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domingo, 14 de abril de 2013

El hesicasmo en el mundo ucraniano antes de Paisij Velickovskij


El testimonio de la literatura monástica

Sophia Senyk


La Laura de Kiev, cuna del monaquismo en Ucrania, edificada por Antonio y Teodosio y otros santos monjes, tuvo siempre una importancia única y por esta razón se la puede tomar como representativa de la vida monástica en Ucrania. Esto no obstante, no es por su relevancia espiritual, sino por su contribución a la cultura religiosa, su influjo sobre la cultura general, su rol en la vida de la Iglesia y de la sociedad en Ucrania que ha atraído la atención. Incluso si no disponemos de un estudio específico sobre la Laura de Kiev, podemos de cualquier modo afirmar que, por dimensiones y actividad esta resultaba anómala respecto a la mayoría de los monasterios de Ucrania. Estos en efecto estaban generalmente estructurados en edificios de pequeñas dimensiones, skit y eremos.

La misma Laura de Kiev, en realidad, conocía formas análogas: hacia finales del siglo XVIII habían veinte skit dependientes del monasterio principal  y habitados por los monjes que buscaban mayor soledad y tranquilidad. Incluso la idea que el pueblo tenía del monje era la del solitario que se consagra para su salvación a la oración y a la ascesis.

Un monaquismo que ve su ideal en la soledad y en el silencio presupone textos que alimentan su ideal. Este estudio es un intento de examinar cuáles textos eran conocidos y cuál fue su influjo antes de la Filocalia, es decir antes de la traducción al eslavo de la Filocalia y de los otros textos por parte de Paisij Velickovskij.

Debo subrayar el carácter fragmentario de esta presentación. Los Skit y las celdas no dejan abundantes huellas, tampoco inventarios de los libros que poseían ni, aún menos, descripciones de la vida que se vivía. Los que se entregan a la verdadera hesiquía en la quietud de la oración no son propensos a explayarse en palabras. Existe una literatura monástica, pero el estudio de los manuscritos de Ucrania apenas ha comenzado. Esto que presentamos serán sólo algunas notas preliminares, basadas sobre las limitadas fuentes disponibles.

Para prevenir eventuales malentendidos, debo poner en evidencia que el término “hesicasmo” será usado sólo en su sentido originario de tranquilidad y la literatura hesicasta será aquella que exhorta y enseña una vida de oración atenta.

La imprenta fue inventada hacia la mitad del siglo XV, pero en los países rutenos no fue introducida más que al final del siglo XVI. Durante la mitad del siglo XVII fueron publicadas sólo poquísimas de las obras más leídas, del estilo que más tarde será incluidas en la Filocalia: los escritos de Macario de Egipto, Vina 1627; de Doroteo, Kiev 1628; el Limonar, es decir el Prado Espiritual, de Juan Mosco, Kiev 1628; los escrito de Barlaam y Josafat, Kutejno 1637. A estas se pueden agregar las obras ascéticas de Basilio, Ostrih 1594, a cuyas obras auténticas fueron agregadas otras, entre las cuales algunas exhortaciones a la vida solitaria. Como se puede ver, la disponibilidad de libros publicados era muy reducida y no correspondía a la necesidad de obras escritas. También más tarde, en el siglo XVII y a través de todo el XVIII, los libros publicados por la literatura espiritual son igualmente escasos. Todo estudio sobre la literatura usual deberá por esto ocuparse del manuscrito.

Este estado de cosas tiene algunas ventajas bien precisas para el estudio de las corrientes y de las preferencias en los ambientes monásticos. Los manuscritos dan indicaciones muy escasas sobre los temas de lectura elegidos, distinto a los libros publicados. En el mundo monástico, para tener un determinado libro, la comunidad monástica o el monje particular debían sacrificar esfuerzos y tiempo para obtener una copia de la obra deseada y después para copiarla. Por esto, los textos que eran copiados eran especialmente estimados. En el examen de la tradición manuscrita, la primera característica notable es que no aparece una selección entre los textos. Las categorías de la literatura monástica, que serían útiles para una clasificación científica, no existían para los monjes de aquella época: estos dividían la tradición entre los padres népticos y los padres no népticos.

Los escritos del skit de Manjava, un centro de espiritualidad hesicasta, citan una multiplicidad de padres, sin ninguna distinción entre ellos. Las referencias en los escritos de Manjava citan los dichos de los padres, de Isaac el Sirio, de Juan Clímaco, de Doroteo de Gaza, de Pedro Damasceno, las citas de Basilio son numerosas, son también citados Efrén (probablemente sus escritos no auténticos) y Teodoro Estudita. Paisij Velickovskij leía y comentaba indiscriminadamente a sus monjes en Moldavia las obras ascéticas de Basilio, Clímaco, Doroteo, Teodoro Estudita, Simeón el Nuevo Teólogo y otros. Podemos agregar que la Regla de Nilo Sorskij, que circulaba en Ucrania entre el siglo XVI y el XVIII, igualmente no distinguía entre los monjes.

Esta falta de un criterio preciso de elección aparece con evidencia en los volúmenes individuales manuscritos, que raramente consisten en una sola obra o contienen un único autor. El estilo más frecuente de un volumen para la lectura era un compendio, sbornyk, que raramente exhibe una uniformidad de contenidos. Además, la elección parece fortuita: a los capítulos de Isaac el Sirio sobre dar gracias a Dios, sobre la custodia del corazón y la vigilancia le siguen los artículos doctrinales de Atanasio.

Acentuaciones contrastantes en las obras de estos padres que son descontadas por los estudiosos de la espiritualidad, en la práctica no constituían un problema para los monjes que copiaban estos escritos y que buscaban vivirlos. La atención tanto a los padres népticos como a los padres no népticos aseguraba un equilibro en la vida monástica. Mientras Isaac es citado en mérito al silencio y a la purificación del espíritu, Basilio es propuesto para enseñar la concordia de la mente y del corazón en la comunidad monástica y el orden de la vida común. Para los monjes particulares y en los monasterios que eran considerados como modelos, estos dos aspectos estaban siempre combinados: la acentuación del retiro, del silencio y de la oración en privado junto a una observancia esmerada de la vida en común, especialmente del oficio en común. Josafat, al inicio del siglo XVII, el skit de Manjava en el curso del mismo siglo y en el siglo siguiente, y Paisij Velickovskij en el XVIII, ejemplifican todos la unión de los dos aspectos del monaquismo, que partiendo de consideraciones puramente teóricas, podrían parecer excluirse mutuamente.

Se aceptaba y se difundía una obra en cuanto estaba en la tradición. El sentido de un depósito común de “todos los escritos de los padres portadores de Dios” era tan fuerte que todas las obras se presumía que viniesen de una única fuente. Paisij Velickovskij escribe en una carta: “El libro de Nilo Sorskij no se encuentra en griego, sólo en eslavo. Lo he copiado cuando era joven, con muchos errores ortográficos”. ¿Cómo es posible que Paisij no conociese la identidad de Nilo Sorskij? En efecto, buscaban en vano el original griego sobre el cual verificar los errores del copista, parece ignorar que Nilo escribió directamente en eslavo.

Muy raramente se encuentra una selección de textos centrados únicamente sobre la oración y sobre sus condiciones. Semejante volumen fue copiado por Josafat al inicio del siglo XVII. Evidentemente elige de otros manuscritos aquellos escritos que corresponden a su propia inclinación: obras sobre la oración atribuidas a Juan Crisóstomo, artículos bajo el nombre de Simeón el Nuevo Teólogo, la Regla de Nilo Sorskij. Los textos elegidos revelan cómo Josafat estaba enteramente en la tradición que veía al monje ideal dedicado a la oración en la ascesis y en la hesiquía, y el testimonio sobre él en su proceso de beatificación lo corrobora.

Otro raro compendio en el cual todos los textos se centran sobre el mismo tema es del siglo XVIII. En 1742 un monje que firmaba solo con las iniciales I.P.G.C.S.V.V. transcribió un volumen al cual puso el título de Breve instrucción sobre el modo de conducir una vida monástica que agrada a Dios. Las iniciales  C.S.V.V. indican que este monje era un basiliano, es decir católico, y proveniente de alguna región de la Ucrania occidental. “I” significa inok (monje) o, más probablemente, ieromonax (hieromonje). El volumen contiene artículos sobre la oración, incluye un texto sobre la oración de Jesús, artículos sobre las lágrimas y el perdón, sobre el silencio, “palabras de los padres recogidas en compendio sobre las cosas más necesarias concernientes a la paciencia”, varios extractos de los dichos de los padres, una selección de las obras ascéticas de Basilio (o atribuidas a él) y algunas exhortaciones a la oración atribuidas a Juan Crisóstomo, un escrito de Nilo el Asceta sobre los ocho loghismoi y otros extractos de Evagrio y de Doroteo. Este volumen está entre los más notables por la selección uniforme de sus contenidos –una especie de Filocalia resumida.

La copia de este volumen es contemporánea a los primeros años de la vida monástica de Paisij Velickovskij en Ucrania. Podemos aquí recordar lo que Paisij escribe en su autobiografía sobre el propio trabajo de copista de textos que encontraba beneficios para la vida interior y también como otros monjes los tomaban en consideración y consideraban tesoros a estos textos. El eremita Isixij que se encontraba sobre una isla junto a las colinas Mosny en Podilja, habiendo sentido de un libro de los padres “de gran beneficio” (no identifica el libro) en un monasterio en Cernihiv, no dudó en partir a pie para pedirlo prestado. Los monjes de Cernihiv prestaron el libro precioso, y él lo llevó consigo para copiarlo. Luego volvió a viajar a Cernihiv para devolver el libro – una distancia estimada por todos de 2000 verstas, como nos dice Paisij –caminando otros 2000 kilómetros para tener un texto espiritual. Paisij describe también su propio trabajo cuando copiaba a Juan Clímaco en el skit de San Onofrio en el monasterio de Ljubec. Él copiaba de noche y cómo, al igual que otros monjes, no tenía velas, sino sólo astillas de leños, trabajaba con su luz.  Estos palos daban más humo que luz, y regularmente, cuando el humo llenaba la pequeña celda, Paisij estaba obligado a parase, abrir la ventana y retirarse hasta que la habitación se hubiese airado. Un libro copiado a pesar de estas adversidades era obviamente considerado algo precioso, una recompensa a tales fatigas. Cuando se pedía al joven Paisij leer en el refectorio del monasterio de Ljubec, los monjes abandonaban su alimento y se amontonaban alrededor de él para no perder ni una sola palabra. Él recuerda con gratitud particular a los monjes en los distintos monasterios que compartieron con él sus preciosos libros “de gran beneficio para el alma, que elevan al alma al combate divino y al podvyh monástico”. Todos estos ejemplos de la primera parte del siglo XVIII, de monasterios lejanos del uno al otro en Ucrania, demuestran que la búsqueda de guía en los escritos espirituales para un vida interior de oración, que está tan claro en el caso de Paisij, estaba difundida entre los monjes de toda Ucrania, tanto ortodoxos como católicos. El hecho que el monje P. G. fuese capaz de escribir un volumen con escritos hesicastas, que decía ser un compendio de varias obras de los padres, significa que estas obras estaban en circulación.

Podría ser útil llamar la atención sobre lo que los monjes no leían y sobre las dificultades inherentes a los textos que poseían. Entre las lecturas de los monjes ucranianos se nota la ausencia de textos griegos medievales y tardíos. Los escritos a disposición de los monjes eran antiguos, y las traducciones del griego podrían haber sido hechas ya al tiempo de la introducción del cristianismo en la Rus’. La única excepción es la de Pedro Damasceno (siglo XII) que era bien conocido como testimonia la inclusión frecuente de sus obras en los compendios y las referencias a él.

Otras obras tardías fueron traducidas en eslavo por primera vez por Paisij. Contando su larga búsqueda de estos libros en el Athos, Paisij alimentó de ellos la razón. La lengua de estas obras, como también la de épocas más antiguas, era incompresible para los monjes griegos de su tiempo que no tenían ningún conocimiento literario. Si la tradición griega de la espiritualidad hesicasta era un libro sellado incluso para los monjes griegos del siglo XVIII, tanto más lo era para los eslavos. Los monjes eslavos, especialmente  los de Ucrania, que copiaban textos en el monte Athos, escogían en primer lugar los autores antiguos que les eran conocidos. Ninguno dirige la atención a los padres más recientes. Incluso si hubiesen sentido hablar, es dudoso que los hubieran traducido –para esta tarea eran necesarios una cultura muy grande y un compromiso fuera de lo común.

El manuscrito copiado por Josafat, al cual hemos hecho ya referencia, contiene junto a otros textos de espiritualidad hesicasta también el Método de la oración hesicasta por el monje Nicéforo.

La transcripción del Método muestra que era conocido y que gozaba de una cierta difusión en los países rutenos. Pero ninguna otra huella puede ser encontrada en otras transcripciones manuscritas. Los catálogos de los manuscritos monásticos son largos por ser completos, y muchos no han sobrevivido hasta nuestros días.

Sin embargo, una única mención de esta obra puede ser considerada un indicio del escaso interés de los monjes rutenos por este tipo de escritos. El aspecto fisiológico de la oración y también la naturaleza de la luz tabórica no lograron suscitar el interés de los monjes rutenos.

La razón no es difícil de encontrar. Una acentuación del oficio, celebrado también en el skit que mayormente estimaban la hesiquía, bezmolvie, era la base de toda la oración. Fuera del oficio el monje debía permanecer en la oración de Jesús; un método fisiológico, científico, parecía superfluo. En cuanto al hesicasmo como doctrina teológica, los monjes ucranianos no se sentían mínimamente atraídos, como de toda construcción teológica en general. El horizonte cultural de los monjes no suscitaba en ellos el gusto por sutilezas teológicas abstractas o por especulaciones sobre los estados de oración.

Se ha mencionado la dificultad de los monjes griegos para entender los textos griegos. A veces las traducciones eslavas eran de la misma manera ininteligible para los monjes eslavos.

En Ucrania uno de los autores más conocidos de espiritualidad hesicasta -la frecuencia con que lo citan constituye una prueba- fue Isaac el Sirio. Se lo cita constantemente y sus escritos se encuentran en toda biblioteca monástica. Sus obras fueron pronto conocidas en Ucrania, por un manuscrito con fecha del 1416. Pero en 1420 Herasym, el obispo de Volodymyr Volyns’kyj (más tarde metropolita), mandó al copista Timoteo a Constantinopla para copiar las obras de Isaac. Evidentemente la traducción anterior era considerada insuficiente.

La nueva versión del texto, de cualquier modo, no resolvió la dificultad de hacer a Isaac más claro a los monjes de Ucrania. Tres siglos más tarde Paisij Velickovskij escribía:

Había un libro de Isaac el Sirio que había copiado en parte cuando era joven estando en la Lavra de las Grutas de Kiev y que una persona meticulosa terminó por pedido mío en el Athos… Si bien en el Athos quería leer este libro frecuentemente  y con atención, en algunos pasajes no encontraba el sentido.

Así pasó todo un año corrigiendo la vieja traducción de Isaac, pero permaneciendo insatisfecho con el resultado.

La dificultad de entender los textos es confirmada por el examen de otra obra, también ella muy popular y conocida en Ucrania: la Escala de Juan Clímaco. En la traducción eslava fue agregado probablemente en Serbia en el trescientos un breve glosario. En Ucrania este glosario fue ampliado porque, como dice un manuscrito del siglo XVI, se explican algunas palabras de los antiguos traductores entre las cuales algunas son eslavas (es decir, en eslavo eclesiástico), otras serbias, otras también búlgaras o griegas, que no han sido jamás traducidas al ruteno.

Las palabras griegas a menudo se traducían literalmente. Se tiene la sensación de que el traductor tuviese a menudo la impresión que éste fuese el modo más seguro para reflejar aquello que había entendido sólo aproximadamente. Los manuscritos de obras que habían sido originariamente traducidas al eslavo en Bulgaria o en Serbia, contenían más allá de los errores del copista también palabras y frases desconocidas a los monjes ucranianos.

A la luz de tales ejemplos podemos valorar mejor esto que Teodosio de Manjava escribía en el siglo XVII en mérito a la enseñanza espiritual recogida de los padres y que estaba transmitiendo en su Testamento.

Pero todas estas cosas transmitidas y escritas exigían un maestro inspirado… Los escritos… no pueden hablar por sí, sino que requieren un servidor y un guía, que sepa hacer pasar a la práctica para sus discípulos lo que está escrito, a fin de que la palabra escrita se vuelva salvífica.

Es decir, es la tradición viva, a través de la palabra viva del superior que hace a estos textos vivos y vivicantes. Era la tradición viviente que interpretaba los textos en sí a menudo difíciles de entender y que los hacían inteligibles.

Hemos considerado estos escritos en cuanto leídos por los monjes. Pero vale recordar que las lecturas de los laicos devotos eran las mismas. Esto significa que algunos laicos podían ser iniciados por estas lecturas y abrazar la vida monástica, y ayuda a explicar por qué a los ojos de la sociedad en general el ideal de la vida monástica fuese el eremita. Paisij Velickovskij cuenta como en casa, de niño, leía a Efrén y Doroteo y las vidas de los santos monjes. Fue la lectura de estos libros que confirmó su decisión de hacerse monje. Más de un siglo antes, Josafat había probado la misma influencia de estos escritos. Fue formado espiritualmente y se decidió a volverse monje cuanto era aún un aprendiz comerciante, en gran parte leyendo “libros espirituales fuera del negocio”.

Otro manuscrito en las manos de Josafat fue un Proloh, versión eslava del sinaxario griego. Estas breves vidas de santos para cada día del año litúrgico no eran leídas sólo en los monasterios, sino también por los laicos. En el seiscientos el Proloh comenzó a incluir algunos apotegmas de los padres del desierto, algunos pasajes de Barlaam y Josafat, de Evagrio sobre las ochos pasiones y otros textos suyos, y algunos pasajes de Isaac el Sirio y de Clímaco.

El influjo de esta corriente hesicasta en Ucrania se puede generalmente rastrear sólo indirectamente, tomando las preferencias en el copiar ciertos escritos, la difusión de pequeños monasterios y skit, y el atractivo de una soledad real para los monjes. Además, es difícil de puntualizar el influjo de la corriente hesicasta sobre la perspectiva espiritual de los monjes.

Para terminar querría citar un breve pasaje que nos da una impresión fugaz de este aspecto en gran parte inaccesible.  Es tomado del Testamento de Teodosio del skit de Manjava, un discípulo del fundador del skit, Jov Knhahynyc’kyj, y su sucesor como superior. El Testamento fue escrito hacia la mitad del seiscientos. Teodosio le entrega algunas instrucciones espirituales y describe la vida cotidiana de Manjava, exhortando a los monjes a continuarla en estricta observancia. En la introducción escribe:

Si bien muchos de nuestros santos Padres comenzaron sus instrucciones sobre la vida monástica con el temor de Dios y otros con la renuncia al mundo y a la adquisición de bienes, Doroteo y muchos otros comenzaron con el amor. Así también yo comenzaré siguiéndolos con el amor, la humildad y la paciencia, porque la vida monástica (como sé por experiencia) es mantenida por ellas.



Extraído de AAVV, Amore del bello – Studi sobre la filocalia.
Ed. Qiqajon. Comunidad de Bose





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