Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

viernes, 3 de agosto de 2012

Cartas para persuadir a la práctica de la oración interior


Arsenio Troepolskij


IV

El camino de la verdad, en cuanto es posible, lo conoces. El sendero del corazón, al menos a tientas, lo has encontrado. La persuasión de que sólo el ejercicio práctico en el corazón puede introducir hasta las profundidades de sí mismo, ya lo has probado por la lectura y por la experiencia. Ahora, ¿qué te falta? Ciertamente, nada más que la resolución puesta en práctica. ¿Y qué es lo que te impide a hacerlo? ¿La pereza? ¡Entonces, evidentemente, la convicción no es tan firme! ¿La concupiscencia? ¡Entonces, evidentemente, la dieta está equivocada! ¿Las circunstancias? ¡Entonces, se ve que la paciencia es débil e imperfecta!

¿Qué hacer? Tanto cuanto puedas, cuanto te sea posible, con cuanta fuerzas te queden, pide ayuda, pide que el Señor te indique el camino hacia él.

(En un bosque solitario, 6 de julio 1851)

V

Te aflige que tu alma sea fría, que tu corazón no sea capaz de una ininterrumpida unión con Dios, ni de la incesante oración en el nombre de Jesucristo. Pero si esto te apena es un buen signo. ¡Sin embargo es triste que esto te traiga  tan poco fruto! ¡Ahí de mí! Prueba reaccionar con esta medicina: medita con atención  que no hay bajo el cielo ningún otro Nombre dado a los hombres en el cual puedan ser salvados (Hechos 4,12). Y después considera las consecuencias de la invocación orante del nombre de Dios, la fuerza de la invocación:

1. Pedro, con sus dudas y su poca fe, es salvado de ahogarse por haber invocado el nombre de Dios (Cf. Mt. 14, 24-31).

2. Los discípulos espantados, después de haber invocado el nombre de Dios, ven aplacarse las olas del mar. (Cf. Mc 4, 35-41; Mt 8, 23-27; Lc 8, 22-25).

3. El ciego de Jericó, gritando el nombre de Jesucristo, recupera la vista (Cf. Lc 18, 35-42).

4. El padre del niño, a pesar de sus dudas, invoca el nombre de Jesús y su hijo le es sanado (Cf. Mc 9, 17-27).

5. Uno que no seguía a Jesucristo, hecha a los demonios en su nombre (Cf. Mc 9, 38; Lc 9,49).

6. Los exorcistas hebreos curaban las enfermedades mediante el nombre de Jesucristo (Cf. Mt 12, 27).

7. El nombre de Jesucristo, representado por las indignas manos del sacerdote, transforma el pan y el vino en cuerpo y sangre… [1]

¿Ves como es poderoso el nombre de Jesucristo, y cómo actúa por sí solo también en los labios de personas débiles?


Inesperada y prodigiosa eficacia de la invocación del nombre de Jesucristo:

1. El joven Jorge fue inesperadamente iluminado y colmado de consolaciones durante la oración. [2]

2. San Máximo, besando el ícono de la Madre de Dios, recibe el don de la oración. [3]

3. Un pecador inconsciente, a través de la oración, conoció una alegría inesperada. [4]

4. La muchacha lasciva, gracias a la oración, fue hecha digna de ver a Jesucristo.

5. Aquel que, abstraído en una danza con los demonios, pronunció sin intención el nombre de Jesucristo recobró la razón y los espíritus desaparecieron [5].

6. El anciano, que con los salmos no había podido echar al espíritu oscuro que lo atormentaba, lo destruyó con la oración de Jesús.

7. El pastor, que buscando a una oveja se había perdido de noche en el bosque, recibe sin querer el don de la oración [6].

8. Como se abre la puerta con la llave, la oración abre el camino al corazón.

9. Sobre el sepulcro de los Santos Sergio y Germán [7], aquel que invocó el nombre de Jesucristo, obtuvo el don de la oración.

10. El campesino que era sastre, después de la lectura de un libro sobre la oración, pronunció el  nombre de Jesucristo y se volvió un hombre de oración.[8]

11. Una persona, asistiendo al suplicio de un bandido, habiendo invocado el nombre de Jesucristo, aprendió a orar.

12. Un monje, celebrando los santos misterios, recibió la acción de la oración.

13. Dos que trabajaban en un jardín, improvisadamente advirtieron la acción espontánea de la oración después de la invocación del nombre de Jesucristo.


Consecuencias de la invocación, con deseo y espera, del nombre de Jesucristo:

1. Abad Filemón [9], después de haber enseñado sencillamente a invocar el nombre de Jesucristo, reveló a sus discípulos la acción de la oración.

2. Un aguatero moldavo, que deseaba aprender la actividad interior, en poco tiempo hizo grandes progresos en la oración.

3. El starec Vasilisk, gracias al conocimiento de la oración interior, alcanza rápidamente las más altas visiones. [10]

4. San Eustracio [11] cuando servía al altar invocaba el nombre de Dios y por esto recibía el don de hacer milagros.

5. O.L. [12] enseñó a S. a invocar el nombre de Jesucristo, lo cual rápidamente tuvo consecuencias prodigiosas.

6. San Nifonte [13] ve salir una llama de los labios de un monje que invocaba el nombre de Jesucristo.

7. El asceta Pedro [14], invocando el nombre de Jesucristo, rápidamente recibe consolación y todo [lo demás].

Después de haber considerado todo esto, acuérdate de la omnisciencia y del amor de Dios, y si en ti mismo no encuentras ni la fuerza ni el celo o la atención necesaria, recurre al menos a la invocación oral del poderoso nombre de Jesucristo. Y que tu esperanza descanse en su Nombre, que tu parte por lo menos sea la cantidad de las invocaciones.


En el Pustyn de San Saba, 18 de junio de 1851


Arsenij Troepol’skij
L’ esperienza della vita interiore.
Edizioni Qiqajon. Comunità di Bose. 2011
Págs. 43- 47.


[1] Alusión al rito ortodoxo de la preparación de los panes eucarísticos.

[2] Referencia al relato sobre el joven Jorge presentado en Simeón el Nuevo Teólogo, Catechesi 22, presentado también en la Filocalia (cf. Dobrotoljubie V, pp. 452-462; La Filocalia IV, a cargo de M. B. Artioli y M. F. Lovato, Gribaud, Torino 1987, pp. 497-505. Cf. Symeón le Nouveau Théologien, Catéchéses II, a cargo de B. Krivochéine, SC 104, Cerf, Paris 1964, pp. 373-374 (tr. It.: Id, Catechesi, a cargo de U. Neri, Cittá Nuova, Roma 1995, pp. 361-362.

[3] Episodio de la Vida del monje athonita Máximo el Kausokalyba (ca 1270-1365); cf. Dobrotoljubie V, p. 473; La Filocalia IV, p. 517.

[4] La referencia es a la leyenda del ícono de la santísima Madre de Dios llamada “Alegría inesperada”, relatada en el libro de san Dimitrij di Rostov El vellón rociado. Se narra que el ícono de la Madre de Dios “Alegría inesperada” había sido pintado en recuerdo al evento que sigue: un pecador, mientras se disponía a realizar una mala acción, rezó por su buen éxito a la Madre de Dios, a lo que ella, enojada le muestra las llagas que en ese momento se han abierto en las manos y en los pies del niño Jesús que tenía en brazos, y le explicó que cada vez que alguien cae en pecado las llagas comienzan a torturar a Cristo. Espantado por la ira divina, el pecador imploró perdón y se volvió justo. En este ícono está representada una habitación con la imagen de la santísima Madre de Dios colgando en la pared, delante del cual está de rodillas el penitente.

[5] Un episodio semejante se encuentra en la vida de Isaac de las grutas de Kiev. Cf. Zitija svjatych na russkom jazyke, izlozennye po rukovodstvu Cet’ich-Minej sv. Dimitrija Rostovskogo VI, Moskva 1905, pp. 284, 287.

[6] Cf. Racconti di un pellegrino ruso [Relatos de un peregrino ruso], pp.184-185.

[7] Según el obispo Arsenio (Letopis’ cerkovnych sobytij, Sankt-Peterburg 1880), los santos monjes Sergio y Germán habrían fundado en 1329 el monasterio de la Transfiguración sobre la isla de Valaam, en el lago de Ladoga. Sus reliquias son veneradas en Rusia desde tiempos muy antiguos.

[8] Cf. Racconti di un pellegrino ruso [Relatos de un peregrino ruso], pp.118-119.

[9] La referencia es al Relato utilísimo sobre el Abad Filemón contenido en La Filocalia. Cf. Dobrotoljubie III, Moskva 1900, pp.360-375. La Filocalia II, a cargo de M. B. Artioli e M. F. Lovao, Gribaudi, Torino 1983, pp. 357-371.

[10] En este lugar es insertada una nota posterior, rayada por uno de los monjes de Optina: “En la biblioteca del skit hay un manuscrito sobre los aspectos de la actividad interior del starec Vasilisk”

[11] La referencia es a san Eustracio de Tarso, superior del monasterio situado sobre el monte Olimpo. Cf. Zitija svjatych na russkom jazyke, izlozennye  po rukovodstvu Cet’-ich-Minej sv. Dimitrija Rostovskogo V, Moskva 1904, p. 289.

[12] Probablemente se refiere al staret Leonid de Optina (1768-1841).

[13] Cf. Gregorio el Sinaíta, Breve noticia sobre la hesiquía del muy santo y vigilante Nifonte, escrita por pedido de este último en quince capítulos 10. Cf. Dobrotoljubie V, p. 233; La filocalia III, p. 591. Mistici bizantini, p 497

[14] Cf. Gregorio Pálamas, Vida de Pedro el Athonita. PG 150, 996-1040.

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