Ícono del Cristo Orante - Capilla del Eremitorio, Monasterio del Cristo Orante

domingo, 22 de abril de 2018

Matta el Meskín y la vida monástica


Wadid el Macario [*]


El secreto de la vida monástica: el amor divino.

El Padre Matta el Meskín amó ardientemente la vida monástica y por ella estuvo dispuesto a renunciar a todo lo que había de más preciado. Para él, en efecto, el monaquismo es fundamentalmente una relación de intenso e ilimitado amor por Cristo. Su amor por el monaquismo deriva de su profundo amor por Cristo. Lo escuchamos decir:

¿Qué me ha traído al monasterio si no el amor por Cristo [1]? ¡La gente piensa que es exagerado dejar el mundo para ir a vivir a un desierto abandonado! Pero Cristo no ha considerado exagerado dejar el cielo y venir a la tierra por nosotros [2].

En más de una ocasión, él ha remarcado que “el secreto para recorrer este camino es el amor divino” [3]. A quien le preguntaba cómo iniciar la propia vida monástica, acostumbraba a responder así: “Haz de modo de cultivar una relación de amor con Cristo”. También a los monjes ancianos que le preguntaban cómo recuperar el fervor inicial, daba respuestas semejantes a esta. Él mismo había vivido de modo extraordinario esta relación amorosa desde los primeros años de su vida monástica en el Monasterio de San Samuel, de día y de noche. Por toda su vida se acordará de estos primeros tres años, extrayendo la gracia, la iluminación y la proximidad con Cristo que había recibido en ellos. Su máxima aspiración por sus hijos monjes era hacerlos experimentar algo de lo que él había vivido.  

A menudo repetía a sus hijos espirituales la expresión que había leído en su juventud en el libro La experiencia de la presencia de Dios del hermano Laurent de la Resurrección, que le había tocado profundamente: “Nuestro único oficio es amar a Dios y regocijarnos de este amor” [4].


Espíritu de kénosis y mortificación del ego.

Lo que más de todo obstaculiza al monje en el ofrecer el propio amor a Cristo es el amor por el ego, que el padre Matta definía “el dios del ser carnal” [5].  Explicita esto diciendo:

Es imposible obedecer a Cristo sin renunciar a la propia voluntad y honor, y glorificar a Cristo sin un rechazo radical a todo honor y a toda autoglorificación… Así como es imposible amar a Cristo sin odiarse a sí mismo. Por esto al monje que se muestra determinado a acceder al espacio de la mortificación del propio ego y de la renuncia a la propia voluntad, se le abre otro espacio, el del amor divino en el cual correr libremente. Por la muerte del ego, en efecto, se liberan las energías del amor [6].

Esta cita es extraída de una carta que el padre Matta  escribió en ocasión de la primera ordenación [7] de nuevos monjes hecha en el Monasterio de San Macario poco tiempo después de su llegada al monasterio. Se recomendó, luego, que esta carta fuese entregada a cada nuevo monje al momento de la entrada al monasterio porque contiene los secretos para recorrer el camino monástico. Aun hoy, en el monasterio, hacemos así.

Estas cosas fueron por él expuestas, desde perspectivas diversas, en muchos de sus escritos como “El grano de trigo” [8], en sus numerosas meditaciones sobre el cántico de la kénosis divina (Fil 2, 5-11) y en numerosos otros escritos. En el libro Fi al-tadbir al-ruhi (Sobre la vida espiritual) leemos:

La columna vertebral de la vida espiritual que sostiene todas las virtudes, todos los carismas y todos los tipos de lucha y les preserva de andar perdidos es “la renuncia de sí”. [9]

El Padre Matta vivió – e invitó a sus hijos a vivir con él- sobre el camino de la kénosis que Cristo ha trazado para nosotros, consiguiendo hacer inmunes a sus discípulos al carrerismo eclesiástico y a la ambición de cargos de prestigio. La verdadera ambición para el monje [10] es crecer en el amor y en el conocimiento de Cristo, así como en el amor y en el conocimiento de la Iglesia y de todas las ciencias y de todos los misterios que le atañen porque ella es el cuerpo viviente de Cristo. Esta aspiración está ligada al objetivo de servirla sin desear en cambio ninguna condecoración, ninguna fama, ninguna promoción [11].

El monje es una persona que da sin recibir, sin esperar nada a cambio. Desde los primeros días como monje, Dios había inspirado al padre Matta como sintetizar este principio en una frase que él escribió para sí mismo sobre el muro de su celda, en rojo, y que repitió hasta el final de su vida: “Para nosotros ningún derecho, solo deberes”.


Los dos pilares principales de la vida monástica: la Escritura y el Espíritu Santo.

Este subtítulo nos viene inspirado de la obra principal dedicada por el padre Matta a los fundamentos auténticos del monaquismo, titulado Antonio, asceta según el evangelio [12]. En el capítulo I, en efecto, titulado “El significado de la obediencia a los mandamientos para san Antonio”, es presentada la importancia de la Escritura en la vida de San Antonio. En el capítulo II, titulado “Antonio, heredero del fuego de Pentecostés”, es expuesta la importancia del Espíritu Santo. Desde la primera página de este libro encontramos la siguiente expresión que hace de síntesis al libro entero, como también a los fundamentos del monaquismo tal como lo entiende el padre Matta: “La vocación seguida por Antonio es enteramente según el evangelio, potentemente sostenida por el Espíritu Santo” [13].


La importancia de la Escritura en la vida del monje

La Escritura es el primer maestro para el monje. Es ella la que le revela los propios errores, la que le exhorta, la que le medica, le cura, le corrige el camino, le enseña, le dilata sus facultades espirituales, le educa, pero sobre todo lo alegra, lo consuela, lo refuerza hasta que pueda soportar las tribulaciones. Todo esto se realiza a condición de que el monje se ponga por debajo y no por encima de la Palabra. El Padre Matta explica este punto así:

En todo el camino monástico no he encontrado un compañero y una guía para mi vida semejante a la palabra de la Escritura. Es necesario, sin embargo, inclinar la cabeza ante ella, como si nos inclináramos ante un rey celestial y es necesario pedir con insistencia que la Palabra nos juzgue. Si no pedís, en efecto, que la Palabra te juzgue, serás tú quien la juzgue… y no obtendrás la bendición esperada sino sólo algún conocimiento con los cuales hacer gala y hacer comercio por tu crecimiento intelectual [14].

Del mismo modo, el monje debe considerar la palabra de la Escritura como un mensaje personal dirigido a él en la situación contingente de su vida [15]. Esto es cuanto descubrió el padre Matta por sí mismo cuando dice: “Cuando comencé a conocer la Biblia me he dado cuenta que ha estado escrita toda para mí” [16].


Algunas metodologías de lectio divina

El Padre Matta el Meskín consiguió recuperar un método antiguo de lectio divina que era muy difundido entre los primeros Padres del desierto, tanto como para ocupar la mayor parte de sus tiempos. Él mismo lo ha practicado sin jamás saciarse intentando por todos los medios de transmitirla a sus hijos espirituales. El modo de esta práctica es meléte y  consiste en repetir una parte de un versículo por muchas veces hasta que sus múltiples sentidos penetran en los abismos del alma, para luego pasar al siguiente. Este método es adaptado sobre todo para el Nuevo Testamento y en particular para las cartas. La meditación de una sola carta con este método puede durar muchas semanas y hasta muchos meses [17].

Existe otro método, más veloz, adaptado a asimilar partes más amplias de la Escritura, como los libros históricos del Antiguo Testamento. El Padre Matta el Meskín llegó a leer, de este modo, sesenta capítulos en una sola noche [18].

Esto, sin embargo, no significa que el Nuevo Testamento sea leído lentamente mientras el Antiguo velozmente. Hay pasajes del Antiguo Testamento que necesitan de una meditación profunda y continuada por muchos días. A menudo el padre Matta nos contaba su relación íntima que lo unía a Abrahán, por vivir junto a él por largos períodos, o a Adán o a cada uno de los personajes del Antiguo Testamento. Habían así penetrado tanto en su vida que los consideraba su verdadera familia y como insertos a su existencia humana. Toda la Biblia, en efecto, no es otra cosa que la historia del hombre con Dios y el hombre es esencialmente el mismo en el curso de toda la historia [19].


El Espíritu Santo en la vida del monje.

Sin duda, el tema al cual el padre Matta  más se ha dedicado, para el cual ha orado más y sobre el cual ha escrito más es cómo adquirir el Espíritu Santo y como obrar en sinergia con él. Para convencernos de esto, basta comparar cuanto ha escrito sobre el Espíritu Santo en los dos volúmenes titulados al-Ruh al-qudus al-rabb al-muhyi (El Espíritu Santo, Señor vivificante, 1981, 953 páginas) con cuanto ha escrito en otras ocasiones: ‘A’yad al-zuhur al-ilahi (Las fiestas de la teofanía, 1975, 486 páginas), al-Sawm al-arba’ini al-muqaddas (El santo ayuno cuaresmal, 1970, 152 páginas), Ma’a al-masih fi alamihi hatta al-salib (Con Cristo en su pasión hasta la cruz, 1981, 419 páginas), al-Qiyama wa-l-su ud (La Resurrección y la ascensión, 1983, 390 páginas).

En particular, a la importancia del Espíritu Santo en la tradición monástica, ha dedicado el libro al-Ruh al-qudus wa-amaluhu dabil al-nafs. ‘Ard li-aqwal al-aba al-nussak (El Espíritu Santo y su acción en el alma. Exposición de los dichos de los padres ascetas, 1974) [20]. Aquí expone la importancia del Espíritu Santo en las enseñanzas de Antonio, Macario e Isaac el Sirio. En la introducción escribe:

Quien lee las Cartas de san Antonio saca de ellas una impresión espiritual que no lo abandonará jamás por toda la vida: ¡fuego, fuego, fuego! El pilar fundamental en las enseñanzas de Antonio es el fuego divino que permanece en el alma y la hace volar, elevándola hacia el cielo. [21]

Para el padre Matta y para los primeros Padres del desierto, el monaquismo se funda esencialmente en el Espíritu Santo. En el libro Antonio, asceta según el evangelio leemos:

El monaquismo es fundamentalmente una acción inextinguible del Espíritu Santo que ha tenido inicio el día de pentecostés con el abandono del mundo y la creación de la Iglesia primitiva. Ha luego estallado en la época del martirio y se ha establecido luego en la vida monástica para consolar el corazón de la Iglesia mediante el calor de la fe auténtica que se funda sobre la desposesión y sobre el abandono radical del mundo. El monaquismo se ha vuelto [portador de los] latidos del Espíritu Santo que le llega de más allá del mundo, de los desiertos y de las regiones deshabitadas, para mantenerlo vivo hasta el fin de los días [22].

Sin el Espíritu Santo no puede existir la vida monástica auténtica. Al contrario, todo intento de realizarla termina por convertirse en una pantomima destinada al fracaso. El Padre Matta lo ha explicado en una conversación de febrero de 1976 con algunos monjes no egipcios:

La herencia fundamental de los Padres del desierto es la adquisición del Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo todo lo que hacemos se vuelve una pantomima. Por ejemplo, para revivir el monaquismo pacomiano, no basta adoptar la Regla de Pacomio ni vivir en el mismo lugar en el cual él vivió ni reconstruir el monasterio por él fundado y ni siquiera llevar a los campesinos del mismo pueblo de Pacomio para que vivan en este monasterio. Todo esto no tiene como resultado si no una pantomima destinada a fallar. En cambio, para que se realice un verdadero renacimiento espiritual es necesario, como primera cosa, que se derrame el Espíritu Santo [23].

Este mismo principio el padre Matta lo aplicaba a las personas particulares. Si uno de sus discípulos le pedía el permiso de imitar a los primeros Padres del desierto en su modo de ayunar, él acostumbraba a responder:

Ellos no ayunaban por el ayuno en sí sino porque era el calor del Espíritu Santo que ardía en sus corazones lo que los impulsaba a hacer esto. Antes adquiere el calor del Espíritu Santo y luego será él mismo el que te guíe sobre cómo ayunar en el modo que se adapte a tu estado espiritual y a las condiciones de tu vida de todos los días.


El rol del padre espiritual en la vida del monje.

El rol del padre espiritual se funda principalmente sobre la acción del Espíritu Santo en su discípulo. El padre espiritual no ocupa el lugar del Espíritu Santo sino su rol consiste en el enseñar y en el adiestrar a su discípulo a discernir la voz del Espíritu Santo y a serle dócil.

Existen, en efecto, dos cosas que el monje novicio (¡y también quien no es más novicio!) tiene dificultad en discernir: la inspiración del Espíritu Santo y las ilusiones personales. Confundir estas dos cosas es lo más común y lo más peligroso que puede suceder. Aquí emerge la importancia del padre espiritual en el adiestrar al propio discípulo para adquirir discernimiento y capacidad de cribar. El Padre Matta respetaba muchísimo al alma humana y hacía todo para no herirla o ponerla al descubierto. A menudo, en nuestros diálogos personales con él –para la confesión o para la dirección espiritual- nos parecía que obraba como un hábil cirujano que, durante una operación quirúrgica delicada, tenía mucho cuidado de no tocar algún nervio vital. El Padre Matta no imprimía su personalidad sobre sus discípulos sino que dejaba que cada uno creciese según su propia personalidad espiritual en vista de la cual había sido creado por Dios.

Los visitantes del Monasterio de San Macario, que veían en los monjes personalidades espirituales diversas entre ellos, se maravillaban de cómo el padre Matta había logrado poner juntos a todos y enseñar a cada uno de ellos a vivir una vida espiritual acorde con la propia unicidad.


Monaquismo entre tradición y modernidad

El Padre Matta amaba profundamente la tradición,  tanto la eclesial como la monástica. Pero tradición, para él, significaba coparticipar junto a los santos en el Espíritu que ellos habían recibido y en conformidad al cual habían vivido. En efecto, como dice, “el Espíritu Santo no obra afuera de la comunión de los santos” [24]. Ésta es la esencia de la tradición para el padre Matta y no la imitación de las condiciones exteriores del estilo de vida de los santos. La conversación con los monjes extranjeros recién mencionada nos ofrece el ejemplo más elocuente de este discurso: nuestra comunión con Pacomio no se realiza imitando las condiciones externas de su vida sino coparticipando con él  en el Espíritu que ha recibido del Señor.

La tradición interpretada en este sentido no se opone a la modernidad en todas las cosas de la vida de cada día. El Padre Matta ha sido, por ejemplo, el primero en haber introducido en el desierto una tipografía moderna que trabajaba con el sistema de fotocomposición (1977) y el primero en haber utilizado en el desierto medios de transporte pesados como el camión y la excavadora para el saneamiento de los terrenos de la propiedad del monasterio. Además, ha introducido en Egipto nuevos tipos de cultivos y nuevas especies de bovinos utilizando los instrumentos más modernos para las operaciones de hibridación y de inseminación artificial. Ha animado siempre a sus hijos espirituales a usar la computadora tanto para sus estudios como en la gestión de sus trabajos.

Quien lee las obras del padre Matta el Meskín encontrará allí esta síntesis armoniosa entre tradición y modernidad, entre cuanto de más profundo ha sido escrito por los Padres de la Iglesia y cuanto de mejor ha sido producido por la ciencia exegética contemporánea.


El rol del monje hacia el mundo y hacia los otros.

En el artículo titulado “Ihtibar allah fi hayat al-rahib” (La experiencia de Dios en la vida del monje) el padre Matta escribe:

Cristo en los santos cuarenta días ha salido del mundo por el mundo, se ha apartado de los discípulos por los discípulos… El monaquismo consiste en salir con Cristo del mundo por el mundo, en apartarse con Cristo de los hombres por los hombres. El monje no sale del mundo, si bien así le puede parecer, sino que en verdad y en realidad hace salir al mundo junto a él para presentarlo a Dios. Él no se aísla de las personas como piensa sino que se aparta para poder atraer a las personas hacia Dios… El monje, en su éxodo del mundo, en su apartarse respecto a los hombres, no puede percibir ni creer este salir junto al mundo o este ofrecer a los hombres a Dios, porque está concentrado sobre sí mismo, inclinado sobre sí, trabajando en el desarraigarse a sí mismo fuera del mundo. Pero si el monje logra realizar un verdadero éxodo del mundo, esto significará un elevarse por encima del mundo. Este trascender significa que él habrá adquirido la fuerza necesaria para atraer al mundo detrás de sí y ofrecerlo a Dios… Por esto, el monje que ha logrado su éxodo, es considerado poseedor de una estatura espiritual de altísimo valor humano y eclesial a causa de la rareza de aquellos que se han hecho dignos de esto… Sin embargo, esta energía, en esto que concierne a la diakonía de los otros y del mundo circundante, permanece en un estado de latencia. Es, en efecto, en el corazón del monje que ésta está obrando y solo en la esfera de su vida interior. Y es por este motivo que el monje puede aparecer como una persona egoísta que no se interesa por el otro sino por su salvación personal. Pero de improviso, cuando el monje alcanza, por medio de la gracia de Cristo, el estado de total conciencia de la plenitud de la estatura que le ha sido dada luego de su salida del mundo, empieza a desbordar, derramando sobre los otros cuanto le es dado de la plenitud de tal estatura espiritual infinita en Cristo. Sin embargo, incluso allí donde el monje maduro y perfecto en su éxodo y en su aislamiento, ha alcanzado tal estado y  obtenido la plenitud de la estatura de Cristo mediante esta experiencia única… a tal monje no le es pedido nada más que su permanecer en un estado de potencia para dar y sacrificarse sin moverse de su lugar. La invitación a la acción no necesita, en efecto, de un trasladarse al mundo o de un descender en medio de los hombres. El monje, si es bien consciente de su plenitud en Cristo, es capaz de atraer al mundo a sí y de elevar a los hombres al plano al cual ha llegado sin moverse un solo paso del lugar de su soledad. [25]

La vida del padre Matta el Meskín, su soledad y su lejanía del mundo, sus experiencias espirituales, ricas y profundas, que ha derramado en una cantidad extraordinaria de libros espirituales y exegéticos (180 libros) con los cuales ha enriquecido la biblioteca teológica en lengua árabe y con los cuales ha dejado una marca en muchos de los hijos de su iglesia y de otras iglesias, además del riquísimo corpus de homilías registrada (alrededor de 250), son la prueba de la autenticidad de estas verdades. Él ha sido capaz de atraer a sí al mundo y de ofrecerlo a Cristo sin moverse un solo paso del lugar en el cual vivía.

Finalmente, al término de esta relación, querría ofrecer una breve historia que muestra el celo con el cual el padre Matta el Meskín ha meditado sobre el evangelio hasta el final de sus días para servir a su Iglesia. Se encontraba de retiro en la casa de uno de los amigos del monasterio en al-Guna, sobre el mar Rojo, cuando el dueño de la casa ha notado la luz de la habitación del padre Matta encendida hasta las dos de la noche. Tomado por la irrefrenable curiosidad de saber qué estaba haciendo el padre hasta aquella tan tarde hora de la noche, golpeó a la puerta y le preguntó: “¿Qué estás haciendo a esta hora, padre?” Y el padre Matta le respondió: “¡Estoy estudiando el evangelio!” Y el otro le dijo: “¡mi hijo es uno de los superiores y no hace la mitad de lo que tú haces!”

Hasta este punto el padre Matta ha buscado, con pasión, realizar el voto hecho al Señor al inicio de su conocimiento de Cristo, cuando escribió sobre la cubierta del pequeño evangelio que le había regalado la Escuela dominical del barrio cairota de Giza en marzo de 1948: “Esta es mi promesa y mi oración: servir a la Iglesia de mis antepasados”.

Wadid el Macario

AA.VV. Matta el Meskin.
Un padre del deserto contemporaneo
Ed. Qiqajon. Comunità di Bose
Magnano 2017. Pp. 115-127



Notas:

[*] Discípulo de Matta el Meskín, es monje del Monasterio de San Macario el Grande desde 1970. Traducción del original árabe de Marcos el Macario.

[1] Se puede también traducir “el amor de Cristo”, por consiguiente el amor de Cristo por el hombre. En árabe, ambas traducciones son correctas [N.d.T.]

[2] Biografía, p. 319.

[3] Matta el Meskín, Usus al-hayah al-rubiyya wa-l-rahbaniyya (Fundamentos de la vida espiritual y monástica), catequesis del 13 de noviembre de 1985; Id., al-Talmada al-haqiqiyya (El auténtico discipulado), conferencia dada a unos monjes neo-ordenados el 24 de agosto de 1977. Véase también en Biografía, pp. 69, 73.

[4] “Está allí todo nuestro oficio, mis hermanos, adorar a Dios y amarle, sin preocuparse del resto”: cit. del fr. Francois de Sainte-Marie, “Préface”, en Frère Laurent de la Résurrecion, L’ expérience de la présence de Dieu, Paris 1948, p. 23 (tr. it. En Laurent de la Résurrection, L’ experienza della presenza di Dio, Milano 1990, p. 19: “Hermanos míos, nuestro oficio está todo aquí: adorar a Dios y amarlo sin preocuparse por el resto”).

[5] Matta el Meskin, “Nasa ih li-ruhban gudud” (Consejos a unos monjes neo-ordenados), en Nasa ih li-ruhban gudud wa-ihtibar allah fi hayat al-rahib (Consejos a unos monjes neo-ordenados y La experiencia de Dios en la vida del monje), Wadi al-Natrun 2012, p. 5.

[6] Ibid.

[7] Actualmente la profesión monástica, en la iglesia copta, es llamada risama (“ordenación”) [N.d.T.]

[8] Matta el Meskin, “Il chicco di grano”, en Id., La gioia della preghiera, Magnano 2012, pp. 19-55.

[9] Id., Fi al-tadbir al-ruhi (Sobre la vida espiritual), Wadi al-Natrun 2007, p. 28.

[10] Es también posible la traducción “la ambición del verdadero monje” que da otro tono al texto [N.d.T.].

[11] Seguía el principio segundo el cual “el sacerdocio es extraño a los monjes y al monaquismo” (Id., Carta inédita a los monjes, diciembre 1990)

[12] Cf. Id., al-Qiddis antuniyus nasik ingili (Antonio, asceta según el evangelio), Wadi al-Natun 1985 (tr. It.: Antonio il Grande, Secondo il vangelo. Le venti lettere di Antonio, a cargo de Matta el Meskin, Magnano 1999).

[13] Matta el Meskin, “Antonio, asceta secondo il vangelo”, en Antonio il Grande, Secondo il vangelio, p. 23.

[14] Biografía, p. 86. Una exposición más profunda del tema se encuentra en Matta el Meskin, Kayfa taqra al-kitab al-muqaddas (Como leer la Sagrada Escritura), Wadi al-Natrun 1966.

[15] A este propósito véase Id., al-Kitab al-muqaddas risala sahsiyya lak (La Sagrada Escritura: un mensaje personal para ti), Wadi al-Natrun 1975.

[16] Biografía, p. 80.

[17] Durante su visita al Monasterio de San Macario, el padre Enzo Bianchi preguntó a algunos monjes: “¿Cómo les enseña el padre Matta a leer la Escritura?”. Él ha contado después en detalle lo que había escuchado, en el prefacio de CA, pp. 10-11. Este método meditativo de la Escritura ha sido luego citado en los prefacios del mismo libro en las traducciones francesas y portuguesas.

[18] Cf. Biografía, p. 118.

[19] Cf. ibid., p. 79-80.

[20] El libro ha confluido después en la antología sobre el Espíritu Santo con el título al-ruh alqudus al rabba al-muhyi (El Espíritu Santo, Señor vivificante) I, Wadi al-Natun 1981, pp. 41-134.

[21] Ibid., p. 7.

[22] Id., al-Qiddis antuniyus nasik ingili, pp. 21-22. Así la traducción literal hecho del árabe, la edición italiana dice: “El monaquismo no es otro, en origen, que el efecto de este fuego inextinguible del Espíritu Santo que ha impulsado a los primeros cristianos, el día de pentecostés, a dejar el mundo para formar la primera Iglesia, luego que ha comenzado a estallar en la época de los mártires, para manifestar el poder de la fe de la Iglesia, y que se ha establecido a continuación en la vida de los monjes para vivificar el corazón de la Iglesia con el fervor de la fe primitiva fundada sobre el don de sí y la renuncia total al mundo. De tal modo la vida monástica se ha vuelto como un sucederse de pulsaciones del Espíritu Santo que la Iglesia recibe de más allá del mundo, de los desiertos y de los lugares áridos, para ser revivificada a lo largo de la historia” (Id., “Antonio, hereda el fuego de pentecostés”, en Antonio il Grande, Secondo il vangelo, p. 40). [N.d.T.]

[23] Coloquio inédito de febrero de 1976 con un representante de los monjes del Monasterio de Solesmes.

[24] Matta el Meskin, al-Ruh al-qudus wa-amalubu dabil al-nafs, p. 13.

[25] Id., “Ihtibar allah fi hayat al-rahib” (La experiencia de Dios en la vida del monje), en Id., Nasa ih li-ruhban gudud wa-ihtibar allah fi hayat al-rahib, pp. 27-31.



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