Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

martes, 24 de enero de 2017

Oración y agradecimiento al Señor, nuestro Dios, para suscitar el arrepentimiento y reconocer y confesar nuestros pecados y nuestras pasiones.



San Nilo Sorskij


Dios grande y tremendo,
Dios fuerte que todo lo puedes,
tú no tienes ni principio ni fin,
inefable, incognoscible, insondable,
Rey de todos los reyes y Señor de todos los señores [1],
has creado, custodiado, conservado todas las cosas visibles e invisibles.

Tú que eres único, admirable y sapientísimo en todas tus obras;
tú que estás en los cielos y al mismo tiempo invisible en medio nuestro,
no sólo mediante tus obras, tu voluntad, tu poder
sino también por medio de tu esencia y de tu naturaleza;
tú estás en todas partes y todo escuchas, ves y comprendes.

No te son ocultas las obras del hombre, las palabras, los pensamientos,
el más pequeño movimiento del corazón [2].
Todo lo conoces y todo lo sabes.

No hay sobre la tierra otro pecador excepto yo,
ni nunca ha habido pecador semejante a mí desde el tiempo de Adán hasta hoy.

He provocado tu cólera,
he cometido pecados innumerables, graves, inmensos
en obras, palabras y pensamientos,
en el corazón y en los sentidos,
en los deseos y en las aspiraciones,
en el alma y en el cuerpo.
Desde la infancia hasta hoy no ha transcurrido una sola hora, un solo instante
sin desobedecer tu ley.
He mancado mi alma, he manchado todos los miembros de mi cuerpo,
siempre he vivido en el pecado.

Por esto temo y tiemblo al acercarse la hora de mi amarga muerte
y de tu justo juicio y ante los severos y amargos castigos
que esperan los pecadores de los cuales el más grande soy yo [3],
perro maldito y rabioso, perro impuro y roñoso.
Temo que al momento de la muerte tú no soportes mi tremenda impiedad,
y me entregues como presa a intolerables tentaciones
y yo termine entonces en la perdición
para alegría del Enemigo y para vergüenza de los hombres
porque siempre, en todo instante, agrego pecado a pecado.
Estos pensamientos son cultivados por el temor
y casi cedo a la desesperación.

No sé qué hacer, qué decir, cómo suplicar e invocar el perdón
por mis innumerables y graves pecados.

Tú, Señor Dios, santísimo, magnánimo y misericordioso,
lento a la ira y grande en amor [4],
Tú has dicho por boca del profeta:
“No quiero la muerte del pecador sino que se convierta y viva” [5],
en tu grande e indecible misericordia
has instituido para los pecadores la penitencia para el perdón de los pecados,
la salvación y la justificación.

Tú dices: “confiesa tus pecados y yo te justificaré” [6].
Así instruyes y confortas a nosotros pecadores diciendo:
“Confesad al Señor porque es bueno. Eterna es su misericordia.” [7]
Inspirados por tu Espíritu bueno
dijeron nuestros santos Padres que no hay pecado
que tu amor por los hombres no pueda vencer
con tal que haya arrepentimiento.
Por esto espero en ti, hago penitencia
y a ti confieso mis pecados, mi Creador y mi Dios.

Ante ti, con ánimo contrito,
no me atrevo a hablar
por el gran peso de mis obras malvadas.
Temo contaminar el aire con mis palabras.
No sé qué decir, tantos son mis pecados.

Insensato es esto que he dicho.
Un pecado es peor que el otro,
sin medida he pecado,
no hay, en la vida, mal que no haya hecho.
Tú, Señor de la gloria,
a tu imagen y semejanza me has creado [8],
dándome la gracia de la inmortalidad
y me has dado el vivir, el moverme y el hablar [9].

Concédeme dirigirme a ti, con confianza,
enséñame a hablar y a obrar,
para que yo pueda suplicar tu misericordia,
invocar el perdón de mis obras malvadas.

Despreciable e inútil soy.
¿Qué mal no he hecho?
¿Qué pecado no he impreso en mi alma y en mi cuerpo? […]
Toda especie de fornicación he realizado en mi corazón,
de todo delito, de todo pensamiento malvado me he hecho culpable,
prisionero de las cadenas de Satanás:
pensamientos de orgullo, arrogancia, desprecio a los hermanos,
amor al poder, vanagloria,
ostentación y amor al mundo,
mentira, maldición, falso juramento,
perjurio, blasfemia, sacrilegios,
latrocinio, hurto, profanación de las cosas santas,
torturas, homicidios, magia,
encantamientos y herejías,
excesos de alimento y de bebidas, tomados sin medida,
fuera de las comidas y a toda hora,
deseos desenfrenados de alimentos refinados,
esclavitud del vientre y de la gula, embriagueces y orgías,
rebeldías contra los padres hasta provocar la cólera,
palabras vanas, chistes, bromas,
propósitos ociosos e incitaciones al pecado,
calumnia y juicio temerario,
palabras duras y contestaciones,
palabras superfluas, malvadas, indecorosas,
actitudes irritantes, risas hasta las lágrimas,
odio, envidia, celos mezquinos,
amor al oro y a la plata, apego a las cosas, avaricia y usura.

Y también: egoísmo, ofensas, violencias,
venganza, rebeldía, cólera,
insolencia, furor y resentimiento,
engaño sutil, adulación y devoción hipócrita,
aridez y dureza de corazón.

Y también: sueño desmedido, pereza y negligencia,
toda suerte de acciones, sin número, en hechos y palabras,
pensamientos vergonzosos, impíos ante Dios y muchos he cometido en mi locura.
Heme aquí sujeto a todo juicio, a toda condena, porque soy esclavo del pecado. [10]

¡Cuántas veces he entrado indignamente en el santuario y en el coro!
Yo, indigno, osaba participar de los sacramentos,
recibir y tocar los vasos sagrados.
Todavía hoy tengo este ardor y lo tendré en el futuro, hasta la muerte.
Siempre indigno y culpable comunico los santos misterios para mi propia condena.
No oso alzar los ojos, ni los párpados,
tanta es mi vergüenza.
¡No oso mirar al cielo [11],
ensucio la tierra con mis pasos,
yo indigno del don de la vida!

Sé, Señor, que no merezco recibir el perdón de mis pecados.
Muy pesada es la carga de mis culpas
para que obtenga el perdón.
¿Dónde encontraré culpas humanas comparables a mis pecados?
Más grande que los de mis progenitores fueron mis pecados,
más grande que el de ellos fue mi pecado de gula [12].
Me he convertido en un fratricida más odioso que Caín [13],
con mis pecados he asesinado alma y cuerpo.
Con homicidios peores que los de Lamec [14],
he golpeado mi espíritu con pensamientos de ignominia
que lo han herido mortalmente.

Toda llagada está mi lengua
por las muchas palabras malvadas.
Con homicidios más infames que los de los hermanos de Abimelec
he asesinado a golpes de piedra a mi alma
y a los miembros de mi cuerpo con pasiones impuras.
He cometido más transgresiones
que cuantos vivieron en el tiempo del diluvio [16],
me he manchado más brutalmente que los habitantes de Sodoma [17].
Se ha endurecido mi corazón ante tus palabras y tus obras más que el del Faraón [18] y más que de cuantos murmuraron en el desierto [19],
porque es incesante mi murmuración.

Comparándola con mi iniquidad, nada es la de los malvados Ninivitas [20];
nada es la insensata blasfemia de Rapsaqué [21], por orden de Senaquerib,
ante mis blasfemias;
nada los pecados de Manasés [22] comparados con mis pecados.
He pecado más que todo otro hombre,
peor que toda otra creatura.
Aquellos eran malvados según la naturaleza,
mi iniquidad es contra la naturaleza, más allá de toda medida.
Soy más impuro que las fieras y que las bestias privadas de razón.
Más que ellos he cometido actos insensatos,
soy más vil que los demonios, soy esclavo de ellos,
y como ningún otro hago su voluntad.
Lleno de asombro por tu gran, indulgente y benévola paciencia,
veo que la tierra no se abre para tragarme
como en tiempo de Datán y Abirám [23],
ya que he pecado más que ellos.
Veo que ningún fuego me consume
como en un tiempo a los pecadores [24],
ya que más que ellos he pecado.
Veo aún que no soy entregado a Satanás,
a mi definitiva perdición [25],
yo, insensato, yo imprudente que he seguido la voluntad de Satanás.
Pero tú, misericordioso Salvador,
hasta hoy con paciencia soportas mis perversidades
esperando mi conversión y mi arrepentimiento.
¡Y yo! Yo no tengo un verdadero arrepentimiento.
¡Oh desdichado!
¿Qué remedio pondré a mi perversidad?
“¿Quién hará de mi cabeza una fuente
y dará a mis ojos una corriente de lágrimas?” [26]
para que yo me arrepienta y llore
y lave la inmundicia de mis pecados.
Pero, pero, tendré que hacerlos puros,
y nada bueno he hecho.

Limosna y fe lavan los pecados [27],
pero yo nunca he practicado la caridad.
Muerta está mi fe, estéril, porque estoy privado de obras [28].
Mi corazón no conoce la contrición ni la compunción,
¿cómo esperaré no ser reducido a la nada delante de ti?
Si no hubiese condenado a mi hermano,
tendría esperanza de no ser condenado,
pero siempre juzgo a quien peca, con palabras y pensamientos,
¡si bien mucho peor es mi pecado!
Escudriño en los otros la mínima culpa
y de las mías disimulo la gravedad.
De mi prójimo exijo obediencia al más pequeño precepto,
yo todos los rechazo.
En apariencia soy pío y devoto,
y en mi corazón habitan todo desorden e inconsciencia.

Si a veces, por casualidad, he hecho algo que tenía apariencia de bien,
ante ti, Señor, no fue más que ignominia;
fue hecha por orgullo, vanagloria y deseo de complacer a los hombres.

En la inconsciencia ha transcurrido mi vida,
con mi cuerpo he servido a la vanidad del mundo,
con mis acciones no convenientes he conducido a mi alma a la insensibilidad.
Inicuo a tal punto, mi Dios, mi Creador, de no conocerte.

A ti toda alabanza, Señor,
todo esto has soportado,
y hasta ahora me has mostrado tu misericordia y tu gracia inmensa.

Mientras más grande era mi culpa,
sobre mí siempre has extendido tu grandeza.
Me has dado la conversión y el consuelo,
me has hecho digno de innumerables bienes,
me has arrancado del mundo,
me has elevado a la dignidad de este santo estado,
me has puesto bajo una regla a tu servicio
a causa de tu misericordia, por tu designio de salvación y de gracia.
Pero yo fui insensato e ingrato,
desde el principio necio y negligente.
¡Cuántas veces he traicionado los votos hechos a ti!
¡Con innumerables pecados he ensuciado y manchado este estado!
Omnipotente, heme aquí sin palabras y sin voz.
¡Cuántas veces, pensando mi pecado,
he prometido renunciar a mis delitos!
Sin embargo caigo y de nuevo caigo en esas mismas culpas,
y en otras más infames todavía.
Cuántas veces he prometido recomenzar a trabajar en tu obra,
vivir según tu voluntad,
y cada día me encuentro en la misma mentira.
Mi espíritu se apresura a lo que es malo e impuro,
vencido por cada pasión y no resisto.

Si tú, Señor, no vienes en mi ayuda,
toda esperanza está perdida para mí.
Se debilita mi cuerpo, los días de mi vida llegan al término,
el tiempo de la muerte se acerca,
el hacha está en la raíz del árbol [29]
y ya se prepara a cortar a mi alma estéril.
La mies está lista, la guadaña afilada [30],
los segadores se preparan a arrancar mi alma
 invadida por la cizaña de mis pecados y tirarla al fuego eterno [31].
Viendo esto se viene a menos mi espíritu.
¿Qué hacer?
Me refugio en Ti, insondable e infinito Amor;
me confío a tu inconmensurable bondad,
espero en tu inextinguible misericordia.
Maestro grande, haz por mí un milagro de misericordia [32],
tu gracia ha soportado mi juventud privada de guía,
mis fechorías dignas de provocar tu cólera,
soporta también los crímenes de los días de mi ancianidad.
No me castigues, Señor, en tu cólera,
no me castigues según tu indignación [33],
que yo no sea confundido por mis culpas.
No recuerdes los pecados de mi juventud [34],
no recuerdes mi inconsciencia, Omnipotente,
porque si tú consideras las culpas, Señor ¿quién podrá subsistir? [35]
¿Qué haré yo, cargado de tantos pecados?
Un siervo malvado he sido para ti, mi Señor,
ten piedad de mí, por amor de tu gracia,
ten piedad de mí, indigno de tu piedad.
Lávame mis culpas [36] que son numerosas,
te invoco desde lo profundo de mi angustia.
¡Perdóname, Señor, perdóname!
Perdona los pecados que he hecho,
conscientes e inconscientes,
los pecados que conozco y los pecados que no conozco,
y libérame también de aquellos que habría querido cometer.
Tiende hacia mí tu mano,
socórreme, levántame.
A duras penas estoy todavía con vida,
yazgo en el umbral de la muerte,
heridas incurables llagan mi cuerpo.
Nadie puede curarme fuera de ti,
Tú médico, lleno de amor, de las almas y de los cuerpos.
Cúrame, Señor,
rechaza lejos de mí los asaltos del enemigo
que arroja mi alma en una gran turbación.
Dadme inteligencia y sobriedad,
la fuerza para trabajar en tu obra santa.
Nada bueno podré hacer sin Ti.
Hazme digno de morir a los deseos de este mundo vano.
Tu sabes de qué cosas soy capaz,
haz que yo no me pierda para siempre.
¡Aunque yo quiera o aunque yo no quiera, sálvame!
No me mandes, Señor, tentaciones más allá de mis fuerzas,
no me envíes dolores y enfermedades, sino salud y fuerza,
que todo yo lo pueda soportar con acción de gracias.
No me cortes con el hacha mortal como a un árbol que no da frutos [38],
yo, privado del fruto de las buenas obras.
Concédeme terminar mis días en la penitencia,
en la obediencia a tus mandamientos,
en el cumplimiento de tu voluntad,
llena de gracia, saludable y perfecta.
Hazme el don de la oración incesante en la humildad del corazón.
Haz firme a mi mente, no la alejes del camino del bien.
Concédeme, Señor, la compunción del corazón y el don de las lágrimas
para llorar mis pecados.
Mi Señor, Dios de ternura y bondad, dadme lágrimas
para que mi corazón se inflame con las lágrimas de mi amor por Ti.

Consuela mi alma afligida,
dadme la audacia para hablare,
concédeme tu gracia ante la muerte.
Acógeme en el día de mi fin
y ten piedad de mi alma que ha pecado mucho.
Libérala del dolor y de la inexpresable angustia,
de todo tormento y pena que le espera.
No la entregues al poder de los demonios tenebrosos y holgazanes,
expúlsalos para que yo no los vea.
Mándame un ángel de paz y de luz,
que tome mi alma y dulcemente la separe de mi cuerpo impuro.
Acógela purificada por el arrepentimiento y la confesión.
En el día de tu justo juicio
no descubras mis obras malvadas ante los ángeles y hombres,
rompe el documento escrito con mis pecados [39].
¡Que sea desconocido a todos!
Sálvame del eterno tormento,
hazme digno de la suerte de los justos
por la oración de nuestra purísima y omnipotente Madre de Dios,
por intercesión de las santas y espirituales potencias celestiales,
por las súplicas de todos los santos.  

Tú, Dios único, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
glorificado en la santa Trinidad,
te doy gracias, oro, adoro, venero,
glorifico con los labios, con el corazón, con la mente,
con cada pensamiento, sentimiento y exultancia del alma y del cuerpo
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

San Nilo Sorskij



Nil Sorskij, la vita e gli scritti.
A cargo de Enzo Bianchi.
Ed. Gribaudi. Torino 1998.
Pp. 123-132.




Notas:

[1] Ap 19,16.

[2] Cfr. Sal 139, 12; Ap 2, 23.

[3] 1 Tm 1,15.

[4] Cfr. Es 34,5.

[5] Ez 18, 23.

[6] Cfr. Is 43, 26 y Sal 32, 5.

[7] Sal 106,1.

[8] Cfr. Gen 1, 26.

[9] Cfr. Hch 17, 28.

[10] Cfr. Rm 6,7.

[11] Cfr. Lc 18, 13.

[12] Cfr. Gen 3, 1-6.

[13] Cfr. Gen 4, 1-16.

[14] Cfr. Gen 4, 23-24.

[15] Cfr. Jueces 9, 4-5.

[16] Cfr. Gen 6, 5-6.

[17] Cfr. Gen 19.

[18] Cfr. Ex 7, 13.22.

[19] Cfr. Ex 15, 22-27.

[20] Cfr. Gen 1,2.

[21] Rabsaqué en hebreo significa “gran copero” pero en los LXX lo han considerado como nombre propio. Cfr. Is 37, 2.

[22] Cfr. 2 Re 21, 1-18.

[23] Cfr. Nm 16, 1-34.

[24] Cfr. Nm 16, 32.

[25] Cfr. 1 Cor 5, 3.

[26] Jer 8, 23

[27] Cfr. Tb 12, 9; Sir 3, 29.

[28] Cfr.St 2, 17

[29] Cfr. Mt 3, 10

[30] Cfr. Ap 14, 14.

[31] Cfr. Mt 13, 24-30.

[32] Cfr. Sal 16, 7; 30,22.

[33] Cfr. Sal 6, 2.

[34] Sal 24, 7.

[35] Sal 129, 3.

[36] Sal 50, 4.

[37] Cfr. Fil 4, 6; Ef 5, 20; Col 2, 7; 3, 17;  1 Ts 5, 18.

[38] Cfr. Mt 3, 10.

[39] Cfr. Col 2, 14.


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