Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

viernes, 12 de julio de 2013

Arsenio Troepol'skij. Cartas para persuadir a la práctica de la oración interior

Carta XXVII
Arsenij Troepol'skij

¿Por qué te entristeces, alma insensible y floja, no deberías quizás alegrarte en el espíritu al recordar aquellos inmerecidos beneficios, cuyo gozo te ha sido dado experimentar tan palpablemente: la espontanea atracción por la vida interior; el sabor del estado de contemplación; las consoladoras experiencias de la oración; la constante disposición del corazón a descender a sí mismo; la dulzura de la introspección, que gradualmente y a su tiempo se abre de par en par; la preciosa ayuda en las privaciones después de las invocaciones del nombre de Dios? Todo esto debe conducirte a una humilde gratitud del corazón, a la consolación y al regocijo espiritual. Debe reanimarte y darte fuerza en la hora del desaliento. Acordarse de todo esto baste para reencender en ti la fe en el vigilante amor de la providencia divina, expulsando las tinieblas de la tristeza. Y para esto recorre en el recuerdo todos aquellos momentos felices de tu vida, dignos de indeleble memoria, e indudablemente recibirás consolación y aliento. Por ejemplo:

I. La espontanea atracción por la vida interior.

1. El incontenible deseo por comprender la oración interior, despertado espontáneamente por sí mismo.

2. La revelación de la facultad para volver [con la mente al corazón] [1]. ¡Recordad cómo esta actividad te ocupaba completamente y como gustabas dejarte atraer con curiosidad espiritual! Y también como te llenó de asombro el manuscrito “Quién tiene a Dios en sí mismo” y con qué curiosidad buscaste penetrar sobre cómo se podía tener en sí mismo a Dios… que por sí mismo se revela y se [da] de noche.

3. El descenso en sí mismo, la vigilancia contra los pensamientos y la custodia de la tranquilidad de la mente en el tiempo de la preparación a los sacramentos.

4. La asiduidad en la lectura espiritual, particularmente de argumento contemplativo, como: Clímaco, la Filocalia y [lecturas] semejantes.

5. La aspiración a la vida solitaria, el alejamiento de la gente y la consolación de la quietud.

6. La particular atención a la presencia de Dios durante la recitación del Padre nuestro. Que dulzura procuraba este tiempo en el cual el alma se concentraba interiormente y se podía advertir sensiblemente algo de extraordinario y una presencia desconocida.

Que paz consoladora y que luz de la mente irradiaba su claridad en aquellos momentos.

Fe, temor de Dios y consolación acompañaban la ferviente lectura.

Dulce es incluso el recuerdo de los sentimientos que entonces se liberaron, de los pasos que acariciaban tales sentimientos. ¡Qué delicia procuraba,  la oración de Jesús a lo largo del camino del renacimiento de la mente… oh Trinidad de los rasgos de oro! [2]

7. El disgusto por los pasatiempos y diversiones mundanos y el celo por el arrepentimiento.

8. Que la aspiración a la oración del corazón permanezca constante por más de treinta años.

9. La dulzura de la reflexión sobre la oración interior vencía las consolaciones de los sentidos. Como por ejemplo, la redacción de las cartas en los tres tratados sobre la oración (la temporada junto al archimandrita [3] en la lavra de San Sergio).

10. La infatigable búsqueda de instrumentos y métodos para un mejor conocimiento y un aprendizaje más rápido de la oración interior.

11. Las informaciones sobre los efectos de la oración del staretz Vasilisk condujo al alma a un estado de tal entusiasmo, que todos los pensamientos aspiraban a la búsqueda de la oración interior, y en adelante, por muchos años, esta gozosa sensación ha permanecido persistentemente. Qué alegría probaba en la práctica espiritual y cómo las diversiones mundanas habían perdido toda atracción. “Es Dios en efecto aquel que suscita entre vosotros el querer y el actuar” [4]. Verdadera es la palabra del apóstol: “Aquel que está en vosotros es más grande que aquel que está en el mundo” [5] ¡Qué exaltación y qué dulzura en cada nuevo descubrimiento en la vida interior! [Horas enteras] transcurridas gustosamente, absorto en leer y escribir sobre estas cosas.

¡Qué asombro, qué revelación y qué alegría procuró aquella lectura! ¡Consolaba todas las arideces del alma! Incluso sólo el recordarlas anima el espíritu.

II. Los beneficiosos  efectos de la oración en el nombre de Jesucristo:

12. En el temor y en la postración en la época de la epidemia de cólera, la oración de Jesús custodiaba de la enfermedad y cazaba los oscuros pensamientos.

13. En la época de la grave y desesperada enfermedad de Kr. [6] en Odesa, sólo la oración de Jesús daba esperanza y alivio.

14. La penosa conversación con el P. en Odesa, estaba agobiando mi alma y mi cuerpo. Deseando liberarme, la secreta recitación de cien oraciones de Jesús hizo imprevistamente  para el diálogo que se había iniciado, y todo terminó en paz.

15. Cuando la oración me preservó de una peligrosa hostilidad en el Sergieva pustyn [7]. El inesperado endulzamiento de la enemistad de F. e I. y el pacífico aquietamiento de P. La oración era lo único que podía reanimarme y con qué fe y amor la decía. Se advertía una suerte de decisión a pasar a la eternidad, y la oración de Jesús daba fe y esperanza. ¡Oh, cómo esto aquietaba la agitación, y cómo consolaba y persuadía el poder de la oración de Jesús!

Este inesperado cambio suscitó una sensación de tierna compunción después de cien invocaciones de Jesucristo. Con la esperanza de recibir ayuda, [estas invocaciones] mostraron claramente el poder del nombre de Dios.

16. En una situación de desesperado peligro se obtiene un cambio [imprevisto]. El inesperado y milagroso descubrimiento de una posibilidad imprevista de estar en D. El cambio del tiempo en Orel. Después de la recitación de un rosario [8] de la oración de Jesús, aparecieron efectos prodigiosos y reconciliadores.

17. En las oscuras circunstancias de la vida, pobreza, incertezas en el destino propio y en el de los demás, sin ningún tipo de ayuda, la oración interior me hacía sentir con fuerza su benéfico efecto, incluso cuando era dicha indignamente. Así, la tormentosa expectativa de B.P.D. El rápido cambio de la frialdad en cordial acogida en Orel, las penurias a lo largo del camino. La falta de un techo, la pobreza y la ausencia de una biblioteca que se presentaban a la llegada a Odesa. Después de haber recitado el rosario con la oración de Jesús, todo esto ha cambiado en apaciguamiento, he recibido socorro y alegría por haber alcanzado el objetivo.

¡Qué calma, qué ligereza y qué alegría en esos momentos! ¡Y cómo se hacían evidentes la fe, el ardor religioso y el deseo de la oración interior!

Qué gratitud, qué asombro, humilde sumisión, alegría y gozo experimentado en esos momentos y inflamándose el deseo de la oración interior.

18. Viviendo en Orel muchas veces recibí de la oración de Jesús una benéfica ayuda.[…] A menudo después de haber cumplido una centena de oraciones de Jesús obtenía consolación y alivio en las necesidades vitales. Así, después de haber recitado doscientas oraciones con la esperanza de ayuda recibí una ayuda milagrosa. Con la intención de obtener consolación, hice cien oraciones e inesperadamente fui consolado (f. 2, carpeta) [9]. En una situación de dolorosa tristeza (causada por un hermano novicio y por los que presiden la mesa), del mismo modo, con cuatrocientas invocaciones a lo largo del camino, a mi regreso, de modo totalmente inesperado me trajeron un impredecible beneficio.

Estos casos fueron milagrosos, en particular el socorro a lo largo del camino. ¡Fueron motivo de asombro, alimentando el reconocimiento y la fe, de que el Señor está cerca de todos los que lo invocan! [10] ¡Cómo estimularon el deseo de dedicarme a la oración interior con toda la lucha y el peso de la adversidad, tanto personal como externa! Semejantes sentimientos fueron suscitados por la espera de la confesión en Crimea y por la asombrosa recuperación del cuaderno intacto después de haberse hundido en el mar. Y [en la lucha contra] los malos pensamientos en Inkerman (skit) [11].

III. Consolaciones interiores provocadas por la oración.

19. ¡Qué alegría, qué plenitud y qué paz me vinieron de la asidua práctica de rezar la oración de Jesús con el rosario, estando en el coro de la iglesia de Zósima y de Savvatij! [12] Aquí llegué incluso a la contrición, y me vino el impulso de derramar dulces lágrimas. Como también en Optina, durante la escucha de los salmos se me reveló el significado profundo de ellos. Qué dulzura y qué celo ardiente por la oración sentía entonces, cuando el humilde staretz con simplicidad y divina inspiración me enseñaba y conversaba sobre la oración de Jesús que por sí misma se realiza. Toda el alma se fundía en un dulcísimo entusiasmo colmado de esperanza.

El éxtasis religioso ante el icono de la Madre de Dios en Jaroslav [13], me dejó una profunda impresión y un consolador recuerdo.

En aquel período sentía cierta gozosa simplicidad infantil y paz en la conciencia. Casi sin darme cuenta pasaba tardes enteras y noches en tales conversaciones. Era como si el alma se derritiese en el entusiasmo y en la esperanza de progresar gracias a la ayuda del staretz. ¡Qué gozosa despreocupación y qué sincera confianza acompañaban la escucha de los sabios relatos llenos de amor del staretz!

Incluso después de todo esto permanece inexplicable el imprevisto instante de consolación en el refectorio de Optina que fue como una luz en el intelecto, una incomparable alegría en el corazón, llenando el alma de suave consolación.

¡Qué entusiasmo, qué gratitud y qué alegría provocaba la oración interior contemplando la lozanía de la naturaleza en Optina y en Glinskaja pustyn! [14]

Incluso sólo el recuerdo de la dulzura de la oración interior animaba el espíritu, expulsaba la tristeza, la aflicción, la desconfianza y la duda, y manifestaba el firme deseo de soportar con paciencia. […]

Escribir apuntes, recitar el rosario: todo entusiasmaba y consolaba con dulces recuerdos.

Los insólitos sueños sobre la oración interior, como por ejemplo: 1) la afirmación de la autosubstancial fuerza de la oración; 2) la disposición al suplicio; 3) la repetida liberación de las angustias de la vida, han dejado un sentimiento de gratitud, un recuerdo extraordinario y un beneficioso consuelo.

¡Dulcísimo momento y verdaderamente no terreno! Aún ahora permanecen inolvidables aquellos éxtasis de emoción. Algunos de estos felices momentos se han impreso profundamente en la memoria, casi como si hubieran sucedido ahora. ¡Sueños maravillosos! En ellos se debe suponer una especial revelación y un influjo particular del mundo espiritual.

IV. Sensaciones durante la práctica de la oración interior.

[En el] corazón: [las sensaciones], que comenzaron en Optina pustyn’ con un benéfico y ligero dolor en el corazón, siguieron luego con alegres consolaciones de esta forma: el gozoso descubrimiento, hecho por experiencia, de cómo no es el hombre el que custodia la oración sino la oración la que custodia al hombre, según la expresión de los Padres. Lo que se manifiesta en la inclinación del espíritu a practicar por sí mismo la oración, sin la cual se advierte que algo falta. Cómo eran dulces y agradables los efectos de la oración en el pustyn’ de San Sergio. La sensación de calor, semejante a un pequeño círculo en torno al lugar del corazón. A veces una agradable calidez […] La percepción de uno mismo  en el corazón. […]

El constante ejercicio a volver al corazón cuando estaba en Crimea ha dado como resultado: calidez en el corazón, una agradable y ligera ampliación del corazón, calor que descendía agradablemente en una amplia franja más allá del corazón, el relampaguear o como derramarse de una agradable calidez en el corazón.

Esta sensación provocó una aguda impresión, incluso hasta ahora vivísima en la memoria, esta sucede de noche o por la mañana. Gozosa y tan deseada condición, que basta para alegrar la vida en todos sus tempestuosos encuentros. ¡Qué agradable calma y qué paz tranquila acompañan estos momentos!

En el monasterio de N. Las sensaciones notadas durante la oración fueron en particular las siguientes: la ligereza y la fluidez de la oración; un benéfico calor durante la espiración, semejante al fuego de una vela encendida, en una total concentración y compenetración del corazón.

Una pulsación del corazón agradablemente limpia, envuelta por una sutil calidez. Y al terminar del retorno [15], la sensación algo especialmente agradable en el corazón y el recalentamiento, y lo demás. Especialmente vivos en la memoria están los cuatros [efectos] sucesivos, experimentados durante la recitación de la oración de preparación a la comunión. Y la intensa aplicación a la oración del corazón en el monasterio de N. […] ¡Llevó verdaderamente una gran paciencia! Pero el celo ardiente de la oración interior alivia las penas, y quizás gracias a estas mismas penas el celo crecía. Por sí mismo seguía en el corazón la sensación de un agradable movimiento y calidez (el viernes de la primera semana de cuaresma). De noche durante la oración una intensísima calidez y cosquilleo del corazón. Después, también al terminar la oración, la sensación autónoma de algo especial en el corazón (lunes de la tercera semana). Agradable ardor. Relampagueo, ardiente y envolvente calidez […]

¡Cuánto asombro, confirmación, consuelo, esperanza en el futuro y humilde gratitud a Dios provocan tales sensaciones! Y elevación del corazón. Era como si un gozoso peso en el mismo corazón se elevase remolineando. […]

Ya desde hace cuatro años una sola calidez de diversos grados sustituye todas las anteriores sensaciones. En 1867, en octubre,  [sucede] la inversión de la situación. En el aquietamiento y en la libertad, no obstante se mantiene constante la atención al ejercicio interior y el ardor se hace en cierto modo más fuerte, sin embargo se verifican también muchas ocasiones de distracción. En cada situación es necesario fatigarse. Por diez años me ha atormentado la tentación, y también la pereza y las dudas…

Es justamente la larga duración de la oración la que enseña a orar y a deleitarse en la oración. Los ejercicios se volvieron decididamente más largos, de media hora y una hora cada vez. Y la pereza y la duda endurecen. La decenal aflicción ha sido sustituida por otra, si bien no tan pesada.

Los […] notables casos descriptos, como han dejado especiales impresiones en tu alma y en la memoria, bastan para derramar un rayo de consuelo y para animar a tu alma entristecida, conduciéndote a la esperanza y a la espera de una imprevista visita del compasivo dispensador de bienes en la secreta fuerza de la oración, que está más allá de toda fuerza humana, de toda acción y tiempo. Y así, a pesar de toda adversidad, decídete a tener despierto un premuroso celo al frecuente retorno de ti mismo a la oración, como está al alcance de nuestra voluntad. Y, rechazando toda duda y pereza, sin hacer caso en nada en razón de las experiencias conocidas, busca en todo los modos de consagrarte cuanto más tiempo te sea posible al ejercicio de la oración.


(27 de agosto de 1858, en el monasterio de San Pafnutij)


P.D. Relee más a menudo estas memorias, sobre todo en los momentos de tristeza y en los infructuosos, para despertar la humildad y el sentimiento de ser nada ante la providencia divina, y obtener la gozosa emoción en la actividad interior. 



Arsenij Troepol'skij
L' esperienza della vita interiore
Edizioni Qiqajon. Comunità di Bose. 2011
Pp. 110-119.


Notas:

[1] Se entiende el “retorno de la mente al lugar de corazón”, el acto de la “actividad de la mente”.

[2] La solución de continuidad del nexo sintáctico está motivada por la excitación espiritual del autor en el momento en el cual trata de poner las propias experiencias espirituales íntimas recurriendo a formas poéticas.

[3] Con toda probabilidad la referencia es al superior de la lavra de la Trinidad de San Sergio, Antonio (Medvedev, 1792-1877)

[4] Fil 2, 13.

[5] 1 Juan 4,4.

[6] Personaje no identificado. Lo mismo vale para los criptónimos siguientes.

[7] La pust’yn de la Trinidad de San Sergio, monasterio no lejano a Petersburgo, fundado en 1734.

[8] Lit.: lestvica, “escala”, Cf. supra, p. 50, n. 37.

[9] Es posible que el autor se refiera a algún material manuscrito.

[10] Sal 144, 18.

[11] El monasterio de Inkerman en Crimea, no lejos de Sebastopoli, fundado en el 1852.

[12] Arsenio, evidentemente, vivió algún tiempo en el monasterio de Solovki, donde una capilla de la Iglesia principal está dedicada a los santos Zozima (+ 1478) y Savvatij (+ 1435), a cuyos nombres está vinculada la fundación del monasterio.

[13] El icono de la Madre de Dios de Jaroslav fue trasladado a Jaroslav en el siglo XIII y se encuentra en la catedral de la ciudad.

[14] La Glinskaja pustyn de la Natividad de la Virgen, fundada en el siglo XVI, se encontraba en la gubernatura de Kursk.

[15] Es decir, de la mente al corazón.


martes, 9 de julio de 2013

Isaac el Sirio. Discurso II de la Tercera colección

TERCERA COLECCIÓN

DISCURSO II
Isaac el Sirio


Sobre el orden del cuerpo cuando está en soledad, y sobre el decoro de los miembros exteriores.


1. Para que los pensamientos [permanezcan] en paz, es necesario que nos tomemos gran cuidado también en lo que respecta a los ejercicios físicos [1]. El orden exterior, en efecto, es capaz de orientar en toda dirección el pensamiento del corazón. Este [orden] ejerce de maestro para aquel que en su interior [se vuelve] a las [acciones] malvadas incluso cuando las realidades mundanas están alejadas. Y análogamente la unificación del cuerpo es particularmente útil para alcanzar un pensamiento excelente. En efecto, tanto la indiferencia, como también un cuerpo no ordenado pueden provocar un gran tumulto del pensamiento. 2. Luchas grandes y detestables se despiertan entonces en la celda y además, por el relajamiento de los ojos y [de los] sentidos, muchos pensamientos vuelven a manifestarse. Habiéndote mortificado [2], estarás en paz. Pero, a causa de los comportamientos del cuerpo, muchos hábitos y caídas de un tiempo vuelven a tomar fuerza. Esto, [es decir, la atención al cuerpo], alimenta la oración del corazón, la pasión, la humildad y la meditación de lo que es excelente.

3. En efecto, a medida que uno se entretiene en los hábitos excelentes, estos [hacen] [3] que en el alma se despliegue la belleza de sus conductas, hasta el punto en el cual el hombre lleva [insertas] en su misma persona tales [conductas]. 4. Estas son la paciencia, la alegría en la aflicción, la calma en los comportamientos, la perseverancia en la soledad, la castidad de los miembros, el desprecio del deseo del cuerpo, la preocupación incesante por la santidad, no pensar en sí mismo por el cual es causada [la capacidad] de controlar el involuntario celo del alma, que a su vez no es otro que una manifestación del orgullo que asecha en lo íntimo [4].

5. Además, confrontándose a sí mismo, como en un espejo, con los comportamientos narrados en las historias de todos los santos, [el solitario] recibe de ellos un ejemplo y, sin fatiga, él recorre su camino recordando la paciencia y las bellezas de los [santos], es decir ¡de aquellos de los cuales su simple recuerdo llena ya el alma de alegría!

6. Y, también, es gracias a la victoria de los santos que el alma de los [solitarios] anda [lejos] del mundo, recibe consolación en la batalla que se abate sobre ella, obtiene una conciencia que se desprecia a sí mismo y un corazón humilde. Adornado de hábitos excelentes, [el solitario] desde aquel momento [vive sin] excitación ni temor. Y aquello que percibe es sólo la paternidad [de Dios] y [su] ser hijo: ¡nada más hay entre él y Dios! [5]

7. Esta condición de plenitud requiere el propósito de una vida solitaria en la quietud y la fatiga solitaria en la celda. [Requiere]: un cuerpo humillado, un pensamiento renovado, sentidos domados, pensamientos que se iluminan en su esplendor, un Intelecto que vuela y se eleva hacia Dios en la contemplación de él, un pensamiento retirado del mundo y que con su reflexión vaga en Dios. [Ciertamente tal solitario] está [todavía] entrelazado en la carne pero [su] pensamientos no se detiene en ella.

8. Y mientras tal asiduidad [con Dios] es movida en el [pensamiento] por estas realidades que perduran y que son muy superiores, el cuerpo se detiene y sufre, mientras que el corazón exulta de alegría, sin que nosotros nos demos cuenta, porque se ha dicho: “El corazón se exalta” [6].

9. Oh Cristo que a todos enriqueces, envía a mí tu esperanza, y hazme salir de las tinieblas, hacia el conocimiento de tu luz, para que yo te alabe con el corazón [7] y no sólo con la boca.


Isacco di Ninive
Discorsi ascetici. Terza collezione.
Ed. Qiqajon. Comunità di Bose.
Pág. 51-53.

 Notas:

[1] Literalmente: “de nuestras realidades exteriores”.

[2] Literalmente: “habiendo mortificado tus asuntos”.

[3] Hay aquí una palabra ilegible que, por el sentido de la frase, debería corresponder al texto integrado.

[4] En varios pasajes de la primera y segunda colección, Isaac expresa reservas sobre el celo del cual son a menudo animados los solitarios. Hay un “arder en el bien”, que a veces se manifiesta también como lucha en defensa de la verdad y de la ortodoxia, que en realidad esconde una de las pasiones monásticas más insidiosas: el orgullo. Me limito sólo a un texto en el cual el Ninivita dice: “Dos son las razones por las cuales un hombre puede ser continuamente cubierto de celo contra la conducta de los otros: el orgullo y la estupidez” (Segunda colección 1).

[5] El hijo, dice en otro lugar Isaac, no tiene más temor del castigo [de la vara]: “Aquel que es corporal, como los animales, teme volverse una víctima; aquel que es racional, en cambio, [teme] el juicio de Dios. Pero aquel que es hijo, está asustado no del castigo [de la vara], sino de la belleza del amor” (Primera colección 62).

[6] Sal 131, 1.

[7] Literalmente: “con las alabanzas del corazón”.