Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

jueves, 5 de julio de 2012

Introducción a la Tercera colección de los escritos de Isaac el Sirio

Sabino Chialá, monje de Bose

 (Primera Parte)




Premisas

En la segunda edición de su traducción italiana de las Centurias [1], Pablo Bettiolo daba noticia de la existencia de una “tercera parte” de Isaac de la cual él traducía en el apéndice de las mismas Centurias el discurso quinto. Y diez años más tarde, Sebastian Brock, en su edición y traducción de los discursos 4-41 de la Segunda colección, agregaba una pieza al conocimiento de esta nueva colección de escritos isaaquianos ofreciendo algunas informaciones sobre el manuscrito que lo contiene y editando el colofón en siríaco y en traducción inglesa [2]. Los dos eximios estudiosos de Isaac estaban todavía lidiando con la edición y la traducción de la “redescubierta” Segunda colección, que comprendía cuarenta y un discursos –el tercero de los cuales consiste en las cuatro Centurias-, por lo cual la Tercera colección permaneció casi ignorada.

Hoy es posible llevar a cabo un nuevo paso en el conocimiento de la obra isaaquiana con la traducción italiana –la primera traducción de todas [3]- de la llamada Tercera colección de la cual considero segura su autenticidad. Es solamente un primer paso, que intenta poner a disposición de un gran público, no solo de estudiosos del mundo siríaco y de la patrística en general, el tesoro de estas nuevas páginas de enseñanzas isaaquianas. Queda la esperanza de poder ofrecer pronto también el texto siríaco a los que puedan estar interesados.

Pero antes de pasar a las palabras de Isaac querría recordar a cuantos, de diversos modos y en diversos momentos, han participado de este trabajo. El primer agradecimiento es para el profesor Sebastian Brock, a quien está dedicado el libro, que para muchos puntos me ha ofrecido sus preciosas correcciones y confirmaciones. Y junto a él querría recordar al padre André Louf con el cual he tenido la alegría de discutir y de confrontar sobre varias cuestiones.

Querría pues aquí expresar mi reconocimiento también a aquel que, por su amor y su dedicación a aquella porción de iglesia que aún florece en las tierras de Isaac, ha hecho posible de algún modo a nosotros, hoy, releer y gozar de estas páginas. Me refiero a quien fue el arzobispo de Teheran de los Caldeos, monseñor Yuhannan Samaan Isayi, fallecido el 7 de febrero de 1999. A él se debe la fortuita adquisición del manuscrito por un anticuario hebreo de Teheran, como él mismo me contó en ocasión de nuestro encuentro, y además su conservación. Y junto a él querría aquí recordar y agradecer a la Comunidad de las hermanas del Espíritu Santo en Teheran, en particular a las hna. Bernarda y hna. Piera, por haberme gentilmente provisto una copia del manuscrito en cuestión.

Hay también otros que en muchos modos han contribuido a la realización de esta traducción y que no puedo aquí enumerar. Recuerdo sólo, entre todos, a mis hermanos y mis hermanas de Bose que de distintos modos me han sostenido y animado.

Introducción

Entre los autores sirios-orientales, Isaac de Nínive, o Isaac el Sirio, es ciertamente el más conocido, si bien no por los eventos de su biografía, que permanecen aún desconocidos, y por su Iglesia de pertenencia, también desafortunadamente poco conocida, al menos sí por su enseñanza que, desde el siglo IX, han conocido una excepcional irradiación, a través de las numerosas traducciones en todo el mundo cristiano. Un autor, Isaac, que, según una feliz expresión de Sebastián Brock, ha hecho resonar su voz desde Qatar hasta Tokio [4]

Con el Ninivita estamos frente a uno de los pilares de la espiritualidad oriental, que ha ejercido un discreto influjo también en occidente, en particular desde el siglo XVII. Pero lo que de él era conocido es aquella colección de discursos que hoy conocemos bajo el nombre de Primera parte o Primera colección. A esta, solo en años recientes, se ha juntado una Segunda colección y ahora una Tercera colección que contribuyen a enriquecer y a precisar el ya amplio espectro de conocimiento del cual disponemos, acerca de su pensamiento. Y el trabajo de búsqueda y de hallazgo de la obra isaaquiana no está aún terminado. Sea en el original siríaco, sea en las traducciones más antiguas, en particular la árabe, hay todavía posibilidades de hallar nuevos fragmentos de este patrimonio [5].

El lenguaje esencial y directo de Isaac, libre de cualquier diagrama retórico, hace inmediato el acceso a su pensamiento, dejando casi como algo superfluo cualquier contextualización histórica–geográfica. Es quizás también por esto, y no sólo por garantizarle una “ortodoxia” siquiera nominal, que se lo ha imaginado, por muchos siglos, como un solitario del desierto de Escete o un eremita de Italia, en la región espoletana. Su sabiduría humana y espiritual atraviesa no sólo el ámbito de una cultura sino también a la del hombre a quien se le ha dirigido. Razón por la cual la figura de Isaac permanece como en la sombra y pobrísima son las líneas biográficas que de él nos han transmitido.

En los escritos de Isaac parece a veces confluir la entera búsqueda humana y todo lo que del llamado divino el hombre ha sabido recibir. Si su anuncio de la misericordia infinita de Dios, por la cual también conoció algunas oposiciones, no ha conducido a sus escritos y a su memoria a la condenación y al olvido –suerte en cambio reservada a algunos entre sus más estimados maestros- quizás es debido no tanto a algo sustancial que lo diferenciaba de sus predecesores, cuanto más a su capacidad de hacer aparecer cada afirmación y cada pensamiento no como el fruto de una elaboración teológica-espiritual destinada a construir un sistema, sino como a la íntima percepción de un anhelo a la vez divino y humano. Percepción del verdadero y universal grito del hombre y de la más profunda voluntad divina revelada mediante la Palabra a los que son capaces de contemplarla.

Leer a Isaac es a menudo saborear una consolación, o al menos la esperanza de una consolación. Es saborear una “palabra llena de ternura”, como dice uno de sus biógrafos [6].

La vida y los escritos de Isaac.

Los datos de los cuales disponemos para reconstruir el itinerario histórico y espiritual de Isaac son escasos y nos los proveen dos breves biografías y algunos otros fragmentos encontrados en sus escritos o en autores siríacos tardíos [7]. La primera noticia biográfica es aportada por un capítulo del Liber castitatis, una especie de historia monástica sirio-oriental escrita por Isho’denah de Basra entre el 860 y el 870. La segunda, casi de la misma extensión, es en cambio un anónimo, publicado por Rahmani en sus Studia Syriaca [8].

De ambas fuentes resulta que Isaac nace en Bet Qatraye (actual Qatar) en los inicio del siglo VII. Después de un primer período de vida solitaria “en su región” o no muy lejos de ella, entre el 676 y el 680 fue ordenado obispo de la ciudad de Nínive, en las regiones septentrional de la Mesopotamia, por el católico de Seleucia-Ctesifonte, Mar Jorge. Pero apenas con cinco meses de episcopado, Isaac, por razones no claramente expresadas por las fuentes, abandonó la sede de Nínive y retomó la vida solitaria. Esta vez, sin embargo, ya no en su región, sino en Bet Hazaye (actual Irán), en la época una de las más florecientes regiones monásticas sirio-orientales. Aquí permaneció entre los solitarios de la montaña de Marut, después se unió al monasterio de Rabban Shabur, situado en la misma región, donde murió y donde también fue sepultado.

También por las fuentes conocemos de su ceguera, causada por el esfuerzo prolongado en la lectura de las Escrituras, como también por su obra literaria que una de las dos biografías atribuye en realidad a sus discípulos que habrían puesto por escrito cuanto Isaac les enseñaba.

Hay desacuerdo entre las fuentes en lo que respecta a la consistencia de dicha obra literaria. El Liber castitatis habla genéricamente de “libros sobre la conducta de los solitarios”. La biografía editada por Rahmani precisa que se trata de “cinco tomos”, todavía conocidos en la época  en la cual el biógrafo anónimo escribe. Mientras un autor sirio-oriental más tardío, ‘Abdisho de Nisibe, atribuye a Isaac “siete tomos” y se refiere también a una obra de un tal Daniel Bar Tubanita que se presenta como una refutación del “quinto tomo de las obras de Isaac”. Todo esto nos lleva a creer que se habían formado diversas colecciones de discursos de Isaac, al menos cinco, si no más, de los cuales estos autores tendrían noticias.

Si de las fuentes pasamos a los manuscritos llegados a nosotros, la situación no aparece ciertamente más clara. Desde hace poco más de un siglo, de Isaac no se conocía más que una única colección de 84 discursos (la llamada Primera colección), traducida ya en la antigüedad, si bien nunca integralmente, en casi todos las lenguas del mundo cristiano [9]. Es esta la colección que ha hecho a Isaac un estimado y amado autor espiritual y que está a la base de las primeras síntesis de su pensamiento, elaborada a partir de la obra pionerísima de Chabot, al final del siglo XIX.[10]

Introduciendo su edición de la Primera colección, Bedjan daba la noticia de posteriores materiales isaaquianos, los cuales sin embargo no proveía la edición, esperando encontrar otros manuscritos que pudiesen  permitirle una colección y posteriormente la edición de un texto más seguro. Esto sin embargo no ocurrió y la que luego se la llamará Segunda parte o Segunda colección debió esperar a 1983 para poder nuevamente resurgir. El mérito  de este descubrimiento es de Sebastián Brock que en aquel año individuó en la Biblioteca Bodleiana de Oxford un manuscrito que contenía la nueva colección de discursos: cuarenta para ser exactos, de los cuales uno, el tercero, estaba compuesto de cuatro Centurias de conocimiento [11].

Hay también una Tercer colección, aquí integralmente traducida, de la cual se hablará en el parágrafo siguiente,, y algunos manuscritos también atribuyen a Isaac una Quinta parte, sólo parcialmente conservada, cuya autenticidad queda aún por comprobar [12]

El manuscrito de Teheran y los otros testimonios de la Tercera colección

La Tercera colección es descubierta por un manuscrito único, y reciente, conservado en la biblioteca de quien fue arzobispo de Teheran de los Caldeos Mons. Issayi, marcado por la sigla “Isaayi 5”. La indicación “Tercera parte (palguta da-tlat) de mar Isaac” introduce los discursos.

El manuscrito iraní, de mano sirio-oriental, está compuesto de 133 folios escritos sobre doble columna, de los cuales los primeros III reproducen textos isaaquianos, mientras los restantes contienen escritos de ‘Abdisho’ y de Shamli. El colofón nos ayuda a datar con relativa precisión nuestra copia:

Este libro, colmado de vida espiritual, ha sido escrito en el pueblo bendito [13] de Qurana (QWRRN), lugar en el cual permanecieron el santo mar Isaac y mar Santiago: nuestro Señor hizo rico de habitantes y cuidó a sus habitantes. Amén
Lo ha escrito un pecador, estudiante [14] solo de nombre, indigno tanto de nombre como de recuerdo entre los hombres. Yo imploro, en el amor, a mis señores, a mis padres, a mis hermanos para que oren a nuestro Señor que me tenga misericordia en la hora del juicio.
He escrito este libro en los días de los padres y cabezas, de los pastores, mar Simón Rubil, católicos y patriarca del Oriente, y mar Henannisho’ Isaac, metropolita de Rustaqa. Ha sido escrito por Tomás, hijo del diácono Juan, hijo del difunto diacono Zacarías, hijo del difunto presbítero Sabro di Bet Qellayta, de Mar Beh Isho’ de Kamol, que residía en Qurana [15]
Dios es bendito por siempre y su santo Nombre es glorificado por las generaciones. Amén.
En el año de la era cristiana 1900 [16], en el mes de adar (marzo), el día 11. Fin.

La localidad citada en el colofón, que se ubica en torno al lago de Urmia, nos lleva a una región que entre el siglo XV y el XX produjo una nutrida serie de manuscritos siríacos, conservados en colecciones locales o europeas, como la de Cambridge.

Sobre la historia sucesiva del manuscrito no puede más que repetir lo que el arzobispo Issayi me ha transmitido, esto es, que lo adquirió por un anticuario hebreo y lo conservó en su biblioteca.

El manuscrito contiene, en los primeros III folios, 17 discursos de Isaac, 14 de los cuales habían permanecido desconocidos a los estudiosos de la obra isaaquiana, estos son los discursos 1-13 y el breve discurso 16. En cuanto a los restantes, estos corresponden a los textos de la primera y segunda colección: los discursos 14 y 15 corresponden respectivamente a los discursos 22 y 40 de la Primera colección, mientras que el discurso 17 corresponde al 25 de la Segunda colección.

De los 14 nuevos discursos, en realidad dos son atestiguados, anónimamente, en una antología de textos ascéticos, prevalentemente siro-oriental de los siglos VII-VIII, descubierta en el manuscrito Alqosh 237 (ahora Baghdad, Monasterio caldeo de Dawra, sir. 680) copiado al monasterio de Rabban, Hormizd en Alqosh y fechado, según la anotación del copista, en el 1288/9 de nuestra era [17]. Se trata de los discursos 4 y 13 de la Tercera colección que corresponden respectivamente a las partes 36 y 38 del manuscrito de Alqosh. El mismo manuscrito trae, anónimamente, también otros discursos isaaquianos, pertenecientes a la Segunda colección [18]. El descubrimiento de las últimas dos colecciones del Ninivita ha permitido a Sebastián Brock identificar también los discursos anónimos contenidos en la antología.

La antología de Alqosh ha sido copiada varias veces. De dos, realizadas por un mismo copista de Alqosh por el pedido de Samuel Giamil, ya teníamos noticias por Vosté [19]: la primera, terminada el 10 de marzo de 1909, fue conservada en la misma biblioteca (Alqosh 238); la segunda, completada el 13 de mayo de 1928, fue enviada a la Biblioteca Vaticana (es la actual Vaticano sir. 509) [20]. A estas dos se debe agregar una tercera copia del manuscrito Alqosh 237, esta es el Birmingham, Mingana 601, copiado siempre en Alqosh, en el 1932 [21].

En la presenta traducción he podido tener en cuenta solo la copia vaticana y la de Birmingham que a menudo me han ayudado a aclarar – desafortunadamente solo para los dos discursos por esta transmitidos- no pocos puntos en los cuales el manuscrito de Teheran resulta dañado.

Otros testimonios de esta Tercera colección de Isaac podrían ser encontrados en las traducciones. Pero desgraciadamente de esta obra no hemos conocido traducciones ni siquiera de aquellos siglos y en aquellas lenguas en las cuales la Primera colección, y parcialmente también la Segunda colección, fueron traducidas. La única excepción parece ser el discurso 3 que, a primera vista – pero sería necesario un estudio más preciso-, parece identificarse con un discurso árabe de la colección isaaquiana en cuatro libros y más precisamente con el discurso séptimo del primer libro. [22]

Finalmente, con respecto a la genuinidad isaaquiana de la colección, me parece que esta se puede afirmar con seguridad para todos los discursos [23], por varias razones: ante todo por los argumentos tratados que me parecen en perfecta sintonía con las otras dos colecciones; después por la consonancia con las mismas en el estilo y en la terminología; y también por una serie de elementos que podemos definir externos, como la presencia en el interior de la Tercera colección de los susodichos discursos, seguramente genuinos, pertenecientes a las otras dos colecciones, por la concomitancia en el manuscrito de Alqosh y en sus copias de los dos discursos de la Tercera colección con los de la Segunda colección, y también por la probable presencia de un discurso de nuestra colección en el interior de la versión árabe de la obra isaaquiana.

No podemos en cambio estar seguros de la extensión de esta Tercera colección, si está completa o si le falta alguna parte, hasta que no dispongamos –suponiendo que esto sea todavía posible- al menos de otro manuscrito análogo al del Teheran.

Isaac de Nínive
Discursos ascéticos
Tercera colección
Ed. Qiqajon. Comunidad di Bose.
Págs. 7-17


[1] Isaac de Nínive, Discorsi spirituali, Capitoli sulla conoscenza, Preghiere, Contemplazione sull’argomento della gehena, Altri opuscoli, a cargo de P. Bettiolo, Bose 1985, pp. 6, 241-245.

[2] Isaac of Nineveh (Isaac the Syrian), “The Second Part”, Chapters IV-XLI, a cargo de S. Brock, CSCO 554, Lovanii 1995, pp. XXXI-XXXII.

[3] Próximamente se publicará también una traducción en francés de esta colección a cargo de André Louf.

[4] La expresión es parte del título de un artículo que Brock ha dedicado a las versiones de loa obra isaquiana: S. Brock, “From Qatar to Tokyo, by way of Mar Saba: The translations of Isaac of Beth Qatraye (Isaac the Syrian)”, en Aram 11-12 (1999-2000), pp. 475-484.

[5] Queda todavía estudiar una Quinta colección de la cual me referiré más adelante.

[6] Cf. Infra, pp.11-12.

[7] Para esta parte serán esenciales. Se puede ver también mi escrito Dall’ascesis eremítica alla misericordia infinita. Ticerche su Isacco di Ninive e la sua fortuna, Firenze 2002, en el cual traté más extendidamente tanto de la vida y de la obra de Isaac como de su ambiente cultural y religioso, así también como de su pensamiento y de su suerte.

[8] Para una traducción italiana de los dos textos se ve S.Chialà, Dall’ascesis eremítica alla misericordia infinita, pp. 53-55.

[9] La primera edición que publicó el texto siríaco fue realizada por P. Bedjan y publicada en su: Mar Isaac Ninivita, De Perfectione Religiosa, Parisiis – Lipsiae 1909. Actualmente disponemos de dos traducciones inglesas literales (Mystic Treatises of Isaac of Nineveh, a cargo de A. J. Wensinck, Amsterdam 1923; The Ascetical Homilies of Saint Isaac the Syrian, a cargo del Holy Transfiguration Monastey, Boston 1984); una traducción italiana parcial (Isaac i Ninive, Discorsi ascetici / I, l’ ebbbrezza della fede, a cargo de M. Gallo – P. Bettiolo, Roma 1984 [Collana di Testi patristici 44[); una traducción francesa, realizada sin embargo sobre el texto griego y no sobre el original siriaco (Isaac le Syrien, Oeuvres sprituelles, a cargo de J. Touraille, Paris 1981); es parcial la traducción alemana de G. Bickell (Ausgewahlte Schriften der syrischen Kirchenvater Aphraates, Rabulas und Isaak von Ninive, Kimpten 1874). Para las otras traducciones parciales y antológicas, se ve S. Chialà, Dall’ascesis eremítica alla misericordia infinita, pp. 363-364.

[10] J. B. Chabot, De S. Isaaci Ninivitae vita, scriptis et doctrina, Parisiis 1862.

[11] Cf. S. P. Brock, “Lost and found: Part. II of the works of St. Isaac of Nineveh”, en Studia Patristica XVIII/4. Papers of the 1983 Oxford Patristic Conference, a cargo de E.A. Livingstone, Kalamazoo – Leuven 1990, pp. 230-233. Para esta segunda colección la edición del texto siríaco no está aún completa. Disponemos de una traducción inglesa de los primeros dos discursos (S.P. Brock, “St. Isaac the Syrian: Two unpublished texts”, en Sobornost 19/1 [1997], pp. 7-33); de una traducción italiana del tercer discurso, es decir de las Centurias (Isaac de Nínive, Discorsi spirituali); de la edición siríaca y de una tradución inglesa para el resto de la colección (Isaac of Nineveh [Isaac the Syrian], “The Second Part”, Chapters IV-XLI, a cargo de S. Brock, CSCO 554-555, Lovanii 1995); de una traducción en ruso, publicada en 1998, de los capítulos 1-2 y 4-41 a cargo de Ilarion Alfeev. Está finalmente pero poco disponible una traducción francesa completa a cargo de André Louf (Isaac le Syrien, Oeuvres spirituelles – II. 41 Discours récemmment découverts, Bellefontaine 2003 [Spiritualitè Orientale 81]).

[12] Sobre la Quinta parte, se puede ver S. Chialà, Dall’ ascesi eremítica alla misericordia infinita, pp.71-73. A nuestro Isaac son pues atribuidas una serie de otros escritos por lo más falsos o cuya paternidad isaaquiana es difícilmente comprobable, como por ejemplo las oraciones contenidas en los libros litúrgicos.

[13] Se siguen aquí dos formas verbales sinónimas construidas sobre la misma raíz brk (participio pasivo qal y participio pa’el). En la traducción omito una.

[14] El siriáco ‘eskulaya, derivado del griego scholé, indica a aquel que frecuenta una escuela exegética o que es discípulo de un maestro. En sentido más amplio se puede entender como un “erudito”.

[15] El pueblo de Qurana se encuentra a poca distancia de Mawana (cf. Isaac of Nineveh [Isaac the Syrian], “The Second Part”, CSCO 554, p. XXXII, n. 35), centro del distrito de Gawer y Tergawer situado al noroeste de Urmia (actual Irán, en el límite con Turquía e Irac). Desde el punto de vista eclesiástico, sabemos que hacia fines del siglo XIX (posterior a la época de nuestro manuscrito) el distrito de Gawer y Tergawer formaba una diócesis que fue la primera de las dependencias directas del católicos mar Simeón y después fue confiada al metropolita de Bet Shamdsin, Mar Henanisho’ Ruwel (cf. J. Fiey, “Adarbaygan chrétien”, en Le Muséon 86 [1973], pp. 397-435 [aquí p. 404]; reimpreso en Id., Communautés syriaques en Iran et Irak des origines à 1552, Variorum Reprints, London 1979). Se trata de los dos personajes mencionados por nuestros copistas: el católicos Simeón XVIII Rubil, que permanece en la iglesia asiria entre el 1861 y el 1903, y el metropolita Henanisho’ que nuestro copista llama metropolita de Rustaqa porque en este período el metropolita de Bet Shamdsin residía en la ciudad de Rustaqa (en el sudeste turco; cf. J. M. Fiey, “Adarbaygan chrètien”, p. 406). Otra localidad citada en nuestro colofón es Mar Beh Isho de Kamol, identificada con la ciudad de Marbisho al oeste de Mawana (apenas más acá de los límites con Turquía); de esta localidad proviene el último antepasado citado por nuestro copista, Sabro di Bet Qellayta.

[16] Después de las cartas que indican como año de compilación del manuscrito el 1900, el copista deja un breve espacio que podría hacer creer que él quería agregar una especificación de los años al 1900 (es como si hubiese escrito 19…), pero de lo cual después se habría olvidado. En este caso el año no estaría seguro. Tenemos sin embargo un terminus ante quem dado por la muerte del católicos Simeón (1903). El manuscrito ha sido seguramente copiado entre el 1900 y el 1903.

[17] Para una descripción precisa de este manuscrito, cf. J.M. Vosté, “Recueil d’auteurs ascétiques nestoriens du VII et du VIII siécle”, en Agelicum 6 (1929), pp. 143-206. Para el catálogo de la colección del monasterio de Dawra, cf. P. Haddad – J. Isaac, Syriac and Arabic Manuscripts in the Library of the Chaldean Monastery of Baghadad, I. Syriac Manuscripts (en árabe), Baghdad 1988.

[18] Cf. Isaac of Nineveh [Isaac the Syrian], “The Second Part”, CSCO 554, pp. XXVII-XXVIII.

[19] Cf. J.M. Vosté, “Recueil d’auteurs ascétiques nestoriens du VII et du VIII siècle”, p. 144.

[20] Cf. A. Van Landschoot, Inventaire des manuscrits syriaques des Fonds Vatican (490 [en realidad: 460] -631), Barberini Oriental e Neofiti, Cittá del Vaticano 1965 (Studi e Testi 243), pp. 40-42.

[21] Cf. A. Mingana, Catalogue of the Mingana Collection of Manuscripts, I. Syriac and Garshuni Manuscripts, Cambridge 1933, coll. 1146-1153.

[22] Cf. S. Chialá, Dall’ ascesi eremitica alla misericordia infinita, pp. 336-338.

[23] Algunas reservas podrían ser afirmadas sólo para el capítulo dieciséis (cf. Infra, pp. 193-194)

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