajo Egipto. Pero es atestiguado también en el Alto Egipto, en el Monasterio blanco, cercano a Shenuda, por ejemplo, muerto en el 466 con más de cien años.

3. Las excavaciones de las Celdas atestiguan también la importancia de la oración de Jesús en el siglo VI, en otras regiones del Bajo Egipto. Antoine Guillaumont ha encontrado una inscripción copta, escrita con yeso ocre, que se puede remontar a aquel período.

4. En la misma época, en el desierto de Gaza, dos monjes de origen egipcio serán los difusores de la oración de Jesús: Barsanufio (de nombre típicamente copto) y Juan de Gaza. Permanecen por otra parte fieles a la tradición egipcia que rechaza una única fórmula monológica y proponen una variedad de fórmulas, como por ejemplo: “¡Señor Jesucristo, ten piedad de mí!”, o bien, “¡Jesús ayúdame!” o también “Jesús, Maestro, protégeme y ven en ayuda de mi debilidad”, o “Señor Jesucristo, sálvame de las vergonzosas pasiones”.

5. Su discípulo predilecto, Doroteo, fundará hacia el 540 un monasterio no lejano de Gaza. En sus Enseñanzas y sobre todo en su Vida de Dositeo, Doroteo enseña a Dositeo a repetir incesantemente, alternándolas, estas dos fórmulas: “Señor Jesucristo, ten piedad de mi” e “Hijo de Dios, ayúdame”.
En definitiva, los investigadores son unánimes en reconocer que el uso de la oración de Jesús era bien conocido por los monjes de Egipto, si bien no se puede afirmar que haya surgido de ellos.

6. Según K. Ware es el Abba Filemón quien por primera vez une en una sola fórmula las dos fórmulas de Doroteo, dirá: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí”. Ésta se volverá la fórmula por excelencia de  los monjes bizantinos.

Este Abba Filemón es prácticamente desconocido. El mismo Nicodemo el Hagiorita que compiló la Filocalia en el siglo XVIII, escribe: “la investigación… no está claro en qué tiempo él ha florecido.” Sabemos que Filemón vivió en Egipto, más precisamente en el Bajo Egipto, en el desierto de Escete, no lejos de la “Laura de los Romanos” (Deir as-Suryan) […]. Luego entró con su amigo el beato Pablo a la Laura de san Juan el Enano y de  Juan Colobos, un pequeño monasterio copto cercano a Deir as-Suryan. Fue autor de un famoso texto que fue editado tres veces en griego en la Filocalia: “Discurso utilísimo” (Lògos pàny aphèlimos). En la sección E de este texto encontramos “La enseñanza dada al hermano Juan sobre la meditación secreta”  (melète kryptè: la expresión se repite cinco veces) y trata sobre aquella que más tarde será llamada Oración de Jesús: “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí” (347,21-348,33).


La oración de Jesús se encuentra dos veces en el texto griego de Filemón, y es precisamente esta página la que ha sido traducida en árabe, excluyendo el resto, esto es más del 92 % del texto. Felizmente el texto griego presenta dos fórmulas diversas. La primera se trata de la fórmula simple: “Señor Jesucristo, ten piedad de mí”, mientras que en la segunda se encuentra una fórmula más desarrollada: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí”. Este agregado, según la noticia de K. Ware, aparecería aquí por primera vez en la historia. Nosotros nos podríamos preguntar si Filemón fue verdaderamente el promotor (en cierto sentido el inventor), porque no la menciona en la primera vez que aparece la fórmula.

7. Creo que el texto árabe puede proveer una nueva luz a esto. He aquí en efecto la traducción literal de los dos textos árabes correspondientes a estos versículos: “Oh nuestro Señor Jesucristo, ten piedad de mí” (nº 12), y “Oh mi Amo Jesucristo, ten piedad de mí” (nº 27). Los términos en cursiva corresponden al griego Kyrie emòn e Déspota mou, con la particularidad que también en la primera fórmula encontramos el singular “ten piedad de mí”, cuando se habría podido esperar un plural “ten piedad de nosotros”. De cualquier modo, no encontramos el agregado “Hijo de Dios”. Es posible pensar que este agregado no es original, del momento en que no se encuentra en la versión árabe y tampoco en la primera fórmula del texto griego. Ya que no conocemos algún manuscrito griego antiguo de este texto (ignoro si se posee uno anterior al siglo XIV), es muy posible que el agregado sea obra del copista bizantino, impulsado por el hábito: la fórmula desarrollada era en efecto ya corriente para algunos monjes bizantinos. No se entendería de otro modo  por qué se equivocó el monje copto de Deir al-Muharraq, que copió este texto en 1386, al haber deliberadamente  suprimido una expresión tan bella y que además corresponde tan bien a la sensibilidad espiritual de los coptos (o, si se prefiere, al acento “monofisita”).

8. Continuando el itinerario histórico-geográfico, la oración de Jesús pasa, en el siglo siguiente, de Gaza al Sinaí. En el siglo VII la encontraremos en Juan Clímaco, el célebre autor de la Escala que tuvo un enorme éxito en todas las tradiciones del oriente cristiano y, más tarde, también en occidente.

Conclusión

1. Así, en este caso puntual, el texto árabe parece haber conservado la fórmula original. Por consecuencia, Filemón no sería el primer autor en proponer la oración de Jesús en su fórmula ampliada. Repentinamente, la reticencia que uno u otro estudioso ha podido alimentar en ubicar a este autor en el siglo VI, quizás a causa de la presencia de esta fórmula desarrollada, podría desaparecer.

2. A cualquier conclusión se llega considerando estos dos detalles (cronológico y redaccional) – que no son ciertamente de poca importancia- la “Vida” de abba Filemón, como se presenta hoy en el texto griego, permanece como un documento excepcional. En pocas páginas recoge lo esencial de la tradición hesicasta, con extrema simplicidad y gran profundidad. Es un joyita de la literatura monástica, que merecería una edición crítica, con traducciones y sobre todo un buen comentario, dado que este texto no ha sido aún objeto de un estudio profundo. Esto es un augurio que alguien no especialista en la Filocalia se permite pronunciar dirigiéndose a los especialistas, mientras les agradece por haberle ofrecido la ocasión de gustar este pequeño y precioso texto.

3. Para terminar, querría ofrecer mi sencillo testimonio como copto que soy (y de mi ser jesuita que me ha ayudado a encontrar y profundizar en mis raíces) con respecto a la oración de Jesús.

Quince días después de haber dado esta conferencia, me encontraba en el Cairo en la Maktabat al-Mahabbah (famosa librería copta-ortodoxa situada bajo nuestro Deir di Shoubra) cuando un joven copto, devoto como lo son aún muchos jóvenes en esta Iglesia, me entrega un cartoncito verde (mm 47 x 96) con una mirada intensa y se va. Entrando en Deir, leo lo siguiente,  escrito en árabe: Ya habibi Yasu  al-hulw, ana uhibbu­ka! ("Oh mi amado Jesús, el Dulce, yo te amo"). En letras más pequeñas se podía leer esta rúbrica: Karrir hadhihi l-salwah a­sharat al-marrat yawmiyyan! ("Repite esta invocación decenas de veces al día"). La oración de Jesús, en su forma no estereotipada típica del monaquismo egipcio más primitivo, está viva aún hoy en Egipto, en la Iglesia copta.


Publicado en esicasmo.it

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