Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

domingo, 30 de abril de 2017

Homilía sobre la grandeza del rango de los ángeles

San Juan de Dalyatha


Aquel que ve  la belleza de tales revelaciones y visiones ya no encuentra belleza en nuestro mundo. No hay quien haya gustado la riqueza de Dios que no tenga al dinero por estiércol; nadie que haya disfrutado la compañía de los ángeles, nadie que se haya embriagado con su éxtasis, nadie que haya compartido sus secretos, que no odie la compañía de este mundo y sus intrigas. No hay nadie que haya sido perforado por el amor de Cristo que pueda seguir soportando la abominable suciedad de la lujuria; nadie cuya mente ha sido cautivada por la Belleza de Dios que pueda ser cautivado por cualquiera de las pasiones de este mundo; nadie que haya encontrado y conocido a Dios que no haya orgullosamente olvidado este mundo. Éste colecciona estas piedras preciosas y las guarda en el tesoro de su corazón.

Éste es el comerciante que encuentra consuelo en la plegaria. Él siempre nada en sus aguas. Él se sienta para examinarse a sí mismo de modo que pueda ser purificado en el océano de luz e irradiar esa luz: una túnica real para el Cristo eterno. Éste es el hombre que trabaja silenciosamente, su amor transporta su mente por las aguas que lavan su pecado.

Benditos son aquellos que, mientras están cautivos en la insondable profundidad que todo lo abarca montan sobre las crestas de luz con las alas del Espíritu Santo.

Benditos son aquellos que se han lavado en las aguas de la pureza, en las olas de luz, en las cataratas de fuego purificante, fuego que limpia a todos aquellos que lo buscan.

Benditos son aquellos cuyo Creador se ha transformado en su Maestro, cuya fortuna yace en su Espíritu, cuyo alimento es ver a Dios, cuya bebida son las delicias del Espíritu.

Benditos son  aquellos cuyo sol nunca se oculta, cuyos ojos nunca verán la oscuridad, cuya luz, el esplendor de Cristo, nunca renunciará a sus almas.

Benditos son aquellos que se han vuelto seres espirituales mientras están en la tierra, que conversan con su Creador.

Benditos son aquellos que trabajan en la plegaria, cuyo descanso yace en la vigilancia del Espíritu Santo en su interior. En sus almas ellos siempre escuchan sus secretos ocultos. Es el Espíritu quien santifica el gozo de sus corazones.

San Juan de Dalyatha



Texto citado en
Orthodox Prayer Life – The interior Way
de Matta El-Meskeen.
Ed. St Vladimir Seminary Press. 2003.
Pág. 70

Traducido para el blog por Gonzalo Anton





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