Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

CRONOLOGÍA

Orígenes
(185-254)
“Sin duda el teólogo y exégeta más grande del período preniceno. […] Fue sucesor de Clemente en la escuela de Alejandría, que con el aumentó enormemente su prestigio en toda la cristiandad y entre los mismo paganos. Introducido desde la infancia en la exégesis espiritual de las Escrituras inspiradas, consideró su deber dialogar con el mundo intelectual alejandrino para refutar con la mayor eficacia posible las acusaciones de banalidad de la propuesta de fe cristiana. En este sentido puede ser considerado como el príncipe de los apologetas. […] Fue acusado de subordinacionismo en cristología, de alegorismo excesivo en exégesis, de creer en la preexistencia de las almas y de proponer, con la apocatástasis, una doctrina en desacuerdo con la fe tradicional de la Iglesia. [...] La vida de Orígenes fue muy agitada. Consideró que debía castrarse para alejar definitivamente de sí las acusaciones infamantes de los paganos sobre los métodos de enseñanza. Tuvo serias dificultades con las autoridades eclesiásticas de su Iglesia local cuando decidió trasladarse con su escuela a Cesarea de Palestina y por haber aceptado ser ordenado presbítero.  […] Murió en el 253/254 a consecuencia de los sufrimientos padecidos durante la persecución de Decio. La condena póstuma de Orígenes, querida por el Emperador Justiniano en los años 543-553, fue uno de los traumas más trágicos padecidos por la teología cristiana en los dos mil años de historia de la Iglesia.”

G. I. Gargamo
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 500-501


San Antonio Abad  (entre el 251 al 356 )


“Si los datos transmitidos por la tradición son exactos, vivió más de 100 años, desde el 251 hasta el año 356. Había nacido en un pueblo copto; era de familia cristiana, de cultura simple y limitada. ‘Frecuentaba la iglesia con sus padres… sometido a sus padres’ (Vida Antonio 1,3), era un joven piadoso. Se quedó pronto huérfano, sólo con una hermana pequeña; ‘tenía 18 o 20 años y se ocupaba de la casa y de la hermana’ (Vida Antonio 2,1). Pocos meses después, sintió que se dirigían irresistiblemente a él las palabras del Señor al joven rico, que había oído leer en la Iglesia: ‘si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme.’ (Cf. Mt 19, 21). Por escalones sucesivos, se entregó a una vida de oración y penitencia, primero en casa; después confió la hermana ‘a unas vírgenes fieles, que conocía bien, para que fuera educada en la virginidad (Vida Antonio 3,1), y empezó una vida más solitaria en las proximidades del pueblo, siguiendo el ejemplo y la enseñanza de un anciano asceta que vivía por aquella parte. Había ya, efectivamente, personas que, solas o en grupos reducidos, consagraban toda su vida al Señor en la virginidad, penitencia y oración. Mas el fenómeno no había alcanzado aún ni unas dimensiones especiales, ni el aspecto de éxodo de los lugares habitados que tuvo lugar siguiendo la estela de Antonio; en consecuencia, tiene bien merecido el título de padre del monacato. Su relación con aquel anciano, unido a la búsqueda de algún contacto con hombres amantes de Cristo, constituyó un testimonio vivo de un punto esencial de la vida ascética: la obligación de asistir a una escuela, no poder iniciarse sin maestro. Vino después el retiro de Antonio más lejos aún del mundo, en una de las muchas tumbas de una región sembrada de sepulcros. Aquí vivió hasta la edad de 35 años, para adentrarse después en el desierto e instalarse en Pispir, en un castillo semidestruido. Su fama de vuelve cada vez mayor y cada vez son más numerosos los que quieren oír una palabra suya. Entre tanto, crece en él el deseo, nunca apagado, del martirio y de una soledad cada vez mayor. En la persecución de Diocleciano y Maximino, se fue a Alejandría esperando ser martirizado, pero no ocurrió así. “Servía, no obstante, a los mártires en las minas y en las cárceles y, asistiendo a los procesos, exhortaba apasionadamente con sus discursos a los luchadores, para que tuvieran una buena voluntad más pronta al martirio”. (Vida Antonio 46,3). Aplacada la persecución, Antonio regresó a su soledad, donde “sufría cada día el martirio de la conciencia y lidiaba la lucha de la fe” (Vida Antonio 47,1). Dado que muchos le molestaban insistentemente, se alejó del Nilo adentrándose aún más en el desierto, en dirección al Mar Rojo, para detenerse “en el monte interior” (Vida Antonio 51,1), en la parte más interior de una montaña, que todavía hoy lleva el nombre de monte de San Antonio, desde el cual puede verse el Sinaí. Este fue el último lugar de estancia de Antonio, de allí ya no se movió, excepto para acercarse una segunda vez a Alejandría, solicitado por el obispo Atanasio para que interviniera en su apoyo, junto a otros, a favor de la ortodoxia en la lucha contra los arrianos. Pronto volvió al lugar de su soledad, donde, en los últimos años de su vida, realizó grandes prodigios. Previó su muerte y ordenó a sus dos fieles discípulos que sepultaran su cuerpo en lugar desconocido de todos, para que no ocurriera –como solía pasar- que en un exceso de devoción lo robaran los fieles. Los discípulos obedecieron; y, de modo análogo a cuanto está escrito del patriarca Moisés en la Biblia (cf. Dt 34, 6), Atanasio escribió que “nadie sabe dónde está escondido el cuerpo de Antonio” (Vida Antonio 92,2).[…]
Luciana Mortari
Vida y dichos de los padres del desierto. Vol. 1
Desclée. Págs. 79-81


Pacomio
(290-347)
“Nacido en el seno de una familia pagana, se convirtió más tarde al cristianismo, después de un período de educación junto al eremita Palamón, se independizó atrayendo tras de sí a muchos discípulos. Sólo progresivamente se fue creando una forma estructurada de vida común (cenobitismo), diferente del eremitismo y del semianacoretismo. Se comenzó entonces el período de la fundación de verdaderos y auténticos monasterios, de los cuales Pacomio es el jefe supremo (el padre). Esta actividad va acompañada de una producción literaria (sobre todo de epístolas) de marcada originalidad. La caída en desgracia de Teodoro, discípulo de primera hora de Pacomio, marca el inicio de una crisis en la dirección del movimiento: después de la muerte de Pacomio (347) y la breve dirección de Petronio, su sucesor Orsiesis fue obligado a dimitir por culpa de la revuelta de los primeros discípulos de Pacomio, que apoyaban a Teodoro; poco antes de la muerte de éste, Orsiesis pudo retomar el liderazgo de la orden. […]”
A Camplani
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 513


Ammonio, del desierto de Nitria (315)
“Es contemporáneo de Antonio. Es decir, pertenece a la primera generación de monjes. Es el fundador de la vida monástica en el desierto de Nitria, al que se retiró hacia el año 330, tras 18 años de vida, no conyugal sino fraterna, con la mujer que un tío le había impuesto a la fuerza. […] Después de 18 años también ella se decidió por la vida solitaria y Ammonio quedó libre para retirarse al desierto. No sólo recogió la enseñanza y el ejemplo de Antonio, sino que el mismo Antonio se refería a él y lo tenía en grandísima estima.[…] Tras haberse hecho aconsejar por Antonio, Ammonio dio comienzo a la fundación de Las Celdas, más lejos de la zona habitada, para quien deseara una mayor soledad que en Nitria. Este asentamiento estará constituido por celdas esparcidas en su mayor parte sobre un área más vasta y a una mayor distancia las unas de las otras y de la iglesia. […]Ammonio murió antes que Antonio, por tanto antes del año 356. Antonio previó en espíritu su muerte y lo mandó llamar, diciéndole que era impulsado a esto por una irresistible revelación divina “para que podamos gozar el uno del otro e interceder el uno por el otro”. Le ordenó que se quedara hasta la muerte, que no tardó en llegar, en una cueva cercana; y a su muerte vio cómo el alma subía al cielo. Muchos ilustres ancianos han sido discípulos suyos: Benjamín, Macario Alejandrino, Pambo, Pior.

Luciana Mortari
Vida y dichos de los padres del desierto. Vol. 1
Desclée. Págs. 134-137


San Macario el Egipcio (300- 390)

“Un monje, fundador de una colonia de monjes en Escete (actual Wadi el Natrum, Egipto), que ejerció un gran influjo en el monaquismo naciente […] Pero como el nombre Macario – que en griego significa “bienaventurado”- era un nombre muy común, hay que distinguirlo de los otros Macarios, y especialmente de su contemporáneo s. Macario de Alejandría (+ 394). Evagrio (+399) los conoció a los dos. De Macario sabemos que mantenía buenas relaciones con s. Antonio Abad (+356) y con s. Atanasio de Alejandría (+373). Conservamos de él una carta que la crítica considera auténtica. Pero la importancia que reviste Macario para la teología y la espiritualidad oriental radica en la serie de 50 homilías que se le atribuyen en algunos manuscritos, aunque algunos otros manuscritos hablan de un  tal Simeón; por eso estas homilías se llaman con frecuencia de Macario/Simeón. De todas formas, la atribución a Macario no es convincente, pues las referencias que en ellas se hacen tienen como trasfondo a Siria, no a Egipto. Muchos piensan en Simeón de Mesopotamia, dirigente de los “mesalianos”, un grupo sirio de carácter sectario condenado en el concilio de Éfeso (431). Por eso las homilías aparecen también bajo el nombre de Pseudo-Macario. Pero en general los expertos no comparten la opinión de que las homilías sean mesalianas… La característica más relevante de estas homilías es una espiritualidad centrada en el corazón, que J. Meyendorff (+1992) describe como contrapartida a la espiritualidad unilateralmente intelectualista de Evagrio, que está centrada en el nous. De los Apotegmas podría deducirse que la esencia de la oración en la que insistía Macario, maestro de Evagrio, era la repetición del “Señor, ten piedad”, núcleo de lo que más tarde será la oración de Jesús, cultivada de manera especial en el hesicasmo.”

E. G. Farrugia
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 417


San Efrén el Sirio. (306- 373)

“Santo y doctor de la Iglesia. Escritor religioso más importante en lengua siríaca. Teólogo, biblista y liturgista. […] Nacido en una familia cristiana, sufrió el influjo de Jacobo, obispo de Nísibe (308-338). Enseñó, ayudó en la liturgia y en las obras de caridad de su diócesis. Fue un hombre de confianza y un asceta que vivió al ritmo de la vida de la Iglesia. Escribió poesía y prosa. Tras la cesión de Nísibe a los persas (363), Efrén emigró a Edesa (365), donde vuelve a fundar la escuela de los persas, que dirige hasta su muerte, que tuvo lugar durante una epidemia, víctima de la caridad. […]”
P. Yousif
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 232-233


San Hilarión. (hacia el 378)

“Hilarión nació en Palestina hacia el año 293, en Thawata, pueblo situado a unas cinco millas al sur de Gaza, inaugurando así la tradición monástica de este lugar, que contemplará, dos siglos después de la fundación del monasterio de Seridos, el cenobio de donde irradió la fama de los cuatros grandes que ya hemos encontrado en otras ocasiones: Doroteo y Dositeo y los dos grandes reclusos que vivían no lejos del monasterio, Barsanufio y Juan, y eran los inspiradores y los guías espirituales. Hilarión, de jovencito, fue enviado por sus padres paganos a Alejandría para completar sus estudios. Oyó hablar de Antonio, fue a su encuentro, probablemente cuando estaba  ya en su segunda sede, en la “montaña interior”. Hilarión lo abandonó todo, se hizo cristiano y se retiró al desierto. Trabajaba un poco de tierra, trenzaba juncos, era muy tentado por el demonio, hacía penitencias muy duras. Atrajo a muchísimos tras sus pasos y Palestina se pobló de monasterios, desde el situado más cerca de Thawata, en la actual localidad de Deir-el Balah, a muchos otros. Se convirtió en lo que respecta a Palestina, un poco en el  equivalente de Antonio para Egipto, así lo ha transmitido al menos Jerónimo en su biografía.[…] Parece que Hilarión, aunque amaba muchísimo a los hermanos, a los que no sólo precedía, sino que también quería prestarles él mismo humildes servicios – cocina, limpieza de celdas y otros menesteres-, no deseaba más que el regreso a la soledad. Por eso huyó de Palestina, donde era demasiado famoso y buscado por todos, para regresar a Egipto. Estuvo junto a Antonio en el momento de su muerte el año 356 –siempre según el testimonio de Jerónimo- y no volvió más a Palestina. Se retiró a los alrededores de Alejandría. Más tarde, puesto que también allí eran muchos los que le seguían, se adentró cada vez más en el desierto, donde murió el año 371, casi octogenario.[…]”
Luciana Mortari
Vida y dichos de los padres del desierto. Vol. 1
Desclée. Págs. 291-293


Evagrio Póntico (346- 399)

“Uno de los más eminentes representantes de la teología monástica, que fue muy apreciado, incluso en vida, como abba o guía espiritual, como sabemos por su discípulo Paladio (+ 420-430), especialmente por el cap. 38 de su Historia Lausíaca. A Evagrio no se lo puede ignorar en el estudio del dogma. Debido a la condena que le vino encima en el 553, durante la segunda crisis origenista, se destruyeron muchos de sus escritos, que a veces se han podido recuperar gracias a traducciones armenias y siríacas (existen también traducciones latinas y fragmentos coptos). […]
Nació en Ibora, en el Ponto, hijo de un corepíscopo, fue ordenado lector por san Basilio de Cesarea, y acompaña en Constantinopla I (381) a san Gregorio Nacianceno, que lo había ordenado de diácono. Pero una crisis afectiva lo indujo a huir de la capital (382). Tras una breve estancia en Jerusalén en casa de Melania, matrona romana (+ 410) y Rufino (+410), se quedó con los monjes de Nitria, en Egipto (383). Dos años después se trasladó a las Celdas [Kellia], donde conoció a los dos Macarios, s. Macario Alejandrino y s. Macario el Egipcio, y a Ammonio y sus tres hermanos, aquellos famosos “hermanos largos” que, al ser expulsados como origenistas, huirán buscando cobijo al lado de s. Juan Crisóstomo. […]. Su síntesis espiritual se hizo clásica, especialmente en lo tocante a las tres etapas de la vida espiritual: praktiké, o lucha contra los vicios, para la que Evagrio ofrece la lista de los ochos “espíritus malos”: gula, lujuria, avaricia, tristeza, ira, acedia, vanagloria y soberbia; physiké, contemplación de Dios a través de la naturaleza creada; y theología, o contemplación mística de Dios trino. Uno de sus temas favoritos es la aphatheia, o serenidad interior, fruto de la deificación. […]Teófilo de Alejandría (+412) quiso ordenarlo obispo pero él se negó. Paradójicamente, apenas hubo muerto, cuando estalló la controversia origenista, el mismo Teófilo lo condenará. […]”
E.G. Farrugia
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs.268-269


San Juan Crisóstomo
(344/345-407)

“Uno de los mayores Padres de la Iglesia. Nación en Antioquía de Siria hacia el año 354. Quizás fuese alumno de Libanio, famosísimo rector antioqueno. Abandonó el mundo para dedicarse a la vida monástica. Como fruto de esa experiencia juvenil, se sabía de memoria toda la Sagrada Escritura, pero también sacó de ella una serie de secuelas graves para su salud que lo obligaron a volver a la ciudad. Fue ordenado de diácono por Melecio en el año 381 y luego de sacerdote por Flaviano en el 386 y se quedó como presbítero en Antioquía hasta que, debido a su arrolladora elocuencia que le valió el sobrenombre de Boca de oro (Crisóstomo), el emperador se fijó en él y decidió nombrarlo sucesor de Nectario en Constantinopla, donde fue consagrado obispo el 16 de febrero de 398. Gran fustigador de la inmoralidad de la ciudad imperial y de la mismísima familia del emperador, se ganó el odio de la emperatriz Eudoxia, que por dos veces luchó por deponerlo y otras dos por condenarlo al destierro, donde murió de tanto padecer por las continuas deportaciones de un sitio a otro, el 14 de septiembre del 407. […] El ideal monástico fue siempre el punto de referencia de su vida y de su enseñanza. Soñaba con una Iglesia “monástica”, aunque se inclinaba con suma delicadeza ante los humildes y los pobres. Tuvo en altísima consideración la amistad, y las cartas que escribió desde el exilio a su amiga Olimpia han quedado como un ejemplo insuperable de ternura y de profundo conocimiento del alma humana.”
G. I. Gargano.
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 363-364


San Juan Casiano
(360-435)
“Santo para el Oriente. Aún no se ha resuelto de manera definitiva el problema de su país de origen que unos dicen que fue Escitia y otros la Provenza. De todas formas, la fecha de su nacimiento se sitúa alrededor del 360. Es uno de los autores más determinantes de la antigüedad cristiana, sobre todo porque él fue el puente providencial gracias al cual la praxis y la doctrina del monaquismo cristiano oriental pudo darse a conocer y pudo influir de manera decisiva en la vida monástica del Occidente. Sus dos obras fundamentales fueron las Instituciones cenobíticas, en las que se describe la forma externa del monaquismo, y las Colaciones, en las que se ofrece la doctrina espiritual de los grandes monjes del desierto de Egipto. Escribió también un tratado, De Incarnatione Domini contra Nestorium, aunque no se lo considera propiamente como un teólogo sistemático.”
G. I. Gargano
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 363


San Basilio Magno
(330-379)
“Nació en torno al 330 en Cesarea de Capadocia; realizó estudios brillantes en Constantinopla y en Atenas, donde estableció amistad con Gregorio Nacianceno. En el 358 renunció a la carrera y se retiró a una propiedad de la familia para comenzar una vida ascética. Muy pronto adquirió gran autoridad entre los monjes. Los discípulos lo invitaban con frecuencia a responder a sus preguntas y de estas respuestas nacieron el Pequeño Asceticon y el Grande Asceticon. Sus contenidos son las Reglas breves y las Reglas mayores, algunos discursos, prólogos y otros escritos menores relacionados con la vida monástica. En el 370 Basilio se convirtió en obispo de Cesarea, en un contexto difícil: defendió la fe contra los arrianos (Contra Eunomio). Siguió escribiendo: el Tratado sobre el Espíritu Santo, Sobre el bautismo el Discurso a los jóvenes sobre la cultura helénica, las Homilías sobre el Hexaemeron, otros Discursos y Cartas. Debido a sus Reglas se le conoce, sobre todo, como legislador del monaquismo cenobítico. Murió el 1 de enero del 379.
Al principio de su conversión Basilio visitó s los eremitas en Palestina y en el Bajo Egipto, pero era crítico respecto a su vida eremítica. El hombre es un ser social y la ley de la caridad evangélica nos empuja a vivir con los demás. Existe, sin embargo, el peligro de que la convivencia con los demás nos aleje de Dios. Es necesario, entonces, elegir hermanos que sean “unánimes”. Esta “unanimidad”, que es el reflejo de la vida trinitaria en el cielo, no se alcanza con medios humanos. La Palabra de Dios nos ha creado, sólo ella nos unirá. Los monjes son aquellos que deciden vivir según la Sagrada Escritura. Ésta es el fundamento de sus Reglas; lo que se añade no es más que la interpretación de los textos.[…]”
T. Spidlík
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 105


San Gregorio de Nacianzo
(330-390)
“Nació hacia el año 330, fue obispo de Sásima desde el 372 por orden de su amigo Basilio de Cesarea con el que mantuvo una correspondencia de altísimo nivel literario y humano, como lo demuestra el rico epistolario de nada menos  que 249 Cartas que han llegado hasta nosotros. Gobernó la Iglesia de Nacianzo tras la muerte de su padre, Gregorio senior (374), y durante un brevísimo tiempo la Iglesia de Constantinopla, de la que dimitió por estar en desacuerdo con la política del Emperador y de los obispos reunidos en concilio (Constantinopla I, 381). A partir del 383, tras pasar un par de años en Nacianzo, llevó una vida retirada en las propiedades paternas. No era amigo de escribir, a menos que se viera obligado a hacerlo por necesidad pastoral. Prefería abiertamente la vida retirada para dedicarse a la poesía, y de hecho intentó presentar la fe cristiana en verso para cautivar el oído refinado de los amantes paganos de la literatura clásica antigua. Pero el título de “teólogo” con que se le honra en la tradición bizantina se debe a sus 44 Discursos teológicos en los que, con un arte retórico refinadísimo y con una propiedad de lenguaje verdaderamente inimitable, ofrece una síntesis extraordinaria del pensamiento de los Padres ortodoxos acerca de la teología trinitaria, la cristología y la pneumatología.”
G.I. Gargano
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 310


San Gregorio de Nisa
(335-390)
“Nació ente los años 335 y 340. Su formación es en gran medida deudora de Basilio de Cesarea, su hermano y de Macrina, su hermana mayor. De temperamento más bien independiente, amplió sus conocimientos en el campo literario, filosófico y de las ciencias humanas en el ámbito de la cultura griega. A pesar de las instancias fraternas de Basilio y Macrina para que abrazase la vida ascética, prefirió casarse, y sólo después de la muerte de sus hermanos se decidió a perseguir los objetivos “espirituales” que ellos le proponían. Gracias a una inteligencia especulativa realmente  genial, penetró más a fondo que su hermano  Basilio y que su amigo Gregorio Nacianceno en la contemplación y en la exposición de la fe cristiana, pero no fue especialmente feliz en el ministerio pastoral. Murió hacia el 390. Escribió obras de teología “espiritual” –como De virginitate, la Vita Moisis, o las Homilías In Ecclesiastem o In Canticum Canticorum-, pero también obras de gran densidad teológica-especulativa, como, por ejemplo, La gran Catequesis y sobre todo los Cinco libros contra Eunomio.  […] En la segunda mitad del siglo XX ha sido reconocido como uno de los fundadores de la teología mística cristiana y como fuente indiscutible de inspiración para el Pseudo Dionisio Aeropagita, para san Máximo el Confesor y para toda la tradición espiritual del Oriente bizantino al menos hasta Gregorio Pálamas.”
G.I. Gargano
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 311


San Jerónimo
(347-420)
“Nació en Estridón, Dalmacia. Durante sus estudios en Roma se hizo amigo de Rufino y recibió el bautismo, decisión que conlleva una vida ascética. En el 373 sale hacia el Oriente, pero cae enfermo en Antioquía, donde escucha a Apolinar de Laodicea y aprende griego; en el desierto de Cálcida, en las cercanías de Aleppo, aprende hebreo. En el 379 lo ordena de sacerdote Paulino de Antioquía, que lidera una de las dos comunidades ortodoxas cismáticas. De allí se va a Constantinopla, donde escucha a Gregorio Nacianceno y se entusiasma con Orígenes. Participa en un sínodo romano para solucionar el problema de Antioquía. Con Paulino y san Epifanio de Salamina se traslada a Roma, y aquí san Dámaso (papa, 366-384) lo retiene como secretario y consejero y lo anima a revisar la traducción latina de la Biblia. La muerte del papa lo deja sin apoyos y lo lleva de nuevo a Oriente, en esta ocasión a Belén (386), adonde lo siguen las nobles matronas Paula y Eustaquia (hija de la primera), que, conquistadas para la vida ascética, le ayudan a reconstruir tres monasterios femeninos y uno masculino, hospederías para peregrinos y una escuela monástica. […] Además de la revisión de la Biblia en latín – su obra maestra, que le lleva más de veinte años de trabajo-, escribe obras exegéticas, polémicas  e historias. […]”

E. G. Farrugia
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 354


Arsenio
(354-449)
“[…] Nació en Roma hacia el año 354 y fue ordenado diácono por el papa Dámaso, pasó la juventud en la corte de Constantinopla, quizás con otras funciones que no conocemos bien – la atribución del papel de preceptor de los hijos del emperador Teodosio, o quizás con otras funciones que no conocemos bien – la atribución del papel de preceptor puede ser que le haya sido atribuida sobre la base de una lectura errónea del apotegma n 42. De todos modos, es cierto que estuvo en la corte y llevó una vida de gran disipación, cuyo recuerdo permaneció siempre para él como estímulo para una durísima austeridad. Fue una voz la que lo arrancó de la vida mundana: “Huye de los hombres”, y se retiró al “vastísimo desierto” de Escete, hacia el año 394. Tras el primer saque de Escete, obra de una incursión de bárbaros hacia el año 407, huye a Canope de Alejandría; luego vuelve a Escete, para huir de allí por segunda vez con ocasión del segundo saqueo acaecido el año 434. Se refugia en Tura (situada al sureste del Cairo actual), donde se queda hasta su muerte, en torno al año 449. […]”
Luciana Mortari
Vida y dichos de los padres del desierto. Vol. 1
Desclée. Págs. 95-97


San Isaías el Anacoreta (+491)

“Se trata de uno de los autores de tratados ascéticos más extendidos por el Oriente cristiano. El abba Isaías comenzó su vida monástica en Egipto, probablemente en el desierto de Escete. Su nombre aparece con frecuencia en los Apotegmas de los Padres del Desierto, junto a los abbas Juan, Anubio, Poemio, Panufcio, Amón, Lot, Agatón, Abraham, Sisoés… Llegado a la ancianidad, le rodearon numerosos discípulos.”
J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Pág. 178.


San Diádoco, obispo de Fotice. (400-486)

“Diádoco fue obispo de Fotice, una pequeña ciudad de Epiro, en Grecia continental. Ese autor se benefició de una doble herencia: la de la cultura griega y la de las enseñanzas de los anacoretas de Egipto. De la primera proviene su estilo limpio y equilibrado: de la segunda, Diádoco recibió la sobriedad de una vida sumergida en la oración, toda ella tendida al éxtasis de amor. En esta obra, encontramos en germen, los mil años posteriores de experiencia espiritual de que da testimonio el resto de los escritos filocálicos.”
J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Pág.174


San Sabas
(439-532)

“Fundador de Mar Saba en Palestina. Se han encontrado al menos trece santos con el nombre de Sabas, y casi todos pertenecen a la cristiandad bizantina o que habían estado bajo el influjo bizantino. El más famoso, al menos por lo que toca a la historia monástica y eclesiática de los siglos V-VI, y a la influencia ejercitada en tiempos posteriores, es San Sabas, monje y archimandrita de monasterios en Palestina, el más importante de los cuales fue “La Gran Lavra” fundada por él y existente aún hoy día, conocida también con el nombre de “Mar Saba”.
Sabas nació en Mutalasca, en Capadocia, el año 439. Desde niño fue confiado a un monasterio cercano de regla basiliana. A los dieciocho años dejó Capadocia y fue a establecerse en Palestina, de donde se ausentó sólo por un breve período de tiempo, yendo a Alejandría, en Egipto. Sus posteriores experiencias cenobíticas en los monasterios palestinos de Passarion, Teoctisto y de Eutimio y la experiencia eremítica hecha en el desierto antiguo, le condujeron a seguir el mismo camino: una forma de vida media entre eremitismo y cenobitismo. Sus discípulos se reunían todos los sábados y domingos, y permanecían en vigilia toda la noche: esta vigilia representaba una innovación original, que después se ha mantenido fielmente. Fueron centenares los monjes que se pusieron bajo la dirección de Sabas. Él supo crear para ellos la estructura externa (las lavras, es decir, monasterios rodeados de multitud de eremitorios) adaptados a la condiciones de la vida cotidiana y a la Regla. Él les daba el ejemplo de un compromiso constante y firme con la ortodoxia de Calcedonia y con la defensa o promoción del a libertad y de los intereses, incluso económicos, de la Iglesia en Palestina, representada por los Patriarcas de Jerusalén. Dicho compromiso le indujo a realizar dos célebres viajes a Constantinopla, a la corte de Anastasio I y a la de Justiniano, y a declaraciones políticas verdaderas y auténticas como jefe de multitud de monasterios propios y ajenos.
Entre el año 483 y el 531 Sabas fundó y organizó cuatro lavras, a las cuales se agregaron tres de sus discípulos: las lavras de Firmino, de las Torres y de Neelkerabá. Siguiendo el ejemplo de la Gran Lavra, cada una de ellas tenía un núcleo central de edificios (iglesia común, sala de reuniones, biblioteca, refectorio, cocina, etc) alrededor de los cuales existía un número variable de ermitas esparcidas en sus alrededores.
Pero además de estas lavras, Sabas fundó seis cenobios o monasterios, a los cuales agregó un séptimo, el de su discípulo Severiano en 514/515; no hay que olvidar que a Sabas se le confió también la “superintendencia” de los antiguos cenobios vecinos de Eutimio y de Teoctisto. Estos asentamientos ocupaban no solo las paredes de los precipicios rocosos del valle del Cedrón, sino también otras zonas del desierto de Judá, incluyendo el interior del altiplano.[…]”

C. Capizzi
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 583-584


Juan Mosco
(550-634)

“Monje del monasterio de S. Teodosio, en las cercanías de Jerusalén. Nació probablemente en Damasco hacia el 550 y murió en Roma hacia el 634. Con su discípulo Sofronio, que más tarde llegará a ser patriarca de Jerusalén, escribió el Prado espiritual, importante antología de narraciones monásticas al estilo de las Vidas de los Padres.”
M. Nin
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 367


San Juan el solitario
(primera mitad del siglo V)

“Autor sirio, importante por el corpus de textos de origen monástico que han llegado hasta nosotros bajo su nombre. Es difícil fechar su vida pero probablemente vivió en la primera mitad del s. V […] Parece ser oriundo de Antioquía, o de la región vecina, como él mismo insinúa en una de sus cartas aún inéditas. Es importante su división de la vida espiritual en tres estados –corporal, psíquico y espiritual-, que luego hará suya Isaac de Nínive. Se lo puede considerar como uno de los primeros representantes de un movimiento ascético que nace tanto de la teología de Efrén como de las líneas ascéticas trazadas en el Liber Graduum. Es posible que Juan haya conocido las primeras traducciones siríacas de Evagrio. Él propone una ascesis caracterizada por la búsqueda de la quietud y de la paz interior y exterior, por la lucha contra las pasiones, por la moderación en los ejercicios exteriores y por el crecimiento interior hasta llegar al hombre nuevo en Cristo.”
M.Nin
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 366-367


Marco el Ermitaño
(siglo V-VI)


“Este monje vivió, probablemente, en las costas de Asia Menor. Aparte de las indicaciones que él mismo ofrece en su obra, no sabemos nada más sobre él.”

J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Págs.179-180


Pseudo-Dionisio Aeropagita
(finales del siglo V)
“A este personaje, de quien los Hechos de los Apóstoles (17,34) refieren su adhesión a la fe cristiana anunciada por San Pablo en el Aerópago de Atenas, le son atribuidos por casi todos los testimonios patrísticos desde el siglo VI y por una abundante tradición manuscrita, un corpus de escritos griegos que comprenden algunos tratados y varias Cartas. En realidad, una serie de consideraciones de característica filológica e histórica obligan a datar la composición de todo el corpus hacia finales del siglo V, en zona probablemente siria, y a atribuirle la paternidad a un autor que escapa a todos los intentos propuestos de identificación y que, por lo tanto, permanece anónimo bajo el velo de la pseudografía. Los escritos del Pseudo-Dionisio aprovechan a fondo importantes ideas del pensamiento neoplatónico, en función de la expresión de una teología cristiana muy particular en la que se pone en evidencia la naturaleza esencialmente simbólica y jerárquica de las estructuras cósmicas-creaturales y eclesiástico-sacramentales, así como también ampliando premisas ya asentadas por los Padres capadocios, igualmente sobre una base (neo)platónica, se señala la cualidad radicalmente metafórica de todo lenguaje referido a la divinidad: a toda metáfora  que pretende afirmar algo sobre Dios en semejanza-analogía con la experiencia humana se contrapone –por la razón que el concilio Lateranense IV (1215) llamará la maior dissimilitudo – la negación de estos mismo términos metafóricos (teología apofática). La tensión se supera al volver a tomar la afirmación de partida, pero entendida finalmente según la via eminentiae, que incluye la conciencia del carácter analógico de la afirmación inicial y, por lo tanto, de sus límites. Siguiendo las numerosas indicaciones patrísticas, la Teología mística aplica, en síntesis extrema, el mismo ritmo de pensamiento a la experiencia de la Presencia del “totalmente Otro” en el alma, en la que Dios se manifiesta como “rayo de tiniebla”. Los escritos aeropagitas han ejercido una enorme influencia en toda la teología cristiana, así como en la liturgia y en la mística (sobre esta última por lo menos hasta el siglo XVII), tanto en Oriente (donde ya Máximo el Confesor, en el siglo VII, interpreta de modo ortodoxo algunas afirmaciones que podrían parecer poco claras dogmáticamente) como en Occidente, donde el corpus ha sido traducido al latín muchas veces desde la época carolingia y comentado por los mayores pensadores medievales. […]”

M. Paparozzi
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 214-215


San Barsanufio
(+ 540) y San Juan el profeta

“Recluidos en el monasterio de Séridos, cerca de Gaza, dejaron una importante correspondencia de orientación, bajo la forma de respuestas a problemas prácticos. Desdeñados por los Filocálicos griegos y eslavos, encontraron lugar en la Filocalia rusa. Recomiendan insistentemente la oración de Jesús, a la vez con insistencia y discreción, convirtiéndole en parte de diferentes etapas de la vida espiritual.”

La Filocalia de la oración de Jesús.
Ed. Lumen. Pag. 39


San Doroteo de Gaza
(siglo VI)

“Figura eminente del monaquismo palestino cenobita. Hacia el 525 entró a ser discípulo de los reclusos Barsanufio y Juan, en el monasterio del abad Séridos. Pasó sucesivamente al gobierno de un monasterio fundado por él mismo. Nos ha dejado 24 “Instrucciones” a sus monjes, así como “Cartas y Sentencias”. La Vida de Diositeo, su discípulo, suministra detalles biográficos sobre él. En su doctrina espiritual Doroteo intenta conciliar lo mejor de la tradición monástica del desierto con la sabiduría pagana (Aristóteles). A través de Teodoro Estudita, que asimila su concepción de la vida monástica, considera perfecta sólo en cuento vida en común (“cuerpo místico cenobítico”). Doroteo ejercerá una gran influencia sobre el monaquismo griego, ruso y árabe.”
R. Cemus
 AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 217-218


Abba Filemón
(siglo VI)
“El abba Filemón fue uno de esos grandes anacoretas que poblaron los desiertos de Egipto desde el siglo IV hasta el año 640, momento de la conquista árabe. Este texto (Discurso muy útil) sería uno de los últimos documentos directos de los Padres del Desierto, e incluso podría considerarse como el testamento de la anacoresis egipcia. En él se percibe el extremo rigor, la extraordinaria finura y la suma libertad de la vida de tales Padres.”
J. Melloni Ribas.
 Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Pág. 175


San Juan Clímaco (579 - 649)

“Nació hacia el año 579. En el 639 fue elegido abad del monasterio del Sinaí. Concebía la vida del monje como una escala análoga a la que estaba excavada en la roca del Sinaí para que los peregrinos pudiesen subir al lugar de la visión de Dios. Debido a su libro, conocido como La escala espiritual, se le puso el sobrenombre latino de Climacus (escala). Si ya era muy apreciado en el Oriente, lo fue aún más en el Occidente una vez que lo tradujo al latín uno de los mayores humanistas florentinos, el camaldulense Ambrosio Traversari. I Hausherr lo considera como el representante más característico de la espiritualidad sinaítica, que pone la hesychia como el ideal absoluto de la vida del monje, al que éste tiene que llegar utilizando todos los medios ascéticos a su alcance. Clímaco está convencido de que la vida monástica, auténtica “vida angélica” a pesar de que el hombre viva aún en el cuerpo, es absolutamente esencial para la misma naturaleza de la Iglesia.”
G. I. Gargano
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 363


San Máximo el Confesor
(580- 662)

“Es el mayor teólogo bizantino del siglo VII, que ha producido escritos de índole doctrinal, espiritual, exegéticos y litúrgicos. Su agitada vida lo preparó para ser un hombre de síntesis, que buscaba conciliar las contradicciones aparentes, en vez de encontrarlas. Nació en Constantinopla, o tal vez en Palestina como pretende una vida siríaca recientemente descubierta, según la cual a la edad de diez años habría sido confiada a un monasterio de Jerusalén. En tal ocasión el abad le habría cambiado el nombre de Mosquión por el de Máximo. Allí fue iniciado en el pensamiento de Orígenes y en la espiritualidad de Evagrio. En el 614, ante el avance de los persas, tuvo que huir de Jerusalén a Cícico, cerca de Constantinopla, donde entabló estrechas relaciones con la corte imperial, llegando a ser secretario de Heraclio (emperador 610-648). En el 626 tuvo que huir de nuevo ante la invasión de los persas y de los ávaros, en esta ocasión a África. En Cartago tuvo de superior a san Sofronio (550-638), monje y más tarde patriarca de Jerusalén, que lo inició en la espiritualidad del corazón de san Macario el Egipcio. En el 645 discutió con el patriarca depuesto de Constantinopla, Pirro, que, al igual que su predecesor, Sergio, negaba que en Cristo hubiese dos voluntades. […] Máximo lo convenció de la existencia de las dos voluntades en Cristo. Pirro fue a Roma y se sometió al papa, pero más tarde volvió a caer en el error. En el 649 Máximo participó, al lado de San Martín (papa 649-653, +655) en el famoso sínodo de Letrán contra el Typos (648) del emperador Constante II, que prohibía toda discusión sobre el punto controvertido. Al volver a Constantinopla en el 653, fue arrestado, procesado y desterrado temporalmente a Bitinia. En el segundo proceso del 662, después de cortarle la lengua y la mano derecha, fue enviado a Lazika, en el Mar Negro, donde murió poco después. Máximo era monje pero no sacerdote. Su vida ejemplar, coronada por un tal testimonio, hace que sea un personaje particularmente fascinante, en especial como puente entre el Oriente y el Occidente, ya que sufrió junto a un papa romano Martín I, y por un punto fundamental de la ortodoxia, como es la integridad de la persona de Cristo. Y no sólo eso, sino que también respecto al primado del obispo de Roma y a la procesión del Espíritu Santo tomó posiciones a favor de un acuerdo entre la Iglesia latina y la griega. […]”
E. G. Farrugia
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 436-438


Talasio el Africano
(siglo VII)

“Talasio, abad de un monasterio de Libia, fue discípulo de Máximo el Confesor, el cual escribió una de sus obras más importantes, Cuestiones a Talasio, para responder al as preguntas de éste. El texto que se presenta aquí tiene la misma estructura que las “Centurias” de San Máximo sobre el amor: cuatrocientas sentencias agrupadas en cuatro centurias, sobre el mismo tema y escritas con la misma concisión.”
J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Pág. 183


Juan de Cárpatos
(siglo VII)

“Antes de convertirse en obispo de Cárpatos, Juan vivió en un monasterio cenobítico. Ligada a la escuela del Sinaí, su obra [Capítulos de exhortación y Discurso ascético] es al mismo tiempo original. Y se dirige a unos monjes de la India que le habían escrito pidiéndole consejo.”

J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Págs. 178-179



San Isaac de Nínive o el Sirio (mediados del s.VII)
“Santo y uno de los más grandes místicos y de los mejores exponentes de la espiritualidad de la Iglesia asiria de Oriente. Isaac tuvo y aún sigue teniendo una irradiación inigualable en las Iglesias de Oriente y, aunque más limitada, también en la de Occidente. Nació en Qatar en los primeros decenios del s. VII. Monje en Bet Hozaye, y más tarde consagrado obispo de Nínive por el patriarca Jorge (660-680). Al cabo de cinco meses presenta la dimisión. Vuelve a la soledad de la oración y, al quedarse ciego debido a la excesiva lectura, dicta sus tratados. Muere siendo ya muy anciano y es enterrado en el monasterio de Rabban Sabor. Isaac escribe partiendo de una tradición que se había consolidado ya con Juan el Solitario y con Evagrio, pero también basándose en su experiencia personal […]”
P. Yousif
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 343



San Juan Damasceno
(650-749)
“Llamado “el Damasceno”, santo, y proclamado en la Iglesia católica “Doctor de la Iglesia” por León XIII en 1890. Después de la reforma del calendario latino, la fiesta de san Juan Damasceno se celebra, tanto en la Iglesia bizantina como en la romana, el 4 de diciembre. Al ser el último teólogo de alcance universal antes de la división de la Iglesia, san Juan Damasceno está considerado como el autor con el que se cierra la edad patrística en Oriente, y tanto su síntesis dogmática como su himnografía gozan de muy alta estima. Las Vidas griegas y árabes lo describen de manera legendaria.  La Panaghia Tricherousa (La Santísima de las Tres Manos: uno de los íconos más venerados en el Monte Athos y cuya fiesta celebran los rusos el 28 de junio y el 18 de julio) hace referencia a un relato según el cual la mano cortada se la devolverá la Madre de Dios. san Juan Damasceno nació en el seno de una familia árabe-cristiana, o tal vez greco-siria, y siguió los pasos de su abuelo (que fue ministro con los califas) y de su padre (que fue ministro de hacienda de Damasco), y llegó a ser responsable para los cristianos. Pero cuando soplaron vientos iconoclastas, él  y su hermano adoptivo Cosme (que en el año 743 fue nombrado obispo de Maiuma) partieron para el monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén. Ambos compusieron cánones e himnos para las fiestas más importantes del calendario. Hacia el año 700, el patriarca de Jerusalén ordenó a san Juan Damasceno de sacerdote. Murió, al parecer, antes del sínodo iconoclasta de Hiereia que pronunció el anatema contra él y contra Germanos I, patriarca de Constantinopla (715-730). Con todo, su mayor mérito reside en su obra dogmática, tanto por sus tres Discursos sobre las imágenes como –e incluso más- por su síntesis La fuente del Conocimiento. En los tres Discursos expone la defensa ortodoxa clásica del ícono, como consecuencia lógica de la Encarnación,  en la que el Dios ilimitado se deja contener por la materia. La Fuente del Conocimiento es un compendio de teología dividido en tres partes: a) presupuestos filosóficos; b) herejías, denunciadas por especialistas en ellas como san Epifanio de Salamina (315-403); y c)la fe ortodoxa, en una “centuria”, o 100 capítulos, organizados en torno a cuatro libros. […] La vida espiritual en sus varias facetas aparece expuesta en su Sacra Parallela, obra cuya paternidad aún se discute, y que se llama así por la forma en que en ella se contraponen las virtudes a los vicios. Entre tantos libros como se atribuyen a san Juan Damasceno se encuentran también la novela de Barlaam y Josafat.”
E. G. Farrugia
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 365-366



San Teodoro Studita (759-826)
“Nació en el seno de una familia noble y pía. Su madre s. Teoctista (+ 812) es recordada por él con veneración en su discurso fúnebre, mientras que su tío, san Platón, era hegúmeno (superior), de un monasterio en Bitinia, situado en una pequeña propiedad que pertenecía a la familia. Teodoro se ha distinguido como defensor de la veneración de las imágenes en la segunda fase del iconoclasmo, junto a san Nicéforo (758-828), patriarca de Constantinopla (806-815). Inspirado por su tío san Pablo, abad de Saccudión, se hizo monje y más tarde sucedió a su tío (794) […]En el año 799, él y sus monjes abandonaron Saccudión, quizás por estar demasiado expuesto a los ataques de los piratas árabes, y se trasladaron al antiguo monasterio de Studion, que les había donado Irene. […] La paz dura poco, porque en el año 815, el nuevo emperador León V el Armenio (813-820) inaugura la segunda fase de la iconoclastia: menos dura que la primera, porque de por sí tolera los íconos, pero no admite la veneración, decretada como legítima en Nicea II (787). De hecho, las procesiones de íconos organizadas por los monjes de Studion desencadenaron la reacción de la policía. Teodoro fue flagelado y alejado de la capital. Pudo volver sólo en tiempos del nuevo emperador, Miguel II (820-829). […] Aunque fue llamado de nuevo, Teodoro protesta cuando el emperador convoca un sínodo para regular él mismo el asunto de los íconos. De ahí que muriera en el exilio, lejos de la capital.
En sus tres Antirretikoi Teodoro supera a san Juan Damasceno (+749) en la justificación de la veneración de los iconos. Hace un parangón entre las relaciones intratrinitarias eternas, donde cada hipóstasis (personal) no destruye la unidad, y las relaciones entre las dos naturalezas de Cristo, donde las dos naturalezas no comprometen la única hipóstasis (personal) de Dios Logos. Por eso, abolir la veneración del icono de Cristo significaría cancelar la misma obra redentora de Cristo. Entre los escritos de Teodoro, las Grandes Catequesis y las Pequeñas Catequesis reflejan el espíritu de radicalismo monástico en tiempos de persecución, y también la vida cotidiana en el monasterio. Lo muestran sus cartas así como también su veneración por el primado de Roma. En efecto, Teodoro se ha distinguido aún más como reformador del monaquismo en los cenobios bizantinos. La Regla de Teodoro fue adoptada, con algunas modificaciones, por la Regla de san Benito (480-543), y en el Monte Athos por san Atanasio Athonita cuando fundó la Gran Lavra en 962. En la base de dicha reforma estaba el typikon conocido como Hypotyposis, que codificó, poco después de la muerte de Teodoro, las usanzas que prevalecían en sus cenobios. Esta regla se difunde también en Rus de Kiev cuando san Teodosio de Pecersk (+1074) adoptó para la Lavra de las Grutas, que había fundado con san Antonio de Pecersk (+1073), la nueva edición que había hecho Alejo Studita de Constantinopla del Hypotyposis. […]”
E.G. Farrugia
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 642-643


Hesiquio de Batos
(entre los siglos VIII-X)
“El autor de [Capítulos sobre la vigilancia] no es Hesiquio de Jerusalén (que vivió en el siglo V), tal como había creído equivocadamente Nicodemo el Hagiorita. Dadas las influencias de Juan Clímaco y de Máximo el Confesor que se perciben, se puede atribuir esta obra a un abad del Monasterio de la Zarza Ardiente del Sinaí (Batos significa precisamente ‘zarza’) que habría vivido entre los siglos VIII y X.[…]”
J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Pág. 178



San Cirilo (826- 869) y San Metodio (815- 885)
Cirilo: “Santo, misionero entre los eslavos. Educado en la corte de Constantinopla y discípulo de Focio, se hizo célebre siendo aún joven, por su cultura. Consagrado sacerdote y nombrado bibliotecario patriarcal, le fueron asignadas importantes misiones diplomáticas. En el 863, bajo petición del príncipe de Rostislav, fue enviado a Moravia, junto a su hermano Metodio, con el emperador Miguel III. Ideó el alfabeto glagolítico y tradujo del griego al eslavo numerosas obras eclesiásticas, sentando así las premisas para una nueva lengua literaria, el paleoeslavo. En Moravia, su obra misionera desencadenó la hostilidad del clero franco y los hermanos fueron obligados a dirigirse al Papa Adriano II, quien aprobó el eslavo como lengua litúrgica. Constantino murió en Roma después de haberse hecho monje con el nombre de Cirilo. […]”
K. Douramani
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs.146-147


Metodio: “Misionero de los pueblos eslavos. Nació en Tesalónica y era hermano de san Cirilo (Constantino). Tras una esmerada educación, se dedicó a la carrera administrativa, obteniendo el grado de arconte del distrito de Estrimonia en Macedonia. Hacia el año 850 abandonó el mundo para retirarse al monte Olimpo, en Bitinia, donde llegó a ser hegúmeno del monasterio de Policronio. En el 863, a instancias del príncipe Rostislav, el emperador Miguel III lo envió a Moravia junto con su hermano Cirilo. En el 867 se fue a Roma con su hermano, donde fue ordenado obispo por el papa Adrián II en el 869. A la muerte de su hermano, en el 870 volvió a Panonia y Moravia, pero se encontró con la violenta aversión de los francos, que lo metieron preso. Tras su liberación, en el 873, se entregó activamente a la organización de la Iglesia morava. Los francos siguieron combatiendo a Metodio, que fue acusado injustamente de herejía, y en el 879 lo obligaron a ir a Roma para defenderse de las acusaciones. En el viaje de regreso, pasó por Constantinopla donde fue recibido favorablemente tanto por el emperador Miguel como por el patriarca Focio. No está del todo claro el papel que desempeñó en la creación del alfabeto glagolítico, pero el autor de su Vida, probablemente San Clemente de Ochrid, cuenta que en el 884 Metodio consiguió terminar la traducción de la Biblia. Su fiesta en el calendario bizantino es el 6 de abril; en el calendario latino se lo recuerda junto a su hermano el 14 de febrero. […]”
K. Douramani
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 442


Filoteo del Sinaí
(siglo IX-X)
“La anacoresis egipcia descubrió el paso, de la más radical soledad y ascesis del cuerpo, a la ascesis de la mente y a la paz y dulzura del corazón. Esta paz y dulzura interior es un estado espiritual que los monjes designan con el término de hesiquía, una palabra clave en la espiritualidad oriental y que incorpora muchos matices: designa el retiro respecto de todo lo creado, pero también es la suma de una tranquilidad, una calma, una lucidez, una dulzura y un silencio extremos.
La aportación de los monjes del Sinaí consistirá en elaborar las reglas que regirán para siempre el combate espiritual: la búsqueda y la vigilancia del corazón, el “lugar de Dios” por excelencia.”

J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Pág.176


San Gregorio de Narek
(994-1010)
“Santo y místico armenio. Fue sacerdote y doctor de la Iglesia armenia, y ejerció su enseñanza en el monasterio armenio de Narek, situado al sur del  lago Van. Fue un asiduo lector y conoció las principales obras de teología y de mística griega, siria y armenia. Dejó varios escritos exegéticos y retóricos; pero su obra más famosa es el Libro de las oraciones, que constituye la más alta expresión de la poesía mística armenia. Los temas principales de la lírica de Gregorio son la solidaridad en el pecado, la misericordia de Dios, el conflicto carne/espíritu, y finalmente el amor a Cristo vivido en el ardor místico.”
G. Traina
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 310


San Simeón el Nuevo Teólogo  
(949-1022)

“El título de ‘Nuevo Teólogo’ alude al primer Teólogo Juan Evangelista, llamado justamente ‘el teólogo’, en la tradición griega. De joven entró en el monasterio de Studion en Constantinopla, pero enseguida se hizo higúmeno en el vecino convento de San Mamas, tuvo una vida muy agitada a causa de varios conflictos, murió en el exilio en la región de Chrysopolis.
Sus escritos principales son 1) las catequesis, en número de 34, dirigidas a los monjes; 2) Las capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, brevísimas instrucciones ascéticas; 3) Los tratados teológicos y éticos, en los cuales se encuentra expuesto el pensamiento del autor; 4) Los himnos; 5) Las cartas (entre las cuales hay una atribuida falsamente a Juan Damasceno: Sobre la confesión, donde se da una exagerada prioridad a los hombres espirituales frente al poder jerárquico). Simeón representa a la corriente que busca la “conciencia del Espíritu”, enseña la necesidad de la experiencia, de los sentimientos espirituales, describe de una manera sugerente “visiones de luz”. Por todo ello ha tenido una gran influencia sobre los hesicastas del Monte Athos.”

T. Spidlik
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 614-615


Nicetas Stéthatos 

“Nicetas Stéthatos, “el valiente”, fue discípulo y testigo de Simeón el Nuevo Teólogo. Fue también su biógrafo y supo sucederle espiritualmente, elaborando una síntesis intelectual de la experiencia mística de su maestro, experiencia que Dios también le había concedido a él.
Las Tres centurias retoman la antiguo trilogía de Evagrio, a propósito de los tres grados de la vida espiritual: 1) la ascesis del cuerpo, llamada acción o práctica; 2) la ascesis del espíritu, llamada contemplación natural o física; 3) el éxtasis del espíritu, llamado conocimiento místico o Teología. […] Hay otro aspecto importante a destacar: siguiendo la escuela de Simeón el Nuevo Teólogo, el marco de la vida espiritual ya no es la anacoresis del desierto, sino el corazón del monasterio, donde el monje debe aprender a confrontar su soledad con la vida comunitaria.”

J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Pág.181


San Atanasio el Athonita funda la Gran
Lavra sobre el Monte Athos (963)



San Antonio llega del Monte Athos y funda el Monasterio de la Gruta en Kiev (1055)



Elías el Ecdicos
(siglos XI-XII)


“Elías vivió, probablemente en Constantinopla, como monje y sacerdote, pero también como juez o abogado. A pesar de que su obra es breve [Florilegio de sentencias de filósofos consagrados a la virtud y Sobre el conocimiento], se trata de un autor crucial. Elías retoma a Evagrio, a los monjes del Sinaí y a San Máximo, pero recreándolos de un modo muy personal y refinado.”

J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Pág. 174


San Simeón [Stefan Nemanja]
(1166-1196)
“Es el fundador del estado serbio ortodoxo, construyó la lavra de Studenica y el monasterio de Chilandar. Stefan Nemanja, aunque al principio había recibido el bautismo católico en el contexto de la unificación de los territorios habitados por los serbios, eligió la iglesia ortodoxa del Monte Athos y se hizo rebautizar según el rito ortodoxo. Al final de su vida abrazó la vida monástica en Chilandar, con lo cual se convirtió en el centro espiritual de la ortodoxia serbia. Poco después de su muerte fue canonizado como san Simeón Myroblito, sus reliquias han sido trasladas cerca del monasterio de Studenica.”

A Mitescu
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 614.



Nicéforo el Solitario
(apr 1250)
“De origen italiano, Nicéforo fue otro de los monjes del Monte Athos que conocieron el exilio debido a la radicalidad de su militancia hesicasta. En sus escritos va directamente al núcleo de la experiencia monástica: el sentido de la vida cristiana es la transfiguración. Hay que buscar “el tesoro que está oculto en el corazón” y “arder de luz gozosa”.

J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Págs. 180-181


San Gregorio el Sinaíta
(1255- 1346)

“Es uno de los grandes iniciadores y pedagogos de la renovación hesicasta de los siglos XIII y XIV. Habiendo pasado importantes temporadas en el Sinaí y en el Monte Athos, unió los dos grandes polos simbólicos de un perímetro milenario bajo una misma convicción: que el monacato está llamado a revelar el sentido último del destino humano, al vincular el cuerpo al espíritu, el espíritu al corazón, y el corazón al éxtasis en Dios. Gregorio terminó su vida en Macedonia, donde fundó tres monasterios en lo alto de una montaña, a las puertas de Rumania y del mundo eslavo. Fue testigo, profeta y misionero de la vocación hesicasta. Y fue también un pedagogo minucioso de la oración del corazón, tal como lo manifiestan los escritos aquí recogidos.”

J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Págs. 177-178



Teolepto de Filadelfia
(1250-1326)
“Este autor forma parte del movimiento de renovación hesicasta que tuvo lugar en el norte de Grecia (sobre todo en el monte Athos) durante los siglos XIII y XIV. Un movimiento que integra a todos los autores que la Filocalia recoge a partir de esta fecha, y que se constituyó como resistencia frente a ciertos emperadores bizantinos que estaban dispuestos a pactar  a toda costa (política y espiritualmente) con el Occidente cristiano. A causa de esta militancia, Teolepto fue exiliado, junto con otros monjes del Monte Athos, a una isla del mar Egeo, donde fue iniciado por Nicéforo el Solitario, otro monje exiliado como él, en el método hesicasta de la oración del corazón. Para Teolepto, la vocación monástica está consagrada a la inmolación y a la gloria: a la inmolación, a causa del duro paso por la ascesis; y a la gloria, por el paso de la mente pura a la oración pura, y de ésta al amor luminoso e iluminado. Un amor “filocálico” que, después de haber buscado tenazmente la belleza de Cristo, la encuentra y la conserva para siempre en las profundidades del corazón.”
J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Pág. 184-185


San Gregorio Pálamas
(1296- 1359)

“Santo, teólogo y místico bizantino. Es considerado como el teólogo bizantino más grande, el que más influyó sobre la teología ortodoxa actual. Nació en el seno de una familia noble y rica, en Constantinopla, en 1296. Cursó estudios humanísticos y filosóficos en la escuela superior de la capital. Hacia 1316 se retiró al Monte Athos, donde tenía ya dos hermanos monjes. Vivió como monje de la Santa Montaña durante casi veinte años. En 1335 entró en polémica con el “monje filósofo” Barlaam Calabro, polémica que dio inicio a la llamada “controversia hesicasta” y que duró más de 30 años (1336-1368). La disputa tenía como objetivo primordial la cuestión del Filioque y después la vida espiritual de los monjes del Monte Athos con su espiritualidad típica, el hesicasmo. Una cuestión especialmente discutida era su pretensión de estar en condición de ver la luz divina increada, la misma luz que envolvió a Cristo transfigurado sobre el monte Tabor. Muy pronto la polémica se concentró sobre la divinización del hombre. Pálamas afirmaba que el creyente está verdaderamente divinizado a través de las energías increadas de Dios que se distinguen de la esencia divina, la cual permanece incomunicable, mientras que las energías increadas son comunicables. En respuesta a las acusaciones de Barlaam, Pálamas escribió las famosas Tríadas en defensa de los santos hesicastas, y en 1340 redactó un manifiesto público que hizo suscribir a las más altas autoridades y a los monjes más eminentes del monte Athos, en el cual sintetizó sus tesis contra Barlaam. Se trata del Tomos Agioritico. El 10 de junio de 1341 se celebró un sínodo en Constantinopla donde se condenaba la doctrina de Barlaam, y del cual surgió un Tomo, en el cual se reafirmaba la doctrina de la luz increada y la validez doctrinal de la oración de Jesús. Después de la muerte de Barlaam, el partido antipalamita fue liderado primero por Gregorio Acindino y después por Nicéforo Gregoras. En el sínodo de 1347 la doctrina palamita fue aprobada una vez más, mientras el mismo Pálamas fue elegido metropolita de Salónica (mayo de 1347). Pálamas vivió sus últimos años en Salónica, dedicándose sobre todo a la predicación. Murió el 14 de noviembre de 1359 a los 73 años. En 1368 fue canonizado por su amigo y discípulo el patriarca Filoteo Kokkinos. […]”
Y. Spiteris
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 515-516


San Sergio de Radonez
(1314-1392)

“Reformador del monaquismo ruso, ha adquirido un valor emblemático para toda la ortodoxia rusa. Fue canonizado en 1448, cuando Moscú eligió un metropolita ruso, lona, sin consultar a Constantinopla. Cinco años más tarde, ésta última cayó en manos de los turcos (1453). Los rusos lo consideran como un castigo de Dios, porque la Iglesia bizantina había accedido a pactar con la Iglesia de Roma en el concilio de Florencia. Esta fecha es una etapa decisiva de la autonomía de la Iglesia ortodoxa rusa, que llegará a ser patriarcado en 1589. Sergio nació en el seno de una familia noble de Rostov, en la región de Yaroslavl, y fue bautizado con el nombre de Bartolomé. Pero cuando esta familia, aliada con el príncipe del lugar, perdió todo a causa de la situación política, fue obligado a huir y dirigirse hacia Radonez, en la región de Moscú. Sus padres se hicieron monjes y cuando murieron, él tenía veinte años. Convencido de su tendencia contemplativa, se hizo monje hacia 1337, tomando el nombre de Sergio. Junto con su hermano mayor Esteban, que después de la muerte de su mujer se había hecho monje en el monasterio de Chotkovo, se establecieron en una localidad a sesenta kilómetros de Moscú, donde hoy día se encuentra  la ciudad de Sergeev-Posad, cuyo nombre fue cambiado en 1930 por el de Zagorsk […].
Después de haber organizado juntos dos celdas y una capilla, Esteban abandonó el lugar. Más tarde surgirá una lavra en honor de Sergio, que siguiendo el título de la Iglesia, se llamó Troicka Laura, la Lavra de  la Trinidad. Las autoridades religiosas eligieron a Sergio como sacerdote e higúmeno de los monjes que se congregaron en torno a él, y el mismo Sergio les impuso la regla cenobítica.
En 1380, antes de la batalla de Kulikovo, sobre el Don, inicio de la liberación definitiva del yugo tártaro, san Sergio bendijo al príncipe Dimitrij Donskoj, prediciéndole la victoria. La iglesia de la Trinidad que construyeron allí se convirtió desde el principio en meta de peregrinaciones, símbolo de la nueva identidad nacional y centro de la ortodoxia rusa. Es el lugar donde se entierra a los patriarcas. Es también sede de la Academia eclesiástica de Moscú. La fiesta de san Sergio se celebra el 25 de septiembre, día de su muerte.”
E. G. Farrugia
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 609-610


Nicolás Cabasilas (1322-1391)

“Teólogo y místico bizantino que nació en Tesalónica entre el 1319 y el 1323. Vivió en un periodo de profunda crisis económica y política, conocido, sin embargo, en el plano cultural y religiosos como el “renacimiento bizantino”. Realizados los primeros estudios en Tesalónica, se transfirió a Constantinopla para completarlos (1335-1340), y aquí, además de la filosofía y la retórica, asimiladas bajo la guía de su tío Nilo Cabasilas, estudió matemáticas, astronomía y leyes, pero, sobre todo, profundizó en la Escritura y en los Padres. En la década entre el 1345 y 1355 estuvo al lado de Cantacuceno como consejero y colaborador. Después de su abdicación pasó cuarenta años en la oscuridad, pero fecundos, porque en ellos escribió sus mejores obras teológicas. No conocemos el año de su muerte, ocurrida probablemente poco después del 1391. Casi con total seguridad fue laico hasta su muerte. Las obras más conocidas de Cabasilas son: La vida en Cristo, obra maestra y una de las mayores obras de la literatura cristiana; Comentario de la divina liturgia, considerado coronación de La vida en Cristo. La obra es al mismo tiempo exposición descriptiva y espiritual de la Liturgia según el rito de san Juan Crisóstomo, y ensayo teológico sobre el sacrificio de la eucaristía; Explicación de los ritos de la divina liturgia; Tres homilías en honor a la Virgen María. En La vida en Cristo, partiendo del dato existencial de que la vida espiritual no es más que la misma vida de Cristo en nosotros, él concentra su análisis teológico en la estructura de esta vida divina, desarrollando cristología, pneumatología, antropología, eclesiología sacramental y libre respuesta del hombre al amor divinizante de Dios. Pero, sobre todo, la antropología está unida existencialmente a la cristología; la vida del hombre es verdaderamente “vida en Cristo” a todos los niveles y en todas las dimensiones. Junto a Cristo pone a la Theotokos. Cabasilas posee una visión grandiosa de la Madre de Dios, dependiente de Cristo pero inseparable de Él y necesaria para Él. María, junto a Cristo, constituye el “objetivo” de la creación.”
Y. Spiteris
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 124-125


Calixto Cataphygiotés
(siglo XIV-XV)
Cataphygiotés significa ‘el que se refugia’, ‘el que vive en soledad’. Con este nombre se designa a un monje del que se desconoce todo dato histórico, pero que dejó sus escritos justamente antes de la desaparición del Imperio Bizantino. Esta obra [Sobre la unión con Dios y la vida contemplativa], la última que compone el corpus filocálico, constituye la piedra angular de la tradición hesicasta, su último testimonio. Su estilo es atípico, de una gran capacidad especulativa, con claras influencias de Dionisio el Aeropagita y de Simeón el Nuevo Teólogo.”
J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Pág. 172


Calixto e Ignacio Xanthopouloi
(siglo XIV)
“La Centuria espiritual fue escrita por dos monjes del Monte Athos. Dos compañeros, dos amigos que compartieron los mismos silencios y las mismas contemplaciones extáticas. Su escrito es una especie de recapitulación de todos los autores precedentes, en la medida en que está tejido por las más bellas citas. En este sentido, se puede decir que esta obra constituye una especie de pequeña filocalia dentro de la Gran Filocalia. Su acento está puesto en la incandescencia del amor de Dios. Debido a su carácter recapitulador, en Los relatos de un peregrino ruso el ‘staretz’ recomienda al protagonista empezar por esta obra la lectura de la Gran Filocalia, que el campesino acaba de adquirir.[…]”
J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Págs. 172-173


Calixto el Patriarca
(siglo XIV)
“Es muy posible que Calixto el Patriarca sea la misma persona que Calixto Xanthopoulos, que fue patriarca de Constantinopla hacia finales del siglo XIV. En sus escritos habla como el más humilde y último de los hombres, testimoniando a partir de su propia experiencia que la interioridad del hombre es la imagen del Paraíso. Para Calixto, entre lo sensible y lo invisible no hay discontinuidad, sino una ósmosis serena que es sostenida por la ‘inteligencia amorosa’ y por la pacificación de la humildad.”
J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Pág. 173


Calixto Telicoudos
(siglo XIV)
Telicoudos significa ‘cumplimiento’, ‘terminación’. Este Calixto participó del mismo movimiento que Gregorio del Sinaí y Nicéforo el Solitario. En este breve escrito [Sobre la práctica hesicasta] nos ofrece un fiel y condensado balance, ocultándose a sí mismo, de la experiencia monástica.”

J. Melloni Ribas.
Los camino del corazón.
Ed. Sal Terrae. Pág. 173



Andrej Rubl’ov  (1360-1427)



San Simeón de Tesalónica
(+1429)
“Metropolita de Tesalónica. Sobre su vida no hay muchas noticias. Una parte de su fecunda obra teológica está dedicada a la polémica, especialmente contra los latinos y contra los opositores bizantinos del palamismo. El mismo Simeón se adhiere a un palamismo moderado, sobre todo por su influencia sobre la vida espiritual, siguiendo la estela de Nicolás Cabasilas. Tiene una ulterior producción teológica compuesta de escritos breves relativos al credo y a cuestiones canónicas, dogmáticas, morales y pastorales. Pero por su calidad la parte más relevante de la obra está constituida por numerosísimos escritos sobre la liturgia: éstos se refieren tanto al desarrollo histórico de la liturgia bizantina (de cuya forma entre el siglo XIV y el siglo XV, Simeón es un testimonio precioso, aunque quizás sea menos creíble en sus afirmaciones sobre las épocas precedentes), como al significado teológico y a la importancia para la vida espiritual de los distintos sacramentos (que comprenden también, según la más antigua tradición bizantina, la consagración de una iglesia, la profesión monástica, las exequias) y de los otros ritos litúrgicos. Después de Cirilo de Jerusalén (s. IV), el pseudo Dionisio (siglo V/VI), Máximo el Confesor (s. VII), Anastasio Sinaíta (s. VII/VIII), Germán de Constantinopla (s. VIII), Nicolás de Andida (s. IX) y Nicolás Cabasilas (s. XIV), Simeón es el último de los grandes comentaristas bizantinos de la liturgia (el último pero no el menor).”
M. Paparozzi
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 614-615


José de Volokolamsk (1439-1515)

“Este gran reformador de la vida monástica en Rusia nació el año 1439/40 y murió en el 1515. En 1479 fundó el convento de Volokolamsk, en el que introdujo la perfecta observancia cenobítica según la Regla que él mismo compuso inspirándose en Basilio y en Teodoro Estudita. Intervino también en la vida eclesial y política. En su lucha contra los herejes judaizantes, escribió el primer manual apologético-dogmático de Rusia: Iluminador. En la discusión acerca de los bienes monásticos, su opinión prevaleció en el sínodo de Moscú (1503) sobre la de los discípulos de su contrincante, Nilo de Sora. José demostró la necesidad de los bienes monásticos para el bien de la Iglesia. José y sus discípulos, en conexión con el príncipe de Moscú, influyeron grandemente en la formación del estado moscovita. Los numerosos monasterios inspirados en su espíritu marcaron de la manera decisiva la espiritualidad rusa de los siglos siguientes.”
T. Spidlik
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 360-361


San Nilo de Sorsky (1433-1508)

“Monje ruso que, habiendo hecho la experiencia del hesicasmo en el monte Athos, que estaba en pleno desarrollo en aquel momento, abandona la vida cenobítica de estricta observancia de su monasterio de Kirill en Beloozero para retirarse  en solitario al río Sora (de ahí el apelativo Sorskij) practicando la espiritualidad hesicasta. Pronto se le unieron algunos compañeros, dando origen a un skit, colonia de un número limitado de eremitas dedicados a la vida contemplativa, con las formas libres de vida en común que respetan la dinámica individual del crecimiento espiritual. Así es como fue introducido a Rusia el hesicasmo, que acentuaba más la disposición interior que la observancia de las reglas exteriores. Además de un Testamento (“Tradición”), Nilo escribe la Regla (Ustav) que quiere ser solamente un resumen de la doctrina de los Padres hesicastas sobre el combate espiritual y la custodia del corazón. Defensor de la pobreza religiosa radical (nestjazateli), Nilo se enfrenta, en el sínodo de Moscú de 1503, con José de Volokolmsk, favorable a los bienes monásticos y representante de un cenobitismo tradicional y rígido. Prevalece la tendencia de José, pero será el starcestvo del siglo XIX el que revalorizará el ideal de Nilo, considerado por la hagiografía rusa como el starec.”
R. Cemus
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 477-478


San Dimitri de Rostov
(1651-1709)
“Santo, metropolita, hagiógrafo y predicador ucraniano ortodoxo. Nacido cerca de Kiev, frecuentó la famosa academia fundada por Pedro Moghila, donde su pensamiento y piedad sufrieron una cierta influencia católica. Hecho monje y, a continuación, hegúmeno de varios monasterios, comienza  su fructuosa actividad literaria, que continua  también como obispo-metropolita de Siberia primero y de Rostov después. Su mayor obra, a la que dedica veinte años, Historia de la vida de los santos, “Cety Minej”, Menologio eslavo en 12 volúmenes, de acuerdo con los doce meses del año, conoce una difusión y una influencia extraordinarias. Como resulta de otras obras suyas, entre las que está El espejo del a confesión ortodoxa, San Petersburgo 1805, Dimitrij tiene una doctrina espiritual que no es ni abstracta ni sistemática, sino concreta y práctica. Influenciado por autores católicos occidentales, Dimitrij vuelve con frecuencia sobre el tema de la pasión de Cristo. Caracterizado por un extraordinario celo apostólico, Dimitrij fue canonizado en 1757”

R. Cemus
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 212-213


San Nicodemo
el  Hagiorita
 (1749-1809)

“Teólogo, escritor espiritual y místico ortodoxo griego, notable por la cantidad y la importancia de sus escritos (ha escrito más de cien obras de diversa índole) considerado como el escritor religioso griego más grande del siglo XVIII. Nació en la isla de Naxos en 1749. Después de sus primeros estudios en su isla natal, completó su formación en Esmirna. Habiendo conocido a los monjes del Monte Athos, decidió abrazar la vida monástica en la Montaña Sagrada. Pasó toda su vida monástica en el Monte Athos en el monasterio de San Dionisio, en el Eremitorio del pantocrátor y en la celda lavriótica de San Jorge, donde murió en 1809. Fue declarado santo por el patriarca de Constantinopla en 1955. […] Junto con Macario Notaras, metropolita de Corinto, es el compilador de la Filocalia de los santos népticos, publicada por primera vez en Venecia en 1782 y traducida muy pronto a varias lenguas.”
Y. Spiteris
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 475-476


San Macario
de Corinto
(1731-1805)

“Monje y metropolita de Corinto. Antes y después de ser depuesto de la sede de Corinto, por motivos políticos, vivió como ermitaño en varios lugares. Tuvo relación de amistad con Nicéforo Theotokis, san Atanasio de Paros (cuya postura compartió en la controversia sobre las Kollyvas), y sobre todo con san Nicodemo Hagiorita: con él colaboró en la edición de importantes escritos patrísticos y bizantinos sobre la vida espiritual, como la Filocalia (1782: inspirador de esta antología fue Macario, quizás basándose en sillogia –colecciones- anteriores encontrados en el Athos) y la de Pablo Evergetinós (s. XI). Defensor, en un ambiente desfavorable (aunque con la aprobación del patriarca Neófito VII), de la comunión frecuente (siguiendo a Molinos), es uno de los principales renovadores de la vida espiritual, en el siglo XVIII, para monjes y laicos, y promotor de estudios patrísticos renovados.”

M. Paparozzi
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 418


San Paisij Velickovskij
(1722-1794)

“Paisij, ucraniano, hijo de un sacerdote ortodoxo, realiza sus estudios en la Academia de Kiev, organizados según el modelo jesuita. Por aversión a esta “enseñanza pagana”, a la cual prefiere las lecturas patrísticas, Paisij huye a Moldavia para abrazar la vida monástica y se pone bajo la dirección del starec Basilio de Poiana Marului. Para beber en las fuentes de la espiritualidad monástica antigua, Paisij se va al Monte Athos, donde se queda 17 años. Allí conoce los escritos eclesiásticos de Nil Sorskij, así como algunos manuscritos de padres griegos que traduce al paleoeslavo. Con un grupo de monjes que lo han tomado de guía, Paisij se traslada a Moldavia, donde, en los monasterios de Dragomirna, Secu y Niamets, logra introducir la espiritualidad hesicasta en la vida de grandes cenobios internacionales (hasta 350 monjes rumanos y rusos), en los que restaura la antigua tradición monástica de la paternidad espiritual, el starcestvo (starec). Paisij, que fue un entusiasta de la “oración de Jesús”, escribe en su defensa. Pero la obra más importante que salió de los scriptoria de sus monasterios es el equivalente paleoeslavo de la Filocalia, el Dobrotoljubie, que junto con el starcestvo, dio impulso a la llamada “renovación filocálica”, renacimiento espiritual en la Rusia del siglo pasado.”

R. Cemus.
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 688.


Tichon Zadonskyj
(1724-1783)
“Santo, monje “docto” y obispo ortodoxo ruso del período “sinodal”. Hijo de sacristán, Timofet Salvelic Sokolov estudia en el seminario de Novgorod, recientemente fundado y donde diversos profesores provienen de la Academia de Kiev fundada por Pedro Moghila. Convertido él mismo en profesor de retórica y filosofía, toma el hábito monástico en 1758 bajo el nombre de Tichon. Incluso como obispo de Voronez (1763), Tichon busca mantener la austeridad de la vida monacal, combinándola con un extraordinario celo pastoral, y un agudo sentido de justicia social. Pero en 1768, después de solo cinco años, dimite del episcopado y se retira en el monasterio de Zandonsk, donde vive recluido hasta la muerte, dedicándose a las actividades de escritor. La experiencia de una “noche oscura”, seguida de iluminaciones y visiones, permite compararlo a los grandes místicos españoles. El don diorático (cardiognosia) lo cualifica como starec buscado por el pueblo cristiano, sobre todo por los niños. Su ejemplo personal, y sobre todo la capacidad de soportar las humillaciones y el sufrimiento, además de sus escritos, en los cuales retoma tema patrísticos (contemplación natural), sabiendo sin embargo elaborar también influjos católicos (imitación de Cristo), protestantes (pietismo) y anglicanos en una gran síntesis original, han ejercido  una gran influencia en Rusia. Sus Obras en cinco volúmenes han sido reeditadas varias veces […] La ortodoxia rusa reconoce en Tichon a uno de sus santos más característicos.”
R. Cemus.
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 662.


San Serafín
de Sarov
(1759-1833)

“Una de las grandes figuras de la espiritualidad monástica de la Iglesia ortodoxa rusa. Nacido el 19 de julio de 1759 en Kursk, en una familia de mercaderes de provincia, Serafín, con el nombre burgués de Prochor Moscin, desde su infancia manifestó una particular predilección por los libros espirituales y por la soledad. A los 19 años decide hacerse monje, acude en peregrinación a Kiev y una vez aconsejado por el starec Dositej, entra en el convento de Sarov, de la gobernación de Tambor, en el año 1779. Desde el principio se distingue por su humildad y austeridad de vida. Curado milagrosamente de una larga enfermedad, emite los votos en 1786, tomando el nombre de Serafín. En el mismo año es ordenado diácono, ejerce este servicio con un gran celo “pasando todo el día en el santuario”. Sacerdote desde el año 1793, celebra todos los días la divina liturgia, pero únicamente a lo largo de un año. De hecho, en 1794, después de quince años de vida común, Serafín se retira a la soledad en los bosques. Durante tres años (1804-1807), en tiempo de la invasión de Rusia por parte de Napoleón, Serafín se hace estilita sobre una piedra, pasando “mil noches” en oración. Es el único caso conocido de estilismo en el siglo XIX. Sigue también otro tipo de podvig (empresa santa), la del silencio absoluto, que Serafín se impone a sí mismo hasta 1810, cuando se le impuso volver al monasterio. Durante veinticinco años, vive como un recluso en una minúscula celda oscura, hasta el 25 de noviembre de 1825, en que comienza su actividad pública como starec, abriendo la puerta de su celda a las personas, cada vez más numerosas, que acuden a él atraídas por su don de cardiognosis, perspicacia espiritual (diorasis) y por su poder taumatúrgico (numerosas curaciones). De una severidad insólita en sus prácticas ascéticas personales, pero lleno de bondad y de compasión con los otros, Serafín subraya la importancia de la alegría en la vida espiritual y la necesidad de la presencia transformante del Espíritu Santo. Aún en vida fue venerado como santo por el pueblo. Serafín muere el 14 de enero de 1833 en Sarov. Será canonizado 70 años después, en 1903, en presencia de la familia imperial. Aunque no pertenezca directamente a la primera corriente filocálica, Serafín es una figura emblemática de la renovación espiritual a través del starcestvo en Rusia, en el siglo XIX, integrando en su persona los rasgos más característicos de la espiritualidad y santidad rusa: oración perpetua, sacrificio voluntario del amor, fe en la transfiguración de cada una de las criaturas por el camino de la humildad y de la ascesis. En este contexto hay que entender las narraciones de su amistad con los animales selváticos que en la literatura ascética oriental significa el retorno al paraíso de quien ha purificado el propio corazón de las pasiones.”
R. Cemus
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 607-608



Metropolita Filaret
(1782-1867)

“Metropolita de Moscú y la personalidad eclesiástica rusa más autorizada del siglo XIX. Con sólo 28 años, era ya rector de la Academia eclesiástica de Petersburgo, fue profesor de griego y hebreo, y vivió especialmente entregado a la traducción y difusión de la Biblia en Rusia. Sospechoso por esto del influjo protestante, encontró grandes dificultades para la publicación del Catecismo cristiano detallado (1839), que sin embargo alcanzó un gran éxito y acabó sustituyendo la famosa Confesión ortodoxa de Pedro Moguila que venía usándose desde hacía dos siglos.[…]
Debido a la autoridad de sus ideas, sus escritos fueron recogidos y publicados como póstumos en varios volúmenes. La reciente canonización  de Filarete es una señal de la apertura ecuménica de la Iglesia rusa.”
G. Cioffari
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 279


San Ignacio Briantchaninov (1807-1867)


“Monje, escritor espiritual y santo obispo ortodoxo ruso. Procedente de familia noble, el joven Dimitrij (su nombre de bautismo) es destinado a la carrera militar al servicio del Zar Nicolás I, y es inscrito a su pesar en la escuela para oficiales de San Petersburgo. Atraído por los escritos de los Padres y por la vida monástica, entra en contacto con los starci, discípulos de Paisij Velickovskij. Obtenida finalmente la dimisión de la guardia imperial, Dimitrij se pone bajo la guía espiritual del starec Leónidas (más tarde famoso en Optina). Toma el hábito monástico con el nombre de Ignatij, se convierte pronto en hegúmeno de un pequeño monasterio, antes de que el zar lo nombre archimandrita de la Troice-Sergieva-Pustyn en la capital imperial para hacer aquí un monasterio modelo. Nombrado en 1857 obispo de Stavropol (Cáucaso), su mala salud no soporta las fatigas pastorales y sugiere dar la dimisión, después de tan sólo cuatro años de celoso servicio pastoral. Retirándose en el monasterio Nikola-Babaevski, dedica los últimos seis años de su vida a la actividad de escritor y director espiritual por correspondencia. No habiendo estudiado nunca teología, Ignatij se alimentaba de escritos filocálicos, vislumbrando en la vuelta de los Padres, que él proponía según el lema del hesicasmo de Paisij Velickovskij, la solución de la crisis del monaquismo. Su preocupación principal como escritor fue la de ser puente entre el hombre de su tiempo  y los antiguos Padres orientales. Debido a las amplias citas de estos Padres, los escritos de Ignatij constituyen un florilegio “filocálico” comentado y explicado. Se ha difundido más su ensayo sobre la oración de Jesús que él pone en el centro de la espiritualidad ortodoxa.”
R. Cemus
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 119


Teófanes el recluso
(1815-1894)
“Nacido el 10 de enero de 1815 en Cernavsk, muerto el 6 de enero de 1894 en el eremo de Vysen, Jorge Govorov tomó el nombre de Teófanes en su profesión monástica, después de haber terminado los estudios del seminario. Llegó a ser profesor de psicología, de lógica, de moral en los Seminarios de Novgorod, de Olenets, rector de la Academia de San Petersburgo, obispo de Tambor y de Sack, después de Vladimir. En el año 1872 se retiró al eremitorio de Vysen. Vivió recluido durante doce años, orando, practicando la dirección espiritual por medio de cartas, escribiendo libros. Se convirtió en uno de los autores más renombrados de la espiritualidad rusa. Su bibliografía contiene 466 títulos. Los principales escritos son la traducción rusa de la Filocalia (Dobrotoljubie), Compendio de la moral cristiana (1895), qué es la vida espiritual (1868). Teófanes es buen conocedor de los Padres y su mérito personal es saber concentrar toda la enseñanza espiritual en torno a la noción de “corazón”, término característico de la espiritualidad rusa.”
T. Spidilk
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 645.


San Juan Kronstadt
(1829-1908)

“Sacerdote, ruso, escritor espiritual, místico, canonizado por la Iglesia sinodal en el extranjero el 19/11/1964. Desarrolló toda su vida sacerdotal en Kronstadt, en la periferia de San Petersburgo. Fue famoso como taumaturgo, predicador, organizador de obras de caridad y escritor. Se conservan unos treinta escritos suyos. Sus Predicaciones fueron editadas en 4 volúmenes en san Petersburgo entre los años 1891 y 1894. Pero se hizo mucho más famoso todavía  su diario espiritual Mi vida en Cristo (4 volúmenes) […]”
T. Spidlik
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 366


Starests de Optina Pustyn:

Starets León
 (+ 1841)

Macario  Ivanov (1788-1860)

Ambrosio Grenkov (1812-1891)




“El monasterio de Optina Pustyn se encuentra en la ribera del río Zizdra a pocos Kms. de la ciudad de Kozelsk (al sur de Moscú). El nacimiento de este monasterio es un tanto legendario, se cuenta que había sido fundado antes del siglo XV por un bandido, un tal Opta, después de su conversión. En un artículo aparecido en 1994 en el Zurnal Moskovskoj Patriarchii se dice que de todas maneras el monasterio debe haber sido fundado antes del siglo XVI, porque existen pruebas fehacientes de que allí vivían juntos monjes y monjas, práctica que fue prohibida en 1551 por el concilio de los Cien Capítulos.
Tenemos noticias más detalladas a partir del siglo XVII. Gracias al zar Michael Fedorovic Romanov, que hizo ingentes donaciones al monasterio, éste comenzó a florecer. En el 1689 el boyaro Sepelev mandó construir la primera iglesia en piedra, dedicada a la Presentación de la Virgen en el Templo. En 1724, en uno de los momentos de feroz represión del monaquismo por parte de la autoridad, el monasterio fue obligado a su clausura, pero gracias a la influencia de la familia Sepelev fue reabierto dos años más tarde. En tiempos de Catalina II (1762-1796) el monasterio recibió otro duro golpe, ya que fue incluido en el número de los que no recibían subvenciones del estado, con lo cual se empobreció. En 1795 el metropolita de Moscú, Platón Levsin decidió constituir en Optina una comunidad cenobítica y enviar por este motivo a ese lugar al monje Avramij del monasterio de Nikolaevskij Pesnosskij. Avramij, más tarde hegúmeno del reconstruido Optina, habiendo llegado al monasterio lo encontró en un estado de casi total abandono. Enseguida comenzó la reconstrucción y en un período de veinte años el monasterio fue totalmente restaurado, en aquellos años fue construida la catedral de la Señora de Kazan. Optina debe su esplendor a los padres Moisés y Antonio (Putilov), que después de haberse dedicado a la ascesis, llegados a Optina, construyeron el eremitorio de San Juan Bautista. Desde aquel momento se sucedieron al frente del monasterio una serie de hegúmenos iluminados, auténticos starcy como el padre Makarij (Michail Ivanov 1788-1860) y Ambrosio (Aleksandr Grenkov 1818-1891); este último, proclamado santo en 1988, se ocupó en su juventud de la imprenta del monasterio y se encargó de ediciones importantes de las obras de los Padres. Optina llegó a ser famoso también porque era frecuentado por notables literatos que buscaban consuelo en el monasterio cerca de los padres espirituales. Entre ellos recordamos a I. Kireevskij, F. Dostoevskij, K. Leont’ev, L. Tolstoj y A. K. Tolstoj.
La suerte de Optina junto después de la revolución de octubre fue adversa, el monasterio fue clausurado en 1923  y los monjes fueron expulsados de él. En los locales del monasterio surgieron un hospital militar y una colonia, al mismo tiempo, la ermita del Bautista fue transformada en sanatorio. El 17 de noviembre de 1987 Optina fue restituido a la Iglesia rusa y desde aquel momento se inició la reconstrucción, culminada con la celebración, el 3 de junio de 1988, de la primera función litúrgica.”
M. Fasolini
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 492-493


San Silvano del Monte Athos (1866-1939)
y su discípulo
Sofronio
(muere en Maldon, Gran Bretaña, en el año 1993)


“Visto humanamente, nada propiciaba que, de entre los más de mil monjes que habitaban en el Monasterio de San Panteleimon, en el Monte Athos, fuera Silouan, monje ruso con la mínima instrucción, adscrito al economato y al molino del monasterio, quien emergiese para la posteridad. Aún más cuando pasaba desapercibido entre los monjes, que no veían en él nada extraordinario ni nada que pudiera despertar algún interés espiritual.
Fue necesario que un día Sophrony, monje treinta años más joven, recibiera de Silouan, al azar de una breve conversación, una respuesta perfectamente adecuada a su inquietud espiritual; entonces se estableció un diálogo entre ellos y más tarde una relación profunda, hasta que el contenido desprendido de aquella paternidad espiritual se impuso como prioridad en quien sería hasta el final su único discípulo.
Por lo demás, este encuentro entre Silouan y Sophrony no dejaba de ser sorprendente, por cuanto reunía a un simple campesino ruso, llegado al monasterio después del servicio militar, con un pintor moscovita emigrado a Francia. Allí el talento de Sophrony había pasado brillantemente la prueba de los salones parisinos. Se trataba de un ser intelectualmente dotado, interesado en la especulación metafísica y mística; sin embargo, tras un prolongado vagabundeo a través de la espiritualidad oriental no cristiana, después de su conversión radical no había encontrado más que el Monte Athos para satisfacer su ansia de absoluto. En abstracto, la experiencia de Sophrony podía resumirse en la convicción de que las espiritualidades orientales que le habían seducido se encontraban en las antípodas de la revelación de Cristo; esto, para la conciencia monástica ortodoxa, suponía un teorema general. Para Sophrony, sin embargo, más allá de la constatación teórica, tal evidencia se había traducido en una experiencia angustiosa: la experiencia del abismo a la cual se siente arrastrado quien vuelve a Cristo después de haberlo negado, en medio de un torbellino de arrepentimiento y desesperación en el que esta última parece triunfar. Ahora bien, esto era precisamente lo que Silouan vivía desde hacía décadas: la gracia posterior a su visión de Cristo se había alejado de él, abandonándole a un sentimiento de derrota definitiva. Era la misma experiencia trágica de las repetidas victorias de la desesperación, y del orgullo que la causa, sobre el arrepentimiento.
A partir de esta connivencia, se estableció una compresión mutua e inmediata entre los dos hombres, testigos ambos, en lo más profundo de su ser, del mismo alejamiento de la esperanza, de la misma tenacidad de la fe, del mismo fuego devorador del deseo de Dios, del mismo abandono.
Este encuentro y experiencia compartidos bien hubieran podido no extenderse más allá de las afinidades personales. La filiación espiritual hubiera podido permanecer limitada a esta relación, como suele ocurrir en la inmensa mayoría de las experiencias de santidad vividas en el Monte Athos o en el mundo cristiano donde las hay. De hecho, hasta 1947 esta experiencia espiritual no traspasó el marco estricto del Monte Athos, donde Sophrony, tras la muerte de Silouan en 1938, vivió primero como ermitaño y después como confesor de varios monasterios.
Para dar a conocer a Silouan, Sophrony, su único discípulo, hubo de retornar a Francia en 1947 e instalarse más tarde, en 1959, en Inglaterra con algunos discípulos. Y todo esto no fue fácil. A su vuelta al círculo de la emigración rusa de París y alrededores, en una época en que esta comunidad se hallaba desgarrada por diversos conflictos tanto a nivel eclesial como teológico, Sophrony se dedicó a recomponer los textos de Silouan. En unas condiciones de pobreza y precariedad extremas, en 1948 preparó una edición dactilografiada en ruso y en 1952 la publicó en forma de libro. Los escritos de Silouan, dirigidos en un primer momento a la intelligentsia rusa de Francia y de Occidente, tuvieron una escasa acogida. Sin negar el interés religioso y, sobre todo, la piedad profunda y la santidad que los textos desprendían, el círculo teológico ruso quedó desconcertado por la expresión simple y fragmentaria, a la vez que repetitiva y elíptica, de los escritos de Silouan; tampoco consideró legítima ni fundamentada la síntesis de teología ascética-mística y el cuerpo doctrinal que Sophrony, en una amplia introducción, se había esforzado en organizar lo más sistemáticamente posible. No obstante, un reducido número de discípulos, ortodoxos de origen y los más de ellos procedentes del cristianismo occidental, se interesaron por los escritos y el espíritu de Silouan; Sophrony, impregnado de su experiencia común, los difundía con la facilidad de una autoridad auténtica y con la eficacia propia de su total generosidad. Así, en 1958 apareció la primera traducción inglesa del libro, seguida por la alemana al año siguiente. Paralelamente, al figura de Silouan, tal como era mostrada en el libro, se iba conociendo y valorando en los círculos monásticos y espirituales católicos. En este contexto, Divo Barsotti publica en Florencia una antología de los escritos de Silouan bajo el título Silvano di Monte Athos. Degli Scritti. […] La irradiación de Silouan, cuya canonización tuvo lugar en 1987, cuarenta años después de la primera aparición del libro de Sophrony, se llevó a cabo, por tanto, con ciertas dificultades. La recepción ortodoxa fue bastante lenta y reticente; la no ortodoxa, en cambio, fue más rápida, variada y entusiasta. […]
Unos conocieron personalmente a Sophrony, que murió en 1993. Otros muchos han llegado a Silouan a través de la fuerte irradiación tanto de sus escritos y los de su discípulo Sophrony como del monasterio que éste fundó en Inglaterra, o los monasterios y parroquias que se erigieron después, acogiéndose a su paternidad, en diversas partes del mundo. Paradójicamente los frutos de santidad de Silouan, habiendo madurado al sol del poniente, se esparcieron poco a poco, pero de manera ininterrumpida, por el mundo entero y, por supuesto, después de su canonización, también por las tierras de tradición ortodoxa.[…]”

Jean Claude Polet
Archimandrita Sophrony. Escritos de San Silouan el Athonita.
Ed. Sígueme. 2011. Págs. 9-13



Vladimir Sergeevic Solov’ev
(1853-1900)

“Considerado como el primer filósofo ruso (en el sentido estricto de la palabra). Hans Urs Baltasar (1988) compara a Solov’ev con Santo Tomás de Aquino por la amplitud de su pensamiento tan profundamente cristiano y universal. Su sistema es bastante complejo y presenta un conjunto de obras que a menudo han sido reagrupadas así:
Sus primeras obras son de temática más bien filosófica. Crisis de la filosofía occidental (1874), La Sophia (1876), Principios filosóficos del saber integral (1877) todas estas obras hablan del concepto de omni-unidad, la intuición de un conocimiento que abarca la vida y la persona, un conocimiento que unifica todo y que reúne al hombre con Dios.
Otros escritos  son evidentemente más teológicos, como por ejemplo, Lecciones sobre la Divino-humanidad (1877-1881) Rusia y la Iglesia Universal (1888), que tienen en común la propuesta de una relectura del cristianismo y de la historia de la Iglesia a partir de la unidad, basada sobre el paradigma de la divino-humanidad de Cristo en tanto en cuanto incluye la unidad (de la persona) y la diversidad (de las naturalezas).
Tienen también diversos escritos que evidencian una interesante investigación sobre la estética y sobre la ética: La belleza en la naturaleza (1889), El significado universal del arte (1890), El significado del amor (1892-1894), La justificación del bien (1894), y en el mismo año de su muerte, un último escrito, Tres diálogos, con la Narración del Anticristo. Habría que mencionar también cerca de 200 voces que Solov’ev escribió como director de la sección filosófica del Diccionario Enciclopédico Brockhaus, en los últimos años de su vida. Hay que señalar en estas obras del último período, la originalidad del vínculo que establece entre la categoría de los bello y el significado del amor: el mundo está inserto en un proceso de evolución, dentro del cual la belleza revela el proyecto misterioso de Dios en la naturaleza, a través de la luz materializada (como por ejemplo en el diamante) mientras el misterio mismo de la transfiguración que afecta a la humanidad viene a través del amor. “Teofanía” en la materia (luz) y en el hombre (espíritu-amor) se reúne en Cristo, el cual es el esplendor de la divinidad encarnada y el esplendor de la humanidad resucitada.
‘Con Solov’ev, la tradición espiritual rusa ha elaborado por primera vez una visión del mundo en la cual la racionalidad occidental y la contemplación oriental (en el sentido del Oriente cristiano) intentan integrarse en el sueño de una síntesis grandiosa capaz de unir ciencia, filosofía y religión’ (Olivier Clement, Prefacio a M. Tenace, La belleza unità spirituale, Roma 1994, 7). El pensamiento de Solov’ev sorprende mucho por su capacidad de abrazar juntas la actualidad y la historia y, por tanto, por el carácter profético de algunas intuiciones sobre la filosofía (preanunciando la muerte del pensamiento racionalista), sobre la política (declarando fallida, por anticipado, la tentativa materialista atea), sobre la Iglesia (confesando que el camino de la credibilidad pasa por la conversión y por tanto por la unidad).”
M. Tenace
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 628-629


Sergij Bulgakov
(1871-1944)
“Teólogo ruso, autor de la más vasta, original y controvertida síntesis teológica de la Iglesia ortodoxa. Después de la experiencia marxista de su juventud, volvió a la fe y en 1918 fue ordenado sacerdote. Expulsado de Rusia en 1922, tres años después estaba entre los fundadores del prestigioso instituto teológico de San Sergio en París. Aunque todos reconocían el nivel superior de su especulación teológica, su concepción de una dogmática creativa con un lenguaje siempre  renovado (precisamente para ser fiel al sentido más que a la letra de la tradición) suscitó muchas sospechas. Incluso condenada tanto por la Iglesia rusa de la “emigración” como por el patriarcado de Moscú, su doctrina sofiológica penetra todo su pensamiento. Para Bulgakov, la unión hipostática no fue un acto extrínseco de Dios y una yuxtaposición de dos naturalezas. Su base metafísica está en la naturaleza humana capax divini y en la naturaleza divina capax humani. La sofía es precisamente la huella de Dios en cada ángulo del universo. Siguiendo a Chomjakov, Bulgakov consideraba que el criterio de infalibilidad es la conciencia eclesial, no un órgano o una institución visible. Y por tanto, también los concilios deben su ecumenicidad a la recepción eclesial. Pero si la inspiración eclesiológica era chomjakoviana, totalmente opuesta era su consideración de las demás Iglesias y, sobre todo, de la Iglesia católica. Más allá de los confines de la Iglesia (ortodoxa) no hay un vacío eclesial. Se da, por el contrario, aunque de un modo limitado, la gracia auténtica, y, por tanto, la vida en Cristo a través de la oración, la Sagrada Escritura, los sacramentos (verdaderos y eficaces) y la vida espiritual. Sobre esta unidad profunda ya existente se basa la posibilidad de la reunificación, también visible, de los cristianos.
G. Florovskij reprochaba a Bulgakov su poca adherencia a la teología bizantina, mientras que Vladimir Lossky lo acusaba de introducir una cuarta hipóstasis en la Trinidad. Todavía hoy en la Iglesia rusa pervive un doble sentimiento hacia Bulgakov: por una parte, admiración hacia el gran teólogo, por otra, perplejidad ante su sofiología. Esto se manifiesta claramente en un artículo que la monja Elena dedicó a Bulgakov en Bogoslovskie Trudy (n 27, 1986), en el que se inmiscuyó bruscamente la censura de la redacción para subrayar que otros piensan de otra forma. Han tenido gran éxito en la ortodoxia (así como en el catolicismo) las obras de Pavel Evdokimov, el mejor discípulo de Bulgakov, que supo divulgar las grandes intuiciones del maestro matizando los aspectos demasiados innovadores.”

G. Cioffari
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 119-120


Pavel Florenskij (1881-1937)


“Uno de los mayores teólogos rusos. Siendo profesor de Historia de la Filosofía en Moscú, publicó en 1912 su obra más conocida, Columna y fundamento de la Verdad, dedicada a la teodicea. De 1924 son las lecciones que concluyen la segunda parte de su obra (la antropodicea, escrita en ensayos reunidos posteriormente bajo los títulos de Filosofía del culto y Metafísica concreta), El espacio y el tiempo en el arte, así como Los dielécticos y su aplicación técnica. La mirada vigilante de las autoridades a su talento técnico-científico terminó en 1933, cuando fue desterrado a Solovki, condenado a diez años de trabajos forzados, y finalmente fusilado.
Su pensamiento ha dejado una impronta única en la historia de la teología: él lo ve todo a través de una óptica científica, matemática y estética. El principio basilar de su filosofía –el de la consubstancialidad- entronca con la unidad del todo de Solov’ev e, indirectamente, con la Sobornost’ de Chomjakov. Sin embargo, Florenskij tenía de este último una opinión negativa, pues no compartía sus asperezas anticatólicas y consideraba su pensamiento como un democratismo protestante.
Desde esta consubstancialidad universal de Florenskij todas las antinomias que son parte integrante de la verdad y de cualquier realidad, así como también esa realidad divino-humana que es la Sofía, que es el amor creador de Dios y por lo tanto la raíz primigenia de la criatura. La Sofía, aun siendo una, se presenta bajo formas diversas: como fundamento en relación al Padre, como razón en relación al Hijo, como santidad en relación al Espíritu. En el mundo creado, Sofía es la humanidad, en la humanidad es la Iglesia,  en la Iglesia está constituida por los santos, y sobre todo por la Virgen (sofiología).
Son preciosas sus páginas sobre el amor y la amistad, sobre el mensaje de los iconos, sobre la experiencia del Espíritu. Su sensibilidad ecuménica y su simpatía hacia el catolicismo se encuentran expresadas sobre todo en las páginas Sal de la tierra, o relato de la vida del starec hieromonje Abba Isidoro, del skit Gethsemaní.”
G. Cioffari
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 284-285


Onomólatras
(Adoradores del nombre)
“La polémica agitó a la Iglesia rusa en los años 1912-1913 y siguientes. Su origen hay que buscarlo en una obra del ruso Hilarión, primero monje en San Pantaleón (Athos), después eremita en el Caucaso, apoyado por el hieromonje Antonio Bulatovic del monasterio ruso de san Pantaleón, autor de varios escritos, y que contaba con muchos seguidores. Los “adoradores” sostenían la identidad ontológica de Dios con su nombre (en particular “Jesús”) y la necesidad absoluta, para la salvación, de la “oración de Jesús”, incluso aduciendo pasajes patrísticos mal entendidos. La jerarquía rusa, comenzando por el arzobispo de Volinia, Antonio Charapovickij (+ 1936), y los teólogos (sobre todo S. V. Troickio) respondieron con algunos artículos y libros (1914-1916). El movimiento y la doctrina fueron condenados en varios documentos por los patriarcas ecuménicos Joaquín III (1912) y Germán V (1913), como también por el Santo Sínodo ruso (1913) y por la Escuela teológica de Chalki (1913). A consecuencia de la condena más de 600 monjes fueron expulsados del monte Athos y confinados en monasterios rusos. La cuestión fue retomada más tarde por teólogos rusos de gran relevancia, como P. Florenskij y S. Bulgakov, que supieron aislar el núcleo positivo de las añadiduras doctrinales de los “adoradores del nombre”.”
M. Paparozzi
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 480


Neopalamismo

“Renacimiento de la teología de San Gregorio Pálamas (1236-1359), santo y teólogo de la Iglesia bizantina, en el siglo XX. Para dotar de una base dogmática al hesicasmo de los monjes del Monte Athos tomó como punto central la deificación del hombre basándose en la distinción real, y no simplemente mental, entre esencia inefable de Dios y sus energías (operaciones), por las que Dios se revela y nos hace semejantes a él (esencia y energía). Una de estas energías es la luz que vieron los Apóstoles en el Tabor, y que también los hesicastas pueden ver si sus ojos están purificados por la ascesis y la oración de Jesús. No sólo la ortodoxia del palamismo fue reconocida en los sínodos constantinopolitanos de 1341 y de 1351 sino que el mismo Pálamas fue canonizado en 1368 por el patriarca de Constantinopla Philotheos Kokkinos, su discípulo, con fiesta propia que se celebra el segundo domingo de cuaresma, después de la fiesta de la ortodoxia que se celebra el domingo precedente, y otra fiesta el 14 de noviembre. Pero, desde el siglo XVI en adelante, bajo el influjo de la teología católica y con la protección de Meleno Pigas, patriarca de Alejandría (+1601), se introdujeron tesis antipalamitas. Pigas encontró seguidores en Metrofane Kritopoulos, patriarca de Alejandría (+1639) y en Nicolás Bulgaris (+1684). La tendencia llegó a su punto más álgido en la Rusia del siglo XVIII, cuando la Iglesia ruso-bizantina quitó del Oficio del domingo de la ortodoxia cualquier huella de Palamismo. El hecho de que en los manuales teológicos rusos del siglo XIX, como los de Makarij Bulgakov, metropolitano de Moscú (1816-1882) y en el compendio de Silvestre Malevanskij (1812-1908), el palamismo ya no estaba representado, indujo a M. Jugie, en su Le schisme byzantin (1941), a considerarlo como acabado; pero, escribiendo diez años después (1951), B Schultze (+1990) negó este juicio, señalando huellas de palamismo en Malevanskij, al igual que en el controversia acerca del nombre de Jesús, surgida al inicio de este siglo en el Monte Athos, y, finalmente, en la conexión entre sofiología y palamismo. El primer teólogo griego que escribió una monografía sobre el palamismo en este siglo (1911) fue Gregorio Papamichail (1874-1956). Pero buena parte del mérito hay que atribuírselo a G. Florovsky, que, en un ensayo de 1928, y especialmente en la 1º Conferencia de los Teólogos Ortodoxos que tuvo lugar en Atenas en 1936, condena gran parte de la producción teológica ortodoxa después de Pálamas como “pseudomorfosis”, o malformación, debido a que bajo el influjo occidental cortó los vínculos con la tradición patrística, todavía viva antes de la caída de Constantinopla (1453). Entre los primeros protectores del palamismo encontramos a Dumitru Staniloae (1913-1993), al archimandrita Kyprian Kern (+ 1960) y a Vladimir Lossky (1903-1958). Con los estudios de John Meyendorff (+1992), acompañados de la publicación de algunos textos, la recuperación del palamismo fue completa y se puede apreciar en la producción literaria de Boris Bobrinskoy (1925-) y del obispo Kallistos Ware (1934-). Para los neopalamitas, el objeto de la teología apofática es la esencia incognoscible de Dios, y en cambio, el objeto de la teología catafática, son las energías (operaciones) de Dios. Además, los neopalamitas aplican la distinción entre esencia y energías de Dios al problema del Filioque, rechazando la procesión del Espíritu Santo del Hijo “en cuanto a la esencia”, y aceptándola “según las energías). A pesar  de la existencia de voces antipalamitas aisladas, el palamismo es actualmente la doctrina más común entre los teólogos ortodoxos. Incluso, por parte católica, este renacimiento palamítico ha ido acompañado de un estudio de las fuentes y de una revalorización doctrinal.”
E. G. Farrugia
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 439-470


Sofiología
“La palabra sapiencia-sabiduría (en griego sofía) ha llevado a elaborar una simbología de la Sofía como explicación de aquello que une, sin confundir, a Dios Creador y al mundo creado por Él. En la Sagrada Escritura (en el Libro de la Sabiduría, en el libro de los Proverbios) la Sabiduría es evocada como persona cercana a Dios, situada por tanto en el ámbito de los misterios de los comienzos del mundo y presentada con rasgos femeninos. Tal Sabiduría-Sofía, en los desarrollos de la sofiología, en cuanto relacionada con el tema de la creación, se acerca al misterio de la materia vivificada, del cuerpo espiritualizado, de la vida divinizada, del misterio de la feminidad. A partir del desarrollo de cada uno de estos temas, han nacido escuelas de pensamiento filosófico-religioso de tendencias heréticas, que han tematizado explícitamente la figura de la Sofía: desde la gnosis de los primeros siglos; la Kabala, el esoterismo medieval; la teosofía de Swedenborg, hasta las diversas sectas que se remontan a la idea de la Nueva Era, la Nueva Iglesia, la Nueva Humanidad, siempre sobre el modelo preexistente arquetipo divino, creado, femenino.  El interés por un proyecto de hombre divino en la antroposofía o en la masonería; la reflexión teológica sobre una figura divina asimilable a una cuarta hipóstasis en la Trinidad.
Se da, por tanto, una cierta desconfianza hacia la sofiología aún cuando las intuiciones ligadas a la figura de la Sofía tengan un contenido creativo real, como “Ángel custodio del mundo”, “memoria de Dios”, realidad personal que convierte lo creado en lugar de la presencia de Dios y que hace al hombre similar a Dios en la participación de su ser personal. Mientras en la teología trinitaria es arriesgado teorizar sobre la Sofía, en la antropología y en la cosmología los temas de la sofiología obligan a hablar de la materia de una forma que dé cuenta de su capacidad de salvación, así como también considerar la realidad hombre mujer en la fuerza de su unidad y diversidad unidas, y en general de todo eso que existe en la afirmación de una cierta omni-unidad real. Se puede decir que los mejores representantes de la sofiología son los rusos V. Solov’ev (reconocido como padre de la sofiología), P. Florenskij y S. Bulgakov, dado que son los que más han desarrollado este pensamiento de la Sofía ligada a la Omni-unidad divina y al mismo tiempo, creada.”
M. Tenace
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 627-628


Paul Evdokimov (1901-1970)


“Paul (Pavel), teólogo ruso de la diáspora. Nació en San Petersburgo el 2/8/1901, y perdió pronto a su padre, asesinado en 1907. Tras la derrota del ejército blanco, se estableció en París, en 1923, después de pasar un tiempo en Estambul donde se ganó la vida como chofer de taxi. Termina los estudios en el Institut Saint Serge en 1928, y en 1942 se doctora en filosofía en la Universidad e Aix en Provence. Se casa en 1927; después de la muerte de su primera mujer se vuelve a casar en 1954. Desde 1953 da clases en Saint Serge. Muere repentinamente en Meudon el 16 de septiembre de 1970. […]”
E.G. Farrugia
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 270-271



Vladimir Lossky (1903-1958)

“Era hijo del filósofo Nicolaj Lossky y está considerado como uno de los teólogos ortodoxos más conocidos y estimados en el ámbito ecuménico. Expulsado de Rusia en 1923, fijó su residencia en Praga, donde asistió a los seminarios de N. Kondakov y empezó a leer a los Padres. En 1924 se matriculó en la Sorbona de Paría. Aquí dos maestros marcaron su destino, F. Lot y E. Gilson. Bajo su dirección se dedicó a estudiar el pensamiento místico del Maestro Eckhart, que iba a ser la obra de su vida y que se publicó como póstuma. En 1945 empezó a ejercer como profesor universitario. Continuó así su vida de estudioso y de testigo de la ortodoxia, y entró en contacto con ilustres teólogos de la teología occidental – J. Danielou, H. de Lubac, Y. Congar-, con los que entabló una relación fraterna y de diálogo. En ese tiempo fue cuando se dedicó a buscar la diferencia sustancial entre Oriente y Occidente en la cuestión del Filioque. Hay que reconocerle el mérito de haber sabido presentar a la teología occidental, de una manera completamente nueva, el mensaje de los Padres Orientales, y en especial su método teológico. A su fama ha contribuido sobre todo el estudio sobre la Teología mística de la Iglesia de Oriente, en el que hace un esfuerzo por volver al genuino significado de “teología mística”, que él considera esencial para que se pueda hacer teología en la Iglesia cristiana.”
G. I. Gargano
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 414-415


Irénée Hausherr
(1891-1978)
“Profesor de espiritualidad oriental en el Instituto Pontificio Oriental. Nació el 7 de junio de 1891 en Eguishein (Alsacia), y entró en la Compañía de Jesús en 1909. Asiste a los cursos de Antoine Meillet (+ 1936) en Paris. Sentía inclinación por la filología (conocía el latín, el griego, el siríaco, el árabe, el armenio, el ruso y el paleoslavo), y nunca olvidará las clases de aquel lingüista cuando hizo que fuese clara como el agua una incomprensible traducción siríaca del griego, haciendo una retroversión de la misma. Con semejante preparación filológica, Hausherr abordó directamente los textos de la espiritualidad oriental, echando las bases para una nueva especialización, la ciencia de la espiritualidad oriental. El 15 de julio de 1923 fue ordenado sacerdote. En 1924 se encuentra en Roma, en el Instituto Bíblico. En 1927 es miembro del Instituto Pontificio Oriental, en el que permanece durante 48 años. Murió el 5 de diciembre de 1978 en Colmar (Alsacia). El tema de sus clases y de sus estudios es la espiritualidad del Oriente cristiano (especialmente bizantino y siríaco), un campo que en aquel tiempo aún estaba inexplorado. Antes de él había estado en el Instituto Bíblico Marcel Viller, sj (1880-1952), que explicó espiritualidad, o más exactamente espiritualidad patrística. Una lista de los numerosos artículos y libros de Hausherr se encuentra en el volumen Hesychasme et priére, OCA 176, 1966. Los temas que más le atraían fueron la contemplación hesicasta y el trasfondo tradicional de la oración de Jesús (Noms du Christ et voies d’ oraison, OCA 157, 1960). También ve en la línea tradicional a los starci rusos (Direction spirituelle en Orient autrefois, OCA 144, 1955). Una justa comprensión  del espíritu penitencial del monaquismo requiere que se lo mire desde el lado positivo de la bienaventuranza evangélica (Penthos. La doctrine de la componction dans l’ Orient chrétien, OCA 132, 1944). Hausherr contribuyó de manera decisiva a la rehabilitación y revalorización de Evagrio Póntico. Hausherr fue junto con Viller, uno de los inspiradores y de los primeros colaboradores del Dictionnaire de Spiritualité. Es también el autor de varios escritos “parenéticos” de estilo divulgativo, entre ellos un opúsculo muy apreciado: Priére de vie (París, 1965)”
T. Spidlík
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 317-318


Georgij Florovskij (1893-1979)


“Teólogo ruso. Expulsado de Rusia en 1922, enseñó Patrología en el Instituto San Sergio de París, distinguiéndose por su rigurosa ortodoxia respecto a la apertura a Occidente de S. Bulgakov, P. Florenskij y N. Berdjaev. Se trasladó a los Estados Unidos, donde enseñó en el Seminario teológico ortodoxo de San Vladimir (1948-1955) y después en las universidades de Harvard y de Princeton.
Sus clases de Patrología fueron condensadas en los dos pequeños volúmenes: Los Padres bizantinos de los siglos V-VIII (París 1933). Unos años después publicaba la obra que refleja mejor su pensamiento: Los caminos de la teología rusa (París 1937). Su tesis de fondo es que la teología rusa se ha alejado de la tradición helenística, mostrándose demasiado sensible a los influjos occidentales. La “pérdida de la mentalidad patrística” ha hecho posibles ciertas desviaciones recientes, como la sofiología y las nuevas propuestas de los errores origenianos, abriendo la puerta para que aparezcan fallos en el desarrollo de las Iglesias ortodoxas de nuestros días.
Es necesario, pues, recuperar la mentalidad primigenia, sobre todo a nivel de experiencia eclesial. En efecto, la Iglesia es el cuerpo de Cristo, y la vida en ella y en la comunión de los santos es como si estuviese más allá del tiempo. El Espíritu Santo tiene un papel esencial, pero la connotación fundamental de la Iglesia debe ser siempre cristocéntrica (Florevsky se distancia en esto de Lossky).
Florovsky, representante autorizado de la ortodoxia en numerosos encuentros ecuménicos, fue un celoso defensor de la Iglesia ortodoxa como la única “católica”, aunque admitía que sus fronteras canónicas no siempre coincidían con la realidad eclesial más profunda y mística.”
G. Cioffari
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 285


José el Hesicasta (monte Athos- + 1959)

Ver reseña biográfica en el siguiente artículo sobre José el Hesicasta: Ver



Dumitru Staniloae (1903-1993)

“Estudio en el liceo en Brasov, acabó los estudios de teología en Cernauti, en Atenas y en Berlín. Escribió su tesis de doctorado sobre el patriarca Dositeo de Jerusalén y sus lazos con el país rumano. Enseña en la Academia de Teología ‘Andreiana’ de Sibiu entre 1929-1947. Staniloae quiere crear un renacimiento de la espiritualidad ortodoxa en Europa, con la ayuda de los teólogos rusos: Solov’ev, Bulgakov, Florenskij y de la tradición patrística. Impartió cursos sobre ascesis y sobre mística hesicasta en el Instituto de Teología de Bucarest.
Staniloae fue encarcelado, por razones políticas, de 1958 a 1963, en la cárcel de Jilava y de Aiud. Liberado en 1963, Staniloae enseñó teología dogmática en el seminario de Bucarest. Ha publicado numerosos volúmenes de teología y de filosofía […]”
A.    Mitescu
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Págs. 631-632



John Meyendorff
(1926-1992)

“Teólogo ortodoxo de la diáspora, que, por su fecundidad y accesibilidad, se convirtió para muchos, en el mundo anglosajón y francés, en todo un símbolo del renacimiento ortodoxo. Nació en 1926 en Neuilly-sur-Seine en una familia de emigrantes del Báltico, y estudió en la École Pratique des Hautes Études y en el Institut Saint Serge, donde completó los estudios para el sacerdocio.
En 1958, con un trabajo en la Sorbona sobre san Gregorio Pálamas, se doctoró en Letras, pero al año siguiente salió para los Estados Unidos para encargarse de la cátedra de Patrística e Historia de la Iglesia en el Seminario Teológico Ortodoxo de  San Vladimir en Nueva York. A la muerte de Alexander Schmemann, asumió el cargo de decano, que detentó hasta poco antes de su muerte. Aunque no hay sido él el primero que descubrió en el siglo XX a san Gregorio Pálamas, no tardó en identificarse con esta corriente (Dumitru Staniloae), dado que sus escritos –edición de textos palamitas o comentario histórico – teológico a los mismos alcanzaron una gran difusión. Además de ser historiador de la teología, Meyendorff era sobre todo historiador de la Iglesia bizantina. Pero su impronta positivista marca toda su producción teológica, y por esta razón no podía aceptar de ninguna manera la sofiología de Sergij Bulgakov, que Meyendorff consideraba idealismo alemán camuflado. Como buen neopalamita, se sintió identificado con la síntesis neopatrística que proponía Georges Florovsky, según el cual el auténtico pensamiento bizantino, lejos de helenizar el dogma, bautizó el helenismo, constituyendo éste la expresión indispensable en la que Dios ha querido encarnar su pensamiento salvífico. La obra de Meyendorff Le Christ dans la theologie bizantine, y también la Introduction to Bizantine Theology, son la expresión mejor articulada de esa síntesis bizantina, que se basa en la idea de Dios Logos que se hace carne y del hombre que se hace Dios. Para ello buscó apoyo en una síntesis entre Evagrio Póntico (+ 399), con su mística centrada en la mente (nous) y el Ps. Macario, con su mística experiencial del corazón como integración antropológica, dando preferencia a este último.”

E. G. Farrugia
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 443


Alexander Schmemann
(1921-1983)
“Nació el 13/9/1921 en Revel, Estonia, de padres que habían huido de la Rusia Bolchevique y que más tarde se establecieron en Francia, lugar donde fue educado en escuelas rusas. Sus estudios para el sacerdocio los hizo en el Instituto Saint Serge, entre los años 1940-1945, época marcada por la presencia de teólogos y estudiosos ortodoxos de relieve en dicho Instituto. Pero en lugar de orientarse hacia la sofiología de Sergij Bulgakov (+1944), sufrió el influjo decisivo de Nikolaj Afanasev (+1966), su maestro de escuela. De aquí proviene la impronta litúrgica de Schmemann, que ha hecho de él una de las figuras más escuchadas de la diáspora rusa. Enseña historia de la Iglesia bizantina en el Instituto Saint Serge en los años 1945-1951, fecha en que fue nombrado profesor de historia de la Iglesia y teología litúrgica en el Seminario teológico ortodoxo de San Vladimir en Nueva York, del cual fue decano desde el año 1962 al 1983. Junto con John Meyendorff fue defensor de la autocefalía de la Iglesia Ortodoxa en América reconocida como tal por el patriarcado de Moscú en 1970. La especialidad de Schmemann era la liturgia, que para él era la expresión de la feliz unión entre las acciones exteriores y actitudes interiores. Criticaba una cierta tendencia escolástica, heredada de Occidente, llamada “pseudomorfosis” por G. Florovsky (+ 1979), que defendía la dicotomía entre los sacramentos y la Iglesia. En este sentido, su teología era una crítica firme contra toda reducción extrínseca del mensaje cristiano a un ritualismo vacío, y en la fase más constructiva, una invitación a unir el contenido dogmático a la experiencia espiritual correspondiente. Sus predicaciones son un testimonio elocuente de ello, cuya clave está en considerar la celebración como categoría existencial, dogmática y litúrgica.”
E. G. Farrugia
AAVV. Diccionario Enciclopédico del Oriente cristiano.
Ed. Monte Carmelo. Pág. 602



Matta el Meskin (20.9.1919 - 8.6.2006)







Tomás Spidlík s.j.

Ver reseña biográfica en el siguiente artículo sobre Matta Meskin: Ver



Nació en Boskovice (Moravia) en 1919 y realizó estudios de filosofía y teología en diversas universidades europeas. Desde 1954 ha enseñado teología espiritual patrística y oriental en el Pontificio Instituto Oriental, en la Pontificia Universidad Gregoriana y en otras universidades. Durante más de treinta años ha sido padre espiritual en el Pontificio Colegio Nepomuceno de Roma. En 2003 fue creado cardenal por el Papa Juan Pablo II. El P. Spidlík se ha dedicado al estudio científico de la espiritualidad del Oriente cristiano en una dirección vital y su obra constituye hoy una visión teológica orgánica.

Reseña biográfica tomada de Ediciones Monte Carmelo