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lunes, 25 de junio de 2012

La contribución del hesicasmo rumano a la renovación de la Ortodoxia del siglo XVIII


P. Elia Cittero



(Condac I)
Cine este Aceasta, ca zorile de albă şi curată?
E Împărăteasa rugăciunii, e rugăciunea întrupată.

Bucură-Te Mireasă urzitoare de nesfârşită rugăciune.

(Icos VII)
Prea-sfântă, prea-mărita, prea-frumoasă
Prea-filocalică Mireasă!

(Icos IX)
Bucură-Te încuviinţată cunoştinţă a sfinţeniei la amănunt
Bucură-Te sofianică ştiinţă a lucrării prin lăuntric cuvânt
Bucură-Te dumnezeiască îndulcire a Numelui ca mirul vărsat
Bucură-Te monahicească iscusire în cântecul de lacrămi udat


Estos hermosos versos se podrían traducir:

¿Quién es Aquella, que es como aurora clara y pura?
Es la Reina de la oración, es la oración encarnada

Alégrate Esposa, madre de la oración continua

¡Santísima, gloriosísima, bellísima, Filocalísima Esposa!

Alégrate conocimiento compartido de santidad total
Alégrate ciencia sofianica del actuar mediante el verbo interior.
Alégrate dulzura divina del Nombre como perfume derramado
Alégrate arte monástico del canto bañado de lágrimas....


Estos son versos extraídos del himno de la Zarza ardiente, un canto a la Virgen como iniciadora y modelo de la oración del corazón [1], la garantía más sólida para una tradición, como el hesicasmo, que ha modelado íntimamente la espiritualidad y la visión teológica de la Iglesia rumana. Con el homenaje a un hombre de cultura y a un monje, autor de este himno acatisto, Sandu Tudor [2], que ha hecho de la oración del corazón el itinerario paradigmático de su vida y ha cultivado la riqueza de una tradición que, aunque siempre viva, fluye a menudo de forma subterranea, no visible, no documentable, siendo éste el tema más importante de mi intervención.

La elección del siglo XVIII, como aparece en el título no es casual. Se situa, en efecto, en aquel siglo el movimiento de renovación que ha marcado la ortodoxia en general, en su paso del medioevo a los tiempos modernos y que ha visto en Rumania el centro de aquel prodigioso movimiento.

1. Tres acontecimientos de referencia

a. La Zarza ardiente.

Remitirme a Sandu Tudor y al cenáculo de la Zarza ardiente del monasterio Antim, en Bucarest, entre los años 40 y 50 del siglo pasado, es una buena imagen de referencia para trazar las líneas generales de la contribución rumana a la espiritualidad hesicasta,  incluso antes de la renovación ortodoxa en general. En efecto, el movimiento de la Zarza ardiente, junto a la reciente publicación de la que se ha acostumbrado en llamar la “Filocalia de la Prodomul” y, algo curioso, la nueva acepción del término ruso “staret” que ha terminado por indicar al “padre espiritual” sin ninguna referencia a la tarea de gobierno de un monasterio como era en el pasado, son tres elementos que conforman una imagen que tiene relación con el siglo XVIII y con el ambiente rumano.

En Bucarest, después de años de encuentros y conferencias entre un grupo de intelectuales, laicos y eclesiásticos interesados y entusiasmados por el redescubrimiento de la tradición ortodoxa y en particular de la tradición hesicasta, en los primeros años de la década del cuarenta se constituye una Asociación absolutamente original, la Zarza Ardiente (Rugul Aprins) [3], por iniciativa de Santu Tudor (Alexandru Teodorescu), poeta y ensayista, marcado por un viaje al Athos en 1929 y que fue  monje en 1944 en el monasterio Antim con el nombre de Agatón. Después fue arrestado y condenado a trabajos forzados en un campo de concentración sobre el Canal del Danubio-Mar Negro en 1948-1949. Luego llegó a ser monje de gran hábito, con el nombre de Daniil en 1952 en Sihăstria y después en Rărău, al norte de Moldavia, más tarde fue encarcelado con todos los otros monjes en 1958 y murió en la terrible prisión de Aiud alrededor del 1961. Los encuentros se realizaban en el monasterio Antim y en el de Cernica, en los alrededores de Bucarest. El elenco de los participantes es muy significativo para el ambiente rumano de aquella época.  Junto a letrados como Sandu Tudor, el poeta Vasile Voiculescu, el prosista Ion Marin Sadoveanu, el  filósofo Mircea Vulcănescu, el critico literario Tudor Vianu, el bizantinista Alexandru Elian, el músico Paul Constantinescu que ha dado música a la formula de la oración de Jesús, se encontraban muchos científicos, matemáticos y físicos importantes como Alexandru Mironescu, Dan Barbilian (también el importante poeta con el seudónimo de Ion Barbu), Octav Onicescu, Mihai Neculce, médicos como I. Plăcinţeanu, Valentin Poenaru, el filósofo lógico Anton Dumitriu, el arquitécto Constantin Joja, los generales Gheorghe Stratilescu, Gheorghe Iorgulescu, Constantin Manolache. Numerosos estudiantes de aquella época como: André Scrima [4], Roman Braga [5], Felix Dubneac, Nicolae Bordaşiu, Nicolae Nicolau, etc. Entre los monjes que frecuentaban el grupo, el más importante es el p. Sofian Boghiu que según el p. Scrima fue confesor de Antim, y estaba también el p. Petroniu Tănase, el futuro higúmeno del monasterio de Prodromu del Monte Athos y el p. Arsenio Papacioc, hoy uno de los últimos grandes padres espirituales del país. Sin formar parte, también frecuentaron el grupo el escritor Valeriu Anania, hoy obispo Bartolomeo de Cluj, y especialmente el teólogo p. Dumitru Stăniloae. Su edición de la Filocalia fue publicada en aquel tiempo (los primeros 4 volúmenes han sido publicados en Sibiu entre el 1946 y el 1948) fue acogida con gran entusiasmo, como un evento providencial, por los miembros del grupo, si bien ellos ya tenían entre sus manos las antiguas traducciones rumanas de los textos filocálicos que se encuentraban en las bibliotecas de los monasterios y sobre todo en la Academia rumana. De gran importancia para los intelectuales de Bucarest fue el traslado del p. Dumitru Stǎniloae de Sibiu a Bucarest donde da un curso de mística ortodoxa  en la Universidad, (publicado después en el tercer volumen de la Teología Moral Ortodoxa en 1981). Si bien, el p. Stăniloae no pertenecía al movimiento de la “Zarza Ardiente” y lo frecuentaba raramente, el grupo aprobechó plenamente su producción editorial. Los participantes se reunían al principio cada domingo, una vez terminada la liturgia, un tiempo después, se empezaron a reunir por la tarde, después de vísperas, para escuchar algunas conferencias y discutir sobre temas de espiritualidad, todos relacionados con el gran tema de la divinización del hombre mediante la oración ininterrumpida del Nombre de Jesús. La conferencia que dio inicio a las reuniones del grupo ha sido presentada por el mismo Sandu Tudor y tenía como título “El viaje hacia el lugar del corazón”

El acontecimiento, percibido como una revelación, en aquellos años, fue la aparición del p. Ioan Kulygin [6], refugiado de Valaam, monje de Optina Pustyn, verdadero centro espiritual para la Rusia del siglo XIX, heredera y animadora del movimiento del cual Paisij Veličkovskij había iniciado justamente en Rumania en el siglo XVIII. Después de la clausura del monasterio y de varias peripecias, había entrado en el servicio del metropolita de Rostov que con el ejército rumano se estaba retirando ante la avanzada de la armada roja. Encuentra refugio en Cérnica en 1943 hasta enero de 1947 cuando será entregado a los soviéticos y desde allí se pierde su rastro. En su valija lleva numerosos textos de la tradición rusa, que pronto se traducirán al rumano por el p.  Gheorghe Roşca, refugiado de Bessarabia que conocía perfectamente el ruso y se distribuyó en un samizdat ante litteram. Recuerdo en particular la famosa antología ¿Qué es la oración de Jesús según la tradición de la Iglesia ortodoxa?, editada en Serdobol en 1938 a cargo del monasterio de Valaam. Con la llegada de este “staret”, todo el grupo sintió que podía conectarse a una tradición viva, a una verdadera “paternidad espiritual”. Cuando, en 1948, el régimen comunista disolvía toda asociación que no dependiese directamente de ellos, también La Zarza Ardiente fue disuelta y las reuniones se realizaron con un número más estricto de personas, en Antim o en casas privadas hasta que llegó el año 1958, el año del proceso y de la condena  a la cárcel de casi todos los miembros del grupo. El drama de la Zarza ardiente se convierte en el drama de todo el país: queriendo extingir toda forma de oposición al comunismo, se quería “erradicar” todo intento de oposición espiritual sea laica o eclesiástica. Pero la savia que había alimentado y entusiasmado a aquel grupo continuará corriendo subterraneamente y alimentando a figuras como las del p. Paisie Olaru y el p. Cleofás Ilie de Sihăstria, recientemente fallecidos, verdaderos testimonios de la tradición hesicasta rumana.

b. La Filocalia de la Prodomul.

Ya antes de la edición griega de la Filocalia (Venecia 1782) y de la edición eslovena de Paisij (Dobrotoljubie, Moscú 1793), los rumanos podían disponer de una Filocalia rumana [7] llamada “Filocalia de la Dragomirna” del final de 1769 (ms. rom. 2597 de la B.A.R.), redactada por el conocido copista Rafael de Dragomirna, en donde en 1763 se instalaría la comunidad paisiana proveniente del Athos. Comprendía diversos autores de la misma Filocalia griega más las Introducciones de Basilio de Poiana Mărului a Gregorio Sinaita y a Filoteo Sinaita  y además la obra de Sorskij (1433-1508). Después de la publicación de la edición griega en Venecia en 1782, se había buscado preparar una edición rumana semejante a la griega. Testimonio de esto es el  ms. 1455 B.A.R., un volumen de 1004 paginas, constituido en  Neamţ al inicio de 1800, que comprende los primeros 18 autores de la Filocalia griega más el agregado de toda la obra de Marcos el asceta y le Discurso ascétio de Máximo el Confesor. Pero también los textos restantes de la Filocalia griega en versión rumana habían sido preparados, si bien el trabajo no había terminado en un proyecto editorial conveniente. Así, en rumano, hasta la edición del p. Stăniloae, no existía una versión integral de la Filocalia, siendo los traductores rumanos los primeros en producir en una lengua moderna hablada los antiguos textos patrísticos filocálicos. La edición de la “Filocalia de la Prodromul’ [8] (New York-Bucarest 2001, ed. Universalia) quiere restituir  el honor al trabajo de aquellos traductores y copistas rumanos que traducían y copiaban los textos filocálicos [9]. Cuando el p. Dumitru Stăniloae compone el primer volumen de su “Filocalia”, él tenía justamente entre sus manos una copia dactilografiada de esta “Filocalia de la Prodromul”, que le había sido enviada por los monjes rumanos al obispo Gherasim Safirin (1850-1922), entonces retirado en Frăsinei y que erróneamente se consideraba que era él el autor de aquella traducción. La edición testimonia la orientaciones de los monjes rumanos que, junto a la tradición griega, se vuelven también hacia la tradición eslava: son incluido los textos de Nilo Sorskij, estractos de Dimitrio di Rostov, las Introducciones de Basilio de Poiana Mărului, autor copiadísimo en el ambiente rumano, el texto sobre la oración de Jesús de Paisij Veličkovskij y algunos pensamientos de Juan de Giovanni di Kronštad.

c. La nueva acepción del término “staret”

El lector de los Hermanos Karamazov recuerda, en uno de los primeros capítulos de la novela [10], el paréntesis sobre los starcy: el escritor se remonta al reflorecimiento de la antigua tradición de la paternidad espiritual en la obra de “uno de los más grandes ascetas (como lo llama), Paisij Veličkovskij”. El término staret designa al padre espiritual, al cual el discípulo se confía completamente, para ser guiado en la vida interior. Esta acepción de la palabra rusa, sin embargo, no se remonta sino hasta los inicios del Ochociento. El sentido técnico del término staret como “padre espiritual” surge propiamente entre los discípulos rusos de Paisij y se establece en el curso del Ochociento, sobre todo con el reflorecimiento del éramo de Optina. ¿Cómo se forma esta nueva acepción? En rumano staret indica al superior de una comunidad, no necesariamente su padre espiritual. Pero Paisij intrepretaba el rol del superior esencialmente como un padre espiritual para sus monjes: muy naturalmente, pues, el término eslavo staret, que según el uso rumano se empleaba para indicar la responsabilidad de la comunidad [11], a los oídos de los monjes rusos terminó por asumir otro significado, el de “padre espiritual”. La acepción tradicional de “staret/monje anciano” no podía en efecto sobreponerse a la de “hastojatel/superior”. Los discípulos rusos de Paisij, repatriados en los inicios del Ochociento, continuaron usando el término aplicándolo ya a la relación que vincula a un anciano con su discípulo, al “padre espiritual” con sus “hijos espirituales”, según la antigua práctica de los padres del desierto, renovada por Paisij. Los títulos de las ediciones de Optina (1847) de las obras del staret Paisij utilizan staret en el sentido técnico de “padre espiritual”. León Kavelin, en su libro sobre Optina [12] (1861), siente la necesidad de añadir un capítulo para explicar a sus lectores que es el ‘starčestvo’. Se trata de una explicación al mismo tiempo lexica (staret, en la acepción de “padre espiritual”, es advertido evidentemente como un neologismo) y teológico-espiritual, para demostrar que la paternidad espiritual practicada en Optina por los discípulos de los discipulos de Paisij hunde sus raíces en la tradición patrística. La renovación de la tradición implica un desplazamiento semántico y un enriquecimiento del léxico tradicional, que curiosamente pasa temporalmente por el rumano ‘stareţul’. “Paisij, el anciano”, o bien “el guía de la comunidad”, como él mismo firmaba, se ha convertido ya para todos en “el staret Paisij”.
           
2. La tradición hesicasta rumana.

¿Cómo se concretiza el hesicasmo rumano sea en su dimensión religiosa como cultural? ¿Dónde es reconocible? Ante la historia de la evolución del cristianismo en las regiones rumanas, se tiene la impresión de que, si el elemento fundamental de esta evolución, como por lo demás de manera general en el oriente cristiano, es dado por el monaquismo, no se trata sin embargo de un monaquismo separado del resto del mundo y de la Iglesia. Se trata de un monaquismo que es fermento, en una verdadera hósmosis con un pueblo y capaz de inspirar toda una cultura. De este monaquismo, pues, el carácter más específico que emerge es su inspiración hesicasta. La suerte que conoció en Rumania el término hesicasta, en rumano sihastru, es única en toda la ortodoxia. De esto dan testimonio las imnumerables denominaciones de montañas, colinas, ríos y localidades con términos de origen monástico, que recuerdan además el nombre de uno u otro monje hesicasta que vivió en esos lugares.

El término hesicasta deriva del griego hesychía, término que designa un estado de calma, paz, soledad, silencio, ausencia de toda forma de agitación tanto exterior como interior. En el ámbito de la espiritualidad cristiana con la palabra hesicasmo se hace referencia hoy a por lo menos dos fenómenos distintos. El primero concierne a aquella particular orientación espiritual que coincide con los orígenes mismos del monaquismo oriental y que puede ser definido como una orientación esencialmente contemplativa que ubica la perfección del hombre en la unión con Dios mediante la oración continua. Define al estilo de vida de los padres del desierto egipciano (“La obra de la hesychía es permanecer sentados en la propia celda con temor y conocimiento de Dios” [13]), y encuentra su expresión teórica en diversas “corrientes” de la espiritualidad antigua, especialmente en la escuela sinaítica (Juan Clímaco, Hesiquio de Batos, Filoteo Sinaíta). A Juan Clímaco se remonta el dicho siempre citado: “La hesiquía es la perpetua adoración en presencia de Dios... que el recuerdo de Jesús se una a tu respiración y entonces conocerás la utilidad de la hesiquía.” [14]. El segundo, considera aquel particular método de oración, basado en la invocación incesante del nombre de Jesús, cuya forma es codificada en los ambientes monásticos del Monte Athos en los siglos XIII y XIV. En tal contexto el término hesicasmo se extiende hasta comprender tanto el movimiento de renovación espiritual en el cual aquel método se desarrollo y se precisó gracias sobretodo a la figura de Gregorio el Sinaíta, como también a la síntesis filosófica-teológica elaborada por Gregorio Pálamas para defender y sostener a cuantos se servían justamente de aquel método. Ambos fenómenos ligados al término hesicasmo han tenido gran influencia sobre la espiritualidad de la Iglesia rumana. Ellos, sin embargo, han sido asumidos y fusionados en un modo vivo y original, tanto que se habla con razón de la “tradición hesicasta rumana” como de un fenómeno típico, desarrollándose desde los orígenes mismos del cristianismos en las tierras rumanas y durando hasta nuestros días [15]. El surgir y el desarrollo de un número tan impresionante de hesicastas, fenómeno casi único en el mundo cristiano, encuentra ante todo su justificación en una particular sensibilidad del alma rumana, que siente profundamente connatural el ideal de la hesiquía.

Esto ha permitido al pueblo rumano vivir en los Carpazos, verdadera columna vertebral de su misma existencia a lo largo de los siglos, “como en una grandiosa catedral, como en un maravilloso ‘hesicasterio’ natural” [16]. Y es por esto que a los pies de las montañas, de Tismana hasta el norte de Moldavia, surge el mayor número de los monasterios.

Las comunidades hesicastas representan algunos importantes puntos de referencia no solo en relación a la difusión y al desarrollo del monaquismo, sino también por la población cristiana en su conjunto. Se calcula que al menos trecientos hesicastas han dado origen a otros tantos asentamientos de pueblos y han también desaparecido sin dejar huellas [17]. Por otra parte, sobre el lugar de los hesicasterios precedentes se levantan la mayoría de los monasterios rumanos. Para hacernos una idea, basta pensar que al menos a ochocientos monasterios, a lo largo de la historia, se les ha podido establecer un origen como este.

El fenómeno de transformación de los hesicasterios en monasterios asume proporciones notables sobre todo a partir del siglo XIV con la obra de san Nicodemo de Tismana [18]. La renovación realizada por Nicodemo de Tismana coincidía con las acciones de profundos fermentos espirituales ya difundidos por el movimiento hesicasta que había tenido en Gregorio el Sinaíta  (1255-1346) y en Gregorio Pálamas (1296-1359) sus insignes maestros.

La presencia de monjes rumanos en Paroria, en el reino búlgaro, en el asentamiento hesicasta fundado por Gregorio el Sinaíta y sobre el Athos, especialmente en Kutlumus, reconstruido gracias a las ayudas del príncipe Vladislav I Voda, hacen natural el traslado a los territorios rumanos de aquellos fermentos tan caracterísitos de aquella época. Los metropolitas y los príncipes rumanos no se empeñaron sólo en la construcción de nuevos monasterios, sino que buscaron también “organizar” la densa fila de los sihastri, reagrupándolos e imponiendo a ellos una vida comunitaria según la tradición de los monasterios athonitas, promoviendo el pasaje de la vida idiorítmica en minúsculas comunidades a la vida cenobítica en grandes monasterios. Junto a esta tendencia, que conocerá desarrollos prósperos, también distintas fases, persistirá siempre viva, pero sufriendo profundas modificaciones, aquella “tradición hesicasta” que constituye como el humus más genuino de la sensibilidad monástica rumana.

Sin volver a recorrer las líneas de evolución, se puede notar como, si bien se continuaba en esta tendencia de transformar los hesicasterios en monasterios, se asistía sin embargo a un aumento del número de nuevos asentamientos hesicastas. Esto se explica con el hecho de que cada monasterio tiende a construir uno, dos o más hesicasterios para los propios monjes. Con el objetivo de encontrar un ritmo de vida más tranquilo que los grandes monasterios no podían ofrecer, los monjes se adentraban de tanto en tanto en las bosques cercanos. Se construían unas celdas y pronto alrededor de estos se iniciaba un hesicasterio. La zona que conoce más altos números de nuevas fundaciones es la de Buzau. Con sus cinquentas asentamientos hesicastas, en el siglo XVII, la región sub-carpatica de Buzau-Vrancea constituía uno de los más florecientes centros de vida hesicasta que permitirá el nacimiento y el desarrollo del movimiento de renovación espiritual del siglo posteriores iniciado en Poiana Marului por el staret Basilio [19].

La sorprendente multiplicación de tantos hesicasterios señala sin embargo una incipiente crisis en la vida comunitaria de los grandes monasterios. Los monjes se alejaban de sus comunidades para huir de las preocupaciones materiales y económicas que inevitablemente causaban las grandes propiedades inmobiliarias que se iban contruyendo alrededor de los monasterios.

La crisis se hace sentir más intensamente en el siglo XVIII. Siempre ligado a los altos números de nuevos hesicasterios fundados: en Moldavia, por ejemplo, son ochenta y trés contra cuatro monasterios; en Valacchia, noventa y trés contra catorce monasterios. Los grandes monasterios encontraban siempre mayor dificultad en la administración de los terrenos y de las dependencias y al mismo tiempo se encontraban agravados por la política del nuevo régimen fanariota que perseguía el proyecto de “sacar” los monasterios al extranjero. Si pensamos pues en las numerosas guerras y desvastaciones que en ese mismo período debió sufrir la tierra rumana, podemos imaginar como se avanzaba hacia un agotamiento moral y material. La Providencia había dispuesto sin embargo las cosas de modo diverso, suscitando una inesperada y prodigiosa renovación.

Pero antes de delinear los contornos de aquella renovación, queremos subrayar rápidamente una impresión general. Cuando yo pienso en el hesicasmo rumano, pienso sobre todo en una actitud del alma que la distingue. Una anécdota me parece particularment expresiva. Es contada por el hermano del p. Galaction, el famoso staret de Sihastria, p. Cleofas, recientemente desaparecido: “Un día el padre Galaction hace esta pregunta a un eremita que había encontrado de casualidad en el bosque: “Dime, padre: ¿cuándo vendrá el fin del mundo?” Y aquel santo hombre, suspirando, responde: “¿lo quieres saber, padre Galaction? ¡Cuando no haya más caminos entre el hombre y su vecino!” [20].

Cuando los hombres pretendan vivir detrás de barreras egoístas, cerrando los corazones los unos en las relaciones con los otros, se olvidarán del amor, del servicio recíproco, en una palabra de la “comunión”, la vida se vaciará de sentido, el mundo habrá llegado a su fin. La maravillosa expresión del anónimo sihastru interpreta en el fondo el rasgo quizás más sobresaliente de un modo de interpretar la vida, la obra religiosa, la cultura, que desde siempre ha caracterizado la espiritualidad del pueblo rumano a lo largo de su historia. Una relación muy extrecha y natural liga a sus monjes y fieles, todos respiran el mismo clima espiritual. Moldavia, donde se conserva aún intacta la estructura tradicional de los pueblos de los cuales el monasterio representa como el apéndice natural y al mismo tiempo el centro vital unificante, tal simbiosis ha producido siempre notables frutos culturales y espirituales. Aún hoy este hecho constituye una de las características más vistosas y originales de la sociedad rumana, distinguiéndose desde este punto de vista también de los otros países ortodoxos.

He pensado en distinguir las fuentes de estas dos características que se remiten reciprocamente, una de tipo más interior (la vida como comunión), la otra de tipo más socio-religioso (la estricta interrelación entre fieles y monaquismo), lo que el famoso Libro de enseñanzas del príncipe rumano Neagoe Basarab para su hijo Teodosio, ha llamado dulceaţa lui Dumnezeu’: «rădăcina bunătăţilor iasti dulceaţa lui Dumnezeu» [21]

El pasaje completo dice: “Los que se hagan compañeros de la virtud divina, tendrán vida y existencia imperecedera, ya que la raíz de la bondad es la dulce intimidad con Dios”.Dulceaţa dumnezeiasca comporta una dimensión, un timbre, que toca la naturaleza misma de las tierras rumanas, la espiritualidad, la misma celebración litúrgica, el canto y los hombres. Denota una visión,  revela una experiencia interior específica, aquella que es madurada en el clima de la tradición hesicasta que ha impregnado profundamente el espacio espiritual del oriente, en particular, el rumano. Un hombre espiritual maduro, me atravería a decir, en la tradición rumana se convierte en ‘blînd (suave, manso y dulce), se reviste de ‘blîndeţe, culmen de la ascesis y signo de un corazón puro y lleno de amor. Este razgo ha sobrevivido a todas las heridas de la historia, quizás justamente en razón de una respuesta, a nivel espiritual, a tales heridas, ayer como hoy.


3. El siglo XVIII

El inicio de la acción de renovación toma movimiento con el staret Basilio di Poiana Mărului (1692-1767) y continúa con su discípulo y amigo  Paisij Veličkovskij [22] (1722-1794). El año 1700 es la época del iluminismo y de la revolución francesa en la Europa occidental, el siglo de las reformas de Pedro el Grande en Rusia, con los Balcanes bajo el yugo de Turquía, en el continuo enfrentamiento entre las potencias que se disputaban la supremacía en la Europa oriental: el imperio otomano, Austria y Rusia.

En la primera mitad del siglo XVIII, en los orígenes de Podolia y de Volinia, se inicia el movimiento chasídico [23]. Desde el punto de vista del clima entre las distintas Iglesias, en 1700, a diferencia de 1600, se asiste a un acentuado replegamiento confesional dominado por la corriente apologética y polémica, dirigida sobre todo contra los católicos latinos. Basta pensar en la encíclica de 1755 del patriarca Cirilo V de Constantinopla en la cual se declara la nulidad de los sacramentos administrados por la Iglesia de Roma.

Ahora bien, justamente en el siglo XVIII los territorios de los principados rumanos se convierten en el centro de la ortodoxia donde permanece viva la tradición patrística oriental, a diferencia de los otros países en los cuales la cultura de la fe ortodoxa tiene las alas cortadas por la política antieclesiástica de los zares o por la dominación turca [24].

El fenómeno de ósmosis entre los territorios rumanos y las tierras rusas, ucrania en particular, asume proporsiones considerables. En efecto, sobre el final del siglo XVII, al multiplicarse en Rusia las medidas restrictivas en las relaciones del monaquismo en la línea de una política de control de los bienes eclesiásticos y a causa de una política del uniatismo perseguita por los polaocs en Ucrania, se determinó un flujo de emigración monástica ruso-ucraniana hacia los territorios rumanos, donde los principes se distinguían en el celo por el sostenimiento de la Iglesia y el monaquismo.

Cuando el joven Paisij, buscando la tradición viva de los padres, emigra de Ucrania, su tierra natal y llega a los países de Rumania en 1743, ha sido ya precedido por toda una generación de compatriotas, los cuales, en el clima de la elevada cultura ortodoxa del ambiente rumano, han podido madurar los gérmenes de genialidad y espiritualidad de ellos mismos [25].

Los skits visitados por Paisij, vale decir Dălhăuţi, Traişteni e Cîrnul, están todos bajo la influencia del staret Basilio de Poiana Mărului, también los emigrados de Ucrania y convertidos ya en punto de referencia para todos. En la comunidad que de él dependía, la práctica hesicasta estaba unida al estudio de los padres, cuyos textos el scriptorium di Poiana Măru­lui, el skit fundado por Basilio en 1733, se encargaba de copiar y difundir tanto en lengua eslava como rumana. Hecho único en la historia del hesicasmo rumano, Basilio había fundado una suerte de confederación de más de diez hesicasterios ligados a Poiana Mărului. No es en el Athos, donde permanece por diecisiete años, desde el 1746 al 1763, en donde Paisij Veličkovskij respira la tradición hesicasta. El Athos constituye solo la referencia ideal y el “depósito” de los escritos patrísticos que se apurará en rastrear con celo infatigable. El modelo de vida, el ejemplo viviente de la tradición hesicasta, Paisij lo descubre y lo hará florecer en los principados rumanos, en sus monasterios de Dragomirna, Secu e Neamţ, en Moldavia, dando vida a todo aquel poderoso movimiento espiritual que los historiadores denominaron “paisianismo”. Su biografo resume así la experiencia de los tres años transcurridos en el skit de Muntenia: “De aquellos padre ha comprendido qué es la verdadera obediencia, de la cual nace la verdadera humildad, en la cual se llega a hacer morir la propia voluntad y la propia opinión personal, también en las relaciones con las cosas de este mundo, hecho que constituye el inicio y el fin interminable de la verdadera obra monástica; qué es la atención y la verdadera paz de la mente, la oración atenta realizada sobre todo en el corazón” [26]

En la introducción de la biografía del bienaventurado staret Paisij Veličkovskij, Grigorie Dascălul [27] describe un panorama histórico del desarrollo del monaquismo partiendo de los Padres del desierto egipcianos Antonio, Macario, Pacomio, siguiendo con los Padres del desierto de Palestina, Eutimio, Saba y Teodosio, con el desarrollo en Tracia y Macedonia como también en Constantinopla y alrededores hasta llegar al Athos. Desde aquí el monaquismo se irradia a Rusia con Antonio y Teodosio de las Grutas, llega después a Valacchia y a Moldavia, “regiones ortodoxas tranquilas, cuando los príncipes fervorosos hicieron eregir los santos monasterios que adornan estos lugares como las estrellas del cielo” para llegar al evento actual, a la llegada de este bienaventurado staret Paisij.

He aquí las palabras precisas de Grigorie: “Mostraré en cambio cómo y cuándo, con la venida de este bienaventurado staret y el constituirse esta gran comunidad, se haya dado inicio, según la benévola providencia del Altísimo, a una obra que no tiene comparación en toda la Ortodoxia, para que sea conocida también a sus sucesores una obra divina como esta, para gloria de Dios y para utilidad de ellos” [28]

Cuando el príncipe Constantino Moruzi, estando de acuerdo con el metropolita Gabriel, ordena a Paisij transferirse a Neamt, le da el siguiente motivo: “Este monasterio ha sido concedido a vuestra comunidad no sólo para vuestra fundación, sino también para que se convierte en modelo para los otros monasterios, según vuestro orden de vida” [29]. La decisión del príncipe había sido solicitada involuntariamente por Paisij mismo porque desde el monasterio de Secu, él le había pedido una subención con el fin de construir otros cuatro grandes edificios para las necesidades de la comunidad que se estaba agrandando. Tenía necesidad de una sastrería, de una zapatería, de una tejeduría y de un lugar para enseñar a los jóvenes monjes de lengua griega, para que sean capaces de traducir libros útiles al alma.

Lo especialmente interesante, que sabemos por una carta [30] del mismo Paisij, es el hecho que la enseñanza de la lengua griega fue encargada al P. Ilarion, rumano, con estudios en la Academia san Saba de Bucarest, quien había entrado en la comunidad paisiana en Dragomirna y se había convertido, junto al más anciano de los Macarios, también él rumano, el hombre de confianza de Paisij en el trabajo de las traducciones de los textos patrísticos. Los primeros discípulos de Paisij en el Athos son todos rumanos, sus primeros “maestros” en lo que respecta a la traducción del griego son rumanos. (Macario e Ilarion). Se atribuye indudablemente a las autoridades eclesiásticas y civiles rumanas la prontitud de haberle ofrecido las estructuras más adaptadas con el fin de aprovechar mejor la carga espiritual y cultural de la cual era portadora su obra y que había encontrado, en territorio rumano y en la tradición rumana, el humus ideal para su desarrollo.

Con Paisij -¡esta es una verdadera revolución!- la “vida común”, escuela incomparable de la verdadera obediencia, de la cual florece la humildad, llega a ser el verdadero lugar de la práctica hesicasta, sin la cual se terminaría por malinterpretarla [31]. Ahora, la verdadera fuerza de Paisij está en poner en mano de sus discípulos la llave para comprender desde el interior lo que les exhorta a practicar. En este contexto recibe todo su significado la lectura asidua y amorosa de las Escrituras y de los Padres junto a la práctica de la confesión cotidiana de los pensamientos y a la oración de Jesús.

El escrutar, día y noche, las Escrituras y los escritos patrísticos, es la respuesta de Paisij a la falta de guía esperimentado. Respuesta tan seria y comprometida que el estudio de los textos patrísticos unido al esfuerzo por traducirlos en eslavo eclesiástico y en rumano, se volvió poco a poco en la actividad principal de nuestro staret, el fundamento, el punto de fuerza de la obra, la actividad que insertaba en el ambiente rumano su soporte más eficaz. Lo que sin embargo permanece como grandioso en la conciencia de sus discípulos no será el resultado de este inmenso trabajo de corrección y traducción de los textos patrísticos, sino la finalidad y la vitadidad espirtiual con la cual había vivido esta tarea.

Es conocida la gran importancia y la difusión que ha gozado en el mundo eslavo la Dobrotoljubie, la versión eslava de la Filocalia editada en Moscú en 1793, once años después de la edición griega de Venecia. Ninguna de las cinco biografías conocidas de Paisij, compuesta por sus discípulos alrededor de veinte años después de su muerte, hace mención de ella. Sin embargo, todos unánimemente subrayan la extraordinaria fecundidad del trabajo de corrección y traducción de los textos patrísticos realizada por nuestro staret, trabajo que constituye el contexto más directo de aquella renovación monástica que tanto a impresionado a sus contemporaenos.

Con Paisij, hombre de profunda experiencia espiritual y guía carismático, la vida monástica comienza a ser vivida como un ideal apasionado capaz de forjar hombres y comunidades hasta plasmar la vida entera eclesial. Paisij introduce en la vida del cenobio la savia de la espiritualidad hesicasta. El redescubrimiento de la Escritura y de los Padres va de la mano con el redescubrimiento de la oración de Jesús. Haberlas puesto como fundamento de la vida comunitaria, con todas las consecuencias que implicaban en la organización de la vida comunitaria y de la ascesis personal, es la esencia de la gran renovación aportada por Paisij.

En Dragomirna su ocupación principal  consistía justamente en el “servicio a la palabra” - ¡expresión que usan sus discípulos!-, en el preparar los capítulos vespertinos para la comunidad donde leía y explicaba los textos que iban traduciendo junto a sus más estrechos colaboradores, todos ellos rumanos. La introducción de aquellos capítulos vespertinos, en los cuales se afrontaban los temas de la batalla interior sobre la base de la exégesis de las Escritura y de las enseñanzas de los Padres, es lo que le ganaron a Paisij el título de “boca de oro” de Moldavia. El joven Paisij las había visto practicar en los skit de la Valacchia ya en los años 1743-46. Los amonesta, los regula y los anima sobre la base de todo aquel trabajo de traducción y corrección de los textos patrísticos, sobretodo los “filocálicos”, que iban organizando.

Como ya hemos mencionados, desde 1769, en Dragomirna, el monje Rafael podía recoger en una voluminosa antología de 626 páginas  una serie de textos sobre la oración de Jesús, fruto de traducciones rumanas antiguas y nuevas, comprendiendo los autores de la famosa “Filocalia”, más dos autores modernos: la obra de Nilo Sorskij y del staret Basilio de Poiana Mărului.

Justamente en la empresa en la cual se había dispuesto Paisij, que se presentaba cargada de dificultad, resulta bastante significativa la relación  con el ambiente rumano. Encontrando numerosos errores en los textos eslavos de los cuales disponía, había pensado corregirlos confrontandolos con varios manuscritos. Comprende rápidamente que habría sido necesario remontarse al original griego, pero él no conocía bien el griego. Se confía entonces a Macario, su discípulo, de nacionalidad rumana, que había estudiado en la Asademia de san Saba de Bucarest con el profesor griego Alejandro Turnavitis. Inicia así el trabajo de traducciones en eslavo sobre el modelo de las versiones rumanas preparadas por Macario y por otro monje que conocía el griego de Dragomirna, Ilarión.

Mas tarde, en Neamt, llega a constituir una verdadera y propia escuela de traductores, con la preocupación de preparar a las nuevas generaciones. Envía en efecto a la Academia de Bucarest a los monjes Gerontie, rumano, y Doroteo, ruso. Paisij trabajaba casi exclusivamente en la traducción en eslavo, mientras dejaba al nutrido grupo de rumanos especialistas en griego la tarea de las traducciones en rumano. Con los años el método de trabajo se fue perfeccionando en normas rigurosas. Se debía antes establecer el texto original auténtico evaluando las diversas recenciones manuscritas, para llegar luego a una revisión final. También los instrumentos de trabajo se iban perfeccionando notablemente: disponía de diccionarios, gramáticas, de manuales de paleografía, con reglas fijas para las traducciones y las transliteraciones de una lengua a la otra.

La parte más sobresaliente en el trabajo de traducción de los textos patrísticos era realizada por los traductores rumanos. Escribía Paisij en una de sus cartas: “Iniciaba mi trabajo del siguiente modo: puesta a mi guía e instrucción la traducción de los textos patrísticos que nuestros amados hermanos, el hieromonje Macario e Ilarion, el Didáscalo, expertos en la traducciones e instruido, habían hecho por mí en la santa Montaña del griego antiguo al rumano, su lengua natal. El hermano Macario tradujo una parte de los libros mientras se encontraba en el Athos, y otra parte en Dragomirna; igualmente, también el honrado Didáscalo, el hermano Ilarión, tradujo una parte de estos junto a nuestra comunidad. Considerando sin duda sus traducciones como verdaderas bajo todo concepto, comenzaba a corregir los textos patrísticos que tenía junto a mí...” [32]

 El metropolita Grigorie Dascalul, en su biografía paisiana, anota expresamente que sólo Paisij y Doroteo traducían del griego al eslavo, pero eran numerosos los traductores rumanos que traducían en su lengua materna del griego y del eslavo. Y nombra, entre otros, indicando también las obras traducidas, publicadas o no a: Macario, autor de una “Gramática rumana” (1772), Ilarión, Gherontie, Estefan e Isaac [33].

En Rumania, la obra de Paisij suscitó, más allá de la renovación monástica, también una renovación eclesial. Hacia la mitad de 1800, casi todos los monasterios rumanos seguían la Regla de Paisij. En 1792, apenas fue elegido obispo de Husi, Veniamin Costachi, el futuro metropolita de Moldavia, toma de Neamt a algunos padres para insertarlos en las distintas iglesias de su diócesis para que reviviquen con el espíritu paisiano la vida eclesial, litúrgica y espiritual.

Es él quien realiza el sueño de Paisij de poner una imprenta en Neamt favoreciendo la publicación y la difusión de los textos patrísticos. Bajo el impulso de los metropolitas “paisianos” Veniamin Costachi (1803-1843) e Grigorie Dăscalul (1822-1834), hombres a la vez espirituales, literarios y patriotas, el paisianismo llega a renovar todo el tejido eclesial, como bien subraya el historiador Nicolas Iorga (1871-1940) definiendo la reforma paisiana “învierea spiritului bisericesc autentic” (“la resurrección del auténtico espíritu religioso”) [34].

Sobrepasa los límites de nuestro estudio la consideración de los desarrollos históricos, de los resultados bastantes diferentes, de aquella prodigiosa renovación en los países como Rusia y Rumania. En Rusia, la renovación paisiana conoce lenta y estáblemente un progreso continuo hasta confluir en lo que se llamará  la gran tradición de los “starcy” de Optina, verdadero centro de irradiacción de la heredad paisiana, con un profundo eco cultural, religioso y literario [35]. En Rumania, en cambio, después de un rápido recorrido ascendente, sigue un lento y seguro declive. Aquel contexto específico en el cual Paisij fue modelando su experiencia, vale decir el hehco del gran número de hermanos que vivían reunidos en una única comunidad (como staret de los monasterios de Secu y de Neamt guiaba cerca de un millar de monjes) y el hecho de que tales hermanos provenieran de diversos pueblos (rumanos, ucranianos, rusos, búlgaros, serbios, griegos) no ha resistido la prueba del tiempo. ¿Quizás por el cambio de las circunstancias históricas sobrevenidas sobre el final de la vida de Paisij, con Moldavia ocupada por el ejército ruso, con las tensiones eclesiásticas que se iban desencadenando, con el surgir de un nuevo espíritu nacional y no nacionalísta? [36] ¿O quizás por la disminuida tensión interior de la misma comunidad paisiana? El hecho es que viniendo a menos aquellas dos caracterísiticas, disminuyó seguramente aquella fascinación que había atraído a tantos y suscitado tanta admiración.

4. En síntesis.

[...] Es una costumbre común remontar los frutos de la renovación hesicasta en la Iglesia ortodoxa de los tiempos modernos a aquel movimiento florecido en el seno de la Iglesia griega, en particular en el Athos, en el siglo XVIII, denominado como los “colibates”, de los cuales Macario de Corinto y Nicodemos Hagiorita, los editores de la Filocalia griega y de numerosas obras patrísticas, litúrgicas, himnográficas, ascéticas, canónicas, constituyeron los exponente de mayor relieve [37]. Sin embargo, los caminos por los cuales la renovación hesicasta ha contagiado a los países ortodoxos y han rozado, en el siglo pasado, también al mundo católico,  son atribuibles a otro contexto, al de Paisij Velickovskij y de sus discípulos rusos, con la mediación del ambiente y de la tradición rumana, hasta ahora casi completamente en la sombra. Si tomamos como símbolo de aquella renovación la Filocalia, no nos podemos referir a ella como a un libro sobre el cual se  instruye y aprende a orar. Antes que ser un libro, la Filocalia ha sido la experiencia cotidiana de una comunidad de hermanos con toda la fuerza que una realidad viviente comporta. En este sentido la Filocalia, para Paisij y para sus discípulos, no representan solo el “depósito” de la sabiduría de una tradición sino la irradiación de una experiencia bajo los ojos de todos, al menos por dos generaciones. Es esta “vitalidad espiritual”, que enlasa la práctica monástica y la vida fraterna sobre la centralidad de la revelación cristiana [...]. Toda la enseñanza estaba basada en las Escrituras y en los Padres, leídas con amoroso cuidado y escrupulosidad, con el único objetivo de aprender a estar sometidos el uno al otro y crecer en la inteligencia espiritual del misterio de Dios. Y si la práctica de la oración de Jesús era privilegiada, lo era porque aquella práctica conectaba directamente a la radicalidad del misterio de la revelación cristiana, llevaba a experiementar el don de Sí, por parte de Dios, en Cristo, al corazón pecador, sometido a todos. Y aquí se reaviva justamente aquella característica que señalábamos arriba, típica de la tradición rumana y, diría, de la expetiencia rumana de la tradición común: el hombre espiritual maduro se vuelve ‘blînd’, se reviste de ‘blîndeţe’, cúlmen de la ascesis y signo de un corazón puro y lleno de amor, donde todos van a buscar aquella ‘dulceaţa dumnezeiasca’, raíz de toda bondad y fuente de esperanza para el trabajoso vivir cotidiano. Es este el lazo espiritual que vincula al monaquismo y a los fieles, tan típico de Rumania y que tan “normalmente” ha podido recibir la fecundidad de la obra paisiana y que puede ser aún hoy fermento en el seno de la iglesia y de la comunidad. [...]


Intervención del P. ELIA CITTERIO
Milenario de la Abadía de San Nilo (1004-2004).
Grottaferrata – Puerta del Oriente.
24-27 de septiembre 2003


[1] Ya Gregorio Pálamas, en su Homilía sobre la Presentación de María en el Templo (hom. 52), presentaba a la Virgen como modelo de la oración del corazón. Lo retoma Paisij Velickovskij, en su Rollo sobre la oración de la mente, Dragomirna 1770. Se ve Sf. Paisie de la Neamt,  Cuvinte şi scrisori duhovniceşti, II, Chişinău 1999, p. 139-142 (Alcătuire despre rugăciunea minţii).

[2] Ieroschimonah Daniil Tudor ( Sandu Tudor), Acatiste, Ed. Christiana, Bucureşti, 1999, p. 35-55 (Imn acatist la Rugul Aprins al Născătoarei de Dumnezeu – Himno acatisto de la Zarza Ardiente de la Madre de Dios). Compuesto por Sanu Tudor (Alexandru Teodorescu), monje del monasterio de Antim di Bucarest, con el nombre de Agaton, en 1948 y corregido en 1958, cuando era staret del eremitorio de San Juan el Teólogo sobre el monte Rarău.

[3] Se ve en André SCRIMA, Timpul rugului aprins. Maestrul spiritual în tradiţia răsăriteană. Prefaţă de Andrei Pleşu. Volumul îngrijit de Anca Manolescu, Humanitas, Bucureşti 1996 [ versión italiana a cargo de Adalberto Mainardi: A. Scrima, Il Padre spirituale, Qiqajon, Bose 1999]. Una buena documentación se encuentra en Mihai RĂDULESCU, Rugul aprins. Duhovnicii ortodoxiei, sub lespezi, în gherlele comuniste, Bucureşti 1993. Un testimonio de otro de los participantes de el de ROMAN BLAGA (ahora higúmeno en un monasterio ortodoxo en Michigan, USA), Rugul Aprins, «Lumină lină», nr. 2 (mayo 1991), pp. 117-128, reimpreso en el volumen Pe drumul credinţei, Mănăstirea Adormirea Maicii Domnului, HDM Press, 1995, pp. 171-183.  Se ve también Antonie Plămădeală, Rugul Aprins — moment de spiritualitate românească, «Sæculum. Revistă de sinteză culturală» (Sibiu 1995), serie nouă, Anul I (III), nr. 3–4 (12); Ieroschimonahul Daniil Sandu Tudor, Taina Rugului Aprins. Scrieri şi documente inedite, Anastasia, Bucureşti 1999. De proxima aparición IOAN I. ICĂ Jr., Il Roveto ardente. Una fioritura dell’ideale esicasta all’alba del comunismo in Romania, in Testi e temi nella tradizione del monachesimo cristiano (Atti del simposio al Pontificio Ateneo S. Anselmo, Istituto Monastico, Roma 28 maggio – 1 giugno 2002).

[4] Su precioso artículo sobre la tradición espiritual rumana: UN MOINE DE L’EGLISE ORTHODOXE ROUMAINE, L’avénement philocalique dans l’Orthodoxie roumaine, «Istina» 5 (1958), pp. 295-328, 443-474.

[5] Roman Braga, “Ogni monaco ha un suo segreto con Dio”, Lipa Edizioni, Roma 1999

[6] Cuviosul Ioan cel Străin (din arhiva Rugului Aprins), ediţie alcătuită de prof. Gheorghe Vasilescu, cu o postfaţă  de arhim. Sofian Boghiu, ed. Anastasia, Bucureşti 1999 (Comorile pustiei 28).

[7] Se ve en C. ZAHARIA, La chiesa ortodossa romena in rapporto alle traduzioni patristiche filocaliche nelle lingue moderne, in «Benedictina» 35 (1988), p. 153-172. En romeno: D. ZAMFIRESCU, Paisianismul. Un moment românesc în istoria spiritualităţii europee, Ed. Roza vânturilor, Bucarest 1996, p. 46-64.

[8] Filocalia. Versiunea în limba română a antologiei în limba greacă, publicata la Veneţia, în 1782, de Sfântul Nicodim Aghioritul & Sfântul Macarie mitropolitul Corintului la care s-au adăugat şi alte texte. Ediţie îngrijită, note, notă asupra ediţiei şi postfaţă de Doina Uricariu. Studiu introductiv de academician Virgil Cândea, 2 voll., Bucureşti 2001, ed. Universalia. Llamada ”Filocalia de la Prodomul”  por iniciativa de los monjes rumanos del monasterio athonita de recoger las antiguas versiones rumanas de los textos filocálicos. El trabajo de transcripción de los textos, dactilografiados y reunidos en un único tomo voluminoso de más de 1600 páginas, fue concluido en 1922. La edición actual, en dos volúmenes, representa aquel tomo. Los textos comprenden toda la Filocalia griega del 1782 con el agregado de algunos textos: Vida de s. Nifon di Costantinopoli (estractos), Dimitri de Rostov (estractos con el título de: Doctrina espiritual del hombre interior), Basilio de Poiana Mărului (Introducción a Filoteo Sinaita, Introducción a Gregorio Sinaita), Paisij Veličkovskij (Sobre la oración de Jesús), Juan Crisostomo (pasajes de las cartas a los monjes), Nilo Sorskij (su obra e introducción a los escritos por Basilio di Poiana Mărului), Juan de Kronštad (algunos pensamientos).

[9] Una nota de los editores (Însămnărĭ oarecare de pricina adunăriĭ aceştiĭ Cărţĭ, vol. 1, p. 34-35) explica dónde se encuentran los manuscritos de las versiones utilizadas e intican sus autores.

[10] F. DOSTOEVSKIJ, I Fratelli Karamazov, a cargo de E. Bazzarelli, Milano 1963, p. 11.

[11] La firma ‘Paisij starec’ es evidentemente  copiada sobre ‘Paisie, Stareţul’.

[12]  Istoričeskoe opisanie Kozel’skoj Vvedenskoj Optinoj pustyni.

[13] Apophtegmata, Rufus 1.

 [14] Juan Climaco, Scala XXVII, PG 88,1112c. Cfr. P. ADNÈS, “Hésychasme”, DS VII, coll. 381-399.

[15] El monje rumano, padre Ioanichie Bălan, quien por primera vez ha buscado reunir y sistematizar toda una serie de datos concernientes a la tradición hesicasta de su patria, ha titulado su reciente libro que recoge el fruto de muchos años de trabajo Vetre de sihastrie româneasca, Bucarest 1982, que se podría traducir como Centros de asentamiento de vida hesicasta rumana. La palabra sihastrie, del término griego hesychastérion, indica el lugar donde viven los hesicastas, en rumano sihastri. Estos hesicasterios son tan numerosos que la mejor solución para presentarlos es para el autor el de individuar varios centros y áreas o zonas geográficas que han visto florecer estables e importantes reagrupamientos. Son así descriptos veinticuatro de estos centros distribuidos en cinco regiones que constituyen la actual Rumania: Dobrogea, Moldavia, Terra Ro­mena o Ungro-Valacchia, Banat y Transilvania.

[16]  Vetre de sihastrie româneasca, Bucarest 1982, p. 9.

[17] Ibid, pp. 18-19.

[18] Nicodemo de Tismana (primera mitad del siglo XIV - 1406), originario pro­bablemente del sur de Serbio, monje y después superior de Chilandar sobre el A­thos, funda en 1370 en Valacchia el monasterio de Vodiţa. Obligado a ir más al norte por la ocupación húngara, funda en las regiones de Banat de Severin el monasterio de Tismana donde muere el 26 diciembre de1406. Es importante su correspondencia con el último patriarca de Tărnovo, Eutimio, y es precioso su Libro sobre los cuatros evangelios, obra maestra de caligrafía, copiada entre el 1404 y el 1405 en lengua eslava de redacción serbia. El santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa rumana, en 1955, ha extendido a toda Rumania el culto al santo.

[19] El skit de Poiana Mărului (literalmente: "razo del manzano") se encuentra en la comunidad de Jitia, districto de Vrancea, cerca de 150 km al norte de Bucarest. Fue fundada por el staret Basilio en 1733, sobre él se puede ver D. RACCANELLO, La preghiera di Gesù negli scritti di Basilio di Poiana Mărului, Alessandria 1986 (tr. romena: Rugăciunea lui Iisus în scrierile stareţului Vasile de la Poiana Mărului, Deisis, Sibiu 1996). Sobre la historia y el desarrollo del hesicasmo en tierras rumanas, cfr. D. Stă­niloae, Isihaşti sau sihaştrii şi rugăciunea lui Iisus în tradiţia ortodoxiei româneşti, in  Filocalia, vol. VIII, Bucarest 1979, pp. 555-587.

[20] Ver I. Bălan, Pateric românesc, Institutul biblic, Bucureşti 1980, p. 621.

[21] En rumano se encuentra Învăţăturile lui Neagoe Basarab către fiul său Theodosie. Texte ales şi stabilit de Florica Moisil şi Dan Zamfirescu, traducerea originalului slavon G. Mihăilă, repere istorico-literare alcătuite în redacţie de Andrei Rusu, Minerva, Bucureşti 1984, p. 125. En italiano se encuentra Come vivere e praticare l’esichia. Libro di insegnamento del principe romeno Neagoe Basarab per suo figlio Teodosio. Traducción, estudio introductorio y notas a cargo de Adriana Mitescu, Bulzoni, Roma 1993 (biblioteca di cultura, 480), p. 69. El pasaje es extraído del cap. V, Discurso sobre el amor y el temor de Dios, conservado sólo en texto rumano.

[22] Sobre él se pueden ver los texto publicaodos por mí: PAISIJ VELIČKOVSKIJ, Autobiografia di uno starets, Scritti monastici, Abbazia di Praglia 1988 (traducido en francçes en la colección “Spiritualité orientale”, n. 54, Abbaye de Bellefontaine 1991), publicado también por ed. Qiqajon, Comunità di Bose 1998; (in romeno: Cuviosul PAISIE DE LA NEAMŢ, Autobiografia unui “stareţ”, urmată de Viaţa “stareţului” Paisie scrisa de monahul Mitrofan , a cargo de Ioan I. Ică jr., Editura Deisis, Sibiu 1996. En la segunda edición, revisada y aumentada, el título es: Autobiografia şi Vieţile unui stareţ, urmate de Aşezăminte şi alte texte, Deisis, Sibiu 2002); La scuola filocalica di Paisij Veličkovskij e la Filocalia di Nicodemo Aghiorita. Un confronto,  in  T. SPIDLIK, K. WARE E AA.VV., Amore del bello. Studi sulla Filocalia, Qiqajon, Comunità di Bose 1991, pp. 179-207; La dottrina spirituale dello starets Paisij. Radiografia di una comunità  in  N. KAUCHTSCHISCHWILI, A.-AI. N. TACHIAOS  e  AA.VV., Paisij, lo starec. Atti del III Convegno ecumenico internazionale di spiritualità russa “Paisij Veličkovskij e il suo movimento spirituale”, Bose, 20-23 settembre 1995, a cargo de A. Mainardi, Qiqajon, Bose 1997, p. 97-114.

[23] Cfr. Moshe ROSMAN, Founder of Chassidism. A quest for the historical Ba’al Shem Tov, Univ. Of California press, Berkeley 1996; Gershom David HUNDERT, ed., Essential papers on Hasidism. Origins to present, New York Univ. Press, New York-London 1991; Ladislau Gyémánt, ed., Hasidism (Pietism) in Romania, International Conference, Cluj-Napoca, octubre 11-13, 1993, in «Studia Judaica», III, Cluj-Napoca 1994.

[24] En su Sfinţenia – împlinirea umanului (Curs de teologie mistică) (1935-1936), ediţie îngrijită de Teodosie Paraschiv, Ed. Mitropoliei Moldovei şi Bucovinei, Iaşi 1993, cap. XVI, Rugăciunea lui Iisus, esenţa Paisianismului, Nichifor Crainic sostiene con ragione che il sec. XVIII è “veacul de aur al ortodoxiei româneşti” (p. 150).

[25] También en los territorios ucranianos, en el curso del siglo XVII, se asiste al fenómeno del florecimiento de imnumerables skits. Una experiencia particularmente significativa fue la de Iov Knjahynyc’kyj, el fundador del skit de Manjava (una remota localidad sobre el lado ucraniano de los carpazos). Entre los textos inspirados por la Regla de Manjava encontramos Nilos Sorskij y las constituciones pseudo-basiliane. Cfr. SENYK, S. (ed.), Sottomessi all’evangelo. Vita di Iov di Manjava, Testamento di Teodosio, Regola dello skytyk, Magnano (BI), 2001; idem, “L’esicasmo nel mondo ucraino prima di Paisij Velichkovskij: le testimonianze della letteratura monastica”, in Amore del bello, pp. 279-288; idem, “L’hésychasme dans le monachisme ukrainien”, in «Irénikon» 62 (1989), pp. 172-212.

[26] Cfr. Isaac Dascălul, Biografia inedita dello starets Paisij il Grande, a cura di  D. ZAMFIRESCU, «Revista fundaţiei Drăgan», n. 3-4, 1987, p. 498.

[27] Grigorie Dascălul (1765-1834), tonsurado monje en Neamţ por Paisij en 1790, hasta el 1802 en Bucarest en la escuela de s. Saba, de nuevo en Neamţ entre el 1802 y el 1819, después en Căldăruşani y por el 1823 metropolita de Ungrovalacchia. Le fue dada por Paisij la obediencia de dedicarse a la traducción de los textos monásticos. Su biografía del staret Paisij, que lleva el título de Povestire din parte a vieţii prea cuviosului părintelui nostru Paisie, es agregada al volumen Adunare a cuvintelor celor pentru ascultare, Neamţ 1817. Ahora se puede leer en D. Zamfirescu, Paisianismul, un moment românesc în istoria spiritualităţii europene, Roza vânturilor, Bucureşti 1996, pp. 117-141, como también en Cuvinte despre ascultare, publicate de ucenicii cuviosului Paisie stareţului la mănăstirea Neamţu în anul 1817, date acum pe slovă nouă şi grai îndreptat de Virgil Cândea, Editura Anastasia, Bucarest 1997, pp. 171-191. Y también en Cuviosul PAISIE DE LA NEAMŢ (VELICICOVSKI), Autobiografia şi Vieţile unui stareţ, urmate de Aşezăminte şi alte texte, a cura di Ioan I. Ică jr., Deisis, Sibiu 20022 (1996), p. 333-351.

[28] D. Zamfirescu, Paisianismul,  p. 119; Cuvinte despre ascultare, p. 172.

[29] Cfr. D. ZAMFIRESCU, Paisianismul, p. 128; Cuvinte despre ascultare, p. 183.

[30] Se trata de la carta escrita a los discípulos Ambrosio, Atanasio y Teofano, que parten a Rusia en 1777, donde Paisij describe los sucesos relativos al traslado de Secu a Neamt, sucedido en 1779. El texto se puede ver en Sf. PAISIE DE LA NEAMŢ, Cuvinte şi scrisori duhovniceşti, a cargo de  Valentina Pelin, ed. Tipografia centrală,  Chişinău 1998, vol. I, pp. 84-98.

[31] Cfr. E. CITTERIO, La scuola filocalica di Paisij Velichkovskij e la Filocalia di Nicodimo Aghiorita. Un confronto, in T. SPIDLIK, K. WARE, E. LANNE, M. VAN PARYS e AA.VV., Amore del bello. Studi sulla Filocalia, Qiqajon, Comunità di Bose 1991, p. 187-8.

[32] Carta a Teodosio, en N. KAUCHTSCHISCHWILI, A.-AI. N. TACHIAOS  e  AA.VV., Paisij, lo starec. Atti del III Convegno ecumenico internazionale di spiritualità russa “Paisij Veličkovskij e il suo movimento spirituale”, Bose, 20-23 settembre 1995, a cura di A. Mainardi, Qiqajon, Bose 1997, p. 289.

[33] Una reseña completa de la producción de estos traductores rumanos y de otros se encuentran en los estudios de N. A. URSU, Şcoala de traducători români din obştea stareţului Paisie de la Mănăstirile Dragomirna, Secu şi Neamţ, in Românii în reînnoirea isihastă, Trinitas, Iaşi 1997, p. 39-82 e di V. PELIN, Contribuţia cărturarilor români la traducerile Şcolii paisiene, ibidem, p. 83-120.

[34] N. IORGA, Istoria Bisericii româneşti şi a vieţii religiose a românilor, Vălenii de Munte 1909.  2° ed., Bucarest 1930, vol. II, p. 175.

[35] Se puede consultar la tabla con la perspectiva de la irradiacción paisiana con el elenco impresionante de los discípulos y de los monasterios bajo la influencia de Paisij , realizada por Cetverikov, publicada sólo en versión rumana por el obispo Nicodim: S. CETVERIKOV, Paisie stareţul Mânăstirii Neamţului din Moldova. Viaţa, învăţătura şi influenţa lui aspra Bisericii Ortodoxe, Neamţ 1933. Cfr. anche V. KOTELNIKOV, L’eremo di Optina e i Grandi della cultura russa, Casa di Matriona, Milano 1996.

[36] Se ve Ioan I. Ică, La posterità romena dello ‘starec’ Paisij  in N. KAUCHTSCHISCHWILI, A.-AI. N. TACHIAOS, V. PELIN E AA.VV., Paisij, lo starec. Atti del III Convegno ecumenico internazionale di spiritualità russa “Paisij Veličkovskij e il suo movimento spirituale”, Bose, 20-23 settembre 1995, a cargo de A. Mainardi, Qiqajon, Bose 1997, p. 245-266. Y también , del mismo Posteritatea românească a paisianismului şi dilemele ei, in PAISIE DE LA NEAMŢ, Autobiografia şi Vieţile unui stareţ, urmate de Aşezăminte şi alte texte, Deisis, Sibiu 2002, 2° ed., p. 55-83.


[37] Para todos estos aspectos se puede ver Nicodemo Agiorita, en La théologie bizantine et sa tradition, II, bajo la dirección de C. G. Conticello & V. Conticello, Brepols, Tumhout 2002 (Corpus christianorum), p. 905-997.



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