Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

jueves, 7 de junio de 2012

La invocación del Nombre como camino espiritual


Un Monje de la Iglesia de Oriente



1- La invocación del Nombre de Jesús puede constituir un simple episodio en nuestro camino espiritual (episodio etimológicamente es algo que sucede “en el camino”); o bien puede ser para nosotros un camino espiritual entre otros; o finalmente puede ser el camino espiritual que nosotros, definitivamente, de manera predominante (aunque no exclusivo) elijamos.
En otras palabras, la invocación del Nombre pude ser o un acto transitorio; o una oración que nos ayuda para un determinado tiempo y que, luego, la dejemos para seguir otras formas de oración; o un método del cual nos sirvamos habitualmente pero no excluyendo otros; o finalmente, el método sobre el cual organicemos nuestra vida de oración.
La elección de una u otra forma, depende de la vocación personal, de las circunstancias y de las posibilidades. Cuanto escribimos aquí está dirigido sólo a los “principiantes” deseosos de adquirir las primeras nociones sobre esta oración y un primer contacto con el Sagrado Nombre y también a los que, habiendo ya hecho una experiencia, desean comprometerse en el “camino del Nombre”.
Quien ya es experto en la práctica de la invocación del Nombre como método, o como único método, no tiene necesidad de nuestra ayuda.

2- No podemos acercarnos a la invocación del Nombre movidos por curiosidad o por arbitraria decisión. Debemos ser llamados o conducidos a ella por Dios. El uso de la invocación del Nombre, como principal método espiritual, está ligado a la obediencia y a una especial vocación. Una práctica espiritual y mucho más un sistema espiritual basado sobre el mero capricho se derrumbará. Debemos acercarnos al Nombre de Jesús bajo la guía del Espíritu Santo: sólo así la invocación del Nombre será un fruto del Espíritu.

3- No existe un signo infalible que nos asegure que estamos llamados a la oración del Nombre. Pero algunos indicios que debemos examinar humildemente pueden animarnos a emprenderla:
- si nos sentimos atraídos a la invocación del Nombre;
- si ella produce en nosotros un crecimiento en el amor, en la pureza, en la obediencia y en la paz;
- si el uso de otros tipos de oraciones se vuelve dificultoso;
Con estos indicios, podemos, razonablemente, suponer que el camino del Nombre se abre sobre nuestro camino.

4- Quien se sienta atraído hacia la oración del Nombre esté atento a no despreciar otras formas de oración. No digamos nunca: la invocación del Nombre es la mejor oración. La mejor oración para cada uno es aquella a la cual el Espíritu Santo lo mueve, cualquiera sea su forma. Quien practica la invocación del Nombre venza también la tentación de una propaganda indiscreta y prematura. No debemos tener prisa en decir: “Quiero anunciar tu Nombre a los hermanos” (Salmo 22,23) si no hemos recibido dicha misión. Es preferible guardar con humildad los secretos del Señor.

5- Lo que podemos decir con sobriedad y verdad es que la invocación del Nombre de Jesús simplifica y unifica nuestra vida espiritual. Ninguna oración es más simple que esta: es, en efecto, una única palabra en la cual el Sagrado Nombre se convierte en exclusivo de la vida entera. Métodos más complejos a menudo cansan y disipan los pensamientos, pero el nombre de Jesús reúne fácilmente todo en sí mismo. Este posee una fuerza que unifica e integra. La personalidad, fraccionada en numerosos yo, puede decir de sí misma: “mi nombre es legión porque somos muchos” (Marcos 5, 9), recobrará su integridad en el Sagrado Nombre: “Unifica mi corazón en el temor de tu Nombre” (Salmo 86, 11).

6- La invocación del Nombre de Jesús, no debe ser interpretada como un “camino místico” que nos exime de las purificaciones ascéticas. En la vida espiritual no existen atajos: el camino del Nombre implica una constante vigilancia sobre nosotros mismos. El pecado debe ser evitado.
Con respecto a esto, dos son las actitudes posibles: algunos pueden custodiar su mente, memoria y querer, con el fin de invocar el Sagrado Nombre con mayor recogimiento y amor; otros dirán el Sagrado Nombre para estar con una mayor vigilancia y con el corazón completamente absorto en el amor de Jesús. A nuestro parecer, este último nos parece el mejor camino. El Nombre en sí es un medio de purificación y perfección, una piedra fundante, un filtro a través del cual nuestros pensamientos, palabras y acciones pasan para ser liberados de su impureza. Ninguno de estos sea recibido sino después de haberlos examinados en el Nombre y el Nombre disipará todas las escorias pecaminosas y será aceptado sólo lo que es compatible con el Nombre de Jesús. Llenaremos nuestro corazón hasta el borde con el Nombre y el constante pensamiento de Jesús, conservándolo con sumo cuidado, como un objeto precioso, y defendiéndolo contra toda causa de confusión. Este es un severo ascetismo, exige un completo olvido de sí, un morir a sí mismo, a medida que el Sagrado Nombre crece en nuestra alma. “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Juan 3,30)

7- Nosotros debemos considerar la invocación del Sagrado Nombre, en relación a las otras formas de oración. De la oración litúrgica y de las oraciones establecidas por el método de algunas comunidades, no diremos nada, porque aquí estamos considerando la oración individual y privada, y no la oración establecida por la obediencia, que por su carácter litúrgico-comunitario y por su inalterabilidad resultan extremadamente útiles. Es tarea de los hombres de Iglesia y de los miembros de la comunidad determinar hasta qué punto la invocación del Nombre de Jesús es compatible, en sus propios casos, con los formularios oficiales.
Pueden surgir cuestiones acerca de las otras formas de oración individual. ¿Qué decir de la “oración dialogada” en la cual escuchamos y hablamos con Dios? Y ¿qué decir acerca de la oración contemplativa y silenciosa, la “oración de quietud” y la “oración de unión”? ¿Debemos nosotros abandonar estas formas de oración personal por la invocación del Sagrado Nombre o al revés? ¿O debemos usar ambas? La respuesta debe ser dejada a Dios en cada caso particular.
Rara vez la llamada divina a la invocación del Nombre puede excluir todas las otras formas de oración. Nosotros pensamos que, hablando de manera general, el camino del Nombre es ancho y libre y que, en muchos casos es perfectamente compatible con momentos de escucha de la Palabra interior y de búsqueda de esta, y con intervalos de completo silencio interior. Además, no debemos nunca olvidar que la mejor forma de oración que nosotros podemos hacer en cada momento es aquella hacia la cual estamos movidos por el Sagrado Espíritu.

 8-  El consejo y la guía directa de algún “hermano mayor espiritual” que tenga una experiencia personal del camino del Nombre, puede muy a menudo ser de gran utilidad a los principiantes. Personalmente querríamos que la gente se sirviese de tal guía. Sin embargo, no es indispensable: “cuando el Espíritu de la verdad ha llegado, él os guiará a la verdad completa” (Juan 16, 13).



Traducido del texto italiano publicado por esicasmo.it

Publicación en castellano:
La invocación del nombre de Jesús.
Un Monje de la Iglesia de Oriente
Ed. Claretiana. Buenos Aires. 2009

Págs. 23-29


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