Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

miércoles, 21 de marzo de 2018

En el corazón de mi pecado



Un monje de la Iglesia de Oriente



Señor, tú viste a Mateo sentado a la mesa de los impuestos y le dijiste: “Sígueme” (Mt 9,9) y Mateo se levantó y te siguió. Vocación  inesperada, llamada impredecible. Mateo es “tomado” por ti justamente cuando está desarrollando una actividad que, a los ojos de los hebreos, era juzgada pecaminosa. Porque, de hecho, ¿quién es Mateo? Uno que cobra los impuestos, un publicano, por lo tanto, uno que la opinión pública hebraica considera recaudador deshonesto de tasas injustas. Tú, Señor, “tomas” a este publicano tal como es y en pleno ejercicio de su profesión reprobable. Es necesario sólo que él acepte dejar su lugar, y él lo hace.

Señor, puedes tomarme también a mí en el corazón de mi pecado, vuelto tan habitual y que casi se identifica con mi vida, como el oficio del publicano era la ocupación habitual de Mateo y se identificaba ya con su vida. Me puedes tomar no sólo cuando, por disposición interior, estoy lejos de consentir al pecado, sino también cuando lo estoy cometiendo, como has tomado a Mateo en el oficio de los impuestos. ¡Señor, llámame! ¡Haz que me levante enseguida! ¡Atráeme tras de ti! Que pueda dejar a mis espaldas esto, todo esto…



Un monaco della Chiesa d’Oriente
Rivolti a Gesù
Ed. Qiqajon. Comunità di Bose. 2017 Magnano. Pg. 133

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