Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

lunes, 9 de mayo de 2016

El Hombre que fue Jueves.

P. Diego de Jesús


Como siempre, una vez más, la lógica divina nos invierte el itinerario, la ilación. Las cosas de Dios, vistas desde nuestra distorsionante estrechura, sólo logran enfocarse más o menos bien girando el papel 180 grados. Es literalmente “un Reino del revés”, con la obvia aclaración de que el revés, en verdad, es nuestro, y aquel Reino, el derecho y la verdad de las cosas.

Todos sabemos que los últimos serán los primeros, que el que pierde gana, que el que se niega será afirmado, y el que se humilla, exaltado. Lo sabemos. Lo hemos leído y hasta reflexionado desde niños. Como sabemos que no es agua eso que se ve mojado en la ruta en verano. Ni está quebrado el palo en el agua. Ni sale el sol por el Este a recorrer su camino… Pero eso vemos.

Y así es que, sabiendo de esta perspectiva invertida, seguimos leyendo la Ascensión al Cielo de Nuestro Señor de abajo hacia arriba. Casi como los ascensos en los escalafones laborales.

Y no. Si el castellano admite sin complejos decir que ante un cuadro médico agudo, el enfermo está grave, concédasenos a los cristianos avisar que no hay mayor altura que la hondura, que no en vano cima y sima se pronuncian igual.

Sólo esmerándonos en contrariar nuestro daltonismo congénito, y aplicando todos esos adagios evangélicos ya mencionados, podemos asomarnos a este Misterio y a su asombroso dinamismo, por el derecho de la trama. Sólo recordándonos y machacándonos –como quien procura retener una regla ortográfica- que en las cosas de Dios, lo blanco es negro y lo negro blanco, lo frío caliente y lo caliente frío, lo alto bajo y la hondura altura… sólo con ese principio refrescado, hay que asomarse a la Ascensión, sabiendo que la cosa es al revés. Es siempre al revés…

Y notar entonces que el dinamismo de la Ascensión es el dinamismo del Lavatorio de los pies. No es vano ambos son asunto de Jueves. Son Fiesta de Jueves. Asunto de ese Hijo de Hombre que fue Jueves. Y que en Jueves se derramó como agua a los enlodados pies de la infamia humana, para lavarlos, para secarlos, para besarlos… y transfigurarlos en pies de ágiles cervatillos, de esos que con gracia saben brincar hacia los manantiales de los Lugares Altos. Y ese mismo Hombre, por el Misterio de ese mismo Jueves, en ese mismo dinamismo, asciende al Cielo y se sienta a la diestra del Padre. No a contramano del Lavatorio, sino prosiguiendo esa misma corriente y dirección. En caída libre, por los abisales adentros verticales de ese mismo Jueves. Por los bajos a los altos. De bajo en bajo, escalando lo más alto de los Cielos. De abismo en abismo hacia la invertida cumbre.

Y se hizo Jueves por nosotros para que nosotros, hechos Jueves en El, siguiéramos sus huellas. Él abre y surca el precipicio, como Camino Viviente, desfondando las plantas mismas de los pies lavados y besados hacia los cielos estrellados. Porque para arriba no hay más que altivo infierno y arrogancia, y en cambio, inclinados sobre el fango del más bajo lodazal, es que damos con el rutilante fulgor del diamantado paraíso.

Ir al Jueves, dicen en Sevilla, según contaba Cue. Vayamos también nosotros al Jueves. Al único e indivisible Jueves del abajamiento exaltativo. Y concédanos el buen Dios intuir de buena vez que el sursum corda no era sacar pecho sino arquearse entero sobre la minúscula miseria infinita. Pues se sube por abajo.
La angélica advertencia cabría también leerla así: no es una objeción a quedarse mirando el Cielo sino a quedarse mirando para arriba, cuando el Cielo se está abriendo debajo de nuestros pies…

El Cielo se desfonda por las honduras más oscuras de la pobreza y miseria de mi hermano. Sólo ese abismo da al Paraíso. Si voy a Jueves y me hago Jueves, y me arqueo completo sobre el pecador para besar sus llagas pestilentes, mis labios seguirán los labios de Aquel que en Jueves rasgó el velo y en vertiginosa abyección ascendió a la diestra del Padre. Pues ese era el divino Mandatum.
Felices nosotros, los hijos del Jueves y herederos de sus truenos de amor.


Diego de Jesús
Ascensión del Señor 2016
Monasterio del Cristo Orante