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lunes, 14 de enero de 2013

Sobre el Primer libro del fondo árabe de Isaac el Sirio


Introducción

Vittorio Ianari



Indicaciones biográficas

Isaac el Sirio (o de Nínive) nace al inicio del siglo VII en la región que corresponde a la actual Qatar. Debe su nombre a la ciudad de la cual fue obispo, parecería entre el 676 y el 680. Después de sólo cinco meses de episcopado deja el cargo para retirarse a la vida eremítica con algunos discípulos al este del Tigre, en la región que hoy se ubica entre Irán e Iraq. Isaac aparece como una feliz expresión de un cristianismo “ardiente”, desarrollado fuera de los límites del imperio romano. Él es protagonista de aquella experiencia del monaquismo siríaco de la región mesopotámica caracterizado por formas de vida eremíticas. Los monjes viven en el aislamiento, y el vínculo con la comunidad estaba asegurado por momentos comunitarios y por la relación con el padre espiritual. Los textos de Isaac que poseemos son algunos discursos que dirige ante todo a su comunidad.

Ya anciano, vive sus últimos años en un monasterio fundado por un monje famoso de la Iglesia sirio-oriental, Rabban Shabur. Allí muere en edad avanzada y allí es sepultado. Hoy el monasterio no se ha localizado y por tanto no se conoce el lugar donde Isaac reposa.

De Isaac de Nínive sabemos poco. Su experiencia de hombre y de cristiano nos llega sólo a través de su palabra. Tenemos el corpus de sus discursos, suficientes sin embargo para delinear los rasgos fundamentales de su forma de ser y de su vida.

Es un maestro que habla a sus discípulos. Es un asceta que vive como eremita. Su obra, sin embargo, tiene un alcance universal y resulta elocuente, aún hoy, para todos los que buscan a Dios. Porque Isaac, a partir de su experiencia personal, habla de modo profundo y vivo de los aspectos fundamentales para la vida de todo cristiano: la oración, la humildad, la quietud, la vida comunitaria, el silencio, el asombro, el arrepentimiento, el perdón, la lucha contra la disipación de la mente.

La fascinación por Isaac, también en ambientes cristianos muy diversos y distantes en el tiempo, se da por el “motivo” por el cual él vivió: un enamorado del Evangelio que quiere intentar vivirlo de modo auténtico e integral (Francisco de Asís diría sin glossa). Esta pasión evangélica nace de algo aún más profundo: es hija del asombro ante la experiencia de la increíble misericordia de Dios, de su indecible amor por los hombres. Isaac, en efecto, está convencido que hay un único motivo detrás de la creación, de la encarnación, de la cruz y de la resurrección: todo ha sido realizado por Dios “solo” por amor a los hombres. Este amor se presenta con un aspecto que Isaac llama “el vestido de Dios” [1], es decir, la humildad, el abajamiento, la kénosis. […]

Dios es amor y este amor divino es misericordia hacia los hombres e increíble humildad. Así el discípulo, atraído por esta elección del amor de Dios, se decide, buscando obtener él también al menos un poco de la energía del bien, a vivir imitando a su Señor para que “las prácticas buenas y la humildad- dice Isaac- hagan al hombre [como] un dios sobre la tierra” [2]. Esta es la propuesta de Isaac que llega a todos: Dios se ha revelado como Dios de amor, de misericordia, de humildad. La humildad es el camino que el discípulo debe recorrer para ser siempre más semejante al Señor y para unificarse verdaderamente a sí mismo.

El destino singular de Isaac de Nínive

La figura y el mensaje de Isaac de Nínive han conocido –y conocen- una notable difusión en todo el mundo cristiano. Se han realizado, a través de los siglos, múltiples traducciones de sus escritos en varias lenguas. El éxito de sus obras es considerable no sólo entre los monjes de lengua siríaca, o entre los griegos, árabes, georgianos, etíopes, eslavos y latinos, sino también en ambientes laicos que raramente son influenciados por autores espirituales, sobre todo si provienen de otras tradiciones.

El trabajo que se ofrece representa la traducción del primero de los cuatros libros del cual se compone el Fondo árabe de Isaac. El texto es expresión concreta del interrumpido interés, en los diversos ambientes cristianos, por esta figura y por su mensaje. […]

Todas las noticias sobre él lo colocan en el interior de un mundo cultural y geográficamente apartado de la comunidad cristiana de la época, distante incluso por los límites que separaba al imperio bizantino del persiano (y luego árabe). El ambiente mesopotámico en el cual vive está lejos de los centros de elaboración del pensamiento teológico e espiritual cristiano, si se exceptúa el de Nísibe-Edesa de la Iglesia sirio-oriental.

A este primer elemento de marginalidad se va a añadir un segundo, por ciertos aspectos todavía más decisivos: Isaac es plenamente hijo de la “Iglesia de la Mesopotamia” y de la tradición  cristiana de lengua siríaca que, también con motivo de su ubicación periférica vivió siempre de modo problemático la propia relación con Bizancio, terminando por distinguirse también desde el punto dogmático. A los ojos de las otras comunidades cristianas, la Iglesia de Isaac se vuelve expresión de una tradición autónoma que, rechazando el concilio de Éfeso y acogiendo otra formulación cristológica, es combatida como heterodoxa. En conclusión, Isaac pertenece a aquella Iglesia sirio-oriental, indebidamente relacionada a la figura de Nestorio y por siglos no considerada y marginada de la vida eclesial.

Es por esto que un porcentaje considerable del rico patrimonio de esta Iglesia no ha superado el filtro de los copistas y traductores de otras confesiones, mientras que una gran parte de sus escritos nos han llegado a través de traducciones que permanecían “conforme” a la doctrina, atribuyéndola a autores más “gratos”. Ya los cristianos de la Iglesia sirio-occidental (jacobita), si bien considerando a Isaac un gran maestro espiritual, también a juzgar por un buen número de manuscritos sirio-occidentales de sus obras, consideraron como necesario un trabajo de “adaptación”. Los copistas de esta Iglesia, con el fin de hacer aceptable la obra de Isaac, en sus transcripciones sustituyeron los nombres de autores “sospechosos” (por ejemplo, Teodoro de Mopsuestia y Diódoro de Tarso son a menudo reemplazados con Cirilo de Alejandría y Basilio de Cesarea), o bien eliminaron del todo algunos pasajes de su pensamiento.

Tales “arreglos” fueron acogidos y ampliados en la traducción griega de los Discursos realizada ya en el siglo IX. En el mundo copto se nos ha dispuesto incluso, con el intento de hacerlo más aceptable, plantear una fantasiosa “emigración” de Isaac por la Mesopotamia hasta Egipto, para hacerlo morir en uno de los lugares más importantes del monaquismo copto, el desierto de Escete [3].

¿De dónde nace, entonces, la excepcional difusión del pensamiento de Isaac? ¿Cómo explicar que un monje del siglo VII, tan marginal y “problemático” ya en su época, haya podido alimentar hasta el día de hoy la vida espiritual de cristianos de tradiciones y sensibilidades tan diferentes?

Los motivos de la fortuna de Isaac y de su doctrina, así como sobre su extraordinaria difusión y el persistente influjo de sus obras y de su enseñanza, se han investigado profundamente, en especial en los últimos años, y a ellas remitimos [4]. Aquí conviene sólo observar cómo el mensaje de Isaac contiene una energía íntima que le permite atravesar tanto una distancia de siglos, o de penetrar en las diferentes tradiciones cristianas. Isaac llega a nosotros a través de una serie de traducciones las cuales, a pesar de realizar un inevitable filtro, no logran extinguir la fuerza de las palabras que testimonian con gran inmediatez la experiencia de un cristiano enamorado de Dios y deseoso de buscarlo en los días de su existencia terrena. Isaac no comunica sus reflexiones, sino más bien su experiencia concreta. El lenguaje directo, no mediado por categorías filosóficas, rico en imágenes típicas de la sensibilidad semita. Su pensamiento no persigue una intención de organicidad, sino que nos llega en la forma de una comunicación apasionada de un maestro a sus discípulos por la necesidad (pero también por la belleza) de tomar en serio, de modo radical, la propuesta de vida que brota del Evangelio. Esto es lo que fascina del mensaje de Isaac de Nínive.

Esto no quiere decir que el texto sea siempre de fácil lectura. Quien ha traducido del siríaco se ha encontrado ante pasajes oscuros y de difícil traducción a otras lenguas [5]. Una consideración idéntica puede ser hecha para la traducción del árabe. Pero esto no logra debilitar la fascinación del pensamiento de Isaac. Fascinación que ha contagiado también a Dostoevskij, uno de los más ilustres estimadores del monje sirio-oriental [6]. El novelista ruso ha sentido una particular sintonía con la visión de Isaac, que en efecto está presente, de modo explícito e implícito, en muchos de sus escritos, en particular en el de Los hermanos Karamazov. Tanto que se puede pensar como autobiográfica la experiencia que Dostoevskij atribuye a Gregorio, el servidor del padre de los Karamazov, que “de alguna parte se había procurado una selección de los dichos y de los sermones de nuestro justo padre Isaac el Sirio, los cuales leía con tenacidad desde años sin entender casi nada, pero quizás justamente por eso lo apreciaba y lo amaba aún más” [7].  […]

La actualidad de Isaac y su importancia para los cristianos árabes.

La importancia del pensamiento de Isaac sigue siendo grande también en el presente. Cualquiera que se acerca a un texto de espiritualidad, sobre todo de la tradición oriental, se encuentra indefectiblemente con numerosas referencias al monje sirio-oriental. El interés por su figura ha impulsado a estudiosos a publicar nuevas traducciones y a buscar completar la colección de sus escritos, mientras las nuevas adquisiciones no hacen más que acrecentar el interés por su doctrina [8]. Isaac es leído en el Monte Athos, donde sus Discursos son honrados como la Escala del paraíso de Juan Clímaco.

No menos difundida y consultada es la versión árabe de sus escritos, particularmente apreciada por la Iglesia copta y por sus monjes. Se puede afirmar que la traducción árabe de los discursos de Isaac ha alimentado el extraordinario renacimiento de esta Iglesia, sucedida a partir de la mitad del siglo pasado [9]. Sobre todo la versión en cuatro libros de los Discursos de Isaac que se ha vuelto una suerte de manual de espiritualidad siríaca que ha alimentado la vida cristiana copta. Los monjes del monasterio de San Macario cuentan que Matta el Meskin, su padre espiritual y figura decisiva en el proceso de revitalización de la Iglesia copta, en el inicio de su itinerario espiritual en el monasterio de Anba Samuel encontró orientación en la lectura y meditación de los Discursos de Isaac de Nínive, copiados del manuscrito de su padre espiritual, el monje Mina al Baramus que luego se volverá patriarca de los coptos de Alejandría con el nombre de Cirilo VI. Desde entonces, la acción de reforma monástica de Matta el Meskin, así como sus escritos, llevan la huella llamativa de la visión de Isaac [10]. Matta el Meskin murió en junio de 2006, y los monjes de su monasterio, en custodia de su memoria, continúan prestando gran atención a la figura de Isaac. Su biblioteca conserva el manuscrito de sus discursos sobre el que se basa principalmente la presente traducción.

En Egipto, como en otros lugares, Isaac no es querido solo por los monjes. La atracción de su pensamiento contagia, como se ha señalado, también en ambientes laicos. Son muchos los que dan testimonio. Refiere, por ejemplo, el obispo ruso Ilarion Alfeev:

He podido encontrar muchos laicos fervientes que aman profundamente a Isaac y lo leen continuamente. Me ha también pasado de escuchar a cristianos (ni monjes, ni sacerdotes, ni teólogos) citar pasajes de menonia de él. Evidentemente no sólo aquellos que han vuelto la espalda al mundo, sino también quienes viven en el mundo encuentran consolación en sus palabras. [11]

Es una observación que puede ser confirmada también por los cristianos egipcios. En una de las más frecuentadas librerías coptas del Cairo ha sido posible ver a una señora madura, con muchos hijos, pedir con insistencia a un vendedor comprar los cuatros volúmenes de los Mayamir Mar Ishaq (Discursos de Mar Isaac), la publicación que se ha publicado (con algunas concesiones al árabe moderno) del manuscrito conservado en el monasterio de San Macario.

El interés de la traducción árabe de los Discursos.

La  presente traducción se ha realizado justamente por la constatación de la difusión y de la relevancia del pensamiento de Isaac también en el ámbito árabe-cristiano.  A esta motivación, se le agrega también el deseo de recoger la invitación a una investigación más atenta de la colección árabe en cuatro libros de los discursos de Isaac, deseada largamente por los estudiosos. A este propósito basta con citar las observaciones hechas en su tiempo por Khalifé-Hachem:

La disposición interna y el origen de esta versión árabe no han sido seriamente estudiadas. Los cuatros libros de los cuales está compuesta ¿son una adaptación del compilador o bien siguen un manuscrito siríaco de los cuales no poseemos ya la copia? ¿El segundo y el tercer libro están hechos sobre la versión griega, como sostiene J. B. Chabot (De S. Isaaci Ninivitae vita, scriptis et doctrina), o bien directamente sobre el texto siríaco? No se podrá responder a estas preguntas si no después de un estudio comparativo de los diversos manuscritos árabes por un lado y de estos con los manuscritos siríacos y griegos por otros. [12]

Isaac fue traducido al árabe bastante pronto. Una primera traducción del siríaco, propuesta bajo la forma de tres cartas compuestas de 350 máximas, es realizada al final del siglo IX por Yuhanna Ibn as Salt, un monje siro-oriental, fascinado por su enseñanza acerca de la misericordia de Dios [13]. Más o menos en la misma época de esta primera edición, son preparadas otras traducciones de la obra de Isaac. Junto al trabajo Palabras del santo mar Isaac, proveniente del mundo monástico palestinense o del Sinaí, nos ha llegado una selección más amplia y completa de discursos. Se conocen dos versiones de ella: una selección de cuarenta discursos y la composición en cuatro volúmenes, de los cuales se poseen diversos manuscritos [14].

No es fácil fechar esta última compilación. Se puede sólo decir que el tercer libro es traducido en el siglo XI [15]. En cuanto al contenido, el segundo y el tercer libro corresponden a la Segunda colección del Isaac siríaco, mientras en el cuarto libro ha sido identificado sólo el discurso 49 de la Primera colección del Isaac siríaco.

Del primer libro se sabía que contenía algunos discursos de la Segunda colección y uno también de la Tercera colección. La traducción completa del primer libro ha permitido identificar a otros autores sirio-orientales. El texto resulta así una antología de discursos y máximas, en los cuales el pensamiento de Isaac es acercado al de otros autores espirituales de su misma Iglesia. La intención del traductor parecería la de ofrecer a los cristianos de lengua árabe una suerte de “manual” de la vida espiritual, sobre la base de la experiencia de Isaac y de otros autores místicos de la Iglesia sirio-oriental.

El primer libro contiene discursos de Isaac que tienen su equivalente en las otras colecciones, y es también motivo de interés constatar cómo hay pasajes que parecen no encontrar su equivalente en el corpus del Isaac siríaco. Finalmente, es significativo que la versión árabe nos haya llegado no “depurada” de los autores queridos a la tradición sirio-oriental, como ha sucedido en la versión siríaca publicada por la Iglesia sirio-jacobita y por la versión griega. En el texto, en efecto, hay menciones explícitas a Teodoro de Mopsuestia y a Evagrio, autores normalmente suprimidos o sustituidos en las otras versiones. El manuscrito, por lo tanto, representaría una traducción de una redacción original. [16]



Texto extraído de Isacco di Ninive. Grammatica di vita spirituale a cargo de Vittorio Ianari.
Ed. San Pablo. 2009. Milano. Págs.5-17.



[1] Isaac de Nínive, Primera colección, 82

[2] Isaac de Nínive, Tercera colección, III, 5.

[3] Véase, por ejemplo, la introducción a una de las ediciones en árabe de los Discursos de Mar Isaac: Mayamir Mar Ishaq, Il Cairo, Ed. Abnaa al Baba Kyrillos al Sadis (Discípulo del papa Cirilo VI), 1974, vol. I, p. 7.

[4] Véase, en particular, S. Chialà, Dall’ ascesi eremítica alla misericordia infinita. Ricerche su Isacco di Ninive y la sua fortuna, Firenze, Olschki, 2002.

[5] Con este propósito, se pueden ver las consideraciones propuestas en la introducción de María Gallo a Isaac de Nínive, Discorsi ascetici / I. L’ ebbrezza della fede, a cargo de M. Gallo y P. Bettiolo, Roma, Cittá Nuova, 1984, pp. 36-37; cfr. también Id., Discorsi ascetici. Terza collezione, a cargo de S. Chialà, Magnano (BI), Qiqajon, 2004, pp. 36-42.

[6] Cfr. S. Salvestroni, Dostoevskij e la Bibbia, Magnano, Qiqajon, 2000; S. Chialà, Dall’ ascesi eremítica…, cit., pp. 289-290.

[7] F. M. Dostoevskij, Ifratelli Karamazov, parte I, libro III, cap. I, trad. It. De M. R. Fasanelli, Milano, Garzanti, 1992, p. 135.

[8] En lo que respecta a las traducciones en italiano, es necesario señalar el interés que la editorial Qiqajon, de la comunidad de Bose, ha dedicado a Isaac de Nínive. Junto a los dos trabajos antológicos (Un’ umile speranza. Antologia, a cargo de S. Chialà, Magnano, 1999; I. Alfeev, La forza dell’amore. L’ universo spirituale di Isaaco il Siro, Magnano, 2003), han aparecido también traducciones de los capítulos sobre el conocimiento de la Segunda colección (Discorsi Spirituali. Capitoli sulla conoscenza, Preghiere, Contemplazione sull’argomento della geena, Altri opuscoli, a cargo del P. Bettiolo, Magnano, 1985; Discorsi ascetici. Terza collezione, a cargo de S. Chialà, cit.). En italiano tenemos también una traducción parcial de la Primera colección (Discorsi ascetici/1. L’ ebbrezza della fede, a cargo de M. Gallo y P. Bettiolo, cit) y un trabajo de presentación de la figura, de los escritos y del influjo de Isaac en los diversos mundos cristianos (S. Chialà, Dall’ ascesi eremítica…, cit.).

[9] Sobre el renacimiento de la Iglesia copta, cfr. M. Impagliazzo, Il fattore copto, cuneo cristiano nell’ Egitto islámico, en “Limes”, 2 (1994), pp. 145-156.

[10] Es prueba evidente el hecho que junto a Antonio el Grande, Juan Clímaco, Juan de Dalyatha, Macario el Grande, Isaac sea por mucho el autor más citado por Matta Meskín en su escrito L’ esperienza di Dio nella preghiera, Magnano (BI), Qiqajon, 1999.

[11] I. Alfeev, La forza dell’ amore, cit., pp. 355-356.

[12] E. Khalifé-Hachem, Isaac de Ninive, en Dictionnaire de Spiritualité, VII/2, París, Beauchesne, 1971, col. 2052.

[13] El texto de Ibn as Salt ha sido editado y traducido en francés en el 1934: P. Sbath, Traités religieux, philosophiques et moraux, extraits des oeuvres d’ Isaac de Ninive (VII siècle) por Ibn As Salt (siglo IX), El Cairo, Impr. Al-Chark, 1934.

[14] E. Khalifé-Hachem, Isaac de Ninive, cit., col. 2052.

[15] S. Chialà, Dall’ ascesi eremítica …, cit., p. 337.

[16] Un examen más atento de estos aspectos se lo puede encontrar en Nota editorial [de este libro].


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