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miércoles, 20 de febrero de 2013

Catequesis 53. Sobre el ayuno


Teodoro Estudita


Sobre el ayuno: el verdadero ayuno de aquel que es verdaderamente obediente y sometido es la supresión de la propia voluntad


Hermanos y padres, nuestro Dios bueno que nos da la vida y nos conduce de año en año, en su amor nos ha conducido también en este tiempo de ayuno, en el cual cada persona llena de celo lucha según sus propios propósitos: uno concentra sus esfuerzos en la abstinencia haciendo ayuno por dos o tres días seguidos; otro en la vigilia permaneciendo en vela por un tiempo más o menos largo; otro se dedica más en particular a las genuflexiones, y otro a alguna otra obra buena. Resumiendo: en estos santos días se ve mucho celo y empeño. Es verdad, sin embargo, que quien es verdaderamente obediente y se encuentra sometido a la obediencia [1], debe sostener la lucha no en un tiempo determinado, sino siempre. Y ¿cuál es esta lucha? El hecho de no vivir según la propia voluntad, sino de someterse a la regla de aquel que lo guía [2]: ¡es esta una obra superior a todas las otras y obtiene la diadema del martirio! Sin embargo, también, para vosotros son: el cambio de los alimentos, las genuflexiones más frecuentes y un mayor número de la salmodia, según la tradición fijada desde el inicio [3]. Por esto, os ruego que acojamos con alegría el don de estos días de ayuno, sin asumir un aire melancólico, como nos es enseñado (cf. Mt 6, 16), sino transcurriéndolo con un corazón alegre, sin malicia, sin murmuraciones, sin ira, sin malignidad, sin envidia. Más bien, permaneciendo en paz los unos con los otros, llenos de amor, de benevolencia, de docilidad, de misericordia y de buenos frutos. Permaneciendo en silencio el tiempo oportuno, ya que en una vida común el ruido es nocivo; diciendo lo que conviene, ya que el silencio irracional no sirve; y, ante todo, permaneciendo vigilantes en el dominio de los pensamientos, sin abrir la puerta a las pasiones y sin dar espacio al diablo (cf. Ef 4, 27): Si el espíritu del poderoso –dice la Escritura- se eleva contra ti, que no encuentre espacio en ti (Qo 10, 4), de modo que él tenga sí la posibilidad de suscitar pensamientos, pero no de entrar en nosotros. ¡Seamos dueños de nosotros mismos: no abramos la puerta al diablo! Más bien, protejamos nuestra alma como esposa de Cristo, de modo que no sea ni golpeada ni herida por las flechas de los pensamientos. Así en efecto nos podemos volver morada de Dios por medio del Espíritu (Ef 2, 2); y así hacernos dignos de oír: ¡Felices los puros de corazón, porque verán a Dios! (Mt 5,8). Y para decirlo brevemente con el Apóstol: Todo aquello que es verdadero, noble, justo, puro, amable, honorable, aquello que es virtud y merece alabanza, hacedlo y el Dios de la paz estará con todos vosotros (Fil 4, 8-9), en Cristo Jesús, nuestro Señor, al cual pertenecen la gloria y el poder, con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Teodoro Estudita
Nelle Prove, la fiducia. Piccole catechesi
Ed. Qiqajon. Comunità di Bose. 2006
Págs. 249-250

[1] Es decir, el monje cenobita.

[2] Cf. Basilio de Cesarea, Reglas breves 128: “La temperancia no consiste en el abstenerse de los alimentos materiales –esta es la austeridad condenada por el Apóstol- sino en la completa abstención de la propia voluntad”.

[3] Sobre los oficios litúrgicos y sobre el régimen alimenticio de la comunidad estudita durante el tiempo de la Cuaresma, cf. Catequesis sobre los tiempos litúrgicos 8-9; Regla estudita 14; 30.

2 comentarios:

  1. Casiano el Romano le dice al obispo Cástor, en sus cartas: "el que tome un alimento cualquiera, deberá deternerse cuando aún tiene apetito, sin esperar la saciedad".

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    1. Gracias por tu comentario y la cita de Casiano.
      Otro texto muy hermoso sobre el ayuno es el del P. Matta Meskin "Amar el ayuno", que se puede leer en el apartado de "hesicasmo copto" de este blog. Buena cuaresma, Federico

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