Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

viernes, 21 de septiembre de 2012

La vida de Ignacio Brjancaninov

Richard Cemus sj.


Segunda Parte


En la casa paterna

Dimitrij Aleksandrovic Brjancaninov [1], descendiente de una de las más antiguas familias nobles del imperio ruso, futuro monje y obispo con el nombre de Ignacio, nació el 5 de febrero de 1807, en Pokrovskoe, en la provincia de Vologda, en la Rusia septentrional. Por tradición, la familia Brjancaninov estuvo ligada a la corte zarista, que había sido servida por numerosos de sus antepasados sea en armas o en calidad de senadores. Debiendo también sus hijos seguir estas huellas, el latín y el griego fueron parte, desde el inicio, del curriculum escolástico impartido en la casa paterna. Por el gobierno, proveniente de Francia, se apreciaba también el francés, cuya enseñanza era típica de las clases cultas de la Rusia imperial.

El crecimiento de Dimitrio, sin embargo, no sigue del todo las líneas preestablecida de sus padres. Recogido y encerrado en sí, desde la juventud se siente atraído por la vida solitaria y manifiesta la voluntad de ser monje. Pero a los 15 años, en 1822, su padre lo lleva a San Petersburgo para inscribirlo en la escuela militar. Inútil fueron sus intentos de convencer al padre de que su vocación era otra. La tradición familiar lo obligaba a obedecer sin posibilidad de apelación [2].

En San Petersburgo

Una vez  llegado a San Petersburgo, Brjancaninov parece olvidar las aspiraciones monásticas. Su educación y elegancia con la cual sabe presentarse atrae sobre él la atención del gran duque Nicolás Pavlovic, futuro zar Nicolas I, en esa época inspector de la escuela militar. La capital imperial era rica en ofertas culturales y en vida mundana. Él comienza a frecuentar las noches literarias, donde brilla por su arte en la recitación y por sus dotes, encontrando el aplauso de famosos escritores y poetas de la época, entre ellos el mismo Puskin.

Pero pronto, la mundanidad se encuentra con sus verdaderas aspiraciones y comienza a asquearlo. Su mente completamente inmersa en las ciencias y, al mismo tiempo, ardiente de deseo de saber “dónde se esconde la verdadera fe, la verdadera doctrina, libre de extravíos dogmáticos y morales” [3]. En la escuela encuentra a Miguel Cichacev, un joven de la nobleza provincial, con quien comparte sus ideas: su amistad durará toda la vida. Oran juntos, se  dedican a la lectura de los Padres del desierto, eligen una práctica sacramental por entonces del todo insólita: se confiesan y acceden a la comunión semanalmente,  y no una vez al año como se practicaba.

Es en este momento que comienzan, para ambos, las primeras dificultades. Sus estilos de vidas, tan distinto a los de los otros estudiantes, son considerados como inoportunos por algunos cadetes. El joven Brjancaninov llega a encontrarse con un verdadero conflicto interior en el momento en el cual, exigido por la lectura de los santos Padres, confiesa el deber de luchar “con una multitud de malos pensamientos” [4]. El padre espiritual de la escuela, espantado del hecho que se pudiese tratar de ideas políticas, no duda en informar a la dirección. El comandante de la escuela lo interroga y lo pone bajo vigilancia, como estudiante “en riesgo” [5]. Para Brjancaninov es una dolorosa experiencia que, entre otras, le revela las contradicciones en la cual vive la Iglesia ortodoxa rusa de la época llamada “sinodal” [6].

La lucha por la vocación

Ambos amigos buscan, luego, un padre espiritual, fuera de la escuela. Lo encuentran en la Lavra [7] de Alejandro Nevskij, en la capital donde, en aquel período, permanecían algunos monjes formados por el starec Fjodor (+1822) [8], discípulo directo de Paisij Velickovskij, entre los cuales estaba el hieromonje Leonida [9]. “Padre Leonida me ha arrancado el corazón. Lo he decidido: pediré  la dimisión del servicio y lo seguiré. Me dirigiré a él con toda el alma y buscaré la salvación del alma únicamente en la soledad”, contará Brjancaninov a su amigo Miguel después del primer diálogo con el starec [10].

La decisión fue tomada: contra la tenaz resistencia de su padre que no pudo resignarse a la idea de la renuncia a la carrera emprendida por el hijo, y a la consiguiente pérdida del prestigio de la familia cercana a la corte imperial. Apenas terminados los exámenes finales en la academia, él presenta la dimisión. Esto es en enero del 1827.

Informado de cuanto estaba sucediendo, el duque Nicolás Pavlovic, ascendido entre tanto al trono como zar Nicolás I, lo convocó a la corte: las dimisiones no son aceptadas y él es destinado a la fortaleza de Dinaburg [11]. Inicia un período de grandes sufrimientos. Separado también de su amigo Miguel, la única luz de esperanza durante este período de desaliento espiritual es la correspondencia con el starec Leonida. Vista sin embargo la efectiva incapacidad física para desempeñar el servicio, en noviembre de 1827 es liberado de la guardia imperial. Cuando sus padres se enteran del giro en la vida de su hijo, enojados, cortan todo contacto y sostenimiento económico con él. Brjancaninov comienza, como pobre, su nueva vida.

En la búsqueda de un monasterio

Parte sólo para el monasterio de Alejandro Svirskij [12], donde entonces permanecía el starec Leonida con su grupo de seguidores. Poniéndose bajo su guía, pudo finalmente darse a la cotidiana “revelación de los pensamientos” [13] al starec, el cual no evita ocasiones de mortificación, para vencer, en el joven oficial, cualquier alta consideración de sí.

Leonida, repetidamente puesto en duda por la autoridad monástica, que no le agradaba su carisma, abandona el monasterio con algunos discípulos [14]. Brjancaninov, que mientras tanto es alcanzado por Miguel Cichacev, sigue al grupo de Leonida hacia el éramo de Ploscansk, en la eparquía de Orel’ [15].

Pronto, sin embargo, también aquí la situación se vuelve tal que Leonida, con sus seguidores, decide acoger la invitación del higúmeno Moisés a ir a Optina [16]. Es en este momento que los dos amigos se separan de su padre. Lo encontrarán en Optina más tarde, pero no ya como discípulos [17]. Transcurren un cierto tiempo en el monasterio de San Cirilo sobre el Lago Nuevo, en la provincia de Novgorod donde, en la época, vivía el famoso archimandrita Teofano [18]. Habrían seguramente permanecido si Brjancaninov, no soportando el clima insular, no hubiese sido golpeado por fiebre amarilla y por una hinchazón de las piernas, tanto de no poder más caminar si no con muletas. Permaneció por tres meses sin asistencia médica, en junio del mismo año acepta la oferta hecha por los padres de volver a la familia para curarse. Las medicinas hacieron rápido efecto, pero las consecuencias de la fiebre amarilla lo marcaron para toda la vida. También el amigo volvió a su casa, en la provincia de Pskov.

Restableciéndose, deja la casa paterna, pero permanece en la provincia de Vologda, habiendo encontrado protección junto al obispo de aquella ciudad, Estefan (Romanovskij). Éste lo envía a un aislado monasterio de su eparquía [19], donde en enero de 1831 se convierte oficialmente en novicio [20]. Estefan acelera los tiempos y con un especial permiso del Santo Sínodo [21] le confiere el pequeño schema [22], cambiándole su nombre por el de Ignacio, en honor a San Ignacio de Antioquía. El  25 de junio de 1831 lo ordena sacerdote y apenas un año después le confía el monasterio Pel’semskij-Lopotov [23], siempre en la provincia de Vologda. Con solo 25 años Ignacio es superior.

En la conducción del monasterio.

El monasterio Pel’semskij-Lopotov, situado entre bosques y pantanos, estaba casi en la ruina total, con una comunidad reducida a pocos monjes. Ignacio invierte todas sus fuerzas para realizar aquel ideal de la vida monástica que había apreciado por la meditación de los escritos patrísticos. Que no siempre le ha sido fácil, lo testimonia su poesía El canto a la sombra de la cruz, escrita en esa época [24]. Sin embargo, la personalidad del nuevo superior atrae nuevos monjes provenientes de los monasterios donde él había permanecido y en poco tiempo el monasterio florece. El padre y la madre de Ignacio, que anteriormente consideraban una desgracia para la familia el camino tomado por su hijo, ahora agradecen a Dios por haberlo elegido para su servicio.

En el monasterio de Lopotov, Ignacio tiene la alegría de reencontrarse con su amigo Miguel que, recibido el hábito monástico, se vuelve su fiel colaborador [25]. Pero el mal clima no beneficia la salud de Ignacio. El metropolita Filaret [26] le propone transferirlo a un monasterio en las cercanías de Moscú, cuando interviene el mismo zar Nicolás I, quien habiéndose enterado de lo que le sucedía a Ignacio, decide confiarle el éramo de la Trinidad de San Sergio [27] en las cercanías de la capital, con la precisa tarea de hacerlo “un monasterio modelo a los ojos de San Petersburgo”. Elevado al rango de archimandrita en enero de 1834, Brjancaninov, con solo veintiséis años, se encuentra guiando a un monasterio importante [28].

Archimandrita

La paradoja no podía ser más grande. Ignacio, que quería dejar el monasterio Lopotov por motivos de salud, ahora se encuentra sobre el mar del Golfo de Finlandia, un lugar húmedo en una llanura nebulosa, sobre la cual soplan fuertes vientos – verdaderamente un lugar poco adaptado para su frágil salud. Además, contrariamente a cuanto sugiere el nombre pustyn’ (éramo), el monasterio de la Trinidad de San Sergio estaba ubicado sobre una de las principales vías de acceso a la capital y a mitad de camino entre San Petersburgo y Petergof, residencia veraniega de los zar. La amada “hesiquía” había terminado e Ignacio deberá sufrir continuamente la intromisión del “mundo” del cual él quería huir. Hay que agregar que el éramo se encuentra en un estado penoso. Solo la pared de la Iglesia y pocos edificios estaban aún utilizables.

Al estado material del monasterio acompañaba la relajación de los monjes. Los pocos que vivían aún en el éramo mostraban poca disposición a adecuarse a cualquier reforma [29]. Ignacio se encuentra con el deber de guiar un monasterio que, cuando aun estudiaba en San Petersburgo, no quería “ni siquiera ver”. Todo esto habría sido un trabajo pesado incluso para un hombre de óptima salud, pero él no lo es. No hay porque maravillarse si, en su ensayo autobiográfico, Mi lamento (I, A), escribe solo palabras de desaliento.

Superior y padre

El cuidado principal del nuevo superior es hacer una renovación de la vida espiritual y el restablecimiento del orden, según la regla de vida común. Las funciones litúrgicas vuelven a desarrollarse según el ciclo completo del oficio monástico, celebrado con rigor y solemnidad [30]. La competencia de Miguel Cichacev, que rápidamente lleva al canto litúrgico al máximo nivel, atrae a numerosos amantes de la música sagrada. Renombrados compositores del tiempo, como Glinka y Turcaninov, escriben incluso fragmentos musicales para su coro [31]. A pesar de su joven edad, Ignacio se muestra, como ya lo hizo en Lopotov, un verdadero padre que hace de la comunidad una familia unida por vínculos de concordia y comunión espiritual. No sorprende por esto el hecho que, por su ejemplo, muchos jóvenes abandonen el servicio militar y, bajo su guía, abracen la vida monástica [32].

Sus éxitos, llevan a la autoridad eclesiástica a contar con su capacidad nombrándolo, en 1838, inspector de todos los monasterios de la eparquía de San Petersburgo. Para Brjancaninov es sólo un peso. No solo por causa de su débil salud sino también por la creciente animosidad contra él (texto I, A). Fueron, en efecto, emprendidos numerosos intentos de denigrarlo con el emperador [33]. En medio de estas humillaciones Brjancaninov a menudo encuentra consolación en escribir. Textos como Feliz el hombre, La oración del perseguido por los hombres, o bien Palabras de consolación a los monjes sufrientes, son eco y fruto de estas sufridas experiencias que, ofrecidas a Dios, se vuelven momentos de gracia [34].

Brjancaninov no aclara los motivos por los cuales se vuelve objeto de hostilidad. Podemos solo intuir que suscitó envidia su cercanía al Zar y los éxitos obtenidos a tan joven edad. También su hablar franco en orden a los males morales que habían en la sociedad, en la Iglesia y en el monaquismo de su tiempo, no podían más que crearle enemigos. “He conocido”, escribía más tarde, “cuando me encontraba en San Petersburgo, una época en la cual la falta de fe unida a infracciones patentes, intercambiadas por ortodoxos, despedazaban nuestra jerarquía decrépita y ridiculizaban todo lo que era sagrado.” [35] El período ilustrado tan lúcidamente por Ignacio fue el del Alto Procurador Protasov (1836-1855), “el período, quizás, más oscuro en la historia del Sínodo”, en el cual, en la Iglesia, reinaba “la más arbitraria de las burocracias” [36]. En las confrontaciones con Brjancaninov, el Santo Sínodo consideró incluso la posibilidad de exiliarlo a Solovki. Si no hubiese sido por el severo rechazo del obispo de Pskov de tal absurdo proyecto, seguramente hubiese sucedido [37]. El Alto Procurador Protasov, de todas maneras, pone sistemáticamente obstáculos sobre el camino de Ignacio, llegando incluso a sabotear la publicación de sus obras. No son, es verdad, directamente rechazadas, pero sus manuscritos son corregidos y cambiados hasta hacerlos irreconocibles. Brjancaninov reacciona, no sometiendo más, por mucho tiempo, sus escritos a la censura.[38]

Transcurren así otros diez años de dificultades personales, balanceado sin embargo por el florecimiento del monasterio. Pero los esfuerzos no indiferentes, la constante disponibilidad por todos, y además el mal clima, tienen su precio en términos de salud. El archimandrita Ignacio querría estar liberado de su responsabilidad, pero le conceden sólo once meses de convalecencia que los transcurre en el monasterio de Nicola-Babaevskij [39]. Cuando vuelve, en el 1848, si bien debe retomar la conducción del éramo de la Trinidad de San Sergio, sólo piensa en retirarse. En la primavera del 1846 permaneció en Optina con la intención de prepararse una residencia para él y para Miguel, pero no tuvieron ni el permiso del Sínodo, ni el consenso del obispo de Kaluga.

Obispo

Pasaron aún ocho años para que las cosas cambiaran pero en una dirección diversa respecto a lo que Ignacio esperaba. En 1855, en efecto, el mismo año en el cual muere el zar Nicolás I, su protector, el metropolita de San Petersburgo, Gregorio [40], propone al Santo Sínodo nombrar a Brjancaninov obispo de la ciudad caucásica de Stavropol sobre el Mar Negro [41]. Con el beneplácito del nuevo zar, Alejandro II, el 27 de octubre de 1857, Ignacio es ordenado obispo.

Había transcurrido en el monasterio de la Trinidad-San Sergio veinticuatro años y lo había hecho florecer: dieciséis de sus discípulos se habían convertido en superiores de otros tantos monasterios. A pesar de sus méritos y de su conocimiento encumbrado, el obispo Ignacio es tan pobre que no dispone ni siquiera  de los medios necesarios para el viaje hacia su nuevo destino y debe pedir el dinero en préstamo. El 25 de noviembre de 1857 parte y llega a Stavropol sobre el Cáucaso el 4 de enero de 1858 [42].

El nuevo obispo se entrega en el trabajo pastoral, en el cuidado de la liturgia, en la predicación de la palabra de Dios [43]. Promueve la instrucción y la educación de la juventud, usa su autoridad para poner límite a los castigos en las escuelas que se encuentran bajo su supervisión. Las visitas pastorales en parroquias y monasterios de su extensa eparquía lo llevan a estar fuera de la sede incluso por meses enteros. Pero también aquí no le faltan hostilidades. Su carta circular del 17 de enero de 1859, en la cual aconseja a los párrocos de favorecer las agitaciones a favor de la abolición de la esclavitud de la gleba, realizada por Alejandro II en 1858 y en 1861, provocó una violenta reacción con su publicación. Era una cuestión que dividía, en efecto, también al clero [44].

Todo esto exige, por el celo pastoral, muchas energías y hace aún más frágil su salud. Aproximadamente a tres años de su llegada, Ignacio presenta el pedido de dimisión [45]. El 5 de agosto de 1861 es liberado de la tarea y puede dejar Stavropol para ir a su amado monasterio Nicola-Babaevskij. Le es asignada una discreta pensión pero, para pagarse el viaje, también esta vez tiene que pedir dinero a otros.

Los últimos años.

Ignacio llega a su “tierra prometida”, el monasterio Nicola-Babaevskij, en octubre de 1861, junto a un grupo de monjes devotos a él. Sólo permanecerá allí seis años, pero a él le parece que la vida comienza en ese momento. Se dedica a escribir sus obras preparándolas para la publicación [46]. Sus concejos son buscados en muchos ámbitos: conocidos sus conocimientos en homeopatía, los campesinos de los alrededores van a hacerse curar por él. Además, él recibe cada tarde tanto monjes como novicios, y también visitantes externos, para diálogos espirituales.

Viene al encuentro de Ignacio también su viejo amigo Miguel Cichacev. Este será el último encuentro en sus vidas. Ambos concuerdan en el hecho de que Miguel no debe dejar el éramo de la Trinidad de San Sergio donde goza del respeto de los monjes y de todas las necesidades para pasar su ancianidad [47].

En agosto de 1866 visita a Brjancaninov el príncipe heredero, el futuro zar Alejandro III, dando al anciano prueba de la estima que goza en la corte zarista.

Mientras tanto sus fuerzas disminuyen: muere la mañana del 30 de abril de 1867, el domingo de las “mujeres miróforas” [48], cuando había cumplido apenas 60 años. A pesar del desbordamiento del río Volga que, en aquél período, hace difícil a los habitantes que vivían más allá del río ir al monasterio, el día de las exequias se reúne una multitud de cinco mil fieles. Los funerales, celebrados con la liturgia pascual, no hacen más que confirmar las palabras del mismo starets difunto: “Se puede reconocer si alguno se ha adormecido en la gracia del Señor si, al momento de la sepultura de su cuerpo, las aflicciones de los presentes ceden a una inexplicable beatitud” [49].

En 1988 el obispo Ignacio ha sido contado entre los santos de la Iglesia ortodoxa rusa que lo conmemora el 30 de abril según el calendario Giuliano (= 13 de mayo según el calendario gregoriano). En esta ocasión sus restos fueron transferidos al monasterio Tolga en las cercanías de Jaroslavl [50].


Ignatij Brjancaninov
Sulle tracce della Filocalia.
Pagine sulla preghiera esicasta.
Editorial Paulinas. 2006
Págs. 15-29


[1] Las fuentes principales son: Biografia del vescovo Ignatij, composta dai suoi discepoli più vicini nell’ anno 1881 (ver siglas), en Piena raccolta di opere del santo vescovo Ignatij Brjancaninov (desde ahora citado por nosotros como Opere), I. Moscú 2001, 3-86; el escrito autobiográfico Il mio lamento, presentado en la parte de los textos; Lettere scelte reunidas por el higúmeno Mark (Lozinski) (de ahora en adelante citadas como Lettere), Raccolta delle opere, VII, Moscú, 2001; H.M.Knechten, Freude bringende Trauer. Vater Rezeption bei Ignatij Brjancaninov, Waltrop 2003, 7-22; L. Sokolov, Il vescovo Ignatij Brjancaninov. La sua vita, personalità e la sua visione morale-ascetica (en ruso), I-II, Kiev 1915; O.I. Safranova, Antenati, contemporanei e posteri. Per l’historia della stirpe del santo vescovo Ignatij Brjancaninov,  en Opere, III, 531-601. Detalles interesantes son presentados por la Hna. Philareta Engelund, Introduction biographique, in Èveque Ignace Briantchaninov, Approches de la prière de Jésus, Abadía de Bellefontaine, Bégrolles en Maures, 1983.

[2] En la Rusia del Ochocientos era indudablemente insólito que un miembro de la aristocracia fuese ordenado sacerdote o se hiciera monje.

[3] Ver texto Mi lamento (I, A): el envío a los textos contenidos en este volumen será hecho indicando la sección y la letra que lo distinguen en la parte antológica.

[4] Con el término “malos pensamientos” la literatura ascética designa las tentaciones, es decir las imaginaciones que desvían la atención del recuerdo de Dios y de la oración. Ver Introducción, III, nota 23.

[5] Desde la época de Pedro el Grande, el ejército ruso es adiestrado con la ayuda de oficiales prusianos, que a menudo se expresaban con dificultad en ruso y –siendo protestantes- eran del todo ignorantes de la práctica religiosa ortodoxa.

[6] Abolido por el zar Pedro el Grande en el 1721, el patriarcado fue sustituido con el Santo Sínodo, asamblea de obispos metropolitanos por él nombrados. Funcionando como un dicasterio de los asuntos eclesiásticos, el Santo Sínodo es guiado por un Alto Procurador laico, llamado “el ojo del zar”. Fue instaurado un capilar sistema de espionaje y de denuncia entre el clero, que no se sujetó ni siquiera al secreto sacramental. El Reglamento eclesiástico obligaba en efecto a los sacerdotes a transmitir a las autoridades estatales el contenido de la confesión, cuando contuviese información sobre un atentado al monarca. El patriarcado ruso fue restaurado recién en 1917. Para el Reglamento eclesiástico, cfr. A. Piovano, Sarov prima di Serafim. La tradizione dello “starcestvo”, en San Serafim. Da Sarov a Diveevo, Magnano, 1998, 61-98, 64-76: ver Introducción, II, nota 19.

[7] Originalmente lavra designaba un tipo de monasterio que unía elementos de vida eremítica con los de la vida cenobítica. En Rusia se convierte en título honorífico atribuidos a los monasterios más importantes.

[8] “Starec” (se lee “starets”), plural “starcy” (se lee “startsi”) es la palabra eslavo/rusa, que corresponde a la de “anciano” y es sinónimo de “padre espiritual”. En general es un monje (con frecuencia no sacerdote) capaz de acompañar a los otros en el camino de salvación, a través del arte del discernimiento espiritual. La ancianidad aquí no se refiere a la edad, sino a la madurez espiritual del starec. Macario de Egipto (siglo IV), por ejemplo, en su juventud fue llamado “el anciano niño”. De  la palabra starec deriva starcestvo que designa el sistema de formación espiritual basado sobre los starcy. El starec Fjodor vuelve a Rusia desde Rumania ya en el 1801: ver Introducción, p. 37.

[9] Sintéticas informaciones biográficas de todos los Padres y autores espirituales citados son dadas en el Apéndice.

[10] Cfr. Biografía, 22.

[11] Hoy Daugavpils en Litonia.

[12] Uno de los más grandes monasterios de la región de San Petersburgo.

[13] La “revelación de los pensamientos” es una antigua práctica del acompañamiento espiritual, a través del cual el padre ayuda al discípulo a remontarse al origen de los movimientos del alma para discernir cuales seguir y cuales rechazar. El beneficio de esta práctica espiritual está bien descripto por el amigo Miguel Cichacev: “No es raro que suceda que llegues al starec Leonida, reveles a él todo lo que te oprime, y él, con palabras simples y con su bendición, levante tu corazón triste y restituya tu espíritu roto, al punto que te alejes de él del todo renovado, como un hombre renacido, deseoso de reemprender, con celo y voluntad, la lucha interior para la purificación del corazón  de las pasiones” (L. Sokolov, Il vescovo Ignatij Brjancaninov. La sua vita, personalità e la sua visione morale-ascetica, 2 vol., Kiev 1915, I, 82).

[14] I. Smolitsch, Santità e preghiera. Vita e insegnamenti degli “Starets” della Santa Russia, Torino 1984, 103.

[15] El éramo de la Madre de Dios de Ploscansk en la diócesis de Orel se encuentra entre la ciudad de Sevsk y Dimitrovsk, en Rusia sur-occidental.

[16] El monasterio de Optina, al sur de Moscú, se remonta al siglo XVI. Amenazado en su misma existencia por la política eclesiástica de Pedro el Grande, renace a partir del final del Setecientos. Bajo el higúmeno Moisés (1782-1862), Optina se abre a la renovación filocálica, volviéndose el principal centro de irradiación además un buscado lugar por el starcestvo en la Rusia pre-revolucionaria. El nombre de Optina permanence ligado a la actividad de los famosos starcy, especialmente de Leonida, Macario y Ambrosio. Cfr. I. Basin, Mosè di Optina, en Bibliotheca Sanctorum Orientalium, Encilopedia dei Santi, Le Chiese Orientali (desde ahora en adelante: Bibliotheca Sanctorum Orientalium), II, 554-555.

[17] Brjancaninov habría confiado a su amigo Miguel de no estar del todo contento de cómo Leonida lo guiaba porque el starec “no puede resolver todos sus problemas que él debe resolverlos por sí solo”: (Sokolov, Il vescovo Brjancaninov, I 81). No obstante las diferencias, él sin embargo  permaneció vinculado al starec. Cuando él más tarde, en Optina, se volvió objeto de difamación, Brjancaninov no duda en intervener a su favor frente a las autoridades eclesiásticas (cfr. I Basin, Leone di Optina, en Bibliotheca Sanctorum Orientalium, II, 314).

[18] Sobre Teófano cfr. Smolirsch, Santità e preghiera, 91-101. “Archimandrita” es el superior de un gran monasterio, correspondiente a nuestras abadías, pero puede ser también un título honorífico.

[19] El concepto de eparquía en la Iglesia bizantina equivale al de diócesis en la Iglesia latina.

[20] En la Iglesia ortodoxa el noviciado se desarrolla individualemente, a discreción del starec.

[21] El permiso se hace necesario porque durante el period “sinodal” la edad mínima para la tonsura de un monje que no había hecho los estudios de teología era 30 años. Brjancaninov tenía solo 24.

[22] El “schema” es el hábito monástico bizantino: está el “pequeño schema”, del cual es revestido el monje de observancia ordinaria, y el “gran schema” reservado a aquellos (pocos) de observancia estricta.

[23] Enl a tradición bizantina, los monasterios, excepto los “patriarcales”, están sometidos al obispo local.

[24] Cfr. Opere, I, 368-371.

[25] Dotado de una bellísima voz, es experto de música sacra y organiza un coro que contribuye a atraer numerosos visitantes de Lopotov.

[26] Filaret Drozdov (1782-1867), la más relevante personalidad eclesiástica rusa del siglo XIX. Elevado a la sede metropolitana de Moscú en 1826, que Filaret ocupará casi medio siglo. Ha sido canonizado por la Iglesia ortodoxa rusa en 1994.

[27] El Monasterio (éramo) de la Trinidad de San Sergio, fundado en el siglo XVIII en las cercanías de san Petersburgo, es distinto de la Lavra de la Trinidad de San Sergio, situada en la región de Moscú. Se remonta al siglo XIV, está última es el monasterio más importante de Rusia y sede la de Academia teológica de Moscú.

[28] Con el decreto sacado por Catalina II en 1764, fue introducida una doble categoría de monasterios: aquellos que reciben una subvención del estado (subdivididos a su vez en tres clases) y aquellos que no la reciben. Todos los otros monasterios no inscriptos en estas categorías fueron suprimidos. El monasterio de la Trinidad de San Sergio era de la segunda clase. Por mérito de Brjancaninov fue elevado, en 1836, a monasterio de primera clase.

[29] A la llegada de Ignacio, en el monasterio  habían 6 hieromonjes (monjes-sacerdotes), 3 diáconos y 6 novicios.

[30] En el Oriente cristiano las reglas monásticas se encuentran fijadas en el Typikon que comprende también manuales litúrgicos y las rúbricas de las fiestas, como el Directorium para el rito latino.

[31] Michail Ivanovic Glinka (1804-1857), líder de la música clásica rusa, introduce la polifonía de Palestrina y el contrapunto en la música sagrada rusa, dando a ella el carácter típico. El sacerdote Piotr Ivanovic Turcaninov (1779-1856), compositor de la Iglesia de la corte zarista, es conocido ante todo por la armonización de antiguas melodías de la música sacra rusa.

[32] Entre estos no faltaban nobles y oficiales de marina.

[33] El erudito de Oxfor, William Palmer que, en 1840, permaneció por algunos días en el éramo de la Trinidad- San Sergio, señala un incidente en el cual Bjancaninov estaba implicado. Este había aceptado con el permiso del Santo Sínodo, la invitación a almorzar a la embajada de Francia y se entretuvo  dialogando  con un sacerdote católico francés. El hecho, que llegó al zar, tuvo como consecuencia que él fuera relegado en el monasterio. Se necesitó una intervención del metropolita de San Petersburgo para que este castigo fuese suavizado y Brjancaninov pudiese salir a la ciudad, al menos para el pago de los asuntos corrientes del monasterio; cfr. W. Palmer, Notes of a Visit to the Russian Church in the Years 1840-1841, London 1882, 59-60; 223.

[34] Cfr. Biografía, 56.

[35] Engelund, Introduction biographique, 30. Palmer citas, por ejemplo, estas palabras críticas de Brjancaninov  con respecto de la Iglesia ortodoxa rusa: “Nuestro aspecto exterior es bello, hemos conservado los ritos y el credo de la Iglesia originaria, pero este cuerpo está muerto, tiene en sí poca vida”, citado en Flovosvskij, Vie della teologia russa, 311.

[36] Engelund, Introduction biographique, 30.

[37] Se trataba de un austero monasterio situado en una isla del Mar Blanco, en el norte extreme, con un clima prohibido. En su intervención el Obispo Pskov advirtió: “Nos unimos a castigar a aquel que es el honor y el decoro de nuestra institución monástica solo porque en sus relaciones con nosotros él no actúa en conformidad con nuestros puntos de vista, y porque él no permanece por muchas horas esperándonos en casa”: Engelund, Introduction biographique, 30.

[38] Engelund, Introduction biographique, 30.

[39] El monasterio de Nicola-Babaevskij se encuentra en la provincia de Kostroma, cerca de 300 Km al noreste de Moscú, sobre la rivera del río Volga, a mitad de camino entre Kostroma y Jaroslavl’.

[40] Gregorio Postnikov (metropolita de Petersburgo, 1855-1860) tenía fama de ser un hombre extremadamente conservador. Tras sus instigaciones, ya otros hombres excelentes, entre los cuales el archimandrita Macario Bulgakov, futuro metropolita de Moscú, fueron alejados de la capital y enviados a eparquías lejanas; cfr. Engelund, Introduction biographique, 33.

[41] La eparquía del Cáucaso y del Mar Negro ha sido fundada solo en el 1834, en territorio lentamente conquistado por el imperio ruso: se encontraba entonces en un estado desastroso. Stavropol se encuentra a 1621 km al sur de Moscú.

[42] Encontrándose en un lugar desconocido, para Ignacio fue bastante agradable saber que su hermano de sangre, Pedro Alejandro Brjancaninov, había sido nombrado gobernador civil de Stavropol.

[43] Numerosas homilías se remontan en efecto a este período.

[44] La abolición de la esclavitud de la gleba, si bien debida, fue sin embargo una reforma que alteró el tradicional sistema económico ruso sin una alternativa futura: los campesinos se volvieron propietarios de la casa y de una pequeña parcela de terreno, mientras los campos para trabajar debían adquirirlos. Se convirtieron así en pequeños propietarios cargados de deudas, obligados a menudo a vender la tierra o a hipotecarla. La Iglesia se encuentra por esto frente a un problema de grandes proporciones, incluso en los monasterios, donde muchos de los campesinos liberados pero empobrecidos buscaban establecerse como monjes o conversos; cfr. C. Simon, L’ Église orthodoxe russe à la fin du XIX et au debut du XX siècles: isolement et integration, en Histoire du Christianisme des origines à nos jours, XI, 733-786, aquí 760. […]

[45] La renuncia de Brjancaninov no fue, en Rusia del período sinodal, un hecho aislado. Ya en 1768, Tikón de Zadonsk, después de sólo cinco años, dimitió como obispo y se retiró a un monasterio, para dedicarse al ministerio de starec del pueblo. Por los mismos motivos, el obispo Teófano Govorov (el Recluso), en 1872 se retiró en un éramo, donde después vivió en reclusión.

[46] En esto le será de gran ayuda el hermano Pedro que, habiendo dado las dimisiones como gobernador civil de Stavropol, lo alcanza en 1862 en el monasterio donde se queda a vivir como converso.

[47] Hecho monje de gran hábito en 1866, morirá en 1873.

[48] El tercer domingo de Pascua, según el ciclo litúrgico bizantino.

[49] Biografía, 86.

[50] El traslado de las reliquias al monasterio de la Presentación de la Madre de Dios en el templo, en 1988, con la ocasión de la canonización de Ignacio Brjancaninov, es debido probablemente a la importancia de este monasterio, uno de los más antiguos de Rusia, conocido por el ícono de la Madre de Dios “Tolgskaja”,  que se remonta al siglo XIII; cfr. A.I.Komec, La Rusia de los monasterios, Milano 2001, 201-211.

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