Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

jueves, 18 de abril de 2013

Juan Pablo II, Ángelus del 30 de junio de 1996


Plaza de San Pedro





Amadísimos hermanos y hermanas:

1. La historia de la Iglesia, con sus dos rostros, el oriental y el occidental, sólo se comprende partiendo de sus orígenes. Y su origen es Cristo, a quien la Iglesia entera reconoce como Señor. Su origen es el Espíritu, que se derramó en Pentecostés como principio de vida y de todos los dones. En el origen de la Iglesia están también los Apóstoles, testigos del Resucitado y padres en la fe.

De este origen vivo y común, no podrá menos de brotar, según los tiempos de la Providencia y los de nuestra docilidad, una nueva y anhelada unidad entre los cristianos de Oriente y Occidente.

En la espera activa de este acontecimiento, recordamos gratamente los siglos de la cristiandad indivisa, especialmente los primeros siglos, en los que el anuncio evangélico, partiendo de Jerusalén, se irradió en todas las direcciones del mundo entonces conocido. El mensaje del Maestro comenzó a fecundar las diversas culturas. Era inevitable que este gran proceso pusiera de manifiesto las diferencias y causara algunas tensiones. Ya en la época apostólica, el concilio de Jerusalén debió armonizar las perspectivas diferentes de los cristianos de origen judío y de los procedentes del paganismo. Ese acontecimiento sigue siendo un testimonio luminoso de cómo hay que servir a la verdad sin componendas, cultivando todos la tolerancia y la comunión. Lamentablemente en el curso de la historia no siempre ha sido fácil seguir este ejemplo.

2. Pero el Espíritu de Dios no nos da tregua, hasta que restablezcamos la plena unidad entre nosotros. Su voz nos llega particularmente viva a través del testimonio de los santos, venerados tanto en oriente como en Occidente, que desde los primeros siglos se distinguieron como artífices de comunión.

Quisiera recordar el estupendo testimonio de san Ignacio, obispo de Antioquía. Al venir a Roma para sufrir el martirio, casi olvidándose de sí mismo, escribió cartas conmovedoras a varias Iglesias. A todas les recomendaba que cultivaran la unidad en torno al obispo y las impulsaba a la comunión recíproca, estimulándolas al intercambio de mensajes y oraciones. Además, a la comunidad de Roma le dio el sugestivo y casi programático apelativo de Iglesia que «preside en la caridad» (Ad Rom, inscr.).

Y ¿cómo olvidar, en el siglo II, a san Ireneo, otro gran benemérito de la unidad de la Iglesia? Nacido en Esmirna y elegido obispo de Lyon, constituyó un puente entre Oriente y Occidente. En su obra teológica señaló como norma de fe la única tradición que resuena en las diversas lenguas, anunciada por la misma boca (cf. Adv. Haer. I, 10, 2), y concibió la vida eclesial como sinfonía de voces, trabajando para favorecer la comprensión recíproca en las tensiones que se produjeron en su tiempo acerca de la cuestión de la fecha de celebración de la Pascua.

3. Que la Madre de Cristo y de la Iglesia nos ayude a caminar siguiendo las huellas de esos grandes testigos. Nos haga dóciles al Espíritu Santo, para que, respetando las legítimas diferencias y tradiciones, aprendamos a estimarnos y a coincidir cada vez más profundamente en la fe y en la caridad. Ella nos infunda en el corazón una gran nostalgia de la plena comunión, impulsándonos a buscarla con propósitos renovados y firmes.


Juan Pablo II

© Copyright 1996 - Libreria Editrice Vaticana

Publicado en: http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/angelus/1996/documents/hf_jp-ii_ang_19960630_sp.html


miércoles, 17 de abril de 2013

Notas sobre el hesicasmo

Enrico Montanari




El término (del griego hesiquía, quietud, silencio, paz) designa un movimiento espiritual surgido en el Oriente cristiano, y al mismo tiempo un estado interior que puede abrir a la contemplación de las cosas invisibles.

En su formulación doctrinaria el hesicasmo se remonta al siglo IV d.C., en particular a los grandes Padres capadocios (Basilio, Gregorio de Nisa y Gregorio de Nacianzo) y a Evagrio Póntico que define los primeros elementos de un itinerario espiritual hesicasta. En el siglo V, fue Diádoco de Fótice quien unificó tales elementos y los propuso como método práctico de oración.

Tal método, -que consiste ante todo en la pronunciación repetida de una invocación jaculatoria– denominada oración de Jesús a partir de Juan Clímaco (siglo VII), se ha expresado en una fórmula encontrada por primera vez en la Vida de Abba Filemón, un monje egipcio (siglo VI d.c.), que recita: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí”.

Un momento significativo en la evolución del hesicasmo fue cuando a la recitación de la “Oración de Jesús” se añadió (o bien se volvieron históricamente reconocibles) técnicas psico-física (visualización, respiración ritmada con el latido cardíaco, posturas, etc.).

La primera referencia a una “técnica del cuerpo” puede encontrarse en la obra de Nicéforo, un monje del Monte Athos, que vivió en la segunda mitad del siglo XIII. Se presupone para ello una preparación moral, una conciencia pura (amerimnia) y junto a ellas son pedidas algunas condiciones externas: una celda cerrada, la posición sentada sobre un asiento bajo, apoyar la barba sobre el pecho, volviendo el ojo corpóreo con todo el espíritu al medio del vientre, o también llamado ombligo. El ejercicio prevee también una desaceleración regulada de la respiración (más tarde se recomendará sincronizar la repetición de la fórmula con el ritmo disminuido de la respiración), “y además una exploración mental del yo visceral en la búsqueda del lugar del corazón” (Spidlik), y la invocación continua de Jesús.

De tal modo, el orante se esfuerza en “hacer descender la mente al corazón”, llevando la oración consciente al centro del ser, y con esto mismo unificándolo. La “Oración de Jesús”, consistente esencialmente en la invocación del Nombre, ayuda justamente a concentrarse sobre el corazón y  atenuar el hábito del pensamiento discursivo.

Una generación después de Nicéforo, Gregorio el Sinaíta (1346) termina la fórmula con “…ten piedad de mí, pecador” (tal ampliación conocerá una particular fortuna en el hesicasmo ruso,  y por esto ha sido transmitido en la edad moderna). Gregorio unifica la tradición sinaíta (Juan Clímaco) con la del Monte Athos. Además, valoriza el pensamiento de un gran místico del siglo X-XI, Simeón el Nuevo Teólogo (1022), subrayando la posibilidad de una parcial anticipación en nuestra vida de la divinización (theosis), obtenible en el juicio final. Recuperando la concepción del bautismo en Simeón, Gregorio relaciona la Oración de Jesús al bautismo, viendo en ella el medio con el cual la presencia del Espíritu Santo, dada veladamente en el bautismo, se vuelve consciente en aquel que ora. Él afirma que “cuando una persona se vuelve consciente de la presencia del Espíritu Santo, advierte una sensación de calor en el corazón, que lleva a la contemplación de la luz divina. Si bien él no habla de esta luz divina en un nivel teológico, es claro que en lo que él piensa es una experiencia inmediata de Dios” (Zawilla).

Contra esta experiencia “sensible” de luz espiritual – y contra de algunas prácticas ascéticas de los hesicastas – aparece, en el siglo XIV, un monje griego de Calabria, Barlaam. Por su experiencia junto a los monjes hesicastas (probablemente principiantes) él queda con la impresión de que todo esto es una herejía grave: “he sido iniciado por ellos –afirma- en monstruosos y extraños principios […] Estos tratan […] uniones prodigiosas de mente y de alma, de un sucederse de luces blancas y de colores de fuego, de flujos y de aflujos intelectivos unidos con el espíritu que entra a través de las narices, terminando con uno dentro del ombligo […] y de otras cosas semejantes que yo creo necesario considerar como una verdadera locura y falta de juicio.”

Estas acusaciones suscitaron la reacción del teólogo griego Gregorio Pálamas (1296-1359). Sobre todo en su primera Tríada en defensa de los santos hesicastas (1336), Pálamas retoma la idea del cuerpo humano como “vaso de arcilla” (2 Cor 4, 5-7) que sin embargo custodia en su interior el soplo primordial con el cual el alma ha sido creada a imagen de Dios. Por esto el orante debe volver hacia el interior su mirada, recoger sus facultades intelectuales y, gracias a la luz ya impresa en su corazón por el bautismo, alcanzar con el esfuerzo de la oración y de los ejercicios ascéticos la luz deificante que puede transformarlo ya en vida, dándole por gracia las primicias de la theosis.

Pálamas retoma del pseudo-Dionisio la idea de la inconoscibilidad intrínseca de Dios, que sin embargo es conocible, es más participable, a través de sus “energías” (enérgeiai): estas “son” Dios, por tanto son increadas (gloria, luz, providencia, sabiduría, etc., de Dios en acción), pero sin revelar la íntima esencia de Dios, ininteligible para el hombre.

Las obras de Pálamas, aprobadas definitivamente en el Concilio de Constantinopla del 1351, proveyeron una sólida base doctrinal al hesicasmo, que hasta ahora ha permanecido casi a los márgenes de la especulación teológica, en una condición de reserva (si no de secreto), pero practicable sobre todo por monjes anacoretas y por sus discípulos.

Por otro lado, la aprobación de las tesis palamitas acentuó el vacío en las relaciones con la Iglesia de Occidente, producido por el cisma del 1054. Un vacío que de hecho subsistió hasta los umbrales del siglo XX.

Los presupuestos de una renovación – y de una reapertura al Occidente- fueron determinados por dos eventos casi concomitantes. El primero fue la publicación de la Filocalia, una colección de pasajes de los padres orientales elegidos mayormente con una orientación hesicasta. La Filocalia, editada en griego por Nicodemo Hagiorita (1749-1809) y por Macario Notaras, obispo de Corinto (1731-1805), será publicada en la edición más ampliada en Venecia en el 1782.

El segundo evento está ligado a la acción renovadora de Paisij Velickovskij (1722-1794), que no sólo publicó la traducción en eslavo eclesiástico de la Filocalia (Dobrotojubie, Mosca 1793), sino que renovó el rol de “guía espiritual” (geron, starets), que había en parte disminuido en Rusia y en los Balcanes, sobre todo en concomitancia con la imposición de las reformas iluministas. La edición griega y eslava de la Filocalia, más allá de las acciones restauradores de Paisij, tuvieron el efecto de contrarrestar válidamente el declinar de la espiritualidad hesicasta y, también, de hacerla accesible a todos los cristianos ortodoxos.

Se puede decir que la práctica ascética y la dirección espiritual propiciada por el hesicasmo, han influido por mucho tiempo en las costumbres religiosas del oriente cristiano, en particular de Rusia (donde el hesicasmo era conocido desde el siglo XII). Un ejemplo de “guía espiritual” abierto al mundo se da en el starets Ambrosio de Optina: los monjes y el pueblo sencillo asisten a las prédicas del starets, pero buscaban de él consejos de sabiduría espiritual, incluso personas pertenecientes a los más altos estrados de la sociedad de su tiempo y de la inteligencia, como por ejemplo Dostoevskij, Solov’ev, Leont’ev, Gogol, Tolstoi. Las figuras de Alioscia Karamazov y del starets Zósima nacen de estos contactos, como también de aquel clima de renovado fervor popular nacen los Relatos de un peregrino ruso, obra célebre de un autor anónimo (1870), en la cual un strannik (peregrino itinerante), narra “en primera persona”, desde dentro, sus experiencias transformadoras en relación a la práctica de la “oración del corazón”.

El enorme éxito editorial del Peregrino ruso está en el origen del conocimiento del hesicasmo también en Occidente. Otro elemento de difusión en Europa y en América estuvo representado por la “diáspora” de teólogos ortodoxos obligados a emigrar de Rusia después de la Revolución soviética. El pensamiento teológico de muchos de ellos (Vl. Lossky, S. Bulgakov, G. Florovsky, P. Evdokimov, etc) dio a conocer la espiritualidad ortodoxa y, en particular hesicasta, en el mundo latino y anglosajón, y al mismo tiempo, se “ambientó” al mundo occidental, dando vida a una nueva generación de teólogos (J. Meyendorff, K. Ware, O. Clément, etc) muchos de ellos abiertos al diálogo ecuménico: al punto que, hoy, su pensamiento es paradójicamente acogido casi más en el mundo católico que en la Rusia ortodoxa, a menudo reticentes a aperturas conciliadoras.

Por otro lado, no se ha descuidado el creciente interés demostrado por la Iglesia católica al respecto del hesicasmo, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX. Entre los muchos que han contribuido en este sentido, vale señalar el aporte realizado por dos estudiosos del Pontificio Instituto Oriental en Roma: Ireneo Hausherr y Thomas Spidlik.

El primero inauguró los estudios filológicos de los textos hesicastas; estudió muchas características comparándolas y distinguiéndolas de similares doctrinas heréticas (por ejemplo, la de los mesalianos); y valorizó autores, ya antiguamente discriminados, como Evagrio Póntico, revelando la gran importancia de ellos para la formación del hesicasmo.

El segundo ha extendido ampliamente el conocimiento del hesicasmo ruso; ha recuperado los valores simbólicos relativos a la “Oración del corazón”, en particular el de “Corazón” y el del “Nombre”; ha, entre los primeros, comenzado una comparación entre técnicas de oración cristianas occidentales y orientales.

Gracias a esta y a otras iniciativas, se puede afirmar que la comprensión entre las “Iglesias hermanas” (Católica y Ortodoxa) avanza más rápidamente en el nivel místico-ascético que en el dogmático o diplomático. Dan fe de esto, incluso en el ámbito oficial, los reconocimientos tributados al hesicasmo por la Santa Sede: sobre todo la carta apostólica Orientale Lumen (2 de mayo de 1995), en la cual se habla difusamente del “silencio” (traducción de hesiquía) “cargado de presencia adorada”, entendido como “el método teológico que el Oriente prefiere y continúa ofreciendo a todos los creyentes en Cristo”.

Sobre el plano teológico, el hesicasmo constituye una doctrina cuya autenticidad, unidad a la ausencia de violencia (salvo la dirigida al perfeccionamiento interior) puede contribuir a un acercamiento en el diálogo ecuménico y en el interreligioso.

Sobre el plano ascético-místico, este representa un regular método tradicional, que puede ayudar a alcanzar, por la gracia y el esfuerzo interior, la iluminación espiritual.


Enrico Montanari

lunes, 15 de abril de 2013

Regla mariana de San Serafín de Sarov





Regla mariana dictada por San Serafín de Sarov
para las monjas del Monasterio de Divevo
y útil para los monjes


La oración comienza así:

-          Padre nuestro

Tropario del tono 6:

Ábrenos la puerta de tu benignidad,
bendita Madre de Dios,
esperando en ti no nos sentimos descarriados;
haz que seamos librados
por medio tuyo de la adversidad,
ya que eres tú la salvación de la estirpe de los cristianos.


Primera decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María, llena de gracia,
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordamos la Natividad de la Santísima Madre de Dios.

Tropario del tono 4:

Tú nacimiento, oh Madre de Dios,
ha anunciado la alegría a todo el universo,
porque de ti ha surgido el Sol de justicia,
Cristo nuestro Dios,
que quitando la maldición
nos ha dado la bendición,
nos ha dado la vida eterna.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
salva y protege a tus siervos difuntos… (nombres)
junto con los santos, en tu eterna gloria.


Segunda decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos la entrada al Templo de la Santísima Señora, nuestra Madre de Dios.

Tropario del Tono 4:

Hoy es el prólogo de la benevolencia de Dios,
y la proclamación anticipada de la salvación de los hombres.
La Virgen se muestra abiertamente en el Templo de Dios,
y a todos Ella anuncia la venida de Cristo.
También nosotros gritamos en alta voz:
Salve oh cumplimiento del plan del Creador.

Oh Santísima Señora, nuestra Madre de Dios,
salva, protege y une a tu Santa Iglesia
a tus siervos descarriados y perdidos… (nombres)


Tercera decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos la anunciación de la Santísima Madre de Dios.

Tropario del tono 4:

Hoy es el inicio de nuestra salvación,
y la manifestación del misterio eterno.
El Hijo de Dios se vuelve Hijo de la Virgen,
y Gabriel anuncia la gracia.
Por esto también nosotros gritamos con él:
“¡Alégrate, llena de gracia,
el Señor está contigo!”

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
alivia nuestras penas
y consuélanos en las aflicciones
y en las enfermedades de tus siervos…. (nombres)


Cuarta decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos el encuentro de la Santísima Madre de Dios con Santa Isabel.

Eres verdaderamente digna de alabanza,
Madre de Dios, siempre bienaventurada y
toda Inmaculada y Madre de nuestro Dios.
Más insigne que los querubines
y sin comparación más gloriosa que los Serafines,
de modo incorruptible has dado a luz al Verbo de Dios;
eres realmente Madre de Dios, te magnificamos.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
reúne a tus siervos… (nombres) que están alejados.


Quinta decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos el nacimiento de Cristo.

Tropario del tono 4º:

Tu nacimiento, oh Cristo, Dios nuestro,
ha hecho brillar en el mundo la luz del conocimiento.
Por ella los adoradores de los astros
aprendieron de una estrella a adorarte,
oh Sol de justicia,
y a reconocerte a Ti,
como el Oriente venido de los alto,
¡Señor, gloria a ti!

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
otórgame a mí, que en Cristo he sido bautizado,
el revestirme de Cristo.


Sexta decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordamos la Presentación del Templo de nuestro Señor y el encuentro con el justo Simeón.

Tropario del tono 1º:

Alégrate, oh llena de gracia,
Virgen, Madre de Dios,
porque de ti ha surgido el Sol de justicia,
Cristo nuestro Dios, que ilumina
a los que están en las tinieblas.
Alégrate también tú, justo anciano,
que has recibido en tus brazos
a Aquel que libera nuestras almas,
y que nos da la resurrección.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
Concédeme hasta el último respiro
proclamar los Santos Misterios de Cristo
y con ellos que mi alma supere
las terribles pruebas.


Séptima decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordamos la huída a Egipto de la Sagrada Familia

Contactio del 8º tono:

A Ti comandante que por nosotros combates,
nosotros tus devotos salvados de los peligros,
dedicamos el himno de victoria
como canto de agradecimiento,
oh Madre de Dios.
Y tú que posees una fuerza invencible,
líbranos de todos los peligros,
para que podamos gritarte:
“¡Alégrate, oh esposa no desposada!”

¡Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
sálvame de toda adversidad!


Octava decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos la pérdida a los doce años del niño Jesús en Jerusalén
y el dolor de la Santísima Madre por este hecho.

Tropario del tono 7º:

Con tu espíritu ven, oh Señor,
porque eres misericordioso,
y ten piedad de mí como del publicano,
por la intercesión de tu Madre.


Novena decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos el milagro de Caná en Galilea,
cuando el Señor cambió el agua en vino
por la palabra de su Madre: “¡No tienen vino!”

Tropario del tono 3º:

Refugio saludable eres Tú, oh Madre de Dios,
en el abismo de las pasiones cotidianas.
Protégenos de toda desventura
con tu bendición.

¡Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
socórrenos en todas nuestras obras y necesidades!


Décima decena:

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos la presencia de la Santísima Madre de Dios a los pies de la cruz,
cuando el dolor, como una espada, traspasó su alma.

Contacio del tono 6º:

No llores por mí, Madre,
viéndome en el sepulcro.
A tu seno sin semilla
he venido como Hijo,
resucitado y glorificado
y elevado a la gloria
continuamente como Dios,
te espero y te amo, glorificada.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
fortalece mis fuerzas espirituales
y exalta la humildad.


Undécima decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos la Resurrección de Cristo.

Tropario del tono 5º:

Cristo ha resucitado de los muertos
con su muerte ha vencido a la muerte
y a los muertos les ha dado vida.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
haz resucitar a mi alma,
y dadme una perseverancia constante
en el compromiso por Cristo.


Duodécima decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordamos la Ascensión del Señor

Tropario del tono 4º:

Fuiste elevado a la gloria, Cristo Dios,
alegrando a tus discípulos
con la promesa del Espíritu Santo,
y los has fortalecido con tu bendición,
porque eres el Hijo de Dios,
el Redentor del mundo.

Oh santísima Señora, Madre de Dios,
levántame de los afanes y de los pensamientos terrenos
y danos el deseo por la salvación de mi alma.


Tredécima decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos el descenso del Espíritu Santo sobre el Monte Sión, sobre la Madre de Dios y sobre los Apóstoles.

Tropario del tono 8º:

Bendito eres tú, Cristo, nuestro Dios,
has hecho sabios a simples pecadores,
enviando a ellos el Espíritu Santo,
y por ellos has conquistado todo el universo.
¡Gloria a ti, oh Filántropo!

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
refuerza la gracia del Espíritu Santo en mi corazón.


Cuartodécima decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordemos la Dormición de la Madre de Dios.

Tropario del tono 1º:

En tu nacimiento has permanecido Virgen,
en tu dormición no has abandonado al mundo, oh Madre de Dios.
Tú has sido trasladada a la vida, oh Madre de la vida,
y por tu oración rescatas nuestras almas de la muerte.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
dadme una muerte serena y sin trabajo.


Quindécima decena

Madre de Dios, Virgen alégrate,
María llena de gracias
el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre,
porque has dado a luz
al Salvador de nuestras almas. (10 veces)

Recordamos la santa protección de la Madre de Dios sobre los cristianos

Tropario del tono 4º:

Hoy nosotros, fieles, hacemos fiesta con alegría
confortados por tu venida, oh Madre de Dios,
con los ojos fijos en tu admirable ícono,
te suplicamos con ternura:
cúbrenos con tu mando venerable,
líbranos de todo mal,
y ruega a Cristo, tu Hijo,
que salve nuestras almas.

Oh Santísima Señora, Madre de Dios,
protégeme de todo mal
y cúbreme con tu puro omoforio. Amén.

San Serafín de Sarov

domingo, 14 de abril de 2013

El hesicasmo en el mundo ucraniano antes de Paisij Velickovskij


El testimonio de la literatura monástica

Sophia Senyk


La Laura de Kiev, cuna del monaquismo en Ucrania, edificada por Antonio y Teodosio y otros santos monjes, tuvo siempre una importancia única y por esta razón se la puede tomar como representativa de la vida monástica en Ucrania. Esto no obstante, no es por su relevancia espiritual, sino por su contribución a la cultura religiosa, su influjo sobre la cultura general, su rol en la vida de la Iglesia y de la sociedad en Ucrania que ha atraído la atención. Incluso si no disponemos de un estudio específico sobre la Laura de Kiev, podemos de cualquier modo afirmar que, por dimensiones y actividad esta resultaba anómala respecto a la mayoría de los monasterios de Ucrania. Estos en efecto estaban generalmente estructurados en edificios de pequeñas dimensiones, skit y eremos.

La misma Laura de Kiev, en realidad, conocía formas análogas: hacia finales del siglo XVIII habían veinte skit dependientes del monasterio principal  y habitados por los monjes que buscaban mayor soledad y tranquilidad. Incluso la idea que el pueblo tenía del monje era la del solitario que se consagra para su salvación a la oración y a la ascesis.

Un monaquismo que ve su ideal en la soledad y en el silencio presupone textos que alimentan su ideal. Este estudio es un intento de examinar cuáles textos eran conocidos y cuál fue su influjo antes de la Filocalia, es decir antes de la traducción al eslavo de la Filocalia y de los otros textos por parte de Paisij Velickovskij.

Debo subrayar el carácter fragmentario de esta presentación. Los Skit y las celdas no dejan abundantes huellas, tampoco inventarios de los libros que poseían ni, aún menos, descripciones de la vida que se vivía. Los que se entregan a la verdadera hesiquía en la quietud de la oración no son propensos a explayarse en palabras. Existe una literatura monástica, pero el estudio de los manuscritos de Ucrania apenas ha comenzado. Esto que presentamos serán sólo algunas notas preliminares, basadas sobre las limitadas fuentes disponibles.

Para prevenir eventuales malentendidos, debo poner en evidencia que el término “hesicasmo” será usado sólo en su sentido originario de tranquilidad y la literatura hesicasta será aquella que exhorta y enseña una vida de oración atenta.

La imprenta fue inventada hacia la mitad del siglo XV, pero en los países rutenos no fue introducida más que al final del siglo XVI. Durante la mitad del siglo XVII fueron publicadas sólo poquísimas de las obras más leídas, del estilo que más tarde será incluidas en la Filocalia: los escritos de Macario de Egipto, Vina 1627; de Doroteo, Kiev 1628; el Limonar, es decir el Prado Espiritual, de Juan Mosco, Kiev 1628; los escrito de Barlaam y Josafat, Kutejno 1637. A estas se pueden agregar las obras ascéticas de Basilio, Ostrih 1594, a cuyas obras auténticas fueron agregadas otras, entre las cuales algunas exhortaciones a la vida solitaria. Como se puede ver, la disponibilidad de libros publicados era muy reducida y no correspondía a la necesidad de obras escritas. También más tarde, en el siglo XVII y a través de todo el XVIII, los libros publicados por la literatura espiritual son igualmente escasos. Todo estudio sobre la literatura usual deberá por esto ocuparse del manuscrito.

Este estado de cosas tiene algunas ventajas bien precisas para el estudio de las corrientes y de las preferencias en los ambientes monásticos. Los manuscritos dan indicaciones muy escasas sobre los temas de lectura elegidos, distinto a los libros publicados. En el mundo monástico, para tener un determinado libro, la comunidad monástica o el monje particular debían sacrificar esfuerzos y tiempo para obtener una copia de la obra deseada y después para copiarla. Por esto, los textos que eran copiados eran especialmente estimados. En el examen de la tradición manuscrita, la primera característica notable es que no aparece una selección entre los textos. Las categorías de la literatura monástica, que serían útiles para una clasificación científica, no existían para los monjes de aquella época: estos dividían la tradición entre los padres népticos y los padres no népticos.

Los escritos del skit de Manjava, un centro de espiritualidad hesicasta, citan una multiplicidad de padres, sin ninguna distinción entre ellos. Las referencias en los escritos de Manjava citan los dichos de los padres, de Isaac el Sirio, de Juan Clímaco, de Doroteo de Gaza, de Pedro Damasceno, las citas de Basilio son numerosas, son también citados Efrén (probablemente sus escritos no auténticos) y Teodoro Estudita. Paisij Velickovskij leía y comentaba indiscriminadamente a sus monjes en Moldavia las obras ascéticas de Basilio, Clímaco, Doroteo, Teodoro Estudita, Simeón el Nuevo Teólogo y otros. Podemos agregar que la Regla de Nilo Sorskij, que circulaba en Ucrania entre el siglo XVI y el XVIII, igualmente no distinguía entre los monjes.

Esta falta de un criterio preciso de elección aparece con evidencia en los volúmenes individuales manuscritos, que raramente consisten en una sola obra o contienen un único autor. El estilo más frecuente de un volumen para la lectura era un compendio, sbornyk, que raramente exhibe una uniformidad de contenidos. Además, la elección parece fortuita: a los capítulos de Isaac el Sirio sobre dar gracias a Dios, sobre la custodia del corazón y la vigilancia le siguen los artículos doctrinales de Atanasio.

Acentuaciones contrastantes en las obras de estos padres que son descontadas por los estudiosos de la espiritualidad, en la práctica no constituían un problema para los monjes que copiaban estos escritos y que buscaban vivirlos. La atención tanto a los padres népticos como a los padres no népticos aseguraba un equilibro en la vida monástica. Mientras Isaac es citado en mérito al silencio y a la purificación del espíritu, Basilio es propuesto para enseñar la concordia de la mente y del corazón en la comunidad monástica y el orden de la vida común. Para los monjes particulares y en los monasterios que eran considerados como modelos, estos dos aspectos estaban siempre combinados: la acentuación del retiro, del silencio y de la oración en privado junto a una observancia esmerada de la vida en común, especialmente del oficio en común. Josafat, al inicio del siglo XVII, el skit de Manjava en el curso del mismo siglo y en el siglo siguiente, y Paisij Velickovskij en el XVIII, ejemplifican todos la unión de los dos aspectos del monaquismo, que partiendo de consideraciones puramente teóricas, podrían parecer excluirse mutuamente.

Se aceptaba y se difundía una obra en cuanto estaba en la tradición. El sentido de un depósito común de “todos los escritos de los padres portadores de Dios” era tan fuerte que todas las obras se presumía que viniesen de una única fuente. Paisij Velickovskij escribe en una carta: “El libro de Nilo Sorskij no se encuentra en griego, sólo en eslavo. Lo he copiado cuando era joven, con muchos errores ortográficos”. ¿Cómo es posible que Paisij no conociese la identidad de Nilo Sorskij? En efecto, buscaban en vano el original griego sobre el cual verificar los errores del copista, parece ignorar que Nilo escribió directamente en eslavo.

Muy raramente se encuentra una selección de textos centrados únicamente sobre la oración y sobre sus condiciones. Semejante volumen fue copiado por Josafat al inicio del siglo XVII. Evidentemente elige de otros manuscritos aquellos escritos que corresponden a su propia inclinación: obras sobre la oración atribuidas a Juan Crisóstomo, artículos bajo el nombre de Simeón el Nuevo Teólogo, la Regla de Nilo Sorskij. Los textos elegidos revelan cómo Josafat estaba enteramente en la tradición que veía al monje ideal dedicado a la oración en la ascesis y en la hesiquía, y el testimonio sobre él en su proceso de beatificación lo corrobora.

Otro raro compendio en el cual todos los textos se centran sobre el mismo tema es del siglo XVIII. En 1742 un monje que firmaba solo con las iniciales I.P.G.C.S.V.V. transcribió un volumen al cual puso el título de Breve instrucción sobre el modo de conducir una vida monástica que agrada a Dios. Las iniciales  C.S.V.V. indican que este monje era un basiliano, es decir católico, y proveniente de alguna región de la Ucrania occidental. “I” significa inok (monje) o, más probablemente, ieromonax (hieromonje). El volumen contiene artículos sobre la oración, incluye un texto sobre la oración de Jesús, artículos sobre las lágrimas y el perdón, sobre el silencio, “palabras de los padres recogidas en compendio sobre las cosas más necesarias concernientes a la paciencia”, varios extractos de los dichos de los padres, una selección de las obras ascéticas de Basilio (o atribuidas a él) y algunas exhortaciones a la oración atribuidas a Juan Crisóstomo, un escrito de Nilo el Asceta sobre los ocho loghismoi y otros extractos de Evagrio y de Doroteo. Este volumen está entre los más notables por la selección uniforme de sus contenidos –una especie de Filocalia resumida.

La copia de este volumen es contemporánea a los primeros años de la vida monástica de Paisij Velickovskij en Ucrania. Podemos aquí recordar lo que Paisij escribe en su autobiografía sobre el propio trabajo de copista de textos que encontraba beneficios para la vida interior y también como otros monjes los tomaban en consideración y consideraban tesoros a estos textos. El eremita Isixij que se encontraba sobre una isla junto a las colinas Mosny en Podilja, habiendo sentido de un libro de los padres “de gran beneficio” (no identifica el libro) en un monasterio en Cernihiv, no dudó en partir a pie para pedirlo prestado. Los monjes de Cernihiv prestaron el libro precioso, y él lo llevó consigo para copiarlo. Luego volvió a viajar a Cernihiv para devolver el libro – una distancia estimada por todos de 2000 verstas, como nos dice Paisij –caminando otros 2000 kilómetros para tener un texto espiritual. Paisij describe también su propio trabajo cuando copiaba a Juan Clímaco en el skit de San Onofrio en el monasterio de Ljubec. Él copiaba de noche y cómo, al igual que otros monjes, no tenía velas, sino sólo astillas de leños, trabajaba con su luz.  Estos palos daban más humo que luz, y regularmente, cuando el humo llenaba la pequeña celda, Paisij estaba obligado a parase, abrir la ventana y retirarse hasta que la habitación se hubiese airado. Un libro copiado a pesar de estas adversidades era obviamente considerado algo precioso, una recompensa a tales fatigas. Cuando se pedía al joven Paisij leer en el refectorio del monasterio de Ljubec, los monjes abandonaban su alimento y se amontonaban alrededor de él para no perder ni una sola palabra. Él recuerda con gratitud particular a los monjes en los distintos monasterios que compartieron con él sus preciosos libros “de gran beneficio para el alma, que elevan al alma al combate divino y al podvyh monástico”. Todos estos ejemplos de la primera parte del siglo XVIII, de monasterios lejanos del uno al otro en Ucrania, demuestran que la búsqueda de guía en los escritos espirituales para un vida interior de oración, que está tan claro en el caso de Paisij, estaba difundida entre los monjes de toda Ucrania, tanto ortodoxos como católicos. El hecho que el monje P. G. fuese capaz de escribir un volumen con escritos hesicastas, que decía ser un compendio de varias obras de los padres, significa que estas obras estaban en circulación.

Podría ser útil llamar la atención sobre lo que los monjes no leían y sobre las dificultades inherentes a los textos que poseían. Entre las lecturas de los monjes ucranianos se nota la ausencia de textos griegos medievales y tardíos. Los escritos a disposición de los monjes eran antiguos, y las traducciones del griego podrían haber sido hechas ya al tiempo de la introducción del cristianismo en la Rus’. La única excepción es la de Pedro Damasceno (siglo XII) que era bien conocido como testimonia la inclusión frecuente de sus obras en los compendios y las referencias a él.

Otras obras tardías fueron traducidas en eslavo por primera vez por Paisij. Contando su larga búsqueda de estos libros en el Athos, Paisij alimentó de ellos la razón. La lengua de estas obras, como también la de épocas más antiguas, era incompresible para los monjes griegos de su tiempo que no tenían ningún conocimiento literario. Si la tradición griega de la espiritualidad hesicasta era un libro sellado incluso para los monjes griegos del siglo XVIII, tanto más lo era para los eslavos. Los monjes eslavos, especialmente  los de Ucrania, que copiaban textos en el monte Athos, escogían en primer lugar los autores antiguos que les eran conocidos. Ninguno dirige la atención a los padres más recientes. Incluso si hubiesen sentido hablar, es dudoso que los hubieran traducido –para esta tarea eran necesarios una cultura muy grande y un compromiso fuera de lo común.

El manuscrito copiado por Josafat, al cual hemos hecho ya referencia, contiene junto a otros textos de espiritualidad hesicasta también el Método de la oración hesicasta por el monje Nicéforo.

La transcripción del Método muestra que era conocido y que gozaba de una cierta difusión en los países rutenos. Pero ninguna otra huella puede ser encontrada en otras transcripciones manuscritas. Los catálogos de los manuscritos monásticos son largos por ser completos, y muchos no han sobrevivido hasta nuestros días.

Sin embargo, una única mención de esta obra puede ser considerada un indicio del escaso interés de los monjes rutenos por este tipo de escritos. El aspecto fisiológico de la oración y también la naturaleza de la luz tabórica no lograron suscitar el interés de los monjes rutenos.

La razón no es difícil de encontrar. Una acentuación del oficio, celebrado también en el skit que mayormente estimaban la hesiquía, bezmolvie, era la base de toda la oración. Fuera del oficio el monje debía permanecer en la oración de Jesús; un método fisiológico, científico, parecía superfluo. En cuanto al hesicasmo como doctrina teológica, los monjes ucranianos no se sentían mínimamente atraídos, como de toda construcción teológica en general. El horizonte cultural de los monjes no suscitaba en ellos el gusto por sutilezas teológicas abstractas o por especulaciones sobre los estados de oración.

Se ha mencionado la dificultad de los monjes griegos para entender los textos griegos. A veces las traducciones eslavas eran de la misma manera ininteligible para los monjes eslavos.

En Ucrania uno de los autores más conocidos de espiritualidad hesicasta -la frecuencia con que lo citan constituye una prueba- fue Isaac el Sirio. Se lo cita constantemente y sus escritos se encuentran en toda biblioteca monástica. Sus obras fueron pronto conocidas en Ucrania, por un manuscrito con fecha del 1416. Pero en 1420 Herasym, el obispo de Volodymyr Volyns’kyj (más tarde metropolita), mandó al copista Timoteo a Constantinopla para copiar las obras de Isaac. Evidentemente la traducción anterior era considerada insuficiente.

La nueva versión del texto, de cualquier modo, no resolvió la dificultad de hacer a Isaac más claro a los monjes de Ucrania. Tres siglos más tarde Paisij Velickovskij escribía:

Había un libro de Isaac el Sirio que había copiado en parte cuando era joven estando en la Lavra de las Grutas de Kiev y que una persona meticulosa terminó por pedido mío en el Athos… Si bien en el Athos quería leer este libro frecuentemente  y con atención, en algunos pasajes no encontraba el sentido.

Así pasó todo un año corrigiendo la vieja traducción de Isaac, pero permaneciendo insatisfecho con el resultado.

La dificultad de entender los textos es confirmada por el examen de otra obra, también ella muy popular y conocida en Ucrania: la Escala de Juan Clímaco. En la traducción eslava fue agregado probablemente en Serbia en el trescientos un breve glosario. En Ucrania este glosario fue ampliado porque, como dice un manuscrito del siglo XVI, se explican algunas palabras de los antiguos traductores entre las cuales algunas son eslavas (es decir, en eslavo eclesiástico), otras serbias, otras también búlgaras o griegas, que no han sido jamás traducidas al ruteno.

Las palabras griegas a menudo se traducían literalmente. Se tiene la sensación de que el traductor tuviese a menudo la impresión que éste fuese el modo más seguro para reflejar aquello que había entendido sólo aproximadamente. Los manuscritos de obras que habían sido originariamente traducidas al eslavo en Bulgaria o en Serbia, contenían más allá de los errores del copista también palabras y frases desconocidas a los monjes ucranianos.

A la luz de tales ejemplos podemos valorar mejor esto que Teodosio de Manjava escribía en el siglo XVII en mérito a la enseñanza espiritual recogida de los padres y que estaba transmitiendo en su Testamento.

Pero todas estas cosas transmitidas y escritas exigían un maestro inspirado… Los escritos… no pueden hablar por sí, sino que requieren un servidor y un guía, que sepa hacer pasar a la práctica para sus discípulos lo que está escrito, a fin de que la palabra escrita se vuelva salvífica.

Es decir, es la tradición viva, a través de la palabra viva del superior que hace a estos textos vivos y vivicantes. Era la tradición viviente que interpretaba los textos en sí a menudo difíciles de entender y que los hacían inteligibles.

Hemos considerado estos escritos en cuanto leídos por los monjes. Pero vale recordar que las lecturas de los laicos devotos eran las mismas. Esto significa que algunos laicos podían ser iniciados por estas lecturas y abrazar la vida monástica, y ayuda a explicar por qué a los ojos de la sociedad en general el ideal de la vida monástica fuese el eremita. Paisij Velickovskij cuenta como en casa, de niño, leía a Efrén y Doroteo y las vidas de los santos monjes. Fue la lectura de estos libros que confirmó su decisión de hacerse monje. Más de un siglo antes, Josafat había probado la misma influencia de estos escritos. Fue formado espiritualmente y se decidió a volverse monje cuanto era aún un aprendiz comerciante, en gran parte leyendo “libros espirituales fuera del negocio”.

Otro manuscrito en las manos de Josafat fue un Proloh, versión eslava del sinaxario griego. Estas breves vidas de santos para cada día del año litúrgico no eran leídas sólo en los monasterios, sino también por los laicos. En el seiscientos el Proloh comenzó a incluir algunos apotegmas de los padres del desierto, algunos pasajes de Barlaam y Josafat, de Evagrio sobre las ochos pasiones y otros textos suyos, y algunos pasajes de Isaac el Sirio y de Clímaco.

El influjo de esta corriente hesicasta en Ucrania se puede generalmente rastrear sólo indirectamente, tomando las preferencias en el copiar ciertos escritos, la difusión de pequeños monasterios y skit, y el atractivo de una soledad real para los monjes. Además, es difícil de puntualizar el influjo de la corriente hesicasta sobre la perspectiva espiritual de los monjes.

Para terminar querría citar un breve pasaje que nos da una impresión fugaz de este aspecto en gran parte inaccesible.  Es tomado del Testamento de Teodosio del skit de Manjava, un discípulo del fundador del skit, Jov Knhahynyc’kyj, y su sucesor como superior. El Testamento fue escrito hacia la mitad del seiscientos. Teodosio le entrega algunas instrucciones espirituales y describe la vida cotidiana de Manjava, exhortando a los monjes a continuarla en estricta observancia. En la introducción escribe:

Si bien muchos de nuestros santos Padres comenzaron sus instrucciones sobre la vida monástica con el temor de Dios y otros con la renuncia al mundo y a la adquisición de bienes, Doroteo y muchos otros comenzaron con el amor. Así también yo comenzaré siguiéndolos con el amor, la humildad y la paciencia, porque la vida monástica (como sé por experiencia) es mantenida por ellas.



Extraído de AAVV, Amore del bello – Studi sobre la filocalia.
Ed. Qiqajon. Comunidad de Bose