Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

miércoles, 28 de marzo de 2018

“No somos más esclavos del pecado”



Matta el Meskin



Sobre el viejo cuerpo contaminado que todavía llevamos, el apóstol Pablo dice: “Lo sabemos, el hombre viejo que está en nosotros ha sido crucificado con él, a fin que fuese hecho ineficaz este cuerpo de pecado y nosotros no fuésemos más esclavos del pecado. En efecto, quien está muerto, está liberado del pecado” (Rm 6,6-7)

¿Qué significa esto? Significa que nuestro viejo cuerpo adámico que Cristo ha hecho morir por nosotros sobre la cruz y que ha sepultado junto a él, no es más esclavo del pecado. Ha sido hecho ineficaz porque ha muerto definitivamente ante Dios sobre la cruz, luego ha resucitado cuando Cristo ha resucitado con el nuevo cuerpo con el cual nosotros vivimos delante de Dios en la gracia de Cristo en la cual habitamos ahora.

¿Qué significa esto? Significa que el pecado, si bien continúa obrando en el hombre viejo sin nuestra voluntad y nuestro beneplácito como fuerza instintiva coercitiva, como efecto del dominio de Satanás, ahora derrotado, sobre el cuerpo adámico primordial, éste es de hecho nulo, es decir, ineficaz contra nuestra salvación. Cristo lo ha hecho ineficaz mediante el poder de la vida nueva que obra en nuestra nueva creación. Debemos saber que no entraremos en el Reino con nuestro cuerpo viejo, crucificado, muerto y gastado, sino con nuestro cuerpo nuevo, justificado, resucitado con Cristo, creado a imagen de su Creador, en la gloria, en la santidad de la verdad. El Espíritu Santo ha querido garantizarnos esta verdad y esta promesa, y lo ha hecho por boca del apóstol Pablo que nos ofrece sus palabras famosas, capaces de modo indescriptible de aplacar nuestra consciencia: “¿Cuánto más la sangre de Cristo –el cual, movido por el Espíritu eterno, se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios- purificará nuestra consciencia de las obras de la muerte, para que sirvamos al Dios viviente? (Hebreos 9,14).

¿Qué significa esto? Significa que las “obras de la muerte” –expresión precisa de las obras del pecado que actúan en el cuerpo viejo como cuerpo muerto e inerte- actúan en nosotros sin nuestro beneplácito y casi como por fuerza mayor. Aparecen como efectos de actitudes y pensamientos que han tenido dominio sobre nosotros y bajo cuyo yugo el cuerpo viejo ha sido esclavo, sin poder elegir. Sin embargo, éstas no tienen un efecto negativo sobre nuestras consciencias, son incapaces de contaminar nuestras consciencias con el sentido de culpa o de entristecernos cuanto nos encontramos frente a Dios. Al contrario, sirvamos a Dios con alabanzas y alegría porque la sangre de Cristo tiene como efecto la purificación, la santificación y la vida nueva, efecto que penetra en profundidad no sólo en el cuerpo sino en el espíritu, en el alma y en la consciencia. Así podemos vivir delante de Dios como ovejas que Cristo ha salvado de las fauces del lobo: tienen en la carne los signos de los colmillos, pero estas heridas han sido ya curadas y no son mortíferas. Al contrario, son la prueba de que hemos sido salvados.


Matta el Meskin
Ritrovare la strada
Ed. Qiqajon. Comunità di Bose.
Magnano 2017. Pp. 201-202

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