Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

miércoles, 3 de julio de 2013

Isaac el Sirio. Discurso sobre la vida solitaria

TERCERA COLECCIÓN

DISCURSO I
Isaac el Sirio


Discurso [1] sobre la vida solitaria y [sobre] la figura de las realidades futuras que con ella se esbozan en cuantos la poseen en verdad; y sobre sus semejanzas con lo que será después de la resurrección.


1. La vida de los solitarios está más allá de este mundo y su conducta se asemeja a la del mundo futuro. Se ha dicho [en efecto]: “No toman mujer ni marido” [2]. En vez de esta [unión, ellos hacen la experiencia] de una intimidad con Dios cara a cara. En el icono verdadero del mundo del más allá, [los solitarios] se unen [a Dios] en todo momento, por medio de la oración. La oración, en efecto, es capaz más que toda otra cosa de acercar la mente a Dios, para que [estos] entren en comunión y resplandezca en sus conductas.

2. Yo considero que también lo que nos es [concedido] en el momento de la oración de intercesión nos es habitualmente concedido gracias a los que nos han precedido, a fin que por la oración de los hombres excelentes nosotros encontremos socorro [3]. Su rectitud y sus buenas costumbres, ante todo, mantienen vivo [en nosotros] su recuerdo, para que también nuestra oración sea purificada de la fragilidad, de la negligencia y de la distracción propia de los pensamientos, por medio del [abundante] celo de ellos en vista de lo que es excelente. 3. Y también Dios, Señor de todo, ¿cuántas veces no complace quizás nuestros pedidos justamente por esto? A fin de que seamos aún más inflamados por su imitación; y para hacer aún más grande a nuestros ojos aquel género de vida excelente que es para él tan digno de magnificencia. Por lo cual los que han caminado por este [género de vida], puedan ser también para otros un lugar de refugio, no sólo mientras están en vida, sino también después de su muerte. 4. Esto lo digo en acuerdo con el íntimo sentido de la Escritura, ya que [Dios] obra todo según el íntimo sentido que ha puesto en ella. También en esto, en efecto, él exalta a sus santos, como está [escrito]: “permanezco en esta ciudad y la salvaré a causa mía y de mi siervo David” [4]

5. Veamos ahora  los modos en los cuales [se realiza] la asiduidad [con Dios], dos de los cuales consideran los inicios de las fatigas del corazón en la quietud. Por estos [modos] la mente es fortificada y es purificada, aleja la negligencia y desea ardientemente permanecer siempre en la asiduidad con lo que es bello. 6. [El solitario] por tanto, esforzándose destruye el recuerdo del mundo que reina sobre él y ardiendo continuamente en el recuerdo de lo que es bueno, llega a la limpidez del trabajo de la mente. De este trabajo excelente derivan pues otros dos puntos entre los signos de lo alto: la noble fatiga y la excelente reflexión. 7. El primero de estos puntos consiste en el escrutar las realidades creadas y también en el contemplar la Economía divina en nuestra consideración, sea aquella relativa al pasado sea la relativa al final al cual [tiende] nuestra humanidad. El segundo punto en cambio es la reflexión. [5]

8. Excelente es aquel que mora, solo, en Dios. Él está continuamente inclinado a admirar lo que está en la naturaleza de [Dios]. [Su] inteligencia se eleva entonces más allá de sí misma, siendo hecha sabia por el Espíritu sobre el conocimiento excelente y la fe en los misterios. Y además se detiene a reflexionar siempre más sobre el mundo nuevo y sobre las realidades futuras. Medita atentamente lo que les concierne, y la incesante migración [6] que es el viaje del pensamiento hacia aquella realidad, y los misterios que están revelados, y los mundos que son transfigurados en el Intelecto.

9. [Sucede] entonces que los pensamientos son transformados en el interior de la carne, y [esta] no parece más [ni siquiera] carne. El Intelecto cambia de morada y pasa de una [morada] a otra, y no por su voluntad. En su recorrido, en efecto, procede permaneciendo estrecho y unido a la esencia divina. Y la mente, al final de su recorrido, se vuelve a la causa y al origen [de todo]. Así, los seres dotados de razón [7] logran intuir algo de la esencia [divina, meditando] el orden elevado de su amor. 10. Todo esto [será concedido] a los seres dotados de razón, y sin que sea necesario impetrarlo a [Dios] mediante la [propia] buena voluntad. No habrá más, en efecto, aquellos que enseñan y aquellos que aprenden [8]: [todos] serán en cambio una sola cosa y estarán en la quietud para admirar a un amor tan grande. Y [sucederá que así] serán también estimulados [a aplicarse] a la conducta: con la [contemplación del amor], en efecto, [la conducta] se hace bella y se intensifica aún más [9].

11. [Gracias] por tanto [a tal] asiduidad [con Dios] –y no con alguna de las realidades de aquí abajo- [los solitarios], a través de los ojos del alma, penetran desde ahora en el interior de la conducta [futura], y conforman la realidad de aquí abajo a las de arriba. [Tal solitario] entonces cesa [de obrar], se entretiene con lo que está más allá, y se une con Aquel que está en lo alto con la palabra y con el silencio. [Los solitarios] se aplican tanto al [silencio] como a la [palabra]. Ellos hacen callar la lengua, ministra de la palabra. Y, si no tienen necesidad, buscan no hacer uso de ella por su propia iniciativa, excepto que por la oración y por la [recitación] de los salmos, cuyo objetivo es ayudar a la mente y mantenerse ligada [a Dios].

12. Cuando, en efecto, la [mente] se abstiene por estas realidades elevadas [que son la oración y los salmos], -y está según el orden de allí arriba, en un perfecto silencio, sin [ser afligida] por la prueba [10] y [permaneciendo] en las realidades de lo alto de las cuales desde aquí era absolutamente incapaz- [los solitarios] cuidan del [propio] cuerpo como de un vaso al servicio del Creador, y lo purifican con cuidado, no como una realidad terrestre que sirve a la tierra, sino como un vaso de santidad pronto a ser elevado al cielo. Y, con motivo del Reino que está realmente en ellos [11], se alegran [como si estuviesen ya] en el más allá [12].

13. Ya aquí abajo, por el ardiente deseo de su corazón, ellos se alegran, y desean lo que está en el misterio, mientras, por la gracia del Espíritu, son transfigurados a su semejanza. El ardiente deseo, en efecto, puede, incluso cuando la realidad [esperada] es lejana, poner en comunión [con ella] a través de la imaginación. Además, con motivo de la alegría, este vuelve al alma como loca, la libera de todo lo que brota en el pensamiento, y [la] une a Aquel que está más allá de todo, porque [él] obra mientras nada es absolutamente mesclado a la mente.

14. Por medio de la quietud del cuerpo y del alejamiento de las realidades mundanas, [los solitarios] se hacen una idea de la verdadera quietud y del alejamiento de la naturaleza, en la cual vivirán cuando el mundo material sea consumado. Y mientras tanto, por medio del Intelecto, son hechos íntimos del mundo del Espíritu y, por medio de la meditación, son arrastrados al extenso espacio del más allá. Así, en figura, [ellos viven] continuamente en la condición futura [13].

15. ¡Hermano nuestro, comerciante desvergonzado, más que a toda otra cosa por tanto apliquémonos a la conducta del pensamiento! [14] Si, en efecto, Dios y su amor, que es más excelso que toda [nuestra] actividad [15], pudiesen ser encontrados solo por medio de los ejercicios físicos [16], los filósofos habrían podido acercarse a tal amor más que nosotros. Pero, mientras nos esforzamos en moderar nuestro cuerpo, pedimos a Dios, con la solicitud que conviene, lo que necesitamos en vista a esta [obra].

16. No hay nada que sea capaz de alejar el pensamiento del mundo, como el entretenerse con esperanza. Nada que [sea capaz] de hacernos íntimos a Dios, como el invocar su sabiduría. Nada que consienta acceder al amor, como el descubrir su amor por nosotros. Y nada que eleve la mente en la admiración, fuera de todo lo que es visible, para hacerla morar más allá del mundo, ante Dios, como el investigar los misterios de su naturaleza. 17. En efecto, la naturaleza de la Esencia invisible puede ser conocida a través de sus misterios, es decir, aquellos misterios que [Dios] quiere que sean conocidos. Y, en efecto, son conocidos por [aquel] que medita la constitución del universo, y que sobre todo escruta continuamente la Economía de [Dios] y sus distintas revelaciones, que están justamente establecidas para instruir la mente diligente del creyente que busca y que investiga sin negligencia.

18. Esta es la loable meditación y la asiduidad pura con Dios. Esto es lo que la reflexión excelente siembra en el alma, obteniéndole una sabiduría pura. Esta es la vida gloriosa de los solitarios, y todo lo que respecta al habitar en la soledad. Es el vivir más allá del mundo, preferible a todo, y el permanecer admirado, lo que revela el misterio de la resurrección. [Aquí] está esbozada la existencia que será en los cielos y la vida con Dios. [Los solitarios], en efecto, están muertos en misterio, y están vivos en misterio. Y en misterio son elevados, mientras [sus] cuerpos están sobre la tierra. Y el Espíritu [les] visita por medio del Intelecto y realiza todo esto.



Isacco di Ninive
Discorsi ascetici. Terza collezione.
Ed. Qiqajon. Comunità di Bose.
Pág. 45-50.


Nota:

[1] El manuscrito se abre con la afirmación: “Con la fuerza de nuestro Señor Jesucristo, comenzamos a escribir la tercera parte de mar Isaac”. Tenemos aquí, según una formulación bastante típica, la indicación explícita, por parte del redactor o del copista, del autor (Isaac) y del título de la obra (Tercera parte). Las numeraciones de los discursos es en cambio nuestra, como también la división de los párrafos en el interior de los muchos discursos.

[2] Mc 12, 25. El celibato de los solitarios es un signo de la vida no casada que, según el texto evangélico explícitamente citado, está reservada a la vida después de la muerte.

[3] Literalmente: “También lo que en el momento de la oración [es] pedido, sea a nosotros sea a nosotros concedido por los antiguos”

[4] 2 Re 19, 34; Is 37, 15. Los solitarios de las generaciones pasadas continúan desarrollando una función activa en el interior de la “comunidad” de los solitarios de todos los tiempos: son estímulos, ocasión de purificación y de imitación, lugar de refugio, y finalmente también ocasión de bendición y de protección, según la cita de la Escritura que concluye esta suerte de paréntesis abierto sobre el tema de los solitarios de las generaciones precedentes.

[5] En un primer nivel, que Isaac llama “fatiga del corazón en la quietud”, corresponden por tanto el esfuerzo por “destruir el recuerdo del mundo” y el “recordar los bienes futuros”. En un nivel superior, en cambio, Isaac coloca la “noble fatiga”, que consiste en el contemplar las realidades creadas y la Economía de Dios desplegada en favor de los hombres, y la “excelente reflexión”.

[6] “Migración” (shunâyâ) es un término recurrente en Isaac para indicar aquel movimiento de toma de distancia de las realidades terrestres que él entiende como “renuncia al mundo”. No se trata – él especifica en otro lugar- de recesión absoluta de las realidades terrenas, porque esto sería imposible, sino de “toma de distancia”: “no puede acercarse a Dios si no aquel que se aleja del mundo. Migración (shunâyâ): yo no hablo de separación del cuerpo, sino de sus deseos. Esto es lo que es excelente: estar en el propio pensamiento vacío del mundo” (Isaac, Primera colección I).

[7] Literalmente: “La naturaleza de los seres dotados de razón”.

[8] Cf. Jer 31, 34.

[9] Está aquí apenas señalado un tema recurrente y que encontraremos más adelante: la contemplación del amor de Dios, lejos de introducirnos a un relajamiento en la conducta, la hace aún más vigorosa y profunda.

[10] Es decir sin estar distraída por los pensamientos.

[11] Cf. Lc 17, 21. El sufijo pronominal es por la exactitud del singular.

[12] Encontramos aquí una confirmación, apenas indicada, de la relación que Isaac ve entre contemplación y conducta de vida: la contemplación silenciosa lleva a una obra de purificación del cuerpo aún más intensa, porque sabe discernir, sobre el cuerpo, su plena dignidad de “vaso para Dios”.

[13] Al inicio de la columna el manuscrito tiene un término ilegible, pero el sentido del a frase es de cualquier manera claro.

[14] Es decir a esta asiduidad de la cual ha hablado hasta aquí describiendo sus distintos grados.

[15] Literalmente: “De la entera carrera”.

[16] Literalmente: “De las realidades exteriores”.