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viernes, 9 de noviembre de 2012

Tres experiencias inefables en la vida de Lev Gillet (Un monje de la Iglesia de Oriente)


Tercera y última parte




“Yo mismo, por ejemplo, tengo a menudo un sentimiento no de una luz exterior sino de una especie de iluminación interior, una luz brillante, asociada al nombre de Jesús. He practicado mucho lo que los ortodoxos llaman la oración de Jesús, que consiste simplemente en la repetición del nombre de Jesús. Esta experiencia del nombre de Jesús puede volverse penetrante y puede proporcionar una especie de luz interior: te sientes envuelto en una luz interior indescriptible”. Lev Gillet


4. Ser fiel a la misión

En su conversación con el investigador de Manchester College en 1971, el padre Lev intenta ubicar sus experiencias –estas “vivencias existenciales”- en un contexto a la vez riguroso y personal: ¿qué significan estas experiencias? ¿Qué importancia les debo dar? A continuación presento algunos extractos adicionales de la entrevista de 1971:

 “Yo pienso que nosotros experimentamos un fenómeno religioso cuando tenemos primero la conciencia de una realidad que nos transciende, que nos sobrepasa, más allá de nuestros propios límites. Segundo, si bien nos trasciende, debe ser en alguna medida una experiencia inmanente a nosotros mismos, debemos encontrarla en nosotros mismos. Y tercero, entre estas dos expresiones de una realidad suprema (que yo no la definiría por el momento), está la posibilidad de un intercambio dinámico: recibimos algo de ella y le damos algo. Esta es mi idea de un fenómeno religioso. […]” (This Time- Bound Ladder, p. 29).

Después de haber contado la experiencia del niño espástico y de su  sueño, el padre Lev precisa lo que recuerda de la semana que pasó en esa especie de coma:

 “Para mí, se trataba de una suerte de dialéctica que pasé durante una semana, en mi vida subsconciente, mientras que deliraba a los ojos de los otros. Y me parecía que todo el universo estaba así. Percibía que el rumbo del progreso en el mundo estaba en que nosotros debemos ayudar a todos los seres espásticos que nos rodean a ser capaces, en algún momento, de pedir café para los otros. Esta experiencia duró toda la semana, con algunos puntos más que no desarrollaré ahora. Había una secuencia dialéctica.”

“Yo creo que ustedes tienen razón cuando dicen que hay personas que, excepto en tiempos de crisis, no son conscientes. Sí, son espásticos, no se mueven más que mecánicamente, hasta que llega el momento donde rempentinamente sus ojos se abren y ellos se vuelven concientes de las otras personas.”

“En mi concepción, exclusivamente personal y que no puedo ni probar ni refutar, pienso que el niño espástico jamás sería capaz de pensar en un café para los otros, sino le hubiese sido sugerido, o dado, por algo o por alquien que le trasciende: lo que un cristiano llamaría la gracia.”

 “He llegado a esta interpretación del sueño porque ya tenía mis propias convictiones religiosas. Estas están ligadas a un poder personal o supra-personal, con la cual, o con quien, yo he tenido un contacto personal en ciertos momentos de mi vida –los momentos decisivos de mi vida” (This Time-Bound Ladder, p. 32).

El Padre Lev cuenta aquí en la entrevista el acontecimiento del lago de Tiberíades en 1935. En respuesta a la pregunta: “¿Tuvo Usted otros momentos de este sentimiento de presencia?”, él responde, “Sí, tuve muchos de estos momentos, pero éste y también el sueño respecto a las personas espásticas fueron los más sorprendentes” (This Time-Bound Ladder, p. 33). En respuesta al comentario del investigador de que otras personas describen estas experiencias como “puramente psíquicas”, el padre Lev responde secamente: “Yo no tuve ninguna experiencia psíquica. Esta me fue todo un hecho extraño” (This Time-Bound Ladder, p. 33). El investigador le dice entonces que otras personas ven una luz o algunas luces, experimentan alegría y a veces un sentimiento de temor reverencial, ante lo maravilloso. El Padre Lev responde:

 “Pienso que es un fenómeno común en todas las religiones. Yo mismo, por ejemplo, tengo a menudo un sentimiento no de una luz exterior sino de una especie de iluminación interior, una luz brillante, asociada al nombre de Jesús. He practicado mucho lo que los ortodoxos llaman la oración de Jesús, que consiste simplemente en la repetición del nombre de Jesús. Esta experiencia del nombre de Jesús puede volverse penetrante y puede proporcionar una especie de luz interior: tú te sientes envuelto en una luz interior indescriptible” (This Time-Bound Ladder, p. 34).

Más tarde en la entrevista, el padre Lev afirma muchas veces su convicción de que Dios le guía en su vida, en sus elecciones, en sus convicciones. Si el padre Lev habla en términos personales durante esta entrevista, no se aleja por tanto de la tradición de la espiritualidad ortodoxa que, desde luego, conocía profundamente. Pero él no utiliza el vocabulario típico, de algún modo eremítico, de la tradición ortodoxa, se esfuerza más bien por utilizar un lenguaje neutro, admisible para su interlocutor, para expresar sus ideas. […]

En realidad, es posible leer la entrevista de 1971 substituyendo los conceptos y el vocabulario ortodoxo, sobre todo por el lenguaje de los Padres ascetas y el de san Gregorio de Pálamas sobre el hesicasmo. Lo que se refiere a la “luz interior”, el padre Lev no pretende en absoluto que se trate de la Luz increada experimentada por los santos hesicastas del tiempo de Gregorio Pálamas. Pero se puede, sin embargo, hacer una relación entre esta luz y las palabras de San Serafín de Sarov a su discípulo Motovilov: “Aún debo decirle, a fin de que pueda comprender mejor esto que es necesario entender por la gracia divina, ta como se la puede reconocer cuando ella se manifiesta en los hombres que ella ilumina: La gracia del Santa Espíritu es Luz” [1].

El investigador señala que los demonios pueden disfrazarse en ángeles de luz frente a una orientación. A continuación presentamos la respuesta del padre Lev:

Hay varios criterios muy precisos para juzgar una dirección u orientación (la guidance). a tomar Primero, una orientación no debe venir solo una vez, esta debe repetirse. Segundo, debe ser expresada en el estilo de Dios. Es muy importante. Dios tiene un lenguaje propio, un estilo. Diría que hasta se puede reconocer gramaticalmente una frase pronunciada por Dios. Tercero, se puede probar una orientación al compartirla con otras personas. Pregunten a cuatro o a cinco personas qué entienden sobre vuestro problema de oración y pregunten qué hacer (una orientación), y vean si sus respuestas convergen. Cuarto, el más importante: ¿esta orientación produce en ustedes alegría y amor hacia Dios y hacia los otros? Juzguen el árbol según su fruto. (This Time-Bound Ladder, p. 45).

Luego el interlocutor pregunta una questión concerniente al “estilo” de Dios. El padre Lev responde:

 “He preguntado sobre esto a muchas personas y he comprobado que ellos coinciden sobre el estilo de Dios. Pero a menudo en sus interpretaciones, en sus elaboraciones sobre las palabras pronunciadas por Dios, ellos intentan expresarlas de una manera humana, por largas frases que no pueden ser atribuidas a Dios. Dios habla siempre en pequeñas frases, muy breves. Generalmente no dice más que cinco o seis palabras. Son expresadas de tal modo que yo no encuentro otro adjetivoa para describirlas que el de irrevocables. No dejan la puerta abierta a ningún argumento, a ninguna contestación, a ninguna pregunta.  Pienso que estas son las dos características: una gran brevedad y un carácter absoluto” (This Time-Bound Ladder, p. 34-35).

Es importante subrayar aquí que el padre Lev siempre fue muy discreto en lo que respecta a las “grandes experiencias” de su vida, tal como las tres mencionadas aquí y la orientación que deribó de ellas, y de otros momentos de oración íntima. De hecho, si no fuera por las cartas y conversariones con Élisabeth Behr-Sigel y por la entrevista con el investigador de Oxford, probablemente no hubiéramos conocido nada de esto. Él no se refiere a ellas en sus escritos. En ninguna parte utiliza expresiones como “Dios me ha dicho”. Para el padre Lev lo que importaba era la respuesta al momento de gracia, al momento de la visitación, de la visión que se le ha concedido. Tal vez las tenía en su mente cuando escribió para la revista  Syndesmos, después de la entrevista de Oxford, una meditación titulada “La Visión”, meditación sobre el discurso de san Pablo ante el rey Agripa respecto a su visión sobre el camino a Damasco (cf. Hechos 26, 1-23), meditación que presenta todas las características de una experiencia personal. [2]




Notas:

[1] Irina Goraïnoff, Saint-Séraphim-de-Sarov, Desclée de Brouwer, 1979, « Entretien avec Motovilov », p. 174.

[2] Publicado en Syndesmos News, No 8, diciembre 1972.


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