Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

sábado, 19 de enero de 2013

Discurso Primero: El discernimiento natural.


Isaac de Nínive


1. En el ser humano [1] hay movimientos, discernimientos, voluntad, actitud del cuerpo y diversos tipos de órganos y de pensamientos. El alma tiene la misma disposición que el cuerpo, en el cual encontramos ojo, oído, boca, manos.

2. Como el cuerpo posee miembros, así el hombre interior posee sentidos y pensamientos. Está la conciencia, el intelecto, el juicio, la comprensión, la razón, la mente, como también la voluntad y la libertad. Cada una de estas actividades es conocida, cada una es deudora de la otra y todas juntas son como si fueran una única cosa [2].

3. La primera de todas [estas actividades] es la conciencia; la segunda es el intelecto; la tercera es el juicio; la cuarta es la comprensión. Está luego la razón, la mente y la voluntad. […]

4. Una cosa es que el hombre medite, otra es que reflexione y no comprenda. Está luego quien quiere, y no discierne, así como está quien discierne, y no quiere. Está también quien ve algo bueno, y no quiere procurárselo y está quien posee sabiduría, y no tiene discernimiento. Está también quien comprende, y no tiene método y quien medita pero no piensa, así como quien piensa, y no quiere.

5. El juicio está en separar lo bueno de lo malo y en distinguir las cosas entre ellos. La acción de la libertad se coloca entre la vida y la muerte, entre la inocencia y el pecado. […]

10. Gran vergüenza, reprobación y humillación para el solitario que promete perfección de vida, y después encuentra que su conducta se equivale a la de aquel que, como laico casado, vive en el temor de Dios, piadoso y atento en tener un comportamiento recto.

11. Ya que si el monje no desprecia todas las cosas corporales y no está concentrado todo el tiempo en Dios, gracias a la conducta que lo hace perfecto en la quietud, entonces se dará cuenta que, gracias a la virtud, no es mejor que un laico pío. Porque los seglares virtuosos se aplican a la virtud exterior con sus cuerpos y la limosna, pero no sienten simpatía por la conducta perfecta en el ocultamiento que es propio de los solitarios.

12. El monje debe saber que, como el alma por su naturaleza es mejor que el cuerpo, así la conducta escondida y la quietud es mejor que la visible de los seglares.

13. Y como la conducta de los ángeles es mejor que la de los hombres, así la conducta de la mente en la quietud es mejor que la de los monjes que viven en un monasterio y de la virtud de los seglares píos.

14. Como el amor de Dios es más importante y noble que el de los hombres, así la práctica [3] de los solitarios es mejor que la de los laicos rectos. Porque estos son agradables a Dios gracias al amor por los hombres, mientras los solitarios no desean nada en el cielo o sobre la tierra sino a Dios solo, ya que su voluntad se ha despojado de todo y se ha revestido en su interior de la visión de Dios y de su amor. Por esto ciertamente la práctica de la quietud es más elevada y mejor que toda otra virtud.

15. Nuestro propósito en el custodiar la quietud no está en el cumplimiento de las leyes, sino que nuestro objetivo es la ocupación del corazón, ya que el cumplimiento de las leyes no puede ser llevado a término a causa de la debilidad del cuerpo, mientras la actividad del corazón se desarrolla y crece sentados en la soledad.

16. Es indispensable cuando estamos sentados [4] en la soledad cuanto sigue: la aflicción y la humillación del corazón, la preocupación del solitario por sus pecados pasados, su temor por el error, así como por las caídas que podría tener [en el futuro] [5].

17. Todo esto porque la oración del corazón crece en la aflicción, en la humildad y con la meditación de la virtud. Los tipos de meditación de la virtud son: el estudio atento de la bella conducta de los santos, el estar adornados con sus mismas virtudes y la vigilancia sobre el alma.

18. Y así el solitario hace suyo [6] el ejemplo de ellos, la paciencia, la alegría por la pobreza, la constancia en la soledad, la castidad de los miembros, el desprecio por las pasiones del cuerpo, la preocupación constante por [custodiar] la pureza y el no ser preferido en todo. […]

19. Entonces nuestras oraciones comienzan a esquivar a la corrupción y a la dispersión del pensamiento. ¡Cuántas veces Dios ha aceptado nuestras oraciones con motivo de nuestra diligencia por la virtud!

20. Este es el objetivo de la práctica de la quietud, ya que gracias a ella la mente progresa, se hace valiente, se purifica, rechaza la indolencia y desea ardientemente en todo momento acordarse de las cosas buenas. Con el olvido del mundo y el recuerdo de la virtud, domina la pasión persistente, y esto lo hace progresar en la pureza de la práctica del intelecto que es la práctica inminente.

23. [El solitario] es transportado continuamente en un itinerario de la conciencia y en la revelación de los pensamientos profundos, es renovado en la mente, por las moradas celestiales y progresa de tiempo en tiempo, sin que ni siquiera lo quiera. Cesan sus ocupaciones, porque él es todo uno con la eternidad divina y con la causa primera.

24. El intelecto vuelve a su conducta perfecta y fija su atención sobre el designio de amor del Creador y sobre su voluntad en favor de los seres humanos [7]. Aquí entonces cesan todas las dudas y todos los miedos.

25. A esta elevación, llega la conducta del solitario y la práctica en la celda, ya que el cuerpo se debilita, la conciencia se rejuvenece, los sentidos se anulan, la conocimiento se eleva, los pensamientos [pasionales] son sofocados por la pureza, el intelecto toma vuelo ascendiendo hacia Dios con su imaginación, la conciencia permanece insensible al mundo y se hace audaz por Dios en la meditación a la cual es asociado el cuerpo.

26. Porque el pensamiento no está ligado [8] al cuerpo, sino que gracias a su coloquio intimo [con Dios] está en las alturas, también el cuerpo [se vuelve] mejor, disminuye y detiene [toda actividad]. El corazón exulta de alegría, pero sin el conocimiento el corazón no se eleva en la oración: “¡Oh Cristo, hazme salir de las tinieblas a la luz, para que te pueda alabar con una alabanza del corazón y no de la boca!”

27. Aquel que ha llegado a la medida de la contemplación y del conocimiento espiritual debe aún más mantenerse en la soledad, en la quietud, perseverando en el lugar de su quietud y absteniéndose de todo el resto, para obtener quietud por la quietud.

28. [Esto] sobre todo en el [curso] de la noche, sobre el ejemplo de cuanto nos ha mostrado nuestro Señor que se iba de noche a un lugar desierto, enseñando a los hijos de la luz y a los que han decidido seguir sus huellas esta nueva conducta.

29. En efecto, el coloquio en soledad con Dios es una actividad de las esferas celestiales que se ha mostrado a los hombres gracias al Hijo de Dios que descendió al mundo y les mostró una actividad que no se había visto jamás, para moverlos a la glorificación de Dios, concebir la contemplación, ser elevados hasta la naturaleza de la Trinidad, a Ella la adoración, fijos en el estupor [9] por la visión excelsa de Su gloria indecible. Y todo el género humano se volverá familiar en esta conducta en la resurrección universal.

30. Todo lo que acerca al hombre al conocimiento de la verdad reduce la actividad de [sus] sentidos y lo hace progresar continuamente en el silencio del discernimiento. Por el contrario, el hombre con sus proyectos mundanos satisface sus sentidos, los refuerza y los excita. Y [así] la vida es vivida al servicio de los sentidos.

31. En cuanto a aquel misterio que es la disposición decidida para la actividad del Espíritu, los sentidos en este mundo no conciben realizarla e incluso la retardan en su acción, por ejemplo con el sueño. Porque no son los sentidos los que encuentran este misterio que nos da las arras de la vida eterna, sino el mundo interior.

32. Dios te dé a conocer la fuerza eterna que te alejará de las ocupaciones de este mundo.

33. No debemos dejar las actividades del cuerpo dignas de la oración, quiero decir el cumplimiento del oficio [de los salmos], las postraciones y la práctica de las metanías [10]. Abolir [estas actividades] es una idea equivocada, incluso si fuésemos elevados muy alto con nuestra conducta.

35. El amor de Dios no es un estremecimiento desordenado y sin discernimiento, ni se despierta en el hombre con el conocimiento que dan los libros. El hombre, si quiere amar a Dios, no es capaz de hacerlo con el conocimiento (que viene) de la lectura o a partir de los libros.

36. Es necesario suscitar en el intelecto el recuerdo excelso de Dios, tener en sí mismos un temor distinto del de los siervos […] y elevarse por la práctica de la virtud y el ardor de la bondad. […]

38. Si el hombre no recibe el Espíritu de las revelaciones, no renueva los movimientos de su alma con la sabiduría de Dios que transciende [este] mundo y [no] advierte en sí mismo la inmensidad de Dios, entonces no puede acercarse a gustar el amor excelso. Como quien no bebe vino no se embriaga, porque no conoce su limpidez, así quien no ha sido tocado por el estupor en lo íntimo de sí por el conocimiento de la grandeza de Dios, no puede embriagarse de su amor.

48. Pero sabemos que los días de san Macario no son como nuestros días [11]. Si en efecto nuestros días fuesen como los de aquellos santos, no habría necesidad para los momentos fraternos de los principiantes durante el aislamiento establecido durante la semana. Ya que sabemos por el libro redactado por san Macario que el hermano principiante no salía absolutamente de su celda durante la semana y no visitaba a ninguno de sus hermanos.

49. El sábado salía de su celda a la hora de la cena e iba al encuentro de los monjes [12], ya durante todo el año, verano e invierno, se encontraban la tarde del sábado. Y, después de haber salido, los padres y los hermanos iban a la reunión para escuchar las lecturas y si alguien era negligente y no estaba presente, era reprendido con un juicio duro y fuerte.

50. Después de haber recibido la comunión, se sentaban en la mesa. Después de haber comido, se paraban para la oración de la noche del domingo, velando sin dormir de la tarde hasta el alba, celebrando el oficio de los salmos, los cánticos de alabanza y  la lectura de la Escritura y de sus comentarios.

51. Los hermanos hacían preguntas sobre diversos argumentos y escuchaban las respuestas de los ancianos. Preparaban entre ellos exhortaciones y no daban ocasión al diablo. A ninguno de los hermanos le era concedido pronunciar palabras que causasen daño a alguien, ni de sustraer algo a un compañero o suscitar un litigio. Ninguno llevaba consigo el recuerdo de alguna cuestión del mundo o de su vano modo de vivir, para que no lo volviera a oír algunos de los hermanos llenos de fervor.

52. Y también si alguno era molestado en su celda por alguna aflicción o guerra de los demonios, cuando salía para la reunión se beneficiaba viendo a los padres y entonces se encendía de ardor como el fuego. Cuando veía las prácticas de los padres, escuchaba sus palabras y observaba su virtud, por esto que veía y escuchaba, era provisto del bien excelso y del sostén para la práctica y para la lucha en su aislamiento.

53. A pesar de todos estos beneficios que las reuniones del domingo les procuraba, no estaba permitido a los hermanos salir de su celda durante la semana.

54. Pero en nuestros días [hay tal] falta de integridad que el amor se ha enfriado, el ardor se ha debilitado y ha desaparecido la prudencia. Cada vez que salimos [de la celda] para las reuniones nos causamos a nosotros mismos no poco daño. Esta es la causa de nuestras palabras fútiles, mientras nuestra oración y nuestro oficio no tienen vigor.

56. Que el hombre se recoja en sí mismo y establezca para su alma la regla de no salir absolutamente de la celda durante la semana y de no permitir a nadie entrar y, por cuanto esté en su posibilidad, no hablar con nadie, ni siquiera por la ventana, a fin de que tenga en sí un conocimiento exacto de todas las tribulaciones que le ocasionan las pasiones y los demonios que están vinculados a la práctica de la quietud de la semana.

57. Entonces distinguirá los pensamientos espirituales y las consolaciones divinas que la gracia de Dios le da, en la medida en la cual él se haya adaptado al nivel de la práctica de la quietud menor, que es la del aislamiento de las semanas.

58. Después de esto, progrese a la quietud más elevada, que es la quietud de todos los días. En ese punto, si tiene la capacidad y la voluntad, concluirá los días de su vida en la quietud y en la separación total y continua, según la voluntad de Dios.

59. Así, uno custodia la quietud [a lo largo] de la semana y obra en lo íntimo de su quietud con la custodia de los sentidos y de todos los pensamientos según su fuerza y su nivel, desde el momento en que Dios no pide al hombre [algo] que es superior a sus fuerzas.

61. Ha dicho el padre Evagrio a propósito de la soledad: “la soledad y el aislamiento son cosas excelentes” y agregó: “pero esté atento el hermano que no puede resistir frente a las pruebas que le suceden [mientras está] en la quietud. Cuando su mente es dañada, entonces que salga a las reuniones [13]

62. La soledad de la cual habla el padre Evagrio es la que se hace durante la semana y no la perfecta del aislamiento en los desiertos y en los montes. Esta no se destina para todos, sino que es para los hombres expertos que han superado la prueba y han [adquirido] competencia. En sus corazones crece siempre más el amor de Cristo y poseen paciencia y aguante en gran medida.

63. Tres duras guerras están asociadas a la vida solitaria en el desierto: el miedo y el terror [14] durante la noche; la inquietud melancólica de los días; y finalmente, la perversión de los demonios y su violencia.

64. Estas tres guerras golpean al hombre en los lugares deshabitados y si [él] es simple y desprevenido, no tiene en sí el amor por nuestro Señor, un poco de paciencia y un guía [espiritual], rápidamente es dañado en su mente. En efecto, estas tres ásperas guerras no golpean a los hermanos que [viven] en comunidad o que custodian la quietud de la semana o alguna intermedia, sino [golpean a los que viven] la quietud perfecta. Si sobrevienen estas guerras contra algunos de estos últimos, la guía [espiritual] puede combatirla, con la ayuda de Dios.

65. Por esto, ha dicho el santo Evagrio: “Si el hermano no saca provecho de la soledad, vuelva a la quietud semanal en comunidad”. Haga esto con la opinión y el permiso del guía y el consejo de los padres y se sirva de la oración de los hermanos. Y si al principio no lo reciben, persista en el pedido a Dios con aflicción y lágrimas, para suscitar en sus corazones lo que se adapta a su beneficio. 

67. Ante todo, quien está sentado en la quietud tiene necesidad de estas tres cosas: el propósito recto, la ejecución del oficio de las horas y un guía. El solitario no puede prescindir de estas tres cosas, de otro modo no será capaz de realizar con perseverancia su regla de oración a causa de la debilidad de su cuerpo, o bien por la inquietud de su alma.

68. Así, cuida celosamente el recto propósito y la presencia del guía, ya que si están presentes estas dos cosas, ni la debilidad del cuerpo, ni la inquietud del alma los dañaran o los obstaculizarán, como ha dicho mar Efrén: “Nuestra camino no puede tener éxito, sin un guía que es puesto por Dios para los que quieren ir hacia Él, ya que la perversión y la confusión generan muchos obstáculos a aquel que quiere encaminarse por el camino de la virtud” [15]

69. No hay conducta [capaz] de alejar al intelecto del mundo y de apartarlo de los pecados como la meditación en Dios. Y [si bien] esta práctica [aparece] muy ardua y difícil, en realidad es liviana y dulce. Si pues, querido hermano, quieres tener [16] la meditación continua en Dios que expulsa frente [a ti] todos los pensamientos perversos, comienza con numerosas oraciones, incesantemente.

70. La meditación continua en Dios nos hace perseverantes también en la oración. La oración, además, mueve el corazón a la meditación en Dios sin tibieza y hace celestial a la mente, gracias a sentimientos virtuosos que son conformes a la instrucción divina y gracias a las palabras apropiadas al temor de Dios que se encuentran con la oración.

71. Hemos aprendido de nuestro Señor en sus mandamientos que se refieren a la oración, cómo debe ser la vida del cristiano y qué es lo que debe pedirle en la oración. Ya que, necesariamente, como queremos que sea nuestra conducta, así también nuestra oración y nuestros pedidos deben ser [hechos] con sabiduría, según nuestra comprensión, y [ser] agradables [a Dios] gracias a la esperanza celestial, el coloquio íntimo y el conocimiento de sus misterios. Por esto, toda oración es una percepción de la vida misma como ha dicho el Interprete [17].

76. La oración perfecta revela el camino de ascenso hacia el más allá, embebe al alma en las realidades celestiales. Con motivo del amor de Dios, le hace despreciable este mundo, la alienta y la hace victoriosa contra las guerras que la enfrentan. Gracias a la oración es acordada aquella gracia que se llama reino, a fin de que, percibiéndola, sean olvidadas las cosas de la tierra y nos encuentre en la paz del intelecto.

77. A través de estos misterios, la oración nos enseña que gracias a dos cosas podemos conocer el poder que viene de Dios: porque nosotros progresamos y perseveramos en las prácticas virtuosas y porque nos es dado un sostén poderoso, invisible y celestial en todo tiempo, que nos asiste en todo lo que hace elevar a nuestra naturaleza, a fin de que sobre esta tierra podemos preocuparnos del cielo.

78. Ha dicho san Marcos: “Aquel que ora con discernimiento debe soportar todo esto que le sucede, ya que esta es la vida de oración” [18]. Ya que gracias a las intuiciones que [provienen] del estupor, nuestra mente se vuelve valiente e incapaz de pasiones.

79.   Y como dijo el santo Evagrio: “Cualquiera que ore con discernimiento, [sepa] que esta virtud lo encenderá de amor para la vida eterna y le costará la lucha de los demonios, por la comprensión del significado de las palabras de la oración”. El conocimiento que hay en la oración, gracias al discernimiento de la naturaleza, separa la mente del cuerpo.

80. Los santos han dado a conocer las tribulaciones y las pruebas que actúan y asaltan a aquel que se encamina sobre este camino. Y han explicado que estas vienen de la naturaleza, por los demonios y por los hombres. Dijo Evagrio: “Verdaderamente, la ayuda que llega al intelecto, gracias a la oración, crece con la delicia de la esperanza. No sólo [entonces] las guerras será para el monje poca cosa, sino que despreciará también al cuerpo que es la causa de las luchas”.

81. Tal es el efecto de la oración, tal es la utilidad de la meditación divina, tal es la práctica perfecta que es la elevación de la mente a las realidades divinas. Esto sucede sólo sentándose en el aislamiento, en la soledad y alejándose de todas las preocupaciones mundanas, ya que es esto lo que genera la calma y la quietud del corazón.

82. En efecto, la meditación continua en Dios y la quietud de los pensamientos hacen capaz a la conciencia de fijarse en todo tipo de oración y de adquirir el conocimiento de Dios. Por medio de la oración nos es posible penetrar los misterios. La oración acerca a la inteligencia a Dios, gracias a la meditación, en todo tiempo. La hace más valiente y la purifica, renovándola. Le obtiene la santidad, [siempre] por medio de la meditación.

83. Esta es la meditación que frena toda [otra] meditación, o bien conduce a toda otra meditación, porque necesariamente captura al intelecto y lo hace luminoso con los secretos profundos que guían al conocimiento de Dios. Y por esto percibimos con certeza ser hijos del Padre celestial y su herencia e hijos de la herencia de Jesucristo.

84. Podemos entonces decir: ¿quién nos separará del amor de Cristo? La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? […] Yo estoy en efecto convencido que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni el presente, ni el futuro, ni las potencias, ni la altura, ni la profundidad, ni ninguna creatura podrá jamás separarnos del amor de Dios, en Cristo Jesús, nuestro Señor” [19]. “El mundo para mí está crucificado, como yo para el mundo” [20].

85. Toda alabanza se dirija a Cristo el cual, durante su vida terrena [21], nos ha levantado de las preocupaciones por las cosas terrenas y ha guiado a nuestras mentes para la ascensión divina que sobrepasa [a este] mundo. A través del coloquio con Dios en la oración seamos hechos dignos de la divina visión del reino de los cielos y de la meditación sobre esto en todo tiempo.

86. El reino de los cielos es el lugar en el cual nosotros, monjes, ofrecemos incesantemente la adoración con el espíritu que no conoce los límites del cuerpo, ni de los diversos lugares de [este] mundo, ni de las inclinaciones exteriores. Así, por medio de una mente libre de esto que es el cuerpo y sus movimientos, se evidenciará el estupor por el reino de los cielos en la región de los seres incorpóreos, incesantemente y sin separación.

87. Y con esta conducta que supera el rito de la oración, el estupor sustituirá a la oración y la fe que representa las alas de la oración será sustituida por la contemplación auténtica de nuestro reino y de nuestra gloria. Aquí nos aparecerá claramente que Dios no tiene necesidad de las alabanzas de las creaturas, sino que por esto se ha hecho condescendiente hacia ellas en todo [22]

88. En el más allá, la verdad de todas las cosas nos será dada por Dios. No por la naturaleza, sino por el decreto de su magnificencia, por su gloria divina y por su amor por nosotros. Entonces quitará del medio todos los velos, las naturalezas, las formas, las leyes y las disposiciones que están delante del intelecto y nos será claro que Él no nos da sus dones y sus gracias a causa de la cantidad o de la medida de nuestros pedidos, sino que hace de nuestros pedidos un medio y un modo de expresión perceptible que lleva al intelecto a desear ardientemente su eternidad y el conocimiento de su amor por nosotros.

91. Cuando comprendemos todo esto, entonces conocemos la paternidad de la verdad, del amor y del bien eterno. Y ciertamente, Dios no tiene necesidad del mundo, ni de la renovación de la resurrección, ni del reino de los cielos; porque el reino, la gracia y la luz son su naturaleza.

92. Por su generosidad nos ha creado  y nos ha dado la existencia, por nosotros ha creado todo esto, para darnos su reino, su gloria y su misma dignidad, y, mucho más, el poder de su eternidad. Ya que nos ha hecho eternos, sin fin, como Él. Ha revestido de luz nuestra vida, sin separación y no tiene fin nuestro reino y nuestra eternidad.

93. Sea a él la gloria en cuya mano está todo y que nos ha provisto de estas cosas, llamándonos a nosotros, creaturas mortales, [a ser] hijos del Padre celestial, haciéndonos conocer a aquel que es desde la eternidad.


Texto extraído de Isacco di Ninive. Grammatica di vita spirituale editado por Vittorio Ianari.
Ed. San Pablo. 2009. Milano. Págs.33-51.



[1] Literalmente: “En la esencia humana”.

[2] La frase también puede ser traducida: “y todas juntas están orientadas a un único objetivo”.

[3] El término, propuesto primero por Orígenes, ha entrado en el lenguaje espiritual para indicar el camino de cumplimiento de los mandamientos y de la virtud propia a la ascesis, la cual tiene como objetivo último el obtener el conocimiento espiritual y el de la contemplación.

[4] “Estar sentados” es un verbo típico de la práctica hesicasta que indica el modo “técnico” de practicar la oración de quietud (hesiquía). Cfr. Simeone Studita, Padri e figli nello Spirito: discorso ascético, Magnano (BI), Qiqajon, 2002, p. 33, nota 76.

[5] Literalmente: “por lo que le podría suceder en situación de caída”.

[6] Literalmente: “toma para sí”

[7] Literalmente: “de los dotados de razón”.

[8] Literalmente: “fijo”.

[9] Estupor, asombro (Dahash/Dahshah): es un término central en Isaac. Describe el grado más elevado de la experiencia interior. Es el nivel de contemplación en el cual también en los sentidos cesa toda actividad. El estupor se sitúa más allá de la oración, porque es su perfecto cumplimiento.

[10] La metanía es un gesto litúrgico de la tradición oriental que corresponde a la postración y a la inclinación occidental. Se conocen dos tipo de metanías: la “pequeña” (inclinación hacia delante de la cabeza y del tronco, seguida por el signo de la cruz) y la “grande” (postración hasta la tierra).

[11] Macario nació después del 300 y pasados los treinta años se retiró al desierto. Es considerado el fundador del asentamiento monástico de Escete. Tubo al menos dos encuentros con Antonio el Grande. Murió en Escete en el 390. Con el mismo nombre se conoce también otro monje. Es Macario de Alejandría, nacido hacia fines del siglo III. Fue monje en el desierto de Nitria, y vivió también en Escete y en las Celdas. Murió hacia fines del siglo IV.

[12] Literalmente: “de los ayunadores”.

[13] Evagrio nació hacia el 345 en Ponto. Fue ordenado lector por Basilio y diácono por Gregorio de Nacianzo a quien siguió a Constantinopla cuando fue nombrado obispo. Desde aquí fue a Jerusalén y finalmente se hizo monje en Egipto, hasta el 399, año de su muerte. A Evagrio se debe una producción literaria que representa el intento de sistematizar la experiencia espiritual del monaquismo egipcio, reuniendo en un cuerpo doctrinal la enseñanza de los padres del desierto.

[14] Literalmente: “el miedo a los terrores”

[15] Efrén el Sirio vivió entre el 306 y el 373. Muy conocidos son sus textos inspirados y poéticos, que rápidamente se difundieron en el mundo griego y latino.

[16] Literalmente: “que esté contigo”.

[17] “El interprete” es Teodoro de Mopsuestia (Antioquía, 350 – Mopsuestia 428), teólogo de la escuela de Antioquía y obispo de Mopsuestia. Fue discípulo de Diódoro de Tarso, compañero de estudios de Juan Crisóstomo y probablemente maestro de Nestorio. Fue exégeta según la sensibilidad antioquena, crítica hacia la interpretación alegórica de las Escrituras. Su exégesis de la Escritura es recibida y hecha propia por la Iglesia sirio-oriental. Por esto el título que recibiese de “bienaventurado intérprete”.

[18] Entre los monjes del desierto egipcio se recuerda a un Marcos discípulo de Silvano y de un Marcos discípulo de Macario de Alejandría. Pero es probable que la cita se refiera  a Marcos el Solitario (o el Asceta), un autor espiritual de cuya vida se conoce poco. Parece haber sido discípulo de Juan Crisóstomo (siglo V) y abad del monasterio de Ancira, antes de retirarse a la vida eremítica en Palestina.

[19] Cfr. Rm 8, 35.38-39.

[20] Cfr. Gal 6, 14 b

[21] Literalmente: “a través de su conducta en el cuerpo”. La traducción del siríaco del pasaje dice “economía”; cfr. Isacco di Ninive, Discorsi ascetici. Terza collezione, a cargo de S. Chialà, Magnano (BI), Qiqajon, 2004, p. 65.

[22] Literalmente: “ha condescendido hacia ellos enteramente”

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