Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

martes, 3 de marzo de 2015

Acto de ofrenda al Espíritu Santo

Jean Lafrance


Padre, en nombre de Jesús,
dame tu Espíritu


Trinidad santa, confesamos el poder de Dios, que ha resucitado a Jesús de entre los muertos, y creemos que el Espíritu fue derramado en abundancia sobre María y los apóstoles reunidos en oración en el cenáculo. Te alabamos por la fuerza de lo alto, que revistió a los discípulos haciendo de ellos testigos de Cristo resucitado; por los dones y los carismas dados a la Iglesia.

Confesamos también que en el bautismo hemos sido poseídos por el poder de ese mismo Espíritu, que ha hecho su morada en nosotros y nos ha identificado con Cristo vivo, convirtiéndonos en hijos adoptivos del Padre y en templos de la Trinidad santa.

Confesamos también que este Espíritu está encarcelado en nuestros corazones de piedra y que no puede desplegar en nuestra vida y en la Iglesia el poder del nombre de Jesús resucitado mediante signos manifiestos.

Por ello suplicamos a Jesús, sentado a la derecha del Padre, que acepte rogarle en su nombre, a fin de que nos envíe al Espíritu Santo. Que ilumine nuestra inteligencia para que descubramos la voluntad del Padre, que nos dé su fuerza para cumplirla y que encienda en nuestro corazón el fuego de su amor.

Como el Espíritu nos consagra en la verdad y la santidad, queremos ofrecerle todo nuestro ser y entregarnos a su acción creadora y santificadora. Confiamos esta ofrenda a la Virgen toda pura y toda santa, a fin de que nos obtenga la gracia de obedecer a todas sus inspiraciones.

Puesto que no sabemos orar como conviene y Jesús nos pide que oremos sin cesar, suplicamos al Espíritu Santo que venga a orar en nosotros con gemidos inenarrables. Que haga brotar la oración de lo profundo de nuestro corazón, le cure de todas sus heridas y nos introduzca en los abismos del amor trinitario.

Finalmente, rogamos al Espíritu que despliegue en nosotros el poder del Resucitado, a fin de que se produzcan curaciones, signos y prodigios en el nombre de Jesús y de que podamos anunciar con seguridad la Palabra de Dios. Amén

Jean Lafrance
Día y Noche
Ed. San Pablo, Madrid 1993
Pp119-120

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