Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

martes, 26 de agosto de 2014

Parábola espejada

P. Diego de Jesús
(monje del Monasterio del Cristo Orante)


El Reino de los Cielos se parece a un campo devastado, a una tierra baldía, cubierta por completo por tupida cizaña. Pero mientras todos dormían vino Alguien y sembró a un solo grano de trigo en medio del vasto zarzal y se fue. Cuando creció más y más el yuyal, también creció en su más oscuro y ahogado centro ese blanco puro y único tallo de trigo. Los operarios del mal fueron entonces a ver al Malo y le dijeron: Señor, ¿no habías garantizado una tierra por completo baldía? ¿Cómo es que hay ahora un doradísimo trigo, cargado de abundantes granos, hondeando grácilmente en medio del plano matorral de maleza? Y él respondió: ¡esto lo ha hecho mi enemigo! ¿Quieres que acabemos con Él, que lo arranquemos? –sugirieron con practicidad los peones del mal-. Al cabo, no es más que un solo tallo.

¡No! –apuró el Malo-. Porque al sacudir la espiga de trigo, ésta esparcirá sus cuantiosos granos y diseminará de trigo todo el baldío. Déjenlo allí, solo. Tal vez, si nadie lo provoca, se le pudra el fruto en la espiga y nunca termine ni resembrado ni triturado por el molino, y no haya harina, ni haya pan ni haya vida.

Pero ellos no resistieron y lo arrancaron de cuajo y con burlas y desprecio lo pasearon por todo el baldío como un trofeo de guerra. Y lo echaron al fuego. Y el Trigo se hizo zarza y ardió en los bajos de la gehena.

Y amaneció el tercer día. Y la oscura tierra baldía, conoció el oro, titilando por doquier entre medio del vasto cizañar. La sangre del Trigo había sido simiente de un inmenso trigal.

  

Diego de Jesús
Invierno 2014

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