Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

martes, 22 de abril de 2014

“Podemos pensar en innumerables personas que padecen graves enfermedades o que en sus vidas se han visto involucradas en algún tipo de culpa humanamente insuperable: el único consuelo que con frecuencia les queda radica en saber que Dios es clemente y misericordioso. Esperan que al final Dios saque a la luz –y ponga fin a- todo el terrible entramado de destino, culpa, injusticia y mentira y que Él, que se asoma a la escondida profundidad del corazón humano y conoce sus ocultas mociones, sea un juez clemente. De ahí que a muchos les resulte todavía hoy interpelante el kyrie eleisón [Señor, ten piedad] que se pronuncia en muchos cantos litúrgicos y al comienzo de cada misa; y lo mismo cabe decir de la oración del corazón: “Señor Jesucristo, ten misericordia de mí”, habitual en la tradición ortodoxa y cada vez más apreciada también en la Iglesia de Occidente. ¿Quién podría afirmar que no necesita hacer tal petición?”

Walter Kasper. La misericordia.
Ed. Sal Terrae. Santander. 2012.
 Pág. 27

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