Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

miércoles, 26 de marzo de 2014

San Isaac el Sirio. Discurso 1 (Primera Colección)

[Extracto]

Los fundamentos de la vida en Cristo

Sobre la renuncia y la vida monástica [1]


El temor de Dios es el comienzo de la virtud. Como se ha dicho [2], este nace de la fe. Es sembrado en el corazón del hombre cuando él retira su pensamiento de las turbaciones del mundo, para reunir sus pensamientos errantes, apartarlos de la distracción, en la meditación de la restauración universal (apocatástasis[3]) a venir.

2. Para poner el fundamento de la virtud, no hay nada mejor que recogerse en sí mismo alejándose de las cosas de este mundo y concentrando su atención sobre la Palabra luminosa que nos enseña los caminos derechos y santos, y que el Salmista llama una lámpara[4] (cf. Sal 118, 105).

4. El comienzo del camino de la Vida (cf. Sal 16,11) consiste en aplicar constantemente el intelecto a las palabras de Dios y en vivir en la pobreza. En efecto, lo primero ayuda a perfeccionar lo segundo, pues la meditación de las palabras de Dios, regando tu alma, te incita a practicar  la pobreza. Y la libertad respecto a las posesiones terrestres nos procura el tiempo necesario para aplicarnos constantemente a las palabras de Dios. Así, lo uno y lo otro nos ayudan a edificar rápidamente todo el edificio de las virtudes.

5. Nadie puede aproximarse a Dios, sino el que se ha separado del mundo. Por separación, yo no entiendo la salida del cuerpo, sino el abandono de las ocupaciones del mundo.

6. La virtud consiste en que el hombre, en su pensamiento, deja de ocuparse del mundo. El corazón no puede establecerse en la serenidad ni estar vacío de imágenes, mientras que los sentidos ejercen su actividad [5]. Ni las pasiones corporales puedes desaparecer, ni los pensamientos malvados cesar, sin el desierto.

7. Mientras que el alma, en su fe en Dios, no ha alcanzado la embriaguez, experimentando sensiblemente el poder de esta fe, no puede ser curada de la enfermedad que le viene de los sentidos y no puede pisotear vigorosamente la materia visible, que le cierra el acceso a las realidades interiores e invisibles.

9. Cuando la gracia abunda en el hombre, entonces, en su amor por la justicia, el desprecia fácilmente el temor de la muerte, y encuentra en su alma numerosos motivos que le convencen de la necesidad de soportar la tribulación a causa del temor de Dios. Desde entonces, todas las cosas que parecen perjudicar al cuerpo y que atacan repentinamente a su naturaleza, y por consecuencia le hacen sufrir, en adelante no tienen ningún valor a sus ojos, en comparación con lo que espera obtener un día (cf. Rom. 8, 18). Nos es por otro lado imposible conocer la verdad sin haber sido sometidos a las pruebas. De estas, el hombre experimenta  en su pensamiento la certidumbre íntima (plèrophoria), así como el gran cuidado que Dios tiene de los hombres, sin que ninguno escape a su Providencia. Todo esto le es manifestado claramente y como señalado con el dedo, sobre todo si es del número de los que han partido [al desierto] para buscar a Dios y que soportan el sufrimiento a causa de él. Pero cuando el hombre es privado de esta abundante gracia, todo esto que hemos dicho se cambia a su contrario. Él otorga entonces más importancia al conocimiento nacido de sus propios razonamientos que a la fe, su confianza en Dios no se extiende más a todas las cosas, tiene otros pensamientos con respecto de la Providencia de Dios hacia el hombre. Así, él está expuesto sin cesar a las emboscadas  de los que acechan en la sombra para perforarle con sus flechas (cf. Sal 10,2).

10. El comienzo de la verdadera vida del hombre es el temor de Dios. Pero el temor de Dios no consiente en el permanecer del alma en la distracción.

11. Cuando se sirve a los sentidos, el corazón pierde las delicias que se encuentran en Dios. Como se ha dicho, nuestros pensamientos, [aunque] interiores, cuando perciben una realidad sensible, son ligados a los órganos de los sentidos a los cuales sirven.

12. La duda en el corazón produce la pusilanimidad en el alma. Por el contrario, la fe fortifica nuestra resolución, incluso cuando se nos cortaran los miembros del cuerpo. En la medida en que el amor a la carne te domine, tú no podrás jamás ser valiente e intrépido, a causa de los numerosos peligros que amenazan al objeto de tu amor.

15. Si el deseo como se ha dicho [6], nace de la sensación, que se callen estos que pretenden conservar en paz sus pensamientos en medio de las distracciones.

16. Es casto no aquel que reconoce que es a fuerza de penas, luchas y combates como se apaciguan en él los pensamientos vergonzosos, sino aquel cuya rectitud del corazón es tal que la mirada de su pensamiento no puede posarse sobre imágenes impuras sin experimentar vergüenza. Entonces, la noble reserva de su conciencia es certificada fielmente por la de sus ojos, y su pudor es extendido como un velo sobre el secreto de sus pensamientos. Y su pureza se vuelve como la de una virgen casta reservada fielmente para Cristo.

17. Nada es más propio para expulsar de nuestra alma las predisposiciones impuras e impedir que se despierten los recuerdos que suscitan las rebeldías de la carne y encienden un fuego excitante, que el sumergirse en un amor ardiente de las enseñanzas divinas y de escrutar la profundidad de los sentidos de la santa Escritura. Cuando los pensamientos de un hombre están totalmente sumergidos en las delicias que procura la búsqueda de la sabiduría contenidas en las palabras de la Escritura, cuando su inteligencia es iluminada por ellas, este hombre deja atrás el mundo y todo lo que este encierra, así como todos los recuerdos propios que suscitan en él imágenes de las realidades materiales que están en este mundo. A menudo también, él olvida incluso el uso de los pensamientos ordinarios conformes a nuestra naturaleza, y su alma permanece fuera de ella misma ante las cosas inauditas que ella descubre en el océano de los misterios de la Escritura. Incluso si el intelecto no hace más que nadar en la superficie de las aguas –quiero decir del océano de las santas Escrituras- y si sus pensamientos no se hunden en sus profundidades para tomar todos los tesoros que allí se encuentran, no obstante la sola meditación llena de amor de las palabas bastara para atar fuertemente sus pensamientos en un solo pensamiento de asombro. Serán así impedidas de correr tras las realidades materiales, como ha dicho uno de los Padres theóforos.  Y esto –añade- viene por el hecho de que el corazón es débil y no puede soportar  ni los golpes que le vienen del exterior, ni los combates interiores. Ustedes saben cuánto un pensamiento malvado tiene de peso [sobre el alma]. Si el corazón no está ocupado por el conocimiento [divino], no puede soportar la agitación interior que provocan los ataques que vienen del cuerpo.

19. Ten la sabiduría de poner el temor de Dios como base de tu viaje y en pocos días te conducirá a la puerta del Reino, por un camino sin rodeos.

20. (Ausente del griego) No escrutes de una manera muy escolar, sino a la manera de los discípulos de los maestros, de las palabras que proceden de la experiencia y han sido escritas para hacerte progresar y para que, por la elevación de la vista de ellos, tú te eleves también.

21. Cada vez que encuentras un pasaje de la Escritura, escruta el sentido de lo que es dicho, a fin de sumergirte allí y de comprender perfectamente la profundidad de los pensamientos santos.

22. Los que, en su manera de vivir, son conducidos por la gracia divina hacia la iluminación, perciben siempre sensiblemente  como un rayo de luz espiritual que brilla a través de las líneas y permite a su pensamiento distinguir las palabras superficiales [despojadas [7]] de estas que proceden de la experiencia y pueden conducir al alma al [verdadero] conocimiento.

23. El hombre que lee de una manera  superficial los versículos cargados de sentido, hace a su corazón superficial y apaga en él esta santa facultad que da al corazón el poder percibir la dulzura salvadora que experimenta un alma llena de asombro.

24. Todo ser tiende naturalmente hacia su parecido. Así, el alma que posee una parcela del Espíritu, desde que ella escucha una palabra en la cual está oculta una virtud espiritual, arde de deseo de asimilar su sentido.

25. Todos no son suficientemente despiertos para poder ser tomados por el asombro ante cada palabra dicha en el Espíritu y que esconde en ella un significado profundo. Unas palabas concernientes a la virtud requieren un corazón despojado de la tierra y de toda relación (homilía [8]) con ella.

26. Si un hombre tiene su pensamiento agobiado por las preocupaciones de las cosas pasajeras, las palabras que están llenas de virtud no podrán despertar en él el deseo, ni incitarle a ponerse en búsqueda de obtenerlo.

27. Es necesario que él desate en primer lugar las ataduras de la materia para que sea atado a Dios. A veces, sin embargo, en algunos, en virtud [de una divina] economía de gracia [9], el afecto a Dios precede el desapego de la materia, de tal manera que el amor [de Dios] cubre el amor [de las cosas terrestres]. El orden propio de esta economía [divina] difiere de esto que constituye el orden normal para el conjunto de los hombres. Lo que te concierne, es seguir el orden normal. Si la gracia te previene, esto depende solo de ella. Si no, es el camino común a todos los hombres, subir escalón tras escalón la torre espiritual.

28. Todo lo que eleva de la contemplación (théôria[10]) y cumple el mandamiento que le concierne es absolutamente invisible a los ojos de la carne. Por el contrario, todo lo que eleva de la praxis es totalmente compuesto [11]. En realidad, no existe más que un solo mandamiento, que requiere lo uno y lo otro, a saber la théôria y la praxis, en razón del elemento corporal y del elemento incorporal que entran en composición para formar [al hombre] en su totalidad. (El siguiente parágrafo falta en el griego) Es por la misma razón que el intelecto iluminado percibe dos sentidos [en las palabras de la Escritura], como lo establece desde antaño el bienaventurado Moisés, a saber el sentido sin composición [=espiritual] y el sentido compuesto [12] [=literal].

30. El ardor insaciable del alma por la adquisición de la virtud le arranca del deseo de su compañero, el cuerpo, por las cosas visibles.

31. Todas las cosas tienen su belleza en la moderación. Sin la moderación, las cosas maravillosas pueden cambiarse irremediablemente en malas.

32. ¿Quieres entrar en comunión con Dios en tu intelecto experimentando la sensación de este placer (hèdoné) que no es esclavo de los sentidos? Esfuérzate en adquirir la misericordia, pues, cuando ésta se encuentre en ti, reproducirá la imagen de esta santa Belleza de la cual tú llevarás el parecido. La posesión efectiva de la misericordia universal produce enseguida en el alma la comunión con la divinidad y la unión a su gloria resplandeciente.

33. La unificación del intelecto, es el recuerdo perpetuo [de Dios], que inflama continuamente el corazón de un deseo ardiente. Por la perseverancia en la práctica de los mandamientos, el corazón se vuelve capaz de estar de este modo unido, de una forma que no es ni una manera de hablar ni un efecto de la naturaleza. El alma encuentra allí el alimento de la contemplación, sobre la cual puede apoyarse completamente. Así, el alma llegará al asombro [en presencia de Dios], teniendo cerradas las dos fuentes de las sensaciones, la fuente corporal y la fuente psíquica.

34. No hay otro camino para llegar al amor espiritual, que forma en nosotros la imagen invisible, que el de practicar ante todo la misericordia imitando la perfección del Padre, según la palabra de nuestro Señor (cf. Mt., 5, 48 y Lc 6, 38). Él, en efecto, ha prescrito a sus discípulos el colocar este fundamento.

35. Una cosa es la palabra fundada sobre la práctica y otra son los bellos discursos. Incluso desprovista de experiencia, la sabiduría [humana] es hábil para revestir a las palabras de belleza, en decir la verdad sin realmente conocerla y a revelar los secretos de la virtud sin haber practicado jamás los actos. La palabra nacida de la práctica es un tesoro sobre el cual se puede contar, mientras que la sabiduría sin la práctica no procura más que la vergüenza. Quien habla sin practicar lo que dice se parece a un pintor que pinta agua sobre un muro y no puede con esto apagar su sed, o a un hombre que hace bellos ideales.

36. Quien habla de la virtud a partir de su propia experiencia la transmite a quien la escucha como si distribuyera la plata ganada con su propio trabajo. El siembra su enseñanza en los oídos de aquellos que lo escuchan como si él sacara de sus reservas y él abre la boca con seguridad (parrhèsia) ante sus hijos espirituales, como el anciano Jacob ante el casto José, cuando le decía: “He aquí que te doy una parte mayor que a las de tus hermanos, una parte que he arrancado de la mano de los amorreos con mi espada y mi arco”. (Gen 48,22).

40. Todo lo que sobreviene de bueno o de malo a tu carne, considéralo como un sueño, pues no es solamente la muerte quien te separará, sino a menudo, antes de la muerte, todo te abandonará y te dejarán solo. Por el contrario, si algunas de estas cosas tienen una relación con tu alma, ten presente que estas son adquisiciones de aquí abajo que te seguirán en el siglo futuro. Si estas son cosas buenas, alégrate y da gracias a Dios en tu intelecto. Si estas son malas, aflígete, gime y busca ser liberado de ellas mientras que tú estás aun en este cuerpo.

41. Todo bien que se realiza en ti, de una manera espiritual y secreta -ten seguro- tú lo has recibido por medio del bautismo y de la fe, según los cuales tú has sido llamado para cumplir buenas obras, por nuestro Señor Jesucristo, a quien pertenece la gloria, el honor, la acción de gracias y la adoración, por los siglos de los siglos. Amén



Extracto del Discurso 1 de la Primera colección de Isaac el Sirio.
Para una lectura completa: Saint Isaac le Syrien. Discours ascétiques 
(según la versión griega).
Traducción al francés, introducción y notas por P. Placide Deseille.
Monastére Saint-Antoine-Le-Grand y Monastére de Solan. 2011.

Notas:

[1] En la lengua de Isaac, el término “vida monástica” designa más frecuentemente a la vida eremítica, llamada también “anacoresis”. El término “hesiquía”, que se encontrará a menudo, significa a la vez esta vida eremítica y la calma interior  a la cual permite acceder.

[2] Se trata de Evagrio el Póntico, del cual se inspira esta genealogía de las virtudes; cf. Traité pratique, ou Le Moine, 81; SC 171, p. 670-671.

[3] El término “apocastatasis” designa el retorno de Cristo al fin de los tiempos y el juicio final, cf. Hechos 3,21.

[4] “Llama una lámpara”: según el siríaco, tal como lo interpreta Miller. Cf. Sal 118, 103.

[5] Isaac volverá en diversas ocasiones sobre este punto: mientras que el hombre sea ávido de ver, sentir, gustar, tocar las cosas terrestres, no puede esperar la serenidad.

[6] Se trata aquí también de Evagrio el Póntico, Op. cit. p. 502-503.

[7] En el vocabulario de Evagrio el Póntico, el conocimiento “despojado” (psilè) es el conocimiento puramente nocional, que se opone al “conocimiento verdadero”, experiencia interior vivida bajo la moción del Espíritu Santo. Sobre los diferentes modelos del conocimiento según Isaac, cf. infra, 62-65.

[8] La palabra griega homilía, que designa las relaciones sociales, la frecuentación de los hombres o de las cosas, es frecuentemente utilizada por Isaac que la emplea sea para designar las relaciones con el mundo, que son necesarias esquivar, como también a la relación íntima con Dios, la conversación interior con Él, que constituye uno de los aspectos esenciales de la vida espiritual. Para Evagrio el Póntico, es ésta la definición de la oración: “la oración es una conversación (homilía) del intelecto con Dios” (Traitè de la prière, 3); en EVAGRIOS PONTIKOS, BEP 79, p. 102, y Scholies sur le Ps. 140, BEP 80, p. 337). El uso del término homilía para designar la oración se remonta a Clemente de Alejandría y a Orígenes; cf. A. LE BOULLUEC, Alexandrie Antique et chrètienne. Clément et Origéne, IEA, Paris, 2006, p. 141-144.

[9] El término de economía tiene aquí el sentido de disposición providencial, de adaptación de la acción divina a las necesidades de cada uno, en contra al orden habitual de las cosas.

[10] Sobre la distinción entre théôria y praxis, cf. supra, Intr., p. 20s. y 56. Praxis y théôria cubren todo el campo de la vida espiritual del hombre, que es cuerpo y alma, y le permiten cumplir el único mandamiento del amor de Dios y del prójimo.

[11] Porque pone en obre el cuerpo y el alma


[12] El sentido literal de la Escritura es “compuesto”, porque los hechos expuestos por la Escritura pasan en el mundo físico y son inseparablemente corporales y espirituales; el sentido espiritual, es el que hace que el texto se vuelva para el alma una palaba de Dios que él dirige personalmente hoy, es “simple”, porque los hechos históricos son transportados y aplicados a la vida del alma.



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