Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

martes, 5 de noviembre de 2013

Encuentros con la oración de Jesús: Padre Misaele

Sergio Bolsakov



Encontré al Padre Misaele en el Monte Athos en 1957. Era el encargado de la hospedería de San Panteleimon. De alta estatura, derecho, inteligente, despierto de memoria, acogedor y sabio. Había llegado al Athos en 1896, y le gustaba contar su paso por Moscú – en el momento de los preparativos para la coronación del Emperador Nicolás II que él veneraba bastante, como el starets Michele de Valaam - mientras estaba viajando hacia la Santa Montaña.

Me encontraba un día en mi bella habitación de la hospedería, sobre cuyos muros estaban colgando los retratos del Emperador Alejandro III con su mujer María y el del Metropolita Filaret de Moscú. Las ventanas daban sobre el balcón cubierto de glicinas en flor, y estaban abiertas de par en par. Se podían ver, abajo, los grandes edificios del enorme Monasterio, la iglesia, los jardines; luego las montañas, el cielo azul oscuro iluminado por el sol de la mañana. Sentado junto a una ventana, examinaba el manuscrito de los Relatos de un Peregrino Ruso, que había encontrado en los archivos de la magnífica biblioteca del Monasterio. El manuscrito estaba escrito con cuidado, por una mano experta, y la fecha de su ingreso en los archivos era muy anterior a la de la publicación de los Relatos a cargo del Archimandrita del monasterio de Kazán de Cermissis. Me interesó bastante descubrir, comparando el manuscrito con el texto publicado, que en este último faltaban muchos pasajes, e incluso dos largos relatos.

Sentí golpear a la puerta, y el Padre Misaele entró en la habitación.

- Le he dicho a Basilio que le traiga té, con pan y mermelada, para reconfortarlo un poco.

- Tenéis muchas consideraciones para conmigo, Padre Misaele.

- Hermano querido, ¿cómo podría no cuidar de vos? Sois un raro visitante. Los visitantes rusos ortodoxos llegan aquí ahora rara vez. No es más como antes: ahora llegan pocos, y sólo para una breve visita. Vienen sobre todo extranjeros de todas las naciones, católicos, protestantes, y muy a menudo simples curiosos, sin ningún interés religioso. Vienen y van de un monasterio al otro: es necesario hacerles ver todo y estar uno siempre dispuesto únicamente para esto.
Veo que os estáis ocupando de un manuscrito. Está escrito bastante bien, y en ruso.

- Sabéis, Padre Misaele: yo lo considero el original de los Relatos de un Peregrino. Pienso que el Peregrino había visitado la Santa Montaña y escrito su historia para el Padre Jerónimo Solomensev, por entonces confesor. Cuando el Archimandrita de Kazán publicó este manuscrito, ha hecho muchas omisiones, incluso de dos largos relatos.

- ¡Caramba! Y ¿por qué los ha omitido?

- Las pequeñas omisiones se explican fácilmente. El Peregrino es severo hacia los teólogos de profesión, muchos de los cuales se han vuelto obispos. Semejante espíritu crítico podría disgustar a los prelados, y el Archimandrita de Kazán no deseaba seguramente tener dificultad con la jerarquía. El Peregrino criticaba también fuertemente a la escolástica decadente que entonces se enseñaba. Los dos largos relatos, en cambio, han sido omitidos para no escandalizar a los lectores, especialmente a los monjes. Después de todo, el relato es obra de un laico, escrita únicamente para su confesor, y no para ser publicada.

- ¿De qué se habla en estos relatos?

- En el primero, que en el libro está privado del inicio, el Peregrino cuenta cómo pasó una noche en un albergue sospechoso, y cómo se despertó cuando una carreta guiada por un conductor borracho choca contra la casa, justo debajo  de la ventana de la habitación en la cual él dormía.

Pero en el manuscrito se cuenta como el Peregrino fue tentado por una mujer de aquel albergue y cómo despertándose en él el deseo sexual, la Oración habitualmente incesante se detuvo bruscamente. El Peregrino fue salvado de pecar por el incidente contado. La mujer, por su parte, habiendo quedado paralizada en el momento por el incidente, fue curada más tarde por la oración del Peregrino. El segundo relato trata de una muchacha que fue salvada de un peligro semejante por la Oración de Jesús.

- Verdaderamente, la Oración de Jesús es una gran cosa, añade el Padre Misaele. Esta salva verdaderamente de la muerte y de la vergüenza. Y es verdad también que la Oración continua se detiene cuando nos toma el deseo voluptuoso. Entonces es necesario grandes esfuerzos para retomarla.

- Si es así, ¿cómo puede la gente común practicar esta Oración?

- No hay comparación. El matrimonio bendecido es una cosa y la atracción desordenada excitada en el Peregrino por aquella mujer, es otra cosa; esta última es desorden y adulterio. Naturalmente, el Archimandrita pensó que semejantes relatos podían turbar a aquellos que no valoran las cosas correctamente. Y usted sabe que quien escandaliza a los pequeño no escapa del castigo. En el evangelio se lee: “sería mejor para el seductor no haber jamás nacido”.

El demonio es bastante astuto. Si no tiene éxito con una trampa, inventa otra. Puede incluso llevar a la ruina sirviéndose de esta gran Oración, si no somos humildes. ¿Entiendes esto? Yo he venido aquí hace ya muchos años, en 1896. He visto al Padre Stratónico, admirado por el Padre Silouan. El archimandrita Sofronio habla de él en su libro, y también al Padre Hilarión, autor del libro Sobre las montañas del Cáucaso. El Padre Hilarión vivía sobre el Cáucaso como eremita. Su bello libro ha tenido ya dos ediciones, y ha superado la censura eclesiástica. Si bien, el Padre Hilarión no era un teólogo de profesión. Es posible que algunas de sus páginas sean poco claras, o susceptibles de interpretaciones erradas. Pero su fe era irreprensible. Su libro llegó a las manos de dos monjes nobles y bien educados, el Padre Antonio Bulatovic, del skit de San Andrea y el Padre Alesio Kyrievskij, de nuestro monasterio. Y entre ellos comenzó una disputa: para el primero, el libro del Padre Hilarión es el vértice de la sabiduría; para el segundo está lleno de herejías. Muchos monjes fueron poco a poco envueltos en la controversia, y entonces comenzaron algunos desórdenes. Centenares de monjes rusos fueron deportados del Monte Athos para poner fin a tanto desorden. Luego sobrevino la primera guerra mundial, y los monasterios rusos comenzaron a despoblarse. Hoy permanecen en ellos sólo los ancianos, no hay juventud en nuestro monasterio.

Si los Padres Antonio y Alesio hubieran estado verdaderamente ocupados en la Oración de Jesús, con toda humildad del corazón, no habría nunca sucedido esta disputa. La ausencia de humildad hace a la Oración por completo superficial y exterior: un simulacro de la verdadera oración. Los desacuerdos en una comunidad de religiosos demuestran la falta de caridad fraterna, que exigiría una oración verdadera, humilde y continua. Quien es orgulloso, intolerante y autoritario, no debe practicar la Oración de Jesús, si orando continúa pecando y no se arrepiente. En ese caso, la Oración es para él una condena, como para quien se acerca indignamente al sacramento de la Eucaristía.

- ¿Cómo reconocer, Padre Misaele, a aquel que practica correctamente la Oración de Jesús?

- Es fácil reconocer uno así: él no juzga a nadie. Se cuenta del Archimandrita de Optino, el Padre Isaac, este hecho: cuando algunos monjes venían a quejarse los unos de los otros, los escuchaba con atención, luego decía: “¿Cómo, te ha dicho semejantes palabras y además te ha golpeado? Este es un mal intolerable en un monasterio”. Y terminaba siempre con la misma orden: “ve, Padre mío, y pide perdón a aquel que te ha injuriado y golpeado”. - “¿Pero si me ha ofendido y golpeado?” – “Está bien: pero Cristo ha dicho: si alguno te golpea en una mejilla, tú preséntale también la otra. Tú estás lleno de deseo de golpear a tu hermano. Él no habría podido ofenderte sin alguna culpa tuya. ¿Hasta qué punto has provocado a tu hermano? Ve, y pídele perdón”. El Padre Isaac no juzgaba a nadie. Si los Padres Antonio y Alesio lo hubiesen imitado, toda aquella triste historia que te he contado no habría tenido lugar.
Permaneced siempre en paz, hermano Sergio, y serás salvado.



Sergio Bolsakov
Encuentros con la oración de Jesús: Padre Misaele.
Monasterio San Panteleimon, Monte Athos


Publicado por Esicasmo.it


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