Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

viernes, 24 de abril de 2015

Súplica confiada pidiendo el don de la oración

Por un laico del Cristo Orante





Virgen María, me vuelvo hacia ti, confiando en tu compasión y misericordia, para suplicar e invocar tu ayuda. Te necesito en mi vida.

Virgen orante, tu súplica es omnipotente y grande es el poder de tu oración, por eso te pido que intercedas ante el Señor y me consigas las gracias necesarias para luchar el combate en mi corazón contra el pecado, contra el demonio y contra todo lo que hace que mi corazón no sea semejante al de Jesús.

Madre llena de ternura, te entrego mi corazón con todas sus heridas y pecados. Lo pongo en tus manos, ¡tómalo!, sánalo, libéralo de la esclavitud. Ayúdame, Virgen santa, en este camino de conversión y arrepentimiento que me propongo iniciar.

Madre de la oración continua, que sostuviste a los apóstoles y les ayudaste a perseverar en la oración de súplica, escucha a este pobre pecador e intercede para que me sea concedido el don del Espíritu.

Madre, tú sabes que deseo con todo mi corazón y con todas mis fuerzas ser un verdadero orante ante el rostro del Padre, participando de la oración de su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y de la súplica inefable del Espíritu. Ser orante en el mundo, entre mis hermanos; ser orante de fuego, que mi vida se consuma y arda por la oración.

Enséñame a rezar como le enseñaste a Jesús. Que mi oración sea humilde, confiada y perseverante. Que mi vida se gaste amando y sirviendo al Señor y a mis hermanos, y que mi única ocupación sea la oración. Que éste sea mi oculto ministerio en favor de todos los hombres, buscando realizarlo en lo secreto, bajo la sola mirada del Padre. Sin buscarme en nada a mí mismo, por el contrario, vivir disminuyendo para que la oración de Cristo viva cada vez más en mí.

*

Señor Jesús, ten piedad porque te he rechazado eligiendo muchas veces el pecado antes que ser fiel a ti. Señor, para quien nada es imposible, te suplico la gracia de la conversión, de un verdadero arrepentimiento y del perdón de mis pecados. Crea en mí un corazón nuevo, puro  y sencillo, generoso y sin doblez.

Señor, te suplico me concedas pertenecer al grupo de tus discípulos y amigos. Acógeme en tu intimidad. Revélame tu Rostro y tu gloria. Enséñame a acoger tu Evangelio, a tomarlo como regla de vida e intentarlo vivir en lo cotidiano. Jesús que tú seas mi único tesoro y tu amistad la muestra más palpable en mi vida de tu compasión y misericordia para con los pecadores.

Señor, tú sabes que esto es lo único que desea mi corazón: ser tu amigo, ser un orante, y serlo en donde tú me pongas y de la forma que tú lo quieras. Señor, por tu misericordia, cuéntame entre tus elegidos que claman a ti día y noche  y concédeme el don de la oración continua.

*

Espíritu santo, te suplico me concedas la gracia de ser ‘amigo de la Virgen’ y llegar bajo su cuidado y guía a ser un verdadero ‘amigo de Jesús’, un verdadero ‘un amigo de Dios’.

Espíritu Santo, transforma todo mi ser, ilumíname, transfigúrame. Con tu fuego devorador consume mi corazón. Permíteme unirme a tu intercesión inefable por todos los hombres. Ora en mí y obra por mí con todo tu poder.

Deseo pertenecer al grupo de tus santos y pobres amigos, al grupo de los orantes que has tenido a lo largo de la historia. Tomar por maestros,  padres y amigos, a los santos orantes del Occidente como del Oriente cristiano.  Aprender de ellos a ser un hombre de oración. Deseo que mi vocación sea la de ser un mendigo de Dios, que con su pobreza y con su súplica continua consiga de ti, Señor, innumerables gracias para el mundo entero. Y que a la hora de mi muerte tus ángeles y santos al verme se pregunten: “¿no es este el que se sentaba a mendigar”? (Juan 10, 8).

*

Padre, en nombre de tu Hijo Jesucristo, te ruego que acojas esta súplica y recibas la pobre ofrenda de mi vida entregada. No quiero que nadie me la quite, sino, a imagen de Jesús, tu Hijo amado, deseo con todo mi corazón entregártela, con total libertad, y ponerla en tus manos. Amén.


Un laico del Cristo Orante


2 comentarios:

  1. Querido amigo, gracias por tan hermosa y profunda plegaria.
    Cordialmente, J.F.

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  2. Gracias por esta oración, deseo plenamente hacerla mía, si no en toda su extensión sí en su mayor parte, queb se acerca a mi más grande deseo de ser orante.

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